ELOÍSA BALLIVIAN

Volvió Feedback
(igual que otros)

Después de algunas semanas volvimos a recibir correo en abundancia de nuestros lectores. Ojalá siga así.

Sobre “Al fondo y a la extrema derecha”, de Hernán Iglesias Illa

(podés leerla acá)

Hola, buen día. Estuve leyendo un par de notas de ustedes a partir de un artículo compartido por Mauricio Macri hace unos meses a través de Twitter. La verdad, me identifico mucho con las notas que hacen. Particularmente hoy acabo de leer “Al fondo y a la extrema derecha”, escrita por Hernán Iglesias Illa y me parece muy acertado lo que dice. Y con fundamentos, lo que le da un extra que muchas veces falta en las notas que leo en otros medios.

Coincido además con la idea que un diario tiene que tomar posición con los temas y no simplemente limitarse a publicar una nota de cada color para quedar bien (o recibir favores) de todos los bandos. Que es una posición que entiendo desde la perspectiva económica, pero que no comparto para un medio que debería tener una misión más allá de lo económico. Y mucho menos en la Argentina actual, teniendo gente sin escrúpulos que dice cualquier cosa y de esa forma se legitima una posición muchas veces ridícula.

Los felicito y sigan así.

—Oscar A. Schivo

 

 

Sobre “Difícil volver a casa”, de Marcos Falcone

(podés leerla acá)

Quienes nos fuimos de la Argentina no necesariamente nos sentimos más libres, sino más tranquilos.

La diferencia importa. En la Argentina, sobre todo si se tiene cierta capacidad económica, se puede ser increíblemente libre, en el sentido más maslatoniano del término. Lo que no tenés es tranquilidad, y esa carencia surge patente de los testimonios que colecta el autor: todos parecen reclamar un mínimo de profesionalismo en la gestión de la cosa pública como condición para volver. O sea, un gobierno que me garantice que mi vida personal, si no va a mejorar, al menos tampoco vaya a empeorar de un mes al otro.

Ése es el mensaje que esperamos desde la diáspora para regresar a casa.

—Marcos Roca

 

 

Sobre “Mi prima favorita”, de Gustavo Noriega

(podés leerla acá)

Estimado Gustavo:

Quiero decirte que mi coincidencia con tu nota sobre la querida Magdalena es total, no sólo intelectualmente, sino por vivirlo en carne propia. Somos muchos los que pasamos por esa experiencia rara y frustrante, la de recibir sornas, gritos, sandeces por quienes hasta ayer eran amigos o parientes queridos.

El incendio del Reichstag nos da una pista histórica de cómo se intentó montar una trágica farsa para aprovecharse políticamente de un hecho nefasto. Sabemos cómo terminó: la eliminación de las libertades y las instituciones, la muerte de opositores, izquierdistas y judíos, y la Segunda Guerra Mundial. La mentira, la tergiversación sistemática de la historia, las anteojeras incrustadas defendiendo los hechos criminales más espantosos desembocó en el fracaso de las revoluciones rusa y china, la cubana y otros experimentos que quisieron imitarlas pero ni siquiera llegaron a eso.

Hoy, Rusia invade Ucrania acusando a ese pueblo mártir y valeroso de nazis cuando utilizan sus métodos, los de la Gestapo, para arrasar con pueblos y ciudades. La verdad al desnudo. Pero en realidad, Gustavo, mi optimismo viene de pensar que del desastre que hicieron aquí los responsables de la “década perdida” (que tienen en su haber 20 años de desaguisados) y los golpes sistemáticos asestados a nuestra querida patria y nuestro amado pueblo, al que dicen venerar, será su propio derrumbe. Un hecho lo ratifica: el episodio siniestro que vivimos mirando por televisión cómo un posible asesino llegaba con un arma hasta la cabeza de una dirigente política con cargos institucionales sin que nadie a su alrededor reaccionara, sea o no una fantochada o algún episodio de las ciénagas de los servicios de inteligencia, no contaron con la respuesta popular esperada. El cuento del lobo, la victimización, ya no sirve. Porque donde dicen crecimiento hay aumento de pobreza, inflación, expoliación de jubilados, la destrucción de la educación y el salario, y muchísimas cosas más, donde las promesas se desvanecen entre papelillos de colores y la palabra suena vacía y carnavalesca.

Sólo queda no equivocarse en el camino para reconstruir nuestra nación, unirse los que quieren un país normal, para sumarse al coro de aquellos que en el mundo van a defender la verdad, la libertad y el futuro para nuestros nietos en democracia, con la misma firmeza que se defendió al mundo contra la barbarie nazi. Están derrotados por ellos mismos, y hoy los nuevos mitos se deshacen como soldados de arena del mismo modo que lo fueron en el pasado. Tanto Napoleón, como Hitler.

Vengo del monstruo, conozco sus entrañas desde adentro, me ilusioné como tantos otros, sin ver que la utopía disfrazaba la mentira geopolítica de los nuevos imperios. Tanta sangre derramada para recrear nuevas clases dominantes.

Así perdí amigos. Pero gané nuevos, simples, directos, populares y honestos. Arriba ese ánimo. Magdalena, no te olvidamos, y así como te fundiste en el Nunca Mas, yo, sobreviviente de la dictadura y las torturas, brindo mi testimonio hoy contra los que vendieron su alma al diablo en nombre de un paraíso inventado, como ayer lo hice contra los represores.

—Yaco Tieffenberg

 

Querido Gustavo Noriega,

Acabo de leer tu newsletter y me gustó muchísimo, tanto por los conceptos que volcás como por la manera en que escribís. Mi forma de escribir es bastante menos pulida pero de todas formas trataré de expresar mis ideas.

A mí también me duele mucho esa grieta nuestra (y no sólo nuestra, nada más ver lo que pasa en la sociedad estadounidense y en las de muchos otros países), espero que las generaciones futuras logren desarrollar un pensamiento menos partidario, más imparcial. Pienso que en el fondo la grieta no divide pensamientos o ideas sino lugares de pertenencia, creo que desde hace mucho, muchísimo, esa grieta viene existiendo y tiene que ver con a qué grupo social se pertenece o se cree pertenecer.

Ese Boca vs. River impide que los argentinos nos escuchemos y tratemos honesta y objetivamente de entender por qué el otro piensa como piensa. Yo tengo gente muy querida de uno y otro lado de la grieta y puedo asegurar que son todas personas con capacidad de análisis y sobre todo son todas personas de bien a las que yo respeto mucho, muchísimo, que sencillamente ven la vida desde el lugar dónde les tocó nacer. Son personas a las que les importa el otro y que lo demuestran con sus actos, no sólo con sus palabras. Pero el gran problema que veo es que compran el discurso completo, tanto de un lado de la grieta como del otro, cuando la realidad (al menos desde mi punto de vista) es que se han cometido muchos errores desde hace mucho tiempo de un lado y del otro, independientemente de cuál sea el gobierno de turno porque la grieta excede a los gobiernos. También hubo aciertos a ambos lados y esos cada parte los enarbola como bandera, pero son incapaces de las autocríticas. Me pregunto si alguna vez seremos capaces primero de ver y después de reconocer en voz alta cada uno en su grupo de pertenencia los errores propios (ver los ajenos ya sabemos que es nuestro deporte nacional) para empezar a entender qué es lo que tanto duele y enoja a uno y a otro lado.

Probablemente mi carta peque de idealismo pueril, pido disculpas si te hice perder tiempo leyéndola, nunca escribí ni mandé ninguna carta a ningún lado (salvo cuando era joven y no teníamos otra manera de comunicarnos). Te saludo y agradezco nuevamente la tuya.

—Carolina Ulens

 

Estereotipando a un ex joven, miro un viernes a la noche streaming de un libro que leí siete veces hace 35 años.
Para romper el medidor de viejómetro releo a Noriega y la prima favorita para entrar en los brazos de Morfeo… El del sueño, no el de Matrix.

En los primeros párrafos yo noto que “Mi prima favorita” no es porno como indica su título. En su lugar encuentro un gran texto de civilizada comprensión hacia los bárbaros que decidieron quiénes éramos buenos y quiénes malos durante la década ganada.

Noriega me cae bien. Su esfuerzo para aceptar que iletrados morales con estudios universitarios nos condenaran a vivir bajo el dominio de una manada de cacos con iPhone durante 15 años me parece tarea digna de un Valar de la serie de hace unos minutos.

¿Cómo decir amablemente que el progresismo argento es lamentable? La razón vencida por la corrección política. Pobres marchando por la liberación de empleados públicos multimillonarios. De pronto los progres van a la iglesia y los salva la virgen de la mafia de los copitos de azúcar. Los liberales por Twitter juzgan la vida privada ajena. ¿Cómo se puede ser liberal y pacato? Parafraseando a uno que me bloqueó, la locura es total.

El texto se puso largo y la noche se acorta. No todos podemos madrugar con la fuerza de Magdalena. Cómo dijo un filósofo mendocino… Yo no los odio, solo quiero dejar de mantenerlos.

—Gastón

 

 

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