ELOÍSA BALLIVIÁN

Actualización política y doctrinaria

En la tercera semana, entrevistamos a Cavallo y publicamos un manifiesto en favor del libre comercio, pero también arremetimos contra el conservadurismo de algunos liberales. Hay diversidad.

Nuestra tercera semana hizo mucho ruido. La entrevista a Domingo Cavallo de Hernán Iglesias Illa tuvo mucha repercusión y el kirchnerismo vio en ella la confirmación de que somos el Diablo. Lo más fácil para nosotros sería chicanear con el hecho de que Alberto Fernández fue candidato a legislador porteño de Domingo Cavallo en las elecciones del año 2000. También podríamos decir que una entrevista no necesariamente implica un endorsement. Estamos dispuestos a entrevistar, charlar, discutir, pelearnos y comer asados con cualquiera que entienda que no se puede emitir dinero sin consecuencias para la gente, entre otras cosas que ya nadie debería discutir en el mundo real.

Una cosa parecida pasó con la nota de Daiana Molero sobre la necesidad de un cambio cultural que nos haga comprender que abrir la economía e importar más es beneficioso para los argentinos. Las objeciones más serias a la nota, las más argumentadas, vinieron de dos economistas: Matías Rajnerman y Martín Alfie. El primero termina diciendo “En resumen, la economía argentina importa poco y sería ideal poder importar más”. El segundo, algo parecido: “Sí, Argentina tiene que importar más, exportar más, comerciar más. Es un país bastante cerrado”. ¿Ven? Al final estábamos bastante de acuerdo.

Si las notas de Iglesias Illa y Molero irritaron al kirchnerismo, la de Luis Diego Fernández hizo lo suyo con el liberalismo más conservador. Puede parecer contradictorio que una revista que no pretende estar por encima de la grieta se alegre por este tipo de cosas. No nos caen bien aquellos que dicen “si me critican de los dos lados, algo estaré haciendo bien”. Pero repetimos algo que dijimos acá la semana pasada: nos alegra que haya diferencias de opinión de nuestro lado. No somos dogmáticos.

Llegó el cartero

Recibimos un correo del compositor Miguel Galperín que reproducimos con su permiso:

Buenísima Seúl. ¡Bravo! Van dos comentarios respecto a cultura y política, uno en contra de Palumbo, otro de Bazán. Espero que sumen al debate.

En contra de Bazán: sospecho que no sabe de qué habla cuando habla de cultura, por eso su ‘¿cómo se hace?’. Se entiende perfecto: no puede definir el campo, no sabe cómo operar en él. Todo bien, no es difícil aprender.

Empiezo con dos elementos. 1. Cultura no es igual a entretenimiento. 2. Existe la historia: hubo al menos otro momento igual a este y fue hace poquísimo. La grieta se llamaba Guerra Fría y la cultura argentina jugó a través del Instituto Di Tella, sobre todo.

Lo que me lleva al punto dos, contra Palumbo: no hay una política en conflicto. Hay dos países, dos historias. Nadie hablaba de una política post Segunda Guerra sino, justamente, de guerra, por suerte para ellos y nosotros, una fría. En una guerra hay territorios en conflicto, no visiones, no política. Ganarlos es invadir, no convencer.

Tampoco se trata de halcones y palomas sino de definir bien las cosas (en ese interés coincido con Palumbo, que simplemente erra en el resultado) y se trata sobretodo de dejar que trabajemos los especialistas, los técnicos. La cultura no es un subset manso de política tanto como no lo es la ciencia (que también, si seguimos la ‘teoría’ de Palumbo, crea símbolos).

Nada, eso. Abrazos y sigo atento.

Para el final, dejamos el mejor elogio.

Reagrupamiento y reconstrucción o actualización política y doctrinaria. En eso estamos.

 

 

 

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