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Convenceme de tu pasión

Hablamos con Javier Porta Fouz, director del BAFICI y programador de Qubit, sobre por qué Clint Eastwood es como Los Ramones y las mejores comedias son las que tienen puntaje bajo en Metacritic.

Como en cada cumpleaños de un director de cine importante, el lunes los críticos y cinéfilos se pusieron a hacer ránkings y a reflexionar acerca de Clint Eastwood. El viejo cowboy es una figura incómoda para el establishment cultural. Su talento no lo puede negar ni el más necio. Pero no sólo es republicano, lo cual ya de por sí es una infamia. Además, la ética de sus películas es contraria al espíritu de la época. Los eslóganes vernáculos que rezan que “nadie se salva solo” o que “te salva el Estado” son universales en tiempos de Juan Domingo Biden. Contra ellos, las películas de Clint Eastwood, ya desde aquellos spaghetti westerns que no dirigió él pero en los que aprendió mucho y a los que aportó bastante, muestran héroes que se cortan solos, incomprendidos por el prójimo y por las leyes de los hombres.

Charlamos con Javier Porta Fouz, director del BAFICI y programador de Qubit, sobre estos temas: Clint Eastwood, la entente de crítica y festivales, las comedias incomprendidas y por qué Nomadland es un chiste.

Diego Papic

Una vez alguien comentó con sorna que ninguna crítica de 15:17 Tren a París NO mencionaba la edad de Clint y me sentí interpelado porque efectivamente la mía era de las muchas que la mencionaba. Pero es imposible no poner ese dato como central y no sólo por la proeza de un tipo de 91 plenamente activo (hubo otros, como Manoel de Oliveira o Alain Resnais) sino sobre todo porque parece venir de otra época en cuanto a los temas que elige y a los personajes. El héroe de su (hasta ahora) última película estrenada (El caso de Richard Jewell) es un white trash miembro de la NRA y la villana es una periodista mujer empoderada. Y el tipo sigue. Ya no le dan mucha bola en los Oscar, pero tiene su productora y sigue filmando.

Javier Porta Fouz

Para mí es absolutamente imprescindible. Tengo una relación particular con el cine de Clint Eastwood. Muchos de los que eran acérrimos defensores de su cine en los ’90 y a principios de este siglo, hasta Río místico, se han quedado en esas películas, que son grandiosas. Esa etapa es gloriosa. Pero para mí el mejor Eastwood es el post-Río místico, post-Million Dollar Baby, que es el que se reinventa. De esa reinvención forma parte 15:17 Tren a París. Que sí, me fijé mi crítica en La Nación y había puesto la edad también. Pero bueno, es un dato tal vez no tan irrelevante. Me gusta en especial el Eastwood que renace después de su película más recargada, Río místico… tanto que no parece una película de él, parece una película de una caricatura de Eastwood; y después de Million Dollar Baby, que me encanta pero todavía tiene algo recargado en los sentidos; después de eso se convierte en el mejor cineasta de los últimos quince años. Eso es lo interesante, es un cineasta con medio siglo de carrera como director.

Además es un señor que parece tener una suerte de organización de su legado cinematográfico por si se va a morir: hizo varias películas que eran como “la testamentaria”. Una de sus cinco mejores películas para mí –el universo de coincidencia con eso es estrictamente yo– es Más allá de la vida. Yo la ví en una función privada en la que varios críticos se burlaban. Hizo varias testamentarias: esa, Gran Torino… son películas de testamento, directamente. Y dijo bueno, vamos a hacer otras cosas. Y se puso a hacer películas basadas en hechos reales. Jersey Boys, Francotirador, J. Edgar, Sully, El caso de Richard Jewell, La mula también está basada en un caso real.

De repente, dice: bueno, el cine puede tratar todos los temas. Como eso que decía Horacio Quiroga hace cien años. Uno siente que Eastwood puede tratar todos los temas, hacer todos los relatos. Es como Los Ramones, podrían hacer cualquier cover de cualquier cosa. Eastwood puede contar todas las historias.

Diego Papic

No estuve en esa privada de Más allá de la vida, pero me imagino a los críticos burlándose. No se puede decir que Clint Eastwood no sea “exitoso”, pero es cierto que no se lo tomaron en serio hasta Los imperdonables y ahí ya había dirigido unas cuantas grandes películas. Hoy medio volvió a perder el “favor” de la crítica. Pero el tipo siempre va para adelante sin bullshit. Todas las biografías que leí cuentan que siempre se tuvo fe pero no le fue fácil pegarla. Actuaba mal, arranco en series falopa de TV, la trilogía de Sergio Leone no se estrenó en los Estados Unidos hasta varios años después, pero el tipo fue para adelante y recién logró prestigio a los 60.

¿Por qué creés que perdió el favor de la crítica? ¿O nunca lo tuvo? ¡15:17 Tren a París tiene 45 en Metacritic! ¿Es por cuestiones ideológicas? ¿La temática tan alejada de lo que está de moda? ¿O el estilo clásico que ya la gente no aprecia? Aunque no sé si puede decirse que 15:17 Tren a París sea clásica.

Javier Porta Fouz

No sé si el favor, pero con Los imperdonables tuvo el consenso de la crítica. Ese consenso lo puede tener cualquiera. Moonlight, La La Land, Nomadland, Parasite, cualquiera puede tener el consenso de la crítica una vez que alguien determina que es la película más importante del año y ese tipo de cosas, ese tipo de zarandajas. Es lo que decía Truffaut de la fórmula de los críticos a la salida de las privadas: en algún momento una película es la buena del año. Nadie se molesta en preguntarse si es así. Y después todos siguen. Alguien dice “esto es buenísimo”, otro dice “esto es rebuenísimo”, “esto es ultrabuenísimo”, “ultrarecontrarequetebuenísimo” y así siguen. Y si alguien dice “esto es malo”, dicen “esto es diabólico, horrible, pésimo”. Cada vez más hay tendencias a la homogeneización de la opinión.

Entonces sí, en algún momento hubo homogeneidad a favor de Clint Eastwood, ahora hay más bien un recelo de ciertos círculos críticos que dicen “cómo narra, pero ojo que hay ideas discutibles”. Me acuerdo que Francotirador la odiaron. Odiaron 15:17 Tren a París, me acuerdo que a la salida de la privada terminé discutiendo a los gritos, no me acuerdo con quien. Me fui diciendo “sí, sigan viendo series”. 15:17 Tren a París es una película rohmeriana directamente. Miren lo que hago, pongo a los protagonistas reales a actuar y los hago deambular por Europa. Después hay un momento de heroísmo. Para mí es una grandísima película. Es una demostración de que Eastwood no es solamente un narrador clásico. Es un narrador muy versátil. Sí, hay clasicismo, pero hay más que clasicismo. Hay un aplomo narrativo.

También es un tipo que está pensando en lo que pasa en el momento. Por eso El caso de Richard Jewell es sobre la presunción de inocencia, eso que parece haberse perdido en Occidente, y sobre el daño que pueden hacer los medios. Se adelanta al papel más patético de los medios, el que empezó en marzo de 2020. Y en Sully se ríe de los espoilers. Plantea que si una historia es arruinada por eso que llaman espoilers, no importa tanto hacer un relato con esa historia. Está siempre atento a lo que pasa.

Bueno, no sé si perdió el favor de la crítica. No sé si la crítica tiene algún favor para dar o tiene algo beneficioso que ofrecer a estas alturas. Hay muy poca crítica de cine. Y si algo tiene 45 en Metacritic muchas veces yo voy directo a verlo. Hay muchísimas comedias valiosas de los últimos años que han sido destrozadas en Metacritic, en un mundo y en un ambiente crítico que ya no tiene ni la capacidad de valorar la comedia. Action Point no fue valorada por la crítica. Holmes & Watson, con Will Ferrell, fue destrozada por la crítica. Y todos diciendo las mismas cosas. ¿Para qué escriben crítica si dicen lo mismo que el otro?

Diego Papic

Bueno, creo que por nuestra forma de ser desconfiamos de los consensos. Con las películas suele pasar que apenas se estrenan hay una oleada a favor o en contra y después viene la oleada en la dirección contraria. Ambas cosas son parte de lo mismo. ¿A vos cómo te afecta al juicio propio, el juicio de los otros? Porque es un poco inevitable tanto ir con la marea o ir en contra. Yo trato (en lo posible) de no leer nada antes de ver la película. Es una manera de ser antiespoiler, pero no por las vueltas de la trama.

Javier Porta Fouz

Yo leo poca crítica para tener en cuenta si veo o no una película. Últimamente con las comedias veo qué dice Metacritic y si es muy bajo, la veo inmediatamente. Porque con las comedias hay un nivel de desorientación aún peor que con otras películas. No le presto demasiada atención. Toy Story 4 me pareció una basura, una película que niega la trilogía, hecha con el diario de ayer; las otras tres estaban hechas con tradiciones cinematográficas, con temas eternos, perdurables, y la 4 estaba hecha con el diario. Y cuando escribí para A Sala Llena sobre Toy Story 4, en ese momento había 48 críticas positivas de 48 en total, la mía fue la primera en contra. Pero tampoco me interesa si es la primera o la única. Me parece que hay que confiar un poco en el criterio de uno y ofrecer una mirada con personalidad. Si no hay personalidad en la mirada, se vuelve muy poco atractiva la crítica.

Me ha pasado que La vuelta al cine en 40 días, el libro de Quintín, lo leí como leía El amante cada vez que salía cuando yo era lector de El amante, antes de ser redactor y luego editor. Con esa pasión. Porque hay una mirada. Y no me importa si vi todas las películas de las que habla o no. De hecho, yo he leído muchísima crítica en mi vida y hay un montón de películas de las que he leído que nunca me interesó ver. O que leí sobre ellas y que las vi mucho después. No hay una relación tan directa entre leer crítica y ver una película, son dos instancias distintas. Como decía Héctor Soto, el crítico chileno, una película no se completa hasta hablar sobre ella o hasta leer algo sobre ella.

Diego Papic

Hablamos bien de Clint Eastwood y de un par de comedias americanas maltratadas por la crítica, y mal de todas las últimamente prestigiosas: Nomadland, Moonlight, La La Land. ¿De qué películas podemos hablar bien hoy? ¿O el panorama es tan sombrío?

Javier Porta Fouz

No sé si hablaría de prestigio. Sí, prestigiosas en el sentido más nocturno y más alemán de la palabra. Son películas sostenidas por un coro de voces que se imitan y se potencian y llegan a la hipérbole de manera muy rápida.

¿De qué películas podemos hablar bien hoy? Sigue habiendo películas. Para el último BAFICI hicimos una convocatoria que superó nuestras expectativas. Me parece que hay que buscar más allá del formato largometraje. Pero no ir a las series, eh. Para mí eso es otra cosa, que quizás no entienda. Pero en cortometrajes hay mucho.

Me parece que estamos en un momento bisagra, en el que se está reconfigurando el cine. Nomadland es como un chiste. Es malísima, el Rey está desnudo. Es una especie de imitación de imitación de imitación de un detrito de lo que se consideraba el indie hace años. Es una payasada monumental. Por suerte estamos llegando al punto más bajo de ese tipo de prestigio. Me parece que estamos ahí. Y quizás sea el momento en que van a aparecer cosas más disonantes, incluso irritantes. Pero más vivas. Mucho de lo que vimos en el proceso de selección de esta última edición del BAFICI me da esperanzas.

Pero hay una especie de vacío en algunas zonas del cine. Yo le prestaría atención a lo más joven o a lo más nuevo, no necesariamente de gente joven, y después están los grandes que están vivos. Eastwood, Scorsese, Spielberg. El más joven de esos tres tiene 74. Está el gigante Bellocchio –otro que se reinventó– que tiene 81. Me parece que en el medio quedó un vacío. Uno dice Wes Anderson, pero tiene más de 50.

Hubo en las últimas dos décadas cierta perversión en el sistema de legitimación y prestigio. Me parece que empieza a haber algunas señales de que se puede cambiar, de que lo podemos cambiar. Hubo una especie de entente de crítica y festivales que dejó de albergar discusiones. Hace un par de años sentí que el consenso acrítico estaba ahí, y que todo estaba bastante muerto. La última película de Pedro Costa que ganó Locarno (Vitalina Varela) me dio la sensación de que no se puede hablar más de cine porque lo que hay es una especie de acuerdo de fanáticos. Ya era la mejor y nadie la había visto. Lo mismo pasó con la de Godard en 2018 en Cannes (Le livre d’image). No me vengas a convencer de que sos fan de Godard o de Costa como otros son fans de Avengers, mejor convenceme de tu pasión, convenceme de tu cinefilia, convenceme de las películas que te gustan, convenceme de que te gusta el cine.

 

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Diego Papic

Editor de Seúl. Periodista y crítico de cine. Fue redactor de Clarín Espectáculos y editor de La Agenda.

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