LEO ACHILLI
Especial Elecciones

Bisagra generacional

La elección le da a Juntos por el Cambio la oportunidad de representar a los nuevos votantes, que valoran la libertad, la autonomía y la diversidad más que ninguna otra cosa.

Si la lucha de clases la inventó Carlos Marx, la lucha entre generaciones es mucho más antigua. Se manifiesta de distintas formas: en la disputa por el traspaso de poder de una generación a la siguiente, en la pugna por quién define los valores y hábitos que rigen ese lapso en el que conviven distintas generaciones, o en la pelea por la asignación de recursos. Es ahí donde se desnuda el tiempo: cuánto destinamos al presente y cuánto al futuro. En Argentina, por ejemplo, la inversión en el sistema previsional más que triplica la inversión en la niñez.

La crisis climática conlleva el choque generacional probablemente más importante que hayamos conocido. Cuando quienes hoy tienen 29 años (el límite de edad en la convención más utilizada del concepto “joven”) alcancen sus 64, el aumento del nivel del mar podría haber borrado del mapa a las ciudades costeras más grandes del mundo. El choque generacional aumenta con cada grado de temperatura. Pero a diferencia de Cronos devorando a sus hijos en la icónica pintura de Goya de la lucha generacional, este daño es silencioso y gradual. (Alguno de ustedes estará pensando que las inundaciones en Europa y China de este año, o los incendios en California, fueron muy estruendosas. Es cierto y quizás inflama más el enojo de los jóvenes por el planeta que les dejamos.)

Este panorama global encuentra en Argentina a las nuevas generaciones en un contexto de profunda desesperanza e incertidumbre sobre su futuro.

Y entonces llegó la pandemia, que expuso la tensión entre generaciones de manera abrupta: siendo los de menor riesgo de muerte, les exigimos a los jóvenes que se quedaran en sus casas para cuidar a las generaciones mayores. Las consecuencias de esta decisión son elocuentes y algunos impactos muy visibles: son los más afectados por el desempleo, especialmente las mujeres, y es muy probable que el cierre prolongado de escuelas y universidades aumente la tasa de abandono educativo y se deterioren aún más los aprendizajes. Otros impactos son aún más silenciosos que el de los gases invernadero: en muchos países ya se registra un crecimiento exponencial de los intentos de suicidios de los adolescentes.

Este panorama global encuentra en Argentina a las nuevas generaciones en un contexto de profunda desesperanza e incertidumbre sobre su futuro. Tienen problemas para conseguir su primer trabajo (y si lo consiguen, suele ser de baja calidad y de corta duración), tienen problemas para acceder a una vivienda y les resulta carísimo alquilar, y se educan en un sistema que los prepara para un mundo que sienten que ya fue. No es un fenómeno menor en este panorama la alta tasa de embarazos no intencionales, especialmente entre las adolescentes de menores ingresos.

Votantes nacidos en 2005

Así llegan los jóvenes a las elecciones de este año y buscarán ser seducidos por la política. Representan el 25 % del electorado. Argentina es uno de los pocos países del mundo que permite votar desde los 16 años, así que quienes votan este año por primera vez nacieron ¡en 2005! La primavera alfonsinista y el 2001 son parte de la historia para ellos y vivieron casi la mitad de sus vidas en recesión.

En estas elecciones debutan en las urnas los más jóvenes de la llamada generación Z, los postmillennials. Si bien las generalizaciones tienen sus riesgos y límites, los estudios muestran que sus valores son muy distintos a los de los millennials (o los que teníamos los de la Generación X, como yo): valoran la libertad y la autonomía por sobre todas las cosas, rechazan las grandes causas abstractas y se conectan desde un lugar más emocional y afectivo. Es desde este ideal de autonomía que valoran tan profundamente la diversidad, no sólo sexual o de aspecto físico sino de perspectivas.

Por eso es que no debería resultarnos tan sorprendente que las encuestas empiecen a mostrar a los jóvenes más alejados del kirchnerismo.

Por eso es que no debería resultarnos tan sorprendente que las encuestas empiecen a mostrar a los jóvenes más alejados del kirchnerismo. 2021 brinda una oportunidad clave para Juntos por el Cambio: esta podría ser una elección bisagra en la que muchos jóvenes, especialmente primeros votantes, encuentren representación en este espacio político. Requiere primero convocarlos a votar, un gran desafío en sí mismo, y diseñar estrategias creativas y disruptivas que traspasen la apatía y el profundo desencanto ante un futuro que no se ve en el horizonte.

La participación de las generaciones más jóvenes es más que una oportunidad electoral. Abre la posibilidad de involucrarlos en construir una narrativa de futuro de la que, si ellos son parte, nos permitirá soñar con transformar la Argentina.

 

 

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Julia Pomares

Politóloga (UBA). Doctora en Ciencias Políticas (LSE). Jefa de Asesores del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

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