En los ‘90, el experimento ruso posterior a la implosión de la Unión Soviética era visto desde Occidente, a grandes rasgos, como un fracaso: el país se había vuelto un salvaje oeste de capitalismo desenfrenado donde unos pocos oligarcas se enriquecían mientras una mayoría seguía igual o peor que durante el comunismo. Lev Gudkov, uno de los padres de la sociología rusa, pasó aquellos años intentando entender la relación de los rusos con la riqueza. Lo primero que vio fue que había una brecha generacional. En la Unión Soviética cada generación vivía de una manera similar a la anterior, con módicas aspiraciones de progreso: pasar de una habitación en un departamento comunal a un dos ambientes sólo para la familia, encontrarle un departamento al hijo mayor ya casado y con la mujer embarazada; con algo de suerte, una dacha en las afueras y un Fiat destartalado. Nadie, salvo las élites, soñaba con palacios o autazos, y esas élites (políticas) estaban convenientemente ocultas tras rejas y candados.
Ahora, en cambio, razonaba Gudkov, casi todo lo que los rusos veían en televisión —la publicidad y hasta las telenovelas latinoamericanas que todos parecían estar mirando— los invocaba a que aspiraran a más. Gudkov y su equipo empezaron a preguntar en sus encuestas no solo cuánto ganaba la gente, sino también cuánto necesitaba para sobrevivir y cuánto para vivir bien. Un estudio enorme (casi 75.000 encuestados) mostró algo distinto de lo que veíamos de lejos: que en la Rusia de los ‘90 los ingresos reales crecían de manera consistente, pero que también crecía (a veces más rápido) la idea de cuánto hace falta para vivir bien.
Estudios posteriores confirmaron este diagnóstico: en los ‘90 los rusos tenían un 20% más de metros cuadrados para vivir, se multiplicaron los hogares con televisores, aspiradoras, heladeras y lavarropas, y se duplicó en un par de años la cantidad de autos particulares. Para 1995 casi el 17% de los adultos rusos había viajado fuera de Rusia. La constatación de cómo se vivía en Francia, Italia o Estados Unidos los desanimó. Comparadas con la de la Unión Soviética, sus vidas habían mejorado. Pero se sentían pobres.
Comparadas con la de la Unión Soviética, sus vidas habían mejorado. Pero se sentían pobres.
Este newsletter podría ahora, terminada la anécdota introductoria, preguntarse qué es lo que hace felices a las personas de los países, si alcanza con tener más plata y casas más grandes o si hace falta algo más. Podría revisitar la Paradoja de Easterlin (los ricos son más felices que los pobres, pero cuando los países crecen la felicidad no aumenta) o sacar a pasear a Kahneman y Deaton, que en 2010 famosamente dijeron que más plata te hace más feliz hasta más o menos los 75.000 dólares por año (ajustados por inflación, hoy serían unos 110.000 dólares) y que por encima de eso más guita no te mueve un pelo de felicidad. También podría citar a Branko Milanovic, que estudió algo muy parecido a lo de Gudkov: cómo la movilidad internacional y la exposición a estándares globales reconfigura las aspiraciones. Y cerrar diciendo que gracias a (o por culpa) de TikTok e Instagram miles de millones de jóvenes de hoy saben cómo viven, qué consumen y cómo se sienten sus colegas más afortunados y, quizás, se comparan con ellos.
Tres mil highlights
Pero no voy a ir por ahí. Voy a decir que la historia y las ideas de Gudkov las leí por primera vez en el maravilloso El futuro es historia, de Masha Gessen (2017), y que retornaron a mi cerebro el otro día después de suscribirme a Readwise , una app que hace mil cosas y me tiene embobado. Lo más simple que hace es guardar para después artículos que uno ve en Internet y los tiene abandonados en pestañas. Así la encontré, como reemplazo de Pocket, la app de lectura que usaba hace años y cerró en mayo. Pero después descubrí que Readwise hace otra cosa, mucho mejor. Me pidió sincronizar todos los párrafos que guardé (highlights) en el Kindle en los últimos casi 15 años y los puso todos juntitos en una página donde puedo buscar por palabra, por autor o por libro. Con los libros que no le había comprado a Amazon el proceso fue un poco más complicado (tuve que bajar un .txt desde el Kindle a la computadora y de ahí mandarlo a una dirección de mail), pero el resultado fue igual de bueno. Es decir que estoy desde el lunes leyendo y volviendo a leer frases que me llamaron la atención en 2014, 2019 o 2024 y que había olvidado; fue, de alguna manera, como volver a estar en el lugar y en el momento en el que las había leído. No llegué a leer todas, porque tengo más de 3000 frases o párrafos, que de a poco iré tagueando para ver cómo las ordeno.
Del proceso me sorprendieron varias cosas. La primera es cómo, a pesar del paso de los años, casi siempre nos interesan las mismas cosas. Uno es como es, en la vida y como lector. Pasan los libros y uno siempre marca lo mismo, como si se estuviera preparando para un gran proyecto futuro que todavía no tiene forma ni nombre. La segunda es que, viendo todo junto, uno se reconcilia con la cantidad de libros que ha leído: la vida del varón adulto, distraído por las redes, obligado a conseguir un sustento, descarrilado e imantado por la paternidad, no está preparada para leer. Me castigo todos los días por no leer lo suficiente. Y sin embargo acá hay pruebas de que no todo el tiempo ha sido desperdiciado. Una tercera sorpresa posible es cómo un libro puede haberte impactado en su momento y haber sido olvidado poco después. Como la historia contemporánea de Rusia de Gessen, un libro inolvidable, que me asombró en su momento pero hasta el lunes llevaba años sin recordar.
Pasan los libros y uno siempre marca lo mismo, como si se estuviera preparando para un gran proyecto futuro que todavía no tiene forma ni nombre.
Dado que ese gran proyecto sin forma ni nombre todavía no va a aparecer, se me ocurrió que podría compartir acá, en este newsletter, no todas las semanas pero sí quizás cada dos semanas, algunas de estas frases rescatadas de los baúles digitales. Sin contexto ni explicaciones: la frase textual, el título del libro, el autor y el año de publicación. Poner una abajo de la otra para ver si se genera algún efecto. Empiezo hoy, más abajo están las primeras elegidas. Aclaro que no es una selección de las mejores frases de las 3000, porque no llevo miradas ni un tercio del total. Apenas algunas que me llamaron la atención o me hicieron gracia.
Otra aclaración: la mayoría de los libros que leo en el Kindle están en inglés (abajo los párrafos van traducidos), porque prefiero comprar los libros de autores locales en papel, que también tienen sus highlights (a mano). O sea que hay un sesgo hacia los autores extranjeros. Y también hay un sesgo hacia lo no ficción, porque también prefiero leer novelas en papel. Bueno, arranco y voy sumando hasta completar la longitud habitual de un newsletter (quizás un poco más). Recomiendo Readwise para quienes puedan aprovecharlo (cuesta 13 dólares por mes, no es barato, pero parecido a Netflix). Una función que estoy empezando a descubrir es su inteligencia artificial: mientras leía los párrafos de Gessen me ofreció buscarme otros highlights míos que se complementaran conceptualmente o temáticamente. Los resultados fueron espectaculares. Vamos:

Patrick Viveret, un estudiante trotskista en Nanterre en 1968, recuerda: “Me impresionó la cantidad de hombres que usaban la ideología revolucionaria para convencer a las jóvenes de acostarse con ellos, diciéndoles que si se negaban era porque tenían una mentalidad pequeñoburguesa”.
–Timothy Garton Ash, Homelands: A Personal History of Europe (2023)
En política, como en cualquier otra esfera de la vida, hay dos principios importantes para un hombre con algo de sentido común: no hacerse demasiadas ilusiones y nunca dejar de creer que cada pasito ayuda.
–Italo Calvino, The Watcher and Other Stories(1963)
Cuando Estados Unidos entró en la Segunda Guerra Mundial, tenía el decimoséptimo ejército más grande del mundo, con 269.023 efectivos, más pequeño que el de Rumania. Solo podía poner en el campo cinco divisiones completas, en un momento en que Alemania disponía de 180.
–Andrew Roberts, The Storm of War (2011)
Poco después, The Economist explicaba el apoyo sindical a Onganía diciendo que «a pesar de todas sus diferencias, los militares y los peronistas están unidos en el rechazo del comunismo y de la democracia liberal parlamentaria».
–Eduardo Anguita y Martín Caparrós, La Voluntad 1. El Valor Del Cambio (1998)
En mis veintes, algunos de mis momentos más alegres fueron los que pasé preparándome para salir.
–Ian McEwan, Machines Like Me (2019)
[Musk] procesó en silencio durante dos minutos y, cuando salió de su trance, se puso filosófico. “Así es como decaen las civilizaciones. Dejan de asumir riesgos. Y cuando dejan de asumir riesgos, sus arterias se endurecen. Cada año hay más referís y menos hacedores”.
–Walter Isaacson, Elon Musk (2023)
En 1861, el año en que nació el Reino de Italia, se calculaba que hablaba italiano un italiano de cada cuarenta (el 2,5% de la población): poco más de 630.000 personas —principalmente toscanas que, después de todo, hablaban su propio dialecto— sobre un total de 25 millones. Aún en 1974, más de la mitad de la población de Italia hablaba únicamente en dialecto dentro de la familia.
–David Gilmour, The Pursuit of Italy (2011)
Ser “federal” no significa, en el universo emocional del rosismo, adherir a un sistema de reparto de la autoridad soberana entre las provincias. Ni “unitario” significa preferir un sistema que mantenga muy centralizada esa autoridad. Ser federal es ser patriota, católico y sobre todo reivindicar el derecho de Rosas a gobernar sin límites legales ni temporales. Y oponerte a esos principios es lo que te convierte en un “inmundo”, “salvaje”, “loco”, “traidor” unitario.
–Eduardo Sacheri, Los Días de la Violencia(1820-1852) (2022)
La misma noche en la que había derrotado John McCain, el presidente electo recibió un consejo contundente de su asesor económico —y futuro secretario del Tesoro— Timothy Geithner. “Tu legado va a ser evitar la segunda Gran Depresión”, le dijo Geithner. Obama rechazó la predicción. “Eso no es suficiente para mí”.
–Jonathan Chait, Audacity (2017)
Gracias por leer. De repente me ha dado un poco de pudor compartir estas frases, como si fueran un diario íntimo. La seguimos el jueves que viene!
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