LEO ACHILLI
PASO 2023

Otro cross a la mandíbula

No está todo perdido para JxC, pero, al igual que en 2019, los resultados de las PASO son un cachetazo que nos despierta cuando quizás ya sea tarde para entender.

No resulta sencillo escribir bajo los efectos de una conmoción que nada tiene que envidiarle al mazazo recibido hace cuatro años, pero hay que intentarlo. En esta situación de hoy se repiten las condiciones de las PASO 2019: a la angustia y la incertidumbre por el futuro inmediato se suma este estado de asombro propio de quien se despierta repentinamente en medio de una realidad para la que no estaba en modo alguno preparado. Ahora que la cabeza se nos va acomodando y empezamos a entender que el dólar libre ya ronda por los 700 pesos y la inflación de agosto tiene el doble dígito asegurado, aquello de “esperar lo mejor y prepararse para lo peor” suena como un mantra que nos repetimos sin creerlo: nadie está nunca del todo listo, incluso si tomó algunas precauciones como dolarizar todo lo que se pudiera o ir a reventar la tarjeta en el supermercado antes del domingo.

El otro efecto colateral de un resultado como el de anoche es el orgullo herido por no haber visto lo que ahora, con el resultado puesto, parece tan evidente. Es cierto que en casi todas las charlas entre cambiemitas previas a las PASO se hacía la aclaración de que, si las cosas no salían como esperábamos, una vez más tendríamos la oportunidad de consolarnos diciendo que con el diario de lunes era más fácil verla venir. Pero supongo también que aquella era una advertencia o aclaración algo mentirosa, una suerte de “anulo mufa” que servía para demostrarnos que sabemos tomar precauciones, que estamos muy al tanto de aquella frase atribuida a José María Vernet que dice que perder no es lo más grave, sino la cara de pelotudo que te queda. Pues bien, aquí estamos, exactamente con esa cara y la certeza de habernos equivocado en casi todo. Otra vez.

Hechas todas estas aclaraciones, ¿tiene sentido entonces seguir escribiendo o también me voy a tener que lamentar por esto? No lo sé, pero vayan al menos unas líneas más para sumar a la lista infinita de análisis, si al final estamos más o menos todos en la misma, absorbiendo de Twitter, los sitios de noticias y los medios todo lo que esté dando vueltas para ver si terminamos de tener un par de cosas en claro.

Sabíamos que la macro era una bomba tóxica toda pegada con moco y que en algún momento se podían romper todos los diques, y ese momento es ahora.

Para empezar, cosas que ahora son muy evidentes: cualquiera haya sido el motivo por el que Mauricio Macri advirtiera sobre un posible balotaje con Javier Milei, es indiscutible que fue de los pocos en captar por dónde venía la mano; Patricia Bullrich fue una clara ganadora de la interna porque en su discurso y en sus modos también supo leer mejor lo que le reclamaba su electorado, aquello que debía representar; a la inversa, es muy difícil rebatir la idea de que la campaña de Horacio Rodríguez Larreta fue un enorme desperdicio de recursos de todo tipo para una cosecha inusualmente magra; que los aparatos y la comunicación política tradicional parecen haber quedado obsoletos de un día para otro; que la peor elección histórica del peronismo unido —ésa que sólo se nos aparecía en nuestros más dulces sueños— en las actuales circunstancias conlleva riesgos enormes por el laberinto imposible en el que se encuentra el ministro y candidato Massa: consumada la devaluación inevitable, fracasado el “plan llegar”, con la negociación con el FMI como un condicionante ineludible y las propias necesidades del kirchnerismo para retener al menos la provincia de Buenos Aires como otro, se abre un escenario imprevisible en el que ninguna alternativa se puede descartar. Lo único que tenemos en claro (porque sabíamos que la macro era una bomba tóxica toda pegada con moco y que en algún momento se podían romper todos los diques, y ese momento es ahora) es que en los próximos meses vamos a sufrir realidades durísimas.

Luego podría señalar algunas ideas que se repiten en las opiniones que llevo leídas: sí, Juntos por el Cambio puede llegar al balotaje con Patricia Bullrich, pero para conseguirlo deberá asegurar ese 28% de votos de la coalición y la vez intentar recuperar muchos votos perdidos. Votos que se fueron con Milei y que no es tan factible que vuelvan “por el susto”. Seguramente buscará entre las opciones que no superaron la barrera de la PASO, entre los blancos o quienes no fueron a votar. Pero desde luego que el oficialismo, por muy herido de muerte que esté, también va a mover cielo y tierra por recuperarse. Si a ello le sumamos que nada indica que Milei haya llegado a su techo, está claro que en las próximas dos vueltas puede pasar cualquier cosa.

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Se ha dicho también que la interna de JxC resultó muy dañina, que los cruces entre los distintos sectores —por momentos, muy duros— hicieron que la coalición se percibiera como “casta”, alejada de los problemas reales de la sociedad. Esto es ahora una certeza tan fuerte como aquella otra que indicaba que la interna era algo normal en una coalición, que la fortalecía y depuraba. En lo personal nunca me sentí del todo cómodo con la interna, aunque es imposible saber qué habría pasado con un candidato único, por consenso o acuerdo entre las cúpulas: podría incluso haber obtenido un resultado aún peor que este 28% tan escaso.

JxC llegó hasta acá siendo la coalición que es, no la que habríamos querido que fuera.

Pero, así como ese contrafactual parece tan inútil ahora, también creo que JxC llegó hasta acá siendo la coalición que es, no la que habríamos querido que fuera. Abundarán los reproches y los pases de factura, pero la dinámica de ciertos acontecimientos es inevitable. Es tautológico, pero el PRO, la UCR y la CC son los partidos que son, desde que están juntos ganaron más veces de las que perdieron y los finales nunca son anunciados. Si JxC puede reinventarse y volver a ganar, fabuloso. Si finalmente pierde, implota y se disgrega buscando otro tipo de alianzas, es algo que no se podría haber evitado forzándolo antes de las elecciones. Del mismo modo, me parece que cierto entusiasmo que noto en algunos por un 60% del país votando opciones antikirchneristas o “liberales” me parece excesivo: la ideología o la doctrina puede que sean los elementos que más destacan los seguidores o militantes más activos de LLA, pero difícilmente sea eso lo que les permitió cosechar semejante triunfo en tan poco tiempo. Mucho menos, lo que les garantizaría el éxito en un eventual gobierno.

Finalmente, al observar el mapa de los resultados de ayer, me llama mucho la atención el contraste entre la Ciudad de Buenos Aires, la Provincia y el resto del país, y esto a su vez con los resultados en las elecciones a gobernador. En CABA y PBA se dieron los resultados quizás más lógicos: en la primera LLA no superó el 17% de 2021, mientras que sus muy buenos números en el GBA sí son destacables, pero no tan sorpresivos. En cambio, lo que pasó con Milei en Santa Fe, Córdoba y Mendoza no parece tener explicación. Tampoco lo de San Luis y provincias del NOA y del NEA. No se trata de cuestionar a los votantes, pero sí de observar ese razonamiento que parece haberse repetido: para los gobiernos locales, un poco, bastante o nada de cambio puede estar bien; en cambio, el rechazo más visceral contra el sistema se expresó con los votos a Milei y sólo a él. Algo así como cuidar la quinta propia e incendiar las del resto de las jurisdicciones, quizás una expresión particular de una situación que también se ve en la puja corporativa: todos sabemos que no se puede seguir indefinidamente de fiesta, viviendo con emisión, déficit y deuda; pero que no se les ocurra tocar la mía, que no se cierre una oficina pública, que no se baje un subsidio. Si esto fuera efectivamente así, se trataría de un proceder totalmente opuesto al liberalismo que se supone que ganó.

 

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Eugenio Palopoli

Editor de Seúl. Autor de Los hombres que hicieron la historia de las marcas deportivas (Blatt & Ríos, 2014) y Camisetas legendarias del fútbol argentino (Grijalbo, 2019).

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