ELOÍSA BALLIVIAN

Rivalidad, la cosa sana

Las rivalidades exacerbadas en el fútbol son un invento reciente y absurdo.

Sobre “¡Pero que viva el fútbol, Pisculichi!”, de Gustavo Noriega

(podés leerla acá)

La nota de Gustavo me hizo sentir menos solo. Y eso que no soy realmente amante del fútbol, no me detengo a ver ningún partido que no sea de Racing y definitivamente no freno a ver cómo juegan los chicos. Vivo a 1.100 km de Avellaneda y no podía entender ese odio con Independiente (como el papá de Gustavo, el mío tampoco me inculcó esa forma de sentir el fútbol); de joven creía que era algo a corregir e intentaba disfrutar de que perdieran. En algún punto de la adultez me di cuenta de la imbecilidad del planteo y volví a alegrarme por un buen resultado del Rojo. Al fin y al cabo por acá somos casi una cofradía con los de Independiente y San Lorenzo por ser parte de ese 10% o menos del Interior que no somos ni de River ni de Boca. Claro que quiero que le ganemos más que a otro, pero quitarme ese odio artificial fue liberador.

Lo que sí hago con pasión es jugar al básquet, tanto entre amigos como en el torneo de los maxi. Y siempre me pregunto qué nos hace a tantos disfrutar así, no importa el deporte, sino que sea en equipo y de contacto, porque ciertamente veo igual a mis amigos que juegan maxi fútbol. Con la adultez descubrí que algo que me hacía disfrutar más todavía eran esos partidos ásperos, pero sin mala intención y que terminaban en un reconocimiento mutuo con el rival. Algunos compañeros de equipo trasladando el “hinchismo” pasan horas despotricando contra el árbitro, la supuesta mala intención o disfrutando cómo hicieron engranar al adversario.

Yo te quiero robar la pelota, el propósito de esos 40 minutos es exclusivamente ganarte (si te gusta jugar pero no hacés todo por ganar vas a ver que terminás excluido o incómodo en estos grupos), pero con reglas, no lastimarte ni mucho menos humillarte; y si hay una rivalidad especial en el fondo lo que nos gusta es que como ellos también desean fervientemente ganarnos los dos debemos poner un plus en el esfuerzo. Imagino que así como Gustavo quiere volver a ver jugar a ese jugador notable esté o no en River, tras ese abrazo liberador al final del partido lo que le estoy diciendo es “ojalá juguemos pronto de vuelta”.

PD: Uno de esos rivales hoy es papá de un compañero de básquet de mi hijo y, como en el newsletter anterior, todo cierra en esa amistad efímera.

—Federico Pértile

 

 

Sobre “¡Vivan los YIMBYs!”, de Maia Mindel

(podés leerla acá)

Asunción del Paraguay y su AMA refutan dicho análisis, una ciudad que creció con mínima regulación, con escasa infraestructura y sin un plan urbano de transporte público intermodal. Una ciudad pequeña e ineficiente con 500.000 habitantes y 300.000 vehículos, más 500.000 vehículos de inmigrantes diarios cuadruplica el tiempo de traslado.

El libre mercado de la vivienda esparcido sin control y sin coordinación con el transporte público, sin infraestructura sin espacios públicos ocupados y vendidos al privado, no sólo hace insufrible la ciudad sino que los ricos siguen siendo más ricos y los pobres más pobres. Creo que no se cumple la hipótesis del artículo aquí.

Saludos.

—Nicolás Morales

 

 

Sobre “Gran Turismo”, de Lucas Delfino

(podés leerla acá)

Excelente articulo de Tomas Delfino!

Al leer “Gran Turismo” me vinieron a la memoria las palabras de Bjørn Kjos, el CEO de Norwegian, cuando en nuestro primer viaje juntos en 2016 y en plan de estudiar el terreno argentino, me dijo al regresar de la Patagonia: “Ricardo, Argentina en lo referente a turismo es un diamante valioso que solo falta pulir”.

Un fuerte apretón de manos desde Bodø, Noruega.

—Ricardo Clarke

 

 

Sobre “‘Argentina, 1985’ (III):mapa y territorio”, de Roberto Gargarella y Mariano Llinás

(podés leerla acá)

Interesante debate entre el jurista Roberto Gargarella y uno de los co-guionistas de la película Argentina, 1985, Mariano Llinás. Inteligente y respetuoso se proponen dos miradas distintas sobre una expresión artística que refleja un momento bisagra en la historia argentina.

La única observación que haría sobre la explicación de la técnica cinematográfica a cargo de Llinás (el relato de una historia que no se convierta en un documental interminable) es que no todos conocen la historia completa tal y como sucedió y, por lo tanto, muchos pueden tomar ese extracto necesario como la verdad sin matices.

Decía un periodista por aquellas épocas: “Aquí hay que contar la historia todos los días”, y lo decía por esta misma razón. Las personas que hoy tienen 50 años en 1985 tenían 13, una edad en la que no estarían demasiado preocupados por registrar su época. Tenemos que hablar de personas de más de 60 que, con suerte, podemos mantener viva un poco la memoria de esos tiempos.

Aún así tenemos que contar la historia todos los días…

Saludos.

—César G. De Gerónimo

 

La respuesta del guionista Llinás al doctor Gargarella me resultó adecuada y precisa. Es cine, ficción. No es ensayo histórico ni político ni filosófico, es una película y como tal debe ser criticada. A veces la ampulosidad de los críticos, quizás una pretendida rigurosidad, pierde eficacia y oscurece el objetivo de una visión sobre aquello que es siempre algo más que la demostración de una técnica cinematográfica, pero que nunca pretende dejar agotado un tema, una opinión o una mirada particular sobre un hecho social significativo. Por ello me parece excesiva la crítica de Gargarella.

Desde ya que toda opinión merece el máximo respeto provenga de donde provenga. La significación del doctor Alfonsín tiene el poder de superar los tiempos cinematográficos. Tiene el poder que el pueblo argentino le reconoce a un hombre auténtico, democrático y honrado.

—Gustavo Fernández Machenaud

 

 

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