ZIPERARTE
Milei presidente

El triunfo de los freaks

Milei es un freak rodeado de lúmpenes pero logró quién sabe como ni por qué conquistar a una cantidad nada desdeñable de gente. Hay que aprovechar eso al menos para enderezar el barco.

Debo confesar que aquel lunes después de las elecciones generales estuve en contra del apoyo a Javier Milei de Patricia Bullrich y Luis Petri. Esa fue mi reacción visceral, la de estar en contra. Me parecía que era una jugada que muy probablemente rompiera Juntos por el Cambio (incluso el mismo PRO) a cambio de nada: si ganaba Massa, era como perder dos veces, y nos quedábamos sin una oposición fuerte y unida para enfrentar a un peronismo hegemónico; si ganaba Milei, quedábamos pegados a un gobierno que iba a ser una incógnita total, por el que no había que poner las manos en el fuego.

Con el correr de los días entendí un poco mejor la idea. Si La Libertad Avanza era una cáscara casi vacía, un monstruo que había llegado demasiado lejos, creado por Victor “Massa” Frankenstein para dividir a la oposición, repleto de lúmpenes y freaks, lo mejor era que lo cope el PRO y no el PJ. JxC había perdido la representación mayoritaria del cambio (el motivo, culpa de quién fue, está sujeto a debate) y esa representación la había ganado Milei con sus imágenes de inteligencia artificial de leones, motosierras, sus posturas de animé, sus tik toks a los gritos y demás artefactos que a uno le parecen payasadas pero que evidentemente funcionan en un segmento del electorado cuyo voto vale igual que el nuestro (y el de Beatriz Sarlo, Lali Espósito y Martín Kohan). Entonces podíamos pasarnos los próximos cuatro años estudiando cómo combatirlos, buscando al Durán Barba que nos ayude a construir una red militante adaptada a los tiempos, menos viejomeada, que de todas maneras no sería igual porque no tendría la espontaneidad de la otra; o podíamos sumarnos y listo, y en un mismo movimiento quitarles a ellos cierta pátina de lumpenaje, bloquear el probable desembarco massista y transformar la derrota del día anterior en una posible victoria.

Hasta ahí había entendido la lógica, pero me costaba Milei. Perdón que me refiera de esta forma a nuestro flamante presidente, pero me parecía un pelotudo. Y los que lo habían votado, más todavía. Es que tenía la cabeza todavía seteada en modo cambiemita: me parecía que echar por la borda tantos años construyendo una coalición republicana y fuerte en todo el país que pudiera hacerle frente al kirchnerismo sólo porque algunos elementos miraban con simpatía la Ley de Etiquetado Frontal o hablaban de “personas gestantes” en lugar de “embarazadas” era mirar el árbol y perder de vista el bosque. Sí, a mí también me irritaba la tibieza de Larreta, y personajes como María Migliore en realidad más que irritarme me parecían directamente contrarios a mis ideas, pero de todas formas era lo que había y seguía siendo mucho mejor que el kirchnerismo y mucho más serio que Milei. Y tampoco me olvidaba que Milei y los libertarios habían erosionado el gobierno de Macri pese a haber sido el más cercano a sus ideas.

Me parecía que echar por la borda tantos años construyendo una coalición fuerte que pudiera hacerle frente al kirchnerismo era mirar el árbol y perder de vista el bosque.

De todas maneras nunca pensé seriamente en votar en blanco (aunque se me cruzó por la cabeza, ya que estamos en tren de confesiones), y creo que terminé de afianzar mi voto positivo el día en que leí los detalles del caso de Rodolfo Tailhade, Fabián “Conu” Rodríguez y los teléfonos pinchados. Estaba lejos de ser lo más grave que hizo el kirchnerismo en sus veinte años de historia (o el peronismo en sus 78), pero era lo más reciente y el enésimo ejemplo de la podredumbre de un Estado hipertrofiado, repleto de recovecos donde fluyen fondos que se usan para la permanencia de la misma gente en ese mismo Estado. Por supuesto que la metáfora de la motosierra no es la mejor y yo hubiera preferido toda una caja de herramientas, pero entre la motosierra y un alien que lo siguiera alimentando, la cosa estaba muy clara.

Después las corporaciones hicieron lo suyo. Nada me resultó más fácil que ubicarme en la vereda de enfrente de los sindicalistas, los actores, los intelectuales, los clubes de fútbol, las swifties, CIPPEC, la Sociedad Rural, el Papa, C5N, Futurock, Jorge Fontevecchia, Ernesto Tenenbaum, Paulina Cocina, los medios públicos, los presidentes de izquierda de América Latina, Fundar, los judíos contra Milei, los putos contra Milei, los fabricantes de colchonetas contra Milei. Todas las estructuras burocráticas e intelectuales del país de un lado y la población que labura del otro. Más o menos así fue la cosa, simplificando.

Por eso ayer voté a Milei con más convencimiento del que tenía semanas antes y me alegré genuinamente por su victoria. Me gustó su discurso, sencillo, que se puede resumir en las tres ideas simples de nuestros “padres fundadores” (así los llamó, al estilo americano): “Un gobierno limitado, respeto a la propiedad privada y comercio libre” (ideas simples pero que implican un giro copernicano). Y agregó que sabe que hay muchos que se van a resistir, y a ellos les dedicó la famosa frase de Perón: “Dentro de la ley, todo; fuera de la ley, nada”. Esperemos que, a diferencia del caso de Perón, no sea sólo una frase.

El jueves le dije a un amigo: “No puedo creer que voy a votar a Milei”. Él me contestó: “Si te referís a él como El León, la sensación se va con los días. Ya está, va a ser presidente y representa nuestras ideas. Basta de JxC. Fue bueno mientras duró, pero hay que construir algo nítido de centroderecha”. Es así, hay que soltar. No podemos seguir enojados porque fue a una marcha con Moyano en 2018. Si Macri no está enojado, no podemos seguir enojados nosotros. No tenemos una relación identitaria con el partido que votamos como los peronistas o los radicales. Milei es un freak rodeado de lúmpenes pero logró quién sabe como ni por qué (tarea para otros estudiarlo) conquistar a una cantidad nada desdeñable de gente. Hay que aprovechar eso al menos para enderezar el barco.

Cuando todo parecía indicar que el villano Massa había logrado hacer la gran Frank Underwood , el calabrés se la jugó y le salió bien.

Visto el eterno año electoral en perspectiva, se agiganta la figura del ingeniero Mauricio Macri. Cuando todo parecía indicar que el villano Massa había logrado hacer la gran Frank Underwood dividiendo a la oposición para llegar a presidente a pesar de tener una peor que pésima gestión como ministro de Economía, el calabrés se la jugó, conociendo perfectamente los riesgos (“Hoy a Patricia y a mí no nos van a querer, preparate”, le dijo a Daiana Fernández Molero ese mismo día) y le salió bien.

¿Cómo queda ordenado ahora el tablero? A ojo de buen cubero, es evidente que no hay espacio para un progresismo o centroizquierda fuera del kirchnerismo. Por eso perdió Larreta y por eso todos los votos de Patricia Bullrich se fueron a Milei. Los de JxC que no se fueron a Milei ya se habían ido a Massa de las PASO a las generales. En estas páginas machacamos (incluso yo lo hice) con que Milei era “populismo de derecha”, y en ese sentido se emparentaba más con el kirchnerismo. Y que el kirchnerismo sería “populismo de izquierda” que se contrapondría a una centroizquierda no populista que podría representar cierto radicalismo, la Coalición Cívica y parte del PRO. No sé si es todo tan esquemático, pero cuando el carro se ponga en movimiento, se acomodarán los melones. Por lo pronto, es mucho más saludable que se pueda importar el carro y que nadie se choree los melones.

 

Si te gustó esta nota, hacete socio de Seúl.
Si querés hacer un comentario, mandanos un mail.

 

Compartir:
Diego Papic

Editor de Seúl. Periodista y crítico de cine. Fue redactor de Clarín Espectáculos y editor de La Agenda.

Seguir leyendo

Ver todas →︎

Perdió el establishment

Cuatro observaciones sobre la elección: JxC la tenía difícil (no fácil), Massa salvó al peronismo, el fracaso de las élites y Chiquito Bossio hay uno solo.

Por

Desde el domingo somos libres

Por primera vez, un presidente se define a sí mismo como “liberal libertario”. Ojalá su liberalismo no sea sólo económico.

Por

No se gobierna con bullying

Milei construyó un relato económico que lo llevó a la victoria con mucha habilidad y poco dinero, pero tiene que entender que la batalla cultural no puede ser un instrumento de gobierno.

Por