Fuego Amigo

¿De dónde vamos a sacar el petróleo?

Los planteos contra la exploración offshore deben tener en cuenta las reducidas opciones que tiene Argentina para satisfacer su consumo de energía de acá a 2050.

La posibilidad de iniciar una nueva campaña exploratoria para detectar recursos fósiles en el Mar Argentino, publicada hace un mes por el Gobierno, despertó una fuerte ola de protestas, que incluyó un comunicado conjunto de decenas de artistas, actores y activistas ambientales. Esto, a su vez, generó una respuesta importante por parte del sector petrolero. Quiero compartir algunas pautas de lo que considero debe ser puesto, claramente, sobre la mesa para sincerar el debate. Algo particularmente importante dentro de un contexto de transición energética en la que todas las decisiones cuentan y son de carácter estratégicas en la lucha contra el cambio climático.

Por un lado, tenemos el plan energético del Gobierno, que es incierto, errático y contradictorio. Nadie conoce con exactitud cuál es el programa de desarrollo de los hidrocarburos, de las renovables o el modelo de servicios públicos que se aspira a tener. En este contexto la exploración offshore se inscribe en un marco difuso y poco convincente. Pero por el otro lado, el de la oposición al proyecto, tenemos una campaña que es imprecisa y que no esboza un camino alternativo. Me refiero, por ejemplo, a la campaña titulada “Mirá #Atlanticazo”.

No quiero ponerme extremadamente exigente con una campaña que sólo pretende alertar sobre un tema y es protagonizada centralmente por artistas, escritores y gente que mayormente desconoce exactamente de qué está hablando. Una campaña así difícilmente pueda darnos precisiones en temas como éste u otros de similar complejidad. Ahora bien, ya que se ha hecho bastante común usar “celebridades” para amplificar mensajes, creo que quienes deben subir la vara y tener una mayor responsabilidad son justamente los que construyen estos mensajes o campañas.

Cómo evaluar una explotación petrolera

Una primera consideración que se me ocurre hacer es que la expansión de una nueva frontera de explotación petrolera nos lleva a dos grandes dimensiones a evaluar: el impacto ambiental potencial de esa explotación y las alternativas existentes a no hacerlo, entendiendo que la no explotación es siempre el óptimo ambiental. En cuanto al impacto ambiental, el riesgo siempre existe y se conoce bien, pero al mismo tiempo, es una actividad altamente experimentada y muy usual en la actividad petrolera global. ¿Es inocua? Ninguna explotación petrolera lo es.

Lo anterior nos llevaría seriamente a pensar en la alternativa a no hacerlo. Los hidrocarburos (carbón, petróleo y gas) están hoy ingresando en su fase de abandono, la dichosa transición energética. Esto se debe a la crisis climática global que nos obliga al abandono progresivo y rápido de este tipo de combustibles. Ahora bien, ¿cómo contribuye nuestro país a esa dinámica global?

La estrategia argentina para hacer su contribución al esfuerzo global en esta transición energética está plasmada en lo que se conoce como NDC (contribución nacionalmente determinada). La NDC actual fue presentada a fines de 2020 y actualizada durante 2021. Puede leerse en la página del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible o en la página oficial de la Convención de Cambio Climático. En base a esos documentos las emisiones argentinas deberán tener la siguiente evolución:

Línea azul: emisiones históricas. Línea blanca: emisiones acordes a la NDC comprometida por la Argentina.

La pregunta que correspondería hacernos es si esa NDC o compromiso es adecuado o no para contribuir al esfuerzo global necesario en el marco del Acuerdo de París. Si bien podrían hacerse algunas consideraciones a la negociación climática global, creo que el compromiso que el país presentó es adecuado. Dicho esto, veamos qué significa hacer esa transición que tenemos comprometido hacer.

De manera muy simplificada, las emisiones se deben estabilizar al nivel actual y sufrir un leve descenso hasta 2030, para luego bajar rápidamente hasta llegar a cero en 2050. Más allá de tecnicismos y mayores detalles, la quema de hidrocarburos tiene una relación directa con las emisiones generales y son además los principales contribuyentes a las mismas.

Podemos suponer entonces que la demanda interna de petróleo seguirá una curva de declive bastante similar a la que traza la NDC para las emisiones totales: estables hasta 2030 y declive hasta cero en 2050. La NDC toma como años base o de referencia a 2016. En ese año la demanda de petróleo fue 25.600 miles de TEP (toneladas equivalentes de petróleo).

Si estimamos el consumo total de petróleo entre 2021 y 2050 cumpliendo la NDC, es decir, siendo responsables climáticamente, vamos a necesitar 481.850 miles de TEP. Algo así como 3.300 millones de barriles de petróleo. ¿De dónde saldrán? Bueno, las opciones son bien conocidas y no son tantas. Podemos abastecernos de:

  • Pozos convencionales, poco, ya que sus producciones están en declive.
  • Pozos no convencionales, Vaca Muerta.
  • Pozos offshore
  • Importaciones

Estas son las alternativas a evaluar en base a sus costos ambientales, costos económicos y la seguridad del suministro que nos ofrecen. Esta es la decisión estratégica y que es parte de la NDC, es parte de nuestra política climática.

También se podría agregar la posibilidad de exportación de petróleo como negocio y esa sería otra variable posible de considerar. De todos modos, para un análisis simplificado, lo que debemos hacer de mínima es darnos una respuesta convincente a la demanda interna.

Para un análisis simplificado, lo que debemos hacer de mínima es darnos una respuesta convincente a la demanda interna.

Entonces, volviendo al comienzo, es básico para estructurar una campaña contra la explotación petrolera, sea donde fuere, tener en mente estas consideraciones. Si no se tiene en cuenta la demanda futura de petróleo o gas que tendremos, aun en un escenario de transición como nos plantea la NDC, se estará planteando a la sociedad una campaña o disyuntiva engañosa o, como mínimo, que no esté a la altura del debate que Argentina debe darse.

Claro que se puede decir que no a la explotación offshore, pero sepamos que eso significa continuar y aumentar la explotación de Vaca Muerta o incrementar las importaciones de petróleo. No hay muchas más opciones. La transición energética es esto, esta es la discusión. Al mismo tiempo, debemos diseñar políticas y nuevos marcos regulatorios para acelerar el ingreso de más renovables, más infraestructura eléctrica, más tecnologías de almacenamiento, biocombustibles y desarrollo del hidrógeno para cubrir toda la demanda que va dejando vacante el recorte en los hidrocarburos.

 

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Cali Villalonga

Especialista en ambiente y energías renovables. Diputado nacional por Cambiemos (2015-2019) y ex presidente de la Agencia de Protección Ambiental de la CABA. Fundador de Los Verdes y ex director de Greenpeace.

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