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Con el diario del lunes

'Noticias del gran mundo' es un western que honra la mejor tradición elegíaca del género pero pierde verdad cuando concede al anacronismo de tomar posición política sobre temas actuales.

La historia del western está ligada a la historia del cine norteamericano, lo que equivale a decir que está ligada a la historia del cine a secas. Sin embargo, los westerns han sido siempre mirados de reojo tanto por los intelectuales como por algunos guardianes de un supuesto buen gusto, y no han podido librarse de los prejuicios y la desconfianza. En 1966, entrevistado por The Paris Review, Borges declaró que las películas que más disfrutaba eran los westerns. Borges decía esto en pleno apogeo de la modernidad cinematográfica y con el género caído en desgracia. Era una declaración sincera, porque él sentía profundamente que el western (a la par que el cine de gangsters) había salvado para el mundo la tradición de la épica. Sin embargo, es curioso que haya sentido la obligación de aclarar, en la misma entrevista, que la manifestación de su preferencia por el western, y no por géneros o estilos cinematográficos más prestigiosos, era una forma de escandalizar. Como si tuviera que pedir disculpas, como si simulara una boutade para que no se lo tomen tan en serio.

Somos muchos los que amamos los westerns, somos muchos los que creemos que no solo rescatan la tradición de la épica sino que también construyen un universo nuevo de sentidos, profundidades y gestos estéticos, un territorio de pertenencia y adoración, un lugar en el que nos sentimos al mismo tiempo protegidos y expuestos, liberados y atrapados. Para gran parte de la cinefilia y para muchas generaciones de espectadores, el western fue algo tan grande que mucho del amor por el cine habría pasado a ser algo mucho más limitado, pobre y triste si el western no hubiera existido. Y sin embargo, así como le pasaba a Borges, nos vemos obligados a explicar una y otra vez por qué nos gusta, como si no nos creyeran, como si nuestro gusto fuera solo un gesto snob y forzado, como si no alcanzaran tantas obras maestras para justificarnos.

No creo que algo así pase con otros géneros. Ni siquiera con el terror o la comedia, esos otros dos grandes géneros “menores”. El terror genera una suerte de gueto del gusto, un lugar que expulsa a una parte grande del público (¿cuántas veces escuchamos “no me gustan las películas de terror”?) pero que se sostiene en base a un grupo de fieles constantes, que exhiben su pasión no solo con orgullo sino también con algo de prepotencia. En el caso de las comedias pasa algo muy distinto. Se las considera menores, pero casi nadie se anima a decir que no le gustan. Las ven muchos espectadores cultos o con pretensiones, pero casi siempre sin culpa; las ven como un noble que consume un objeto plebeyo pero permitido. “Veamos una comedia, para pasar el rato”. La coartada es que las comedias son para divertirse. Se las desprecia pero se las consume.

Cada western que aparece y se impone nos confirma, paradójicamente, que es un género del pasado.

En cambio, conozco intelectuales y gente que conoce y ha visto mucho cine que confiesan que nunca vieron un western. Hay cineastas a los que no les interesan los westerns. O solo les gustan los de Sergio Leone, porque “eso es otra cosa”. Tal vez por esta falta de aprobación de parte del público supuestamente más refinado, el western ha vivido en una suerte de estado de crisis permanente. Es el género cinematográfico más emblemático del cine, porque no le debe casi nada a otras formas narrativas previas. Sin embargo, se ha visto obligado a lo largo de toda su historia a revalidar su legitimidad. Y esto no es un fenómeno nuevo. Por ejemplo, tuvo que llegar La diligencia en 1939 para que el género tome un nuevo impulso luego de una década bastante gris. Y la aparición periódica en las últimas décadas de westerns que llaman la atención y parecieran resucitar el género en realidad es más una prueba de su fragilidad que de su supervivencia. Cada western que aparece y se impone nos confirma, paradójicamente, que es un género del pasado.

Esto no significa que no se puedan filmar más westerns, ni que algunos de ellos se conviertan en grandes películas. En todo caso, habrá que aceptar que el cine ya no es lo que era y que ese espacio de identificación ética y estética en el que nos sentíamos como en casa ya no es uno de los centros de radiación de eso que llamamos cine. En realidad, el cine en su totalidad ha dejado de ser ese centro de gravedad alrededor del cual giraba un mundo reconocible, por lo que no se le puede pedir al western que lo sea, cuando viene haciendo esfuerzos por sobrevivir desde hace seis décadas.

Restos de una herencia

El western define su clasificación en rasgos exteriores reconocibles (el cowboy, el desierto, el duelo) y en otros vinculados a tópicos narrativos, que suelen tener que ver con el conflicto entre civilización y barbarie. Pero sobre todo, en sus mejores versiones, lo define una vocación por la nobleza en los recursos y la presencia insistente de la elegía. Noticias del gran mundo, el western de Paul Greengrass que estrenó Netflix la semana pasada, alcanza sus mejores momentos cuando se hace cargo de esa tradición de nobleza y elegía. Además, está protagonizado por un Tom Hanks en estado de gracia.

Siguiendo esa tradición, Noticias del gran mundo sostiene el conflicto entre lo primitivo y el progreso, entre la violencia y la ley, entre la barbarie y la civilización, sin terminar de resolverlo plenamente. La mítica nobleza que le atribuimos a los grandes westerns de la historia tal vez tenga que ver con eso. Se trata de una toma de posición sobre los personajes y el mundo retratado que no niega sus contradicciones pero que no se atreve a juzgarlos. Está claro que el corazón de Greengrass está con el progreso, la educación y la necesidad de construir un mundo más tolerante. Pero esa mirada que apunta hacia un futuro mejor no puede negar a la vez la nostalgia por un paraíso perdido, la elegía por un tiempo que ya fue. En el sostenimiento de esa tensión se han construido los mejores westerns de la historia y en esa tensión hace pie esta película en la mayor parte del relato. Es ejemplar en ese sentido la larga secuencia del tiroteo entre las rocas, claramente la mejor de toda la película. No solo porque emula en su puesta en escena y en el uso del paisaje los westerns de Anthony Mann, uno de los autores mayores del género aunque bastante olvidado, sino porque evidencia la complejidad de las decisiones que el personaje de Hanks y la niña (Helena Zengel) deben tomar, que no eluden la violencia. Y no solo como una necesidad de supervivencia, sino porque también está en sus propias naturalezas. No por nada Hanks interpreta a un veterano de guerra que no esconde su título de capitán del ejército.

‘Noticias del gran mundo’ también nos recuerda que el western ya es parte de nosotros y de nuestra historia como espectadores.

En cambio, la secuencia en la comunidad que se dedica a la producción de pieles de búfalo, comandada por un jefe brutal y autoritario (Thomas Francis Murphy), aparece como demasiado maniquea, sin matices ni complejidades, como una concesión de Greengrass hacia su propio deseo de tomar posición política en contra de Trump y sus seguidores. Este anacronismo narrativo hace tanto ruido como otro de orden estético: la proliferación de planos aéreos filmados con dron. De alguna manera, ambos gestos le quitan algo de la nobleza que la película sabiamente construye en la relación del Capitán Kidd con la niña criada por una tribu de kiowas. El cine es el arte del presente. Forzar las imágenes y el relato con recursos que no se reconocen como del tiempo de la historia que se narra son en este caso un artificio que le quitan verdad a la película.

Pero está Tom Hanks, el actor norteamericano más importante de los últimos años. Hanks no solo encarna personajes con ductilidad. A esta altura de su carrera uno siente que encarna una forma de ser norteamericano y una idea del cine, precisamente esa que la historia del western construyó a lo largo de tanto tiempo, eso que traté antes de identificar con la idea de nobleza. Este es su primer western, lo que es bastante llamativo, porque uno siente que ya los venía haciendo desde hace tiempo.

Noticias del gran mundo tal vez no quede en la gran historia del cine, pero posiblemente les haga decir a muchos que es un nuevo regreso del western. Será, otra vez, un malentendido. Pero tal vez las cosas no sean tan simples. El western ya está en el pasado y no podrá volver nunca, porque el gesto anacrónico del rescate de otro tiempo se vuelve demasiado evidente, aún más cuando se lo quiere disimular con arrestos de falsa modernidad, como pasa a veces en esta película. Sin embargo, Noticias del gran mundo también nos recuerda que el western ya es parte de nosotros y de nuestra historia como espectadores. Cada vez que reconocemos un gesto de nobleza en un personaje, un paisaje que evoca un pasado que ya no está o la mirada de un actor como Tom Hanks, aun cuando no se trate de westerns sabemos que el western no ha muerto del todo.

 

 

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Juan Villegas

Director de cine y crítico. Forma parte del consejo de dirección de Revista de Cine. Publicó tres libros: Humor y melancolía, sobre Peter Bogdanovich (junto a Hernán Schell), Una estética del pudor, sobre Raúl Berón, y Diario de la grieta.

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