LEO ACHILLI
Especial Elecciones

¿Queremos ganar o tener razón?

Hay que convencer a los tibios. Nos tiene que votar el massista que veranea en sunga en Canasvieiras, como dicen en Twitter.

Hay una escena de una película llamada Aprile, dirigida por Nanni Moretti, que suele citarse muy seguido. El protagonista, que es el propio Moretti, mira un debate por televisión entre Silvio Berlusconi y Massimo D’Alema, líder del PDS, uno de los partidos de izquierda más importantes de Italia. Berlusconi es enérgico en su discurso y D’Alema está callado y no mete bocado. Moretti se levanta del sillón, camina desesperado por el living y le grita al televisor: “D’Alema, reaccioná. Decí algo. ¡Decí algo de izquierda!”. Me imagino a muchos de nosotros en una escena parecida ante los debates que se vienen: “Vidal, reaccioná. Decí algo. ¡Decí algo liberal!”.

La escena inmediatamente anterior a esta no es tan citada pero también resulta familiar. Moretti apoya la cabeza en la panza de su mujer embarazada y le habla a su hijo por nacer: “Quiero filmar la campaña electoral de la derecha y la de la izquierda. De la centroizquierda. De la centrocentroizquierda. Ellos nos insultan, pero nosotros no debemos reaccionar. Debemos tranquilizar a los ciudadanos. Rassicurare. Rassicurare”. Gran parte de la comicidad de la película surge de la frustración de Moretti por la tibieza de su espacio político ante el tsunami Berlusconi. Con las etiquetas cambiadas (o quizás no tanto si pensamos en una división entre populismo y república), nuestra situación parece bastante similar.

Gran parte de la comicidad de la película surge de la frustración de Moretti por la tibieza de su espacio político ante el tsunami Berlusconi.

Nosotros los intensos (los halcones) queremos que nuestros candidatos tengan claro (y lo digan) que enfrente hay una banda inescrupulosa e incapaz que, además, simpatiza con las ideas económicas de izquierda más rancias y anacrónicas. Queremos que les muerdan los tobillos a sus adversarios. La palabra “diálogo” nos exaspera porque sabemos que dialogar con el kirchnerismo sólo sirve para que ganen tiempo y después nos emboquen. Por eso estamos malhumorados como Nanni Moretti. Queríamos votar a Patricia Bullrich, que nos representó muy bien en este año y medio siniestro yendo a las marchas y haciendo denuncias, y no a María Eugenia Vidal, que sólo apareció para solidarizarse por Twitter con el Presidente, con Ricardo Lorenzetti o con C5N por ya no me acuerdo qué ni me importa.

El puente de Juan B. Justo

Hace varios años, un taxista tenía la costumbre de intervenir el puente de Juan B. Justo y Córdoba, que ya no está gracias a la mejor gestión que tuvo la ciudad de Buenos Aires en toda su historia. Oscar Brahim se llamaba, y lo que hacía era escribir alguna frase en letras blancas bien grandes para que la vieran todos los autos y colectivos que iban por Córdoba en dirección al norte de la ciudad. Una vez puso: “¿Preferís ser feliz o tener razón?”. La primera vez que la leí tuve una epifanía. Es una buena pregunta que estoy seguro que nos interpela a los intensos. Entonces, yo pregunto: ¿preferimos ganar o tener razón?

Para ganar, hay que convencer a los tibios. Nos tiene que votar el massista que veranea en sunga en Canasvieiras, como dice Twitter. No sé si la mejor manera es con Manes, con Vidal, con Santilli. En realidad, nadie lo sabe. Pero tiene sentido suponer que los discursos extremos puedan ahuyentar a algunos. Debemos tranquilizar a los ciudadanos.

Algunos dirán, con razón, que con esta táctica alienamos a los intensos. El pavoroso drama de la sábana corta. Pero si los intensos lo somos porque entendemos que del otro lado hay una banda inescrupulosa e incapaz que, además, simpatiza con las ideas económicas de izquierda más rancias y anacrónicas, tenemos que entender que es más importante ganar que tener razón. Después vemos.

 

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Diego Papic

Editor de Seúl. Periodista y crítico de cine. Fue redactor de Clarín Espectáculos y editor de La Agenda.

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