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Las diferencias conceptuales entre los protagonistas del 'caso Sarlo' sintetizan gran parte del drama que vive el país y la verdadera forma que adopta la grieta que nos separa

La declaración judicial de Beatriz Sarlo y la difusión de los intercambios por correo electrónico con el ofrecimiento para vacunarse fueron la noticia del día de ayer. En ellos Carlos Díaz, director de la editorial Siglo XXI, le transmitía la propuesta de Soledad Quereilhac, esposa del gobernador Axel Kicillof, para participar en una supuesta campaña de concientización del gobierno provincial sobre la importancia de vacunarse, accediendo a cambio a una dosis de la Sputnik V para luego hacer la difusión pública del hecho. 

En respuesta a la oferta, y también en forma de correo electrónico, la conocida ensayista e intelectual manifestaba una negativa contundente y, a pesar de la brevedad de texto, sólidamente fundada. Es notable cómo en todo ese ida y vuelta de correos y declaraciones públicas se expresan tan claras dos formas distintas de concebir la acción política y el vínculo entre lo público y lo privado, más allá de la cuestión que inicialmente originó la polémica y luego la intervención judicial. 

Sarlo le dice a Quereilhac que debe reponer alguna dimensión moral en su práctica política y que no puede ser todo una cuestión de pragmatismo y táctica. Lo hace en forma tan precisa que, con ese simple consejo, ilumina la magnitud y las carencias de todo ese universo kirchnerista en que se inscriben sus interlocutores. Tal vez en esas diferencias conceptuales entre los protagonistas se sintetice gran parte del drama actual que vive el país y la verdadera forma que adopta la grieta que nos separa.

sin norte moral

Eso se observa más dramáticamente en la respuesta pública de Quereilhac, donde muestra que no se detuvo a leer el mensaje o que, sencillamente, no pudo entenderlo en toda su profundidad y por eso lo tacha de simple “cacareo”. Lo cierto es que, más allá de las explicaciones posteriores, Díaz y Quereilhac han perdido toda dimensión de lo que están haciendo, como también ocurre con los chicos camporistas que se vacunan orgullosos mientras son fotografiados haciendo la V. Todos ellos ya no tienen ningún norte moral en su accionar que les permita primero reconocer el bien y el mal y luego, diferenciarlos.

En este punto el breve correo electrónico de Sarlo se convierte en una pieza política de una magnitud impensada, mostrándola una vez más como la gran intelectual que es antes que la comentadora mediática a la que nos acostumbró los últimos años.

Pero hay un acto más. Sarlo invita a Quereilhac a repensar su accionar. Le recomienda que no se precipite, y le señala que por su formación no puede ir detrás de la primera idea publicitaria que se le ocurra. Incluso no clausura el debate y ofrece seguir reflexionando con ella con un explícito “espero una respuesta a estas consideraciones“. Posiblemente ahí esté el único error de Sarlo en el texto y también en sus apuestas políticas: esperar una y otra vez otra clase de respuesta del kirchnerismo frente al reclamo de generar una política guiada por consideraciones éticas y alejadas del uso autoritario y patrimonialista del Estado.

 

 

 

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Fernando Pedrosa

Historiador y politólogo. Profesor Titular de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y de posgrado en la Universidad del Salvador. Doctor en Procesos Políticos Contemporáneos (Universidad de Salamanca). Autor de 'La otra izquierda. La socialdemocracia en América Latina' (2012).

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