LEO ACHILLI
Especial Elecciones

Novedades encontradas, oportunidades perdidas

En el oficialismo triunfó el "unidad hasta que duela". Y dolió. La oposición debería aprovechar en 2023 la ocasión que desperdició en 2021 de hacer una gran primaria amplia y abierta.

Creo que esta elección tiene hoy menos que ver con un posicionamiento ideológico o programático que con uno estrictamente político y de liderazgo: quiénes y cómo conducirán el camino hacia 2023. En ese sentido, pueden observarse novedades y también muchas continuidades, a pesar de las formas.

Las continuidades están más claras y nítidas en el Frente de Todos, donde la premisa “unidad hasta que duela” les duele sobre todo a los que no son del núcleo íntimo de Cristina, especialmente en la Provincia de Buenos Aires. Es cada vez más evidente que este gobierno roto en la gestión –pero unido en la elección– es la única estrategia de permanencia para el kirchnerismo como fuerza política.

Como continuidad, la oposición se perdió la oportunidad de acordar una gran interna, que legitime a los ganadores por el voto popular con un gran respaldo, ordenando las representaciones con más posibilidades de victoria y dejando atrás la derrota de las anteriores, porque siempre es oportuno recordar que todas las fuerzas no oficialistas vienen de perder en las urnas en las elecciones de 2019.

Este gobierno roto en la gestión –pero unido en la elección– es la única estrategia de permanencia para el kirchnerismo como fuerza política.

Lamentablemente, cuando en el horizonte hay una muy buena idea, en la Argentina casi siempre hay que descartarla. Entre los datos relevantes que pienso que coinciden vis a vis me gustaría referirme a dos. En primer lugar en Juntos por el Cambio se planteó una disputa en el sector hegemonizado por el PRO, que presentó una lista más bien poco novedosa y endogámica, con el objetivo de resolver la interna de su partido antes que alumbrar un salto cualitativo en su conformación y en ideas o en personas en el marco de la política nacional.

La novedad vino por el otro lado, el lado radical. La apuesta de la UCR es articular una lista que siga empoderando al centenario partido. Después de la interna partidaria, la decisión política de Lousteau, Morales, Abad y otros, en un formato novedoso de propuesta, incorporó a una figura de la sociedad civil como Facundo Manes, y también a representantes de espacios políticos injustamente excluidos del cerrado circuito de conducción PRO en Juntos por el Cambio. Son los casos de Emilio Monzó, Joaquín De La Torre y otros referentes que uno imaginaba que podían estar contenidos en el espacio de Horacio Rodríguez Larreta.

Un embrión de futuro

Otra novedad vino del lado peronista no K, con la voluntad de Florencio Randazzo de formar y componer una lista con sectores de la sociedad civil, ligados a la producción, la investigación y el conocimiento, con experiencia sensata para aportar a la solución de los crónicos problemas de nuestro país. Esta lista que ojalá se conozca adecuadamente en el curso de esta campaña, no solo está capacitada sino que es muy interesante y podría ser un ejemplo la incorporación de su compañera Carolina Castro.

Es en estas novedades trasversales donde puede germinar un embrión de futuro, una clave organizativa y política distinta a la monotonía que nos plantea la polarización extrema. O, dicho de otra manera, un entendimiento que nos permita llegar a pactos programáticos serios, con la constitución de un centro político sólido y sensato que germine acuerdos parlamentarios. Y, además, sean la llave para dejar atrás esta parálisis mortuoria que hace años cristaliza el denominado “empate hegemónico nacional”. Siempre salvando el pluralismo y la diversidad.

La oposición necesita ponerse los largos. Si todavía no estuvieron dadas las condiciones para plantearla en esta elección de medio término –o los liderazgos nacionales no estuvieron a la altura–, la posibilidad de una gran PASO opositora debería ser la ruta a transitar en 2023.

El objetivo debería ser la creación de un acuerdo contra la decadencia social que nos azota, sobre todo desde la última década.

El objetivo debería ser la creación de un acuerdo contra la decadencia social que nos azota, sobre todo desde la última década (pero que, con algunas excepciones, puede rastrearse por lo menos desde 1975), para terminar con la Argentina trabada. Este decadencia deslegitima día a día al sistema democrático, al mostrar que hacer política no sirve para nada: se vuelve una suerte de torneo intercastas frente al cual la gente se queda con la ñata contra el vidrio. Como dirigentes políticos no podemos tercerizar esta tarea o pedírsela a una sociedad cansada, maltratada, que lucha en su vida cotidiana por la supervivencia. Tenemos que encararla nosotros. Es nuestra obligación histórica.

Y esa obligación es construir el soporte político de una nueva coalición económica pro-exportadora que propicie la inversión, la producción y el empleo que nos permita retomar el sendero de crecimiento perdido hace mucho tiempo.

 

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Juan José Amondarain

Ex senador y diputado provincial bonaerense por el PJ. Abogado (UNLP).

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