Fuego Amigo

Qué suerte que seas tan buena, reina

Los periodistas que repudiaron el episodio de Macri con el micrófono de C5N no estaban comentando el hecho sino su propia virtud moral, en lugar de ayudar a entender mejor qué había pasado.

Descripto en términos físicos, el episodio de Macri y el micrófono del cronista de C5N en Dolores fue tan nimio que ni vale la pena analizarlo. No hay manera de convertirlo en un hecho de alguna relevancia, ni poniéndole la atención de un VAR en un partido de la Libertadores o dándole vueltas una y otra vez a las imágenes como en la famosa filmación de Abraham Zapruder que parecería demostrar que John Kennedy recibió otros disparos además de los de Lee Harvey Oswald.

Lo interesante, por cierto, no fueron esos cinco segundos de nada que cualquier lector puede ver en Internet desde varios ángulos e interpretarlos a su mejor saber y entender. Lo más llamativo fue la reacción en cadena desatada en las redes, particularmente en Twitter. El primer movimiento, obviamente, fue la victimización de los medios kirchneristas, que encontraron en el episodio un ataque a la libertad de prensa. El segundo fue la reacción inmediata de muchos periodistas no kirchneristas de solidarizarse con el movilero de C5N, criticando la supuesta acción violenta de Macri. El tercer paso fue la irritación del antikirchnerismo contra estos periodistas. La primera y la tercera pueden interpretarse como acciones políticas, más o menos sinceras. La que resulta realmente interesante es la reacción del periodismo neutral.

El primer paso lo dio la organización FOPEA, con un tuit expresando su preocupación por el hecho y dando por sentado una serie de acciones que no aparecen en el video (como que el micrófono fue pateado) y terminó en el agua. Significativamente, la entidad más importante de los periodistas, que cuenta con un merecido prestigio, se refiere al tema dando información no verificada y en un tuit en el cual aparecen errores incomprensibles en una bajada donde se solicitan donaciones.

Hay dos evaluaciones posibles de este comunicado. La primera es que una organización que nuclea periodistas debe hacerse eco inmediatamente de cualquier acción que pueda interpretarse como un ataque a la libertad de prensa sin hacerse demasiadas preguntas, como lo haría cualquier acción sindical o corporativa. La segunda es que, teniendo en cuenta el rol fundamental que puede jugar FOPEA, debería ser un poco más cuidadosa en sus comunicados, para no correr el riesgo de ser arrastrada por episodios menores sobredimensionados con una intencionalidad política.

Lo que no es necesario ni deseable seguramente es la sucesión de expresiones de periodistas reconocidos y prestigiosos, notoriamente distantes de la militancia kirchnerista y con serias y probadas muestras de evitar cualquier identificación política. Por alguna razón, se vieron obligados a no dudar y a darle entidad a lo que no la tenía y salir a expresar repudios y solidaridades.

Muchos periodistas se sienten obligados a expresar repudios y manifestar solidaridades, como si el mundo estuviera esperando sus posiciones éticas. Dentro de las responsabilidades de esta noble tarea figuran como prioritarias el registro de la noticia, su información y eventualmente el análisis, pero no la postura moral del cronista, que no puede sino ser ajena a los hechos. Cuando un periodista repudia, básicamente está haciendo un enunciado sobre sí mismo, no sobre los hechos: “He aquí un asesinato, pero, ojo, yo estoy en contra”. Va de suyo y no aporta conocimiento sobre lo que sucedió.

La lógica del repudio y la solidaridad tiene, además, en la Argentina con su famosa grieta, una lógica de espiral ascendente. Como muchos de estos trabajadores de la prensa, por muy buenas razones, no quieren ser asociados a un lado u otro, no pueden hacer consideraciones demasiado finas a la hora de repudiar. Corren el riesgo de ser acusados de pertenecer a un “bando”. La vara se baja y, para cualquier evento, sale el tuit repudiando X y solidarizándose con Y. Al día siguiente el otro lado de la grieta genera otro episodio que puede asemejarse al anterior: para el que entró en esa lógica es imposible evaluar lo que sucedió, es necesario salir a equilibrar la balanza. En todo caso, cada toma de posición desde un punto de vista moral no hace más que señalarse a sí mismo como virtuoso en lugar de contribuir al entendimiento de los hechos.

Un retorno a las viejas prácticas del periodismo de limitarse a la noticia y a sus interpretaciones no sólo sería saludable en términos de contaminación informativa, sino que además permitiría salirse por arriba del laberinto de la grieta.

 

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Gustavo Noriega

Licenciado en Ciencias Biológicas de la UBA. Participa de programas de televisión y radio de interés general y escribe regularmente en el diario La Nación.

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