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Alberto dijo que las clases empezaban en marzo: ahora tiene que cumplir

Es su responsabilidad lograr los acuerdos políticos, con los gremios y las provincias, para iniciar el calendario educativo

Fui a la escuela pública primaria y secundaria en una ciudad patagónica de 30.000 habitantes en los ‘90. Mi profesora de literatura de cuarto año, Marisa Reyes, es un personaje inolvidable para mí. Era estricta, la más severa. ¿Por qué nos exigía tanto si muy pocos de nosotros teníamos el plan de seguir estudiando? ¿Por qué nos tomó tan en serio? Maternidad, pandemia y Argentina mediante, un día entendí. En su empeño por sacarnos adelante nos prometía un futuro mejor. Esa es la promesa que cumple la educación, el secreto de los buenos docentes y el desvelo de quienes tenemos hijos. Entre nosotros debe prevalecer la solidaridad. Y ante las autoridades, sostener el reclamo para que cumpla con su mandato constitucional de garantizar el derecho a la educación en todo el país.

Esto que parecía entre los argentinos un consenso y un motivo de orgullo (la educación pública, su calidad, las escuelas como única herramienta del Estado para garantizar la igualdad de oportunidades) es la conversación que de pronto, y durante un gobierno supuestamente nacional y popular, tuvimos que salir a sostener.

Las novedades de los últimos días nos hacen pensar que, a fuerza de un nuevo activismo protagonizado por la sociedad civil, estamos más cerca de construir un acuerdo que le costó mucho (demasiado) conceder al Gobierno nacional: que las clases presenciales tienen que volver lo antes posible, que las escuelas no son lugares de contagio significativo y que los perjuicios de tener a los chicos encerrados son mucho más graves que cualquier mínimo efecto epidemiológico.

Dijo Alberto Fernández este fin de semana: “Estamos en condiciones de confirmar que en marzo las clases se iniciarán”.

Dijo Alberto Fernández este fin de semana: “Estamos en condiciones de confirmar que en marzo las clases se iniciarán”. Y agregó: “El dictado de clases es para mí un aspecto prioritario en este año. Hay razones de desarrollo de los chicos que así lo exigen. Pero también hay razones de desarrollo social que lo hacen imperativo. Perder un año de educación y conocimiento es muy grave para cualquier sociedad y eso es algo que no nos podemos permitir”. También dijo que los docentes iban a ser prioritarios en el plan de vacunación y que a partir de esta inmunización, no debería haber ninguna oposición por parte de los gremios docentes.

Un día después, sin embargo, el secretario general de Unión de Docentes de La Provincia de Buenos Aires (Udocba), Miguel Ángel Díaz, le paró el carro al presidente: “Decir que el 17 de febrero empiezan las clases es falso. Que el 1º de marzo empiezan las clases también es falso. Están engañando a la gente”. Anoche, el ministro de Educación, Nicolás Trotta, condicionó el regreso de clases a mejoras en la infraestructura de las escuelas. Y esta misma mañana CTERA, quizás dando un paso atrás, puso condiciones (epidemiológicas, de protocolos) para garantizar el inicio de clases.

Las familias leemos estas declaraciones con desconcierto y nos preguntamos si escribir al jardín de infantes va a servir de algo, si el jardín nos va a contestar que la responsabilidad es de la Ciudad y si la Ciudad nos dirá que la Nación no los deja empezar. Así fue el derrotero en 2020. La cadena de exculpaciones. Lo cierto es que hoy no sabemos si los maestros efectivamente asistirán a clases cuando está previsto.

Por eso es hora de terminar con el ida y vuelta de declaraciones entre el Gobierno, las provincias y los gremios docentes y cumplir no sólo con el sentido común y la experiencia internacional (donde lo último que se cierra y lo primero que se abre son las escuelas), sino con la propia promesa del presidente hace dos días. Fernández dijo que las clases empezaban en marzo. Ahora tiene la responsabilidad de lograr los acuerdos políticos necesarios para hacerlo realidad.

Padres Organizados

El movimiento Padres Organizados surgió gracias a la iniciativa de la diseñadora gráfica Florencia Gutman, que convocó a otros padres en Twitter para hacer una campaña que llame la atención sobre la necesidad de que los chicos vuelvan a clases. Muchos nos sumamos. Redactamos una carta en septiembre en la que planteamos que se podía volver, que esperar la vacuna era una opción descabellada y que podíamos apelar a la creatividad para que las clases sucedan en patios, terrazas y plazas.

Además de compartir la información en las redes y los medios de comunicación, la experiencia de organización trascendió y ya funcionan más de 50 agrupaciones similares en todo el país. Gracias al trabajo colectivo y a una minuciosa tarea de recopilación de papers y otros estudios podemos compartir algunas certezas:

  • Los jardines y las escuelas primarias no incrementan significativamente los contagios ni la circulación comunitaria del virus.
  • Los niños no son grupo de riesgo, no suelen enfermarse de covid-19 o transitan la enfermedad casi sin síntomas y no son supercontagiadores, como se pensó en algún momento.
  • La educación a distancia no reemplaza a la presencial.
  • Las escuelas son espacios seguros, de contención, que pueden funcionar también para detectar y monitorear casos.
  • La tecnología sirve para algunas cosas sí, para otras no.
  • Se perdieron aprendizajes a pesar del enorme esfuerzo de los docentes en todo el mundo.
  • La regla debe ser la presencialidad sin importar la vacuna ni las condiciones epidemiológicas.
  • Los trabajadores de la educación deben ser considerados esenciales y no tienen más riesgo de contagiarse que un cajero de supermercado o un taxista.
  • Los más perjudicados fueron los niños pobres.

La OMS y la UNICEF ya dijeron que las escuelas tienen que estar abiertas, salvo casos extremos. El director global de educación de UNICEF, Robert Jenkins, explicó hace unas semanas: “El cierre de las escuelas no ayudó en la lucha contra el COVID-19, sino que simplemente eliminó un sistema que brinda apoyo, alimentos y seguridad a los niños, además de aprendizaje. En lugar de cerrarlas, los gobiernos deberían priorizar la reapertura de las escuelas y hacer que las aulas sean lo más seguras posible”.

no hay que esperar a la vacuna

Sin ninguna certeza sobre las vacunas con las que contará nuestro país ni un plan serio a la vista, esperar a la vacuna es una mala idea. En Padres Organizados creemos que ninguna razón justifica que los niños de jardín y de escuelas primarias no regresen a clases presenciales. No son población de riesgo, todo el procedimiento se deberá hacer en las condiciones que ya conocemos: burbujas, ventilación adecuada, aire libre, lavado frecuente de manos, tapabocas. Garantizar que esto sea posible es responsabilidad del Gobierno nacional.

En 1997, María Elena Walsh escribió una carta a los docentes que habían montado la Carpa Blanca en forma de protesta frente al Congreso: “De ustedes esperamos un cambio de rumbo imaginativo que servirá para reafirmar una solidaridad preexistente y no ocasional: la de los defensores de la educación”. De ellos también esperamos un compromiso urgente.

 

 

 

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Quimey Lillo

Licenciada en Periodismo, responsable de comunicación institucional en la Fundación Alem y co-fundadora de Padres Organizados.

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