VICTORIA MORETE
Entrevistas

Marcelo Birmajer

El escritor dice que la única manera de que haya paz en Medio Oriente es alcanzar un consenso mundial para derrotar al islamonazismo como el que hubo para derrotar a los nazis.

Marcelo Birmajer (Buenos Aires, 1966) es escritor, ensayista y guionista. Entre sus muchos libros se pueden mencionar El túnel de los pájaros muertos (2015), Un crimen secundario (1992) y El abogado del marciano (1997). También fue co-autor del guion de El abrazo partido (2004), de Daniel Burman, que ganó el Oso de Plata en el Festival de Berlín. Su último libro es La remera del Che y otros cuentos políticamente incorrectos, con relatos que “están dedicados a parodiar al pensamiento medieval de la izquierda reaccionaria”, según cuenta.

También es un gran pensador y analista de la vida judía, y un conocedor intenso y reflexivo de la política de Israel y del conflicto en Medio Oriente. A fines de 2015 su hermano, el rabino Reuben Eduardo Birmajer, fue asesinado por dos jóvenes terroristas palestinos frente a una de las puertas de la Ciudad Vieja de Jerusalén, donde vivía y daba clases en la escuela religiosa Aish HaTorah, frente al Muro de los Lamentos. Esa tragedia, sin embargo, no lo envenenó ni le hizo modificar sus posturas políticas.

Conversamos el jueves al mediodía sobre la masacre del 7 de octubre, la guerra en Israel, las consecuencias para los judíos en el mundo y un posible futuro.

Quería empezar con algo personal. Yo soy judío pero no tengo mucha relación con Israel, nunca fui y la familia que tengo ahí es bastante lejana. Pero cuando pasó la masacre del 7 de octubre me sentí totalmente desprotegido.

Efectivamente, lo sepamos o no la existencia de Israel es la garantía de supervivencia y de libertad del pueblo judío. Y creo que tiene una factualidad lo que estoy diciendo tan comprobable como la ley de gravedad. Es más, yo creo que alguna vez la ley de gravedad puede ser transgredida, pero no creo que el pueblo judío pueda sobrevivir en libertad sin el Estado judío. Y varios judíos lo descubrieron con esta masacre, porque desde el fin de la Shoah, más aún desde la fundación de Israel en 1948, tanto los judíos antisionistas como los indiferentes como los comprometidos, fueron simbióticamente conscientes, no necesariamente racionalmente, de que su única posibilidad de supervivencia en libertad es la existencia de Israel. Ahora, cuando vos te caés de un quinto piso te das cuenta de que existe la ley de gravedad, te guste o no, pienses en ella o no. El 7 de octubre nos caímos de un quinto piso. Sin el Estado de Israel no podemos sobrevivir. Y tu sentimiento de inseguridad no tiene nada de paranoico ni imaginario. Efectivamente, estamos más inseguros de lo que estuvimos nunca desde 1948.

De hecho lo que más me angustió no fue la masacre en sí, que igual me angustió bastante, por supuesto, sino el festejo que se dio alrededor del mundo. Y me sorprendió. A vos que venís pensando en esto hace tanto, ¿te sorprendió?

No me sorprendió en absoluto. Hay que remarcar en este caso que donde más se festejó fue en las calles de Gaza. Es donde más se festejó y hay que decirlo. Porque los habitantes de las democracias liberales, quienes defendemos el sistema liberal de vida, no celebraríamos alrededor del cadáver de ningún enemigo. No escupimos cadáveres, no nos solazamos en desecrar cadáveres, como hicieron los islamonazis. Y la constituency, la gente que los rodeaba, celebraba el escupitajo de cadáveres desnudos. Hay un gran libro de Martin Gilbert, el biógrafo oficial de Churchill, que se titula en In Ishmael’s House, que cuenta la vida de los judíos en el mundo árabe. Vos sabés que antes de la fundación de Israel vivían un millón de judíos en el mundo árabe y fueron expulsados o masacrados durante la primera década de la existencia de Israel. De un millón pasó a no haber ninguno, mientras que en Israel el 20% de la población es musulmana, árabes, descendientes de los mismos que vivían ahí. En ese libro de Martin Gilbert se cuenta que en las semanas previas y posteriores a la fundación de Israel el régimen iraquí ahorcaba judíos y los colgaba de árboles de los parques, y alrededor de esos cadáveres ahorcados había picnics familiares, las familias iraquíes comían bajo el cadáver.

Bueno, el 7 de octubre cuentan que sacaban cosas de la heladera y comían mientras torturaban gente.

En las calles de Gaza podés celebrar y escupir el cadáver de una mujer decapitada, desnuda, vuelta un amasijo. En las calles de Tel Aviv no podés hacer eso, es absolutamente imposible que pase un carro con un cadáver desnudo y se junte una multitud a escupirlo, no ocurrió nunca en la historia del Estado de Israel. Ahora bien, ¿por qué se desataron en las calles de Europa estos festejos? Porque son festejos, no son protestas, son festejos por la muerte de judíos. Porque se envalentonaron. Lo que había mantenido en un estado de escarmiento por la retaliación aliada a los nazis europeos y árabes no era la conciencia del crimen que habían cometido o que habían contribuido a cometer, era el temor a la derrota incondicional que padecieron, a la derrota que padeció la Italia fascista, la Alemania nazi y el Japón imperial. Esa derrota determinante, incondicional, que transformó la historia de la humanidad. Y esa derrota los dejó escarmentados hasta el 7 de octubre de 2023. ¿Qué pasó el 7 de octubre de 2023? Hubo una brecha en la seguridad israelí como no había existido nunca antes. Esa posibilidad de matar judíos impunemente como lo hicieron durante el nazismo los envalentonó, olieron sangre, quieren volver a matar, violar y decapitar judíos como lo hicieron entre el ’39 y el ’45.

Esta izquierda que celebra la muerte de judíos es nazi, como la alianza entre Stalin y Hitler entre el ’39 y el ’41.

No nos confundamos, no hay malentendidos. Esta izquierda que celebra la muerte de judíos es nazi, como la alianza entre Stalin y Hitler entre el ’39 y el ’41. Ya se aliaron, les gusta matar judíos. El segundo peor asesino después de Hitler fue Stalin. Uno de los teóricos del antijudaísmo más relevante del siglo XX es Trotsky. Trotsky era un profundo antijudío judío. Hay un libro póstumo de Isaac Deutscher, el gran biógrafo de Trotsky, que se llama Los judíos no judíos. Ahí Deutscher cuenta celebratoriamente que Trotsky mandaba a morir a los judíos en la primera línea para demostrar que él no era pro judío. Trotsky optó por el fascismo en vez de por las democracias. Dijo literalmente: “Entre el Brasil fascista y la democracia inglesa, yo me quedo con el Brasil fascista”. Eric Hobsbawm, historiador marxista también judío, comenta en su reportaje que en su juventud Hitler le parecía un anticapitalista y tenía una mirada antiplutocrática, que esto le resultaba atractivo. Hay judíos antijudíos, de izquierda, colaboracionistas con el nazismo desde lo teórico y desde lo práctico, como Miriam Bregman que junto con Vanina Biasi proponen literalmente un pogrom en Buenos Aires, quieren traer la masacre de Hamás a Buenos Aires.

¿Qué se hace con eso? Justo ayer veía en Nueva York una manifestación de judíos, “judíos por la paz” entre comillas, que piden el alto al fuego, supongo que serían antisionistas, que llenaron la estación Grand Central. Obviamente los usan los antisemitas como ejemplo, como para decir: “Ven, el antisionismo puede no ser antisemitismo”. ¿Cómo se discute contra ellos? Está el tema del auto odio, no sé si eso existe.

Sí, es una enfermedad judía. Es de clase media, universitaria y judía la enfermedad del auto-odio. La padecen los universitarios, la padece la clase media que se odia a sí misma y la padecen los judíos. Hay enfermedades biológicas y hay grupos étnicos que tienen propensión a ciertas enfermedades.

¿Y por qué es eso?

Hay una explicación teórica para el auto-odio, que por supuesto nunca es exacta como no lo es el antisemitismo, pero hay un ideal mesiánico judío que busca una justicia absoluta, y la justicia absoluta es inexistente. La relación con el otro siempre implica conflicto. Con el vecino, con la pareja, con el desconocido, el sólo hecho de encontrarnos con el otro implica conflicto. No hay manera de que sea una relación absolutamente horizontal o justa, lo que podemos hacer es tramitar ese conflicto, no que no exista. En ese ideal mesiánico, tremendista como la voz de los profetas que pretenden una humanidad absolutamente honesta, la única manera de que el conflicto no exista es que yo deje de existir, darle toda la razón a mi enemigo. De ese ideal mesiánico para mí deriva el auto-odio judío, que tiene una referencia intelectual muy poderosa que es Hannah Arendt, la escuela de Frankfurt y los primeros judíos de la Universidad de Jerusalén, que incluyen a Buber, a Magnes en los años ’20, y luego su principal exponente es Hannah Arendt, que nos da el ejemplo más paradigmátic,o que es su amor sexual por Heidegger. Heidegger no sólo era afiliado al partido nazi y un gran admirador de Hitler, finalmente se terminaron descubriendo sus Cuadernos negros donde ya no hay duda de su concreto antijudaísmo. Vamos a ponerlo en términos bien prosaicos: no te acostás con un nazi. No es lo mismo que alguna vez ir a una cárcel a entrevistar a un nazi como a Albert Speer. No te acostás con un comisario de Auschwitz. Perdoname que lo repita en este reportaje oral, pero lo quiero dejar bien claro. No le escribís un panegírico a sus 80 años. Con los nazis hacés una sola cosa, con un hombre como Heidegger lo metés preso, es lo único que podés hacer. Y si no lo podés meter preso por ley, escribí que hay que meterlo preso hasta el último día, porque es un aficionado del partido, tienen que estar presos.

También se la critica porque en Eichmann en Jerusalén hace demasiado hincapié en los Judenrat, les echa demasiado la culpa de lo que pasó.

En ese libro ella dice algo tan terrible como eso o peor. Gershom Scholem dijo que Hannah Arendt no tenía empatía con el pueblo judío. Yo creo algo peor, que lo odiaba profundamente, que Hannah Arendt odiaba profundamente su identidad y al pueblo judío. Hay que leer sus ensayos de La cuestión judía, donde ataca permanentemente a Ben Gurion, a Begin, a cualquiera que luchara por la creación del Estado judío en sus orígenes, es decir, cuando estaban luchando por su vida los sobrevivientes de la Shoah, ella atacaba a los judíos exclusivamente. Y en algún momento dice: “Claro que voy a atacar más a los judíos que a los enemigos, porque es mi pueblo”. Ese paradigma es solamente auto odio, porque está Mordechai Anielewicz luchando contra los nazis, vos defendés a Mordechai Anielewicz haga lo que haga y atacás a los nazis, no atacás a tu pueblo. “Oh, le tiró una molotov a un nazi que sólo tenía una pistola”. Es lo que hacía Hannah Arendt.

Ahora, en Eichmann en Jerusalén, cuando se habla de las leyes de Nuremberg que prohibían a un alemán casarse con un judío, ella dice: “Se hizo un silencio ominoso en la sala, porque en Israel no existe el matrimonio civil”. Ahora, qué reverenda hija de puta hay que ser para decir eso, en un país donde habían quedado el 20% de musulmanes viviendo como ciudadanos con plenos derechos, donde por primera vez en la historia de la humanidad trajeron judíos negros a la libertad, no para esclavizarlos, nunca pasó en la historia de la humanidad eso. Un Estado de Israel que dejó entrar en sus primeros veinte años, como dice la Estatua de Libertad, a los desplazados de la tierra, que no casualmente lo escribió una judía ese poema, Emma Lazarus. En Israel no hay hasta hoy matrimonio civil, porque el matrimonio civil es una institución no judía, tan respetable como cualquier institución judía. Pero en Israel desde hace cincuenta años una persona gay le puede legar su fortuna a su pareja. Eso ocurrió por primera vez en la historia de la humanidad con un piloto de El Al, y la justicia reconoció que le podía legar, y la gente se une en matrimonio como se le canta la dignísima gana. No existe la institución pagana, completamente respetable, del matrimonio civil. Pero no implica ninguna quita de derechos. El único matrimonio de algún modo parecido a la institución civil es pisar la copa. La verdad se podría pensar algún otro tipo de institucionalidad, se podría pensar, no merece el tema. Pero hay que ser hijo de puta, no se me ocurre otro adjetivo, para compararla con el hecho de Nuremberg de los nazis. ¡Pero vos te enamoraste de un nazi, hija de puta! Están construyendo el único lugar del mundo que hace posible que no se repita el nazismo. Y luego dice que Ben-Gurión influyó demasiado en el proceso. No influyó nada. Ella celebra al fiscal y ataca a Ben-Gurión. No hay ninguna implicancia política de Ben-Gurión en las decisiones del fiscal Hausner. Ahora, en algo sí es atípico el juicio, en que Israel tuvo que ir a buscar a un Eichmann que había cambiado su apellido y arriesgó la vida de su gente como la está arriesgando ahora en Gaza para que Eichmann fuera juzgado según el debido proceso, porque lo podrían haber matado y hubiera sido una acción partisana.

Incluso Israel le pagó al abogado defensor…

Por supuesto. Como ahora, los soldados de Israel están arriesgando sus vidas para proteger a los civiles de Gaza mientras matan a los de Hamás pero para rescatar a los rehenes de todas partes del mundo secuestrados por el islamofascismo.

Y más allá de los judíos que hablan en contra de Israel, ¿qué opinás de los que se callan la boca y no dicen nada?

Te lo digo por la negativa. Yo estoy convencido de que la mayoría de los judíos con voz propia, elocuentes, oscilan entre el auto odio y el silencio. Te hablo de los intelectuales, te hablo de una Hannah Arendt, te hablo de un Woody Allen. Bueno, ni hablar del auto odio de un Noam Chomsky, que negó los pogroms. Yo estoy convencido de que si la mayoría de los judíos intelectualmente exitosos, que estamos completamente sobrerepresentados en el mundo, hay doce millones de judíos en todo el mundo y la sobrerepresentación en la esfera intelectual es evidente, ganada por el mérito exclusivamente, si la mayoría de ellos, específicamente en Argentina, por ejemplo, hablaran con contundencia en contra de Hamás como agrupación islamonazi y a favor de Israel como parte del legado de los aliados de vencer al islamonazismo, buena parte de la batalla cultural estaría ganada, estoy convencido. Y esas manifestaciones que nos asustan a los dos serían mucho menos concurridas. Yo creo que no necesitamos como judíos la solidaridad mundial. Necesitamos que los judíos, para empezar, la mayoría de los judíos con peso, humoristas, escritores, actores, políticos, digan con claridad que hay que derrotar incondicionalmente al grupo islamonazi Hamás y que la existencia de Israel en sus actuales fronteras es la garantía de la supervivencia y la libertad del pueblo judío y de la libertad en el mundo.

Ahora, en cuanto a los árabes, vos hablaste de los asesinatos de judíos en Iraq después de la creación del Estado de Israel, pero ellos ya atacaban judíos desde mucho antes de la existencia del Estado en la zona de Palestina. En el ’29 hubo un pogrom importante, pero ya había ataques desde principios de siglo, en la época del Imperio Otomano. ¿Hay alguna solución posible ante un odio tan ancestral?

Vamos a racionalizarlo todo lo que podamos. Mencionaste bien la masacre de Hebrón en 1929. Exterminaron a los judíos nativos, esos no habían emigrado de Europa, eran decendientes de los judíos de 3000 años atrás. Eran ortodoxos desarmados, los mataron a todos, como ahora en el sur de Israel. Los mataron a todos, a los pacifistas, a los pro palestinos, los mataron a todos. Estos ortodoxos ni siquiera planteaban un Estado. Simplemente estaban ahí, habían vivido ahí desde el exilio de Babilonia hasta nuestros días. Y el Muftí de Jerusalén, Amin al-Husayni, dirigió esa masacre. Este mismo Muftí de Jerusalén se reúne con Hitler en Berlín. Yo nunca sé el año exacto pero tiene que haber sido el ’41 porque fue previo a la Solución Final, fue previo a la Conferencia de Wannsee. Ahí hablan por primera vez Hitler y el Muftí de Jerusalén de la idea de aniquilar a todos los judíos del mundo, y también de Medio Oriente, donde por primera vez se estaban haciendo un poco más fuertes. Ya había sido la Declaración Balfour y los judíos, muy especialmente en el Mandato Británico de Palestina, eran el único contingente mediooriental antinazi. No necesariamente pro inglés, porque tenían una pelea con los ingleses, pero Ben-Gurión dijo, para que nadie se confunda: “Vamos a disputar con los ingleses por nuestra independencia cuando termine la Segunda Guerra, pero mientras tengamos que combatir contra el nazismo vamos a hacer de cuenta que no tenemos ninguna disputa con los ingleses”.

El Muftí de Jerusalén, además de planificar y ejecutar la masacre de Hebrón del ’29, se reúne con Hitler para motorizar intelectualmente la Shoá. Todos los líderes árabes eran pro nazis, y hasta donde podemos recoger testimonios las masas acompañaban la posición pro nazi. Un eslogan muy repetido en las radios árabes del tiempo era “En el cielo Mahoma y en la tierra Hitler”. Eso no tenía ninguna relación con la territorialidad, era exterminar al pueblo judío. No tiene ninguna relación con que fuera a existir un Estado judío. Es absolutamente al revés. La extinción del Estado judío es un paso para exterminar al pueblo judío.

Es absolutamente al revés. La extinción del Estado judío es un paso para exterminar al pueblo judío.

Y el porqué del antijudaísmo no es absolutamente racional, pero tiene algunos elementos racionales. Yo creo que uno de los baluartes de la cosmovisión del islamonazismo es la opresión de la mujer. Una homofobia paradójica, que es asesinar a los homosexuales que salen del closet pero mantener la homosexualidad como práctica clandestina. Yasir Arafat era un ejemplo paradigmático. Oriana Fallaci lo revela con sus amantes europeos en la famosa entrevista que le hizo, que está en el libro Entrevista con la historia. Gran narradora Oriana Fallaci, gran precursora de la lucha contra el islamismo nazi. En esa cosmovisión de opresión de la mujer estamos hablando de los islamonazis, no del islam en general, de la cual Arafat formó parte y de la cual forma parte Hamás, de la cual forma parte la teocracia iraní, de la cual forma parte Hezbollah, tienen esta concepción de opresión de la mujer y de la práctica de una homosexualidad clandestina al mismo tiempo que asesinan a los homosexuales que dicen su nombre, que cuentan su condición.

El Estado de Israel en su protoexistencia y su existencia les planta a los islamonazis una colectividad donde las mujeres y los hombres son iguales, donde las mujeres van en short, donde puede haber relaciones sexuales libremente electas fuera del matrimonio. Por ejemplo, recientemente en el Líbano, te estoy hablando de hace veinte años, se trató de llevar al parlamento una ley que no permitiera que si el violador se casa con la violada quede libre de culpa y no se logró. En el mundo árabe todavía es legal matar mujeres, matar personas homosexuales, admitir la violación todavía es legal según ciertas condiciones. La colectividad judía que se implantó en ese pequeño espacio de tierra más chico que la provincia de Tucumán prohibía el asesinato de mujeres, aceptaba la libre elección sexual de los adultos, coexistían hombres y mujeres con absolutamente iguales derechos al punto tal que aparece una Golda Meir, van en short las mujeres, no se tienen que cubrir el rostro y ahí está la gran irritación para el islamonazismo, porque la libertad es proteica, la libertad se expande, por pequeño que sea el territorio le temen a la libertad, sus mujeres pueden llegar a adquirir derechos mirando lo que hacen las mujeres en el pequeño enclave judío, democrático, liberal en Medio Oriente.

Y cierro con esto mi respuesta. Cuando en la Argentina tuvimos una de las pocas decisiones absolutamente celebrables de nuestra historia política, que fue elegir a Raúl Alfonsín, y fuimos como lo fue Israel en Medio Oriente el único espacio libre, democrático, de igualdad en Latinoamérica, incluso amenazado por nuestros propios militares, eran las dictaduras que nos rodeaban las que temían a la libertad y no nosotros a que nos contagiara ni Pinochet, ni Stroessner, ni el dictador uruguayo. Le temían a la libertad y lo que de hecho ocurrió, amparados por la gran democracia americana, fue que se terminó expandiendo la libertad, fueron derrotados Rico, Seineldín, Pinochet, Stroessner y se expandió la libertad amparados por la gran democracia americana.

El problema es que en Israel son apenas seis millones de judíos y dos millones de árabes-israelíes rodeados de centenares de millones dispuestos a morir con tal de que prevalezca la sharía.

El problema que tenemos es que en Israel son apenas seis millones de judíos y dos millones de árabes-israelíes rodeados de centenares de millones, muchos de ellos, no todos, pero muchos de ellos que están dispuestos a morir con tal de que prevalezca la sharía. Eso nos distancia de la dictadura latinoamericana, incluso del gran criminal soviético. Yo estoy convencido de que los dictadores soviéticos estaban dispuestos a ser derrotados y vivir, antes de que prevaleciera su dictadura a cambio de que pereciera la humanidad. Sólo dos movimientos en la historia de la humanidad comparten esta visión escatológica, que es mejor la muerte que la derrota: los nazis y los islamonazis. Ambos estaban dispuestos a perecer y que perezca con ellos el mundo antes que ser derrotados. Muy especialmente que perezcan sus hijos. No tienen los islamonazis ese impulso intuitivo de cualquiera de nosotros de ponernos delante de nuestros hijos a como dé lugar. Ellos prefieren que mueran sus hijos a que sea derrotada su doctrina. Goebbels, ejemplificando lo que hacen ahora muchos de los islamonazis, mata a sus seis hijos, los asesina. Ninguno de nosotros podría ser algo así.

Pero volviendo a la pregunta inicial. ¿Cómo se soluciona? No sé si vos tenías una idea antes de la masacre y ahora tenés una idea distinta, porque muchos dialoguistas modificaron su visión por lo que pasó.

No, yo tengo la misma idea desde hace más de veinte años, y fue mucho antes de que asesinaran a mi hermano. Vos podés googlearme, yo desde el 2001 escribo sobre esto. Iba a publicar una nota en Perfil que se llamaba “Qué es el fundamentalismo islamonazi” y asesinaron a mi hermano despues de que yo la había escrito, una más de la veintena de notas que escribí, participaciones en programas de televisión en España, en toda Latinoamérica, en Argentina antes de que mataran a mi hermano y mucho antes de la masacre del 7 de octubre, porque esto no modifica mi perspectiva. Lo único que a mí me modificó la perspectiva el 7 de octubre es que yo nunca imaginé que el islamonazismo podría aplicar un golpe así al Estado de Israel y eso va a ser un nuevo punto de reflexión para el futuro. ¿Cómo pudo pasar? Este es otro tema.

Pero vamos a hablar de cuál yo creo que podría ser el intento de solución, porque yo creo que el progresismo es un nuevo medievalismo. Porque la Edad Media no fue reemplazada por otra certeza, fue reemplazada por el Renacimiento, que era la asunción de la falibilidad humana. El orden divino no fue reemplazado por un orden igual de infalible humano, sino por el arte, por la creatividad, que incluye nuestra resignación, que incluye saber que son intentos lo que hacemos. Entonces, yo lo que te voy a plantear, es un intento de solución y te lo voy a plantear en este momento que para mí todavía es la Edad Media del progresismo. El progresismo es un medievalismo. Nosotros tenemos un progresismo que cree que las soluciones son absolutas y que termina revirtiendo en que vamos a dejar que los islamonazis nos maten porque cualquier forma de defensa nos convierte en alguien injusto. “Ah, vos disparaste. Sí, porque me están disparando. No, pero vos disparaste”. Claro que van a tener que disparar, si te están disparando. Pero el medievalismo progresista cree que existe una forma de hacer la paz pacifista, redundantemente dicho. No, eso no es posible. La Torá dice: “Si alguien viene a matarte, levántate y mátalo primero”, literalmente. Y no es el verbo asesinar, que es otra cosa, es matar en defensa propia. Lo único peor que matar, es dejarse matar. Estamos hablando de momentos terribles, trágicos o catastróficos. No estamos hablando de que salgo a la calle y hay una disputa, estamos hablando de la supervivencia y de la libertad del mundo.

No estamos hablando de que salgo a la calle y hay una disputa, estamos hablando de la supervivencia y de la libertad del mundo.

Muy bien, el intento de solución es la construcción de un consenso intelectual contra el islamonazismo de la suficiente consistencia y contundencia como existió entre el ’39 y el ’45, muy especialmente con el ingreso de Estados Unidos en la guerra, el gran productor de las ideas de la libertad. Te estoy hablando de Casablanca, te estoy hablando de Roosevelt, te estoy hablando de Churchill, te estoy hablando de esa mancomunión que existió entre todas las personas libres de la Tierra que era indubitable. Tiene que existir ese consenso, tenemos que derrotar incondicionalmente al nazismo. Puede haber una discusión de gabinete. ¿Cómo lo hacemos? Pero no puede haber dudas entre las personas que hoy decimos que los hombres somos todos iguales, que las mujeres y los hombres son iguales, que los adultos tienen derecho a cualquier tipo de asociación sexual entre ellos libremente consentida, que estamos incondicionalmente a favor de la libertad de expresión, que estamos incondicionalmente por libertad de circulación, que no adoramos ídolos, que la única forma de elegir autoridades es por medio de las mayorías pero que a la vez respetamos reglas para las minorías. Ese consenso que hoy tenemos en todo el mundo liberal, occidental, en Hollywood, eso tiene que extenderse intelectualmente del mismo modo taxativo. Hay que derrotar al islamonazismo y los islamonazis tienen nombre: es Hamás, es la Autoridad Palestina, es la teocracia iraní, es Hezbollah, es la Yihad Islámica.

Eso respecto de Occidente. ¿Pero qué se hace con los palestinos? Porque hay una cosa biempensante de decir “no todos los palestinos son Hamás”, cosa que es cierta, seguramente. Pero a la vez Hamás parece tener apoyo.

Lo tenemos que ver por la contraria: muéstrennos los testimonios. El universitario tiene voz, como todo el mundo. Había un diario peronista que tenía el lema “La voz de los que no tienen voz”. Es falso eso, el que tiene voz no te la dice a vos. No te preocupes, todos tenemos voz. ¿Dónde está el intelectual palestino? Yo conocí dos relevantes: uno Khaled Abu Toameh, que escribe en el Jerusalem Post, gran periodista que defiende las democracias liberales y vive en Cisjordania. Y el otro que conocí era Edward Said, un gran farsante, un enemigo del pueblo judío que como trabajaba en una universidad americana estaba el gran malentendido de que él quería la paz. No, no quería la paz. Él atacó a Arafat durante los Acuerdos de Oslo por considerar que se rendía ante los israelíes, y ya en esa fecha, ’93, ’94, defendía a Hamás. Era un islamonazi bien educado. Como casi no hay islamonazis que puedan escribir un libro medianamente digerible para el occidente liberal, cuando apareció uno lo compraron como si no fuera islamonazi.

Ahora, ¿dónde está el Edward Said que apoya Israel? En este momento Israel es la Inglaterra atacada por el bombardeo nazi replicando contra Hitler. Todas las personas de buena voluntad durante esa coyuntura defendían a Inglaterra y a Churchill. No había intelectuales, no existían los palestinos, porque es una identidad que se inventó en los años ’60 exclusivamente para atacar a los judíos. Previo a eso eran los árabes de Palestina e incidentalmente a los judíos de Palestina se los llamaba palestinos, no a los árabes, a los judíos. Hay un famoso ensayo de Claude Ranel que se llama Yo judío-palestino. La Orquesta Sinfónica de Palestina estaba conformada por judíos. La identidad palestina se construye en contraste con los judíos, no autónomamente.

Si vos lográs que los judíos del occidente liberal nos congreguemos alrededor de estos argumentos que te estoy compartiendo, empieza un cambio de agenda. Te hablo de un judío del auto-odio como Marx, te hablo del judío que provocó el cisma mayor que hayan conocido los judíos en toda su historia, Jesús de Nazaret, te hablo del judío Freud: si estos judíos hubieran simplemente defendido en este momento el derecho a la existencia de Israel contra el islamonazismo de Hamás cambia la agenda. Eso es lo que hace falta, no lo tenemos. Para mí ahí empieza la solución, antes que en las armas, en ese consenso intelectual que es lo que necesitamos.

Hay algo gracioso, porque dicen que los judíos controlamos los medios y sin embargo parecieran estar todos los medios en general en contra de Israel. Se vio con el episodio del hospital Al-Ahli, en el que todos los medios del mundo salieron a repetir la versión oficial de Hamás.

Todos. A mi en Twitter me dicen: “Ah, ¿la BBC es anti-judía?”. Por supuesto. “Ah, ¿el New York Times es anti-judío?”. Por supuesto. Son judíos anti-judíos. ¿Sabés qué puso el New York Times? Puso que arrancar los posters de los secuestrados como hacen en Nueva York es una forma de protesta.

¿Por qué pasa eso en los medios?

En el caso del New York Times es la misma respuesta que te di con Arendt, con la escuela de Frankfurt y con los casos de Magnes y Buber cuando estaban en contra de la creación de un Estado judío. Dejemos a Buber aparte porque es otro tema, hay ahí toda una intelectualidad que proponía un estado binacional negando la realidad. El New York Times es un diario fundado por judíos, con propietarios judíos durante toda su historia y con una fuerte influencia en la comunidad judía norteamericana. Es un diario judío laico, pero no deja de ser judío, en mi concepción por lo menos, y a la vez es antijudío. Su principal columnista internacional, Thomas Friedman, para mí es uno de los corresponsales más desastrosos e inaccurate de todos los corresponsales de guerra. Dice cualquier disparate. Basta con leerlo, un día dice una cosa, otro día exactamente la contraria. Saca conclusiones sin ninguna relación con la realidad e invariablemente en contra de Israel, invariablemente.

Ahí tenemos que recordar algo que muchos judíos y también progres no judíos me dijeron a lo largo de estos años: “Yo no estoy en contra de la existencia de Israel, estoy en contra de sus políticas”. Pero a lo largo de 75 años de vida del Estado de Israel estuvieron en contra de todas sus políticas, nunca estuvieron a favor de ninguna, hay algo sospechoso en eso. Si vos estás a favor de un Estado pero estás en contra de todo lo que ese Estado hace, de todo, nunca decís “ah, pero en esto sí”, no, nunca, 75 años y estás en contra de todo. En algún momento empezás a sospechar que estás en contra de la propia existencia del Estado. Estás en contra de Ben-Gurión, estás en contra de Levi Eshkol, estás en contra de Moshé Sharet, estás en contra de Golda Meir, estás en contra de Beguín, estás en contra de Rabin, estás en contra de Peres, estás en contra de Barak. Mirá que en estos últimos veinte años, desde Oslo para acá, los palestinos cambiaron de liderazgo una vez, sólo por fallecimiento. Hamás se apropió de la Franja de Gaza, nunca más la soltó de 2006 hasta hoy y Abás domina Cisjordania. También es una dictadura desde 20 años hasta hoy. Israel no te puedo enumerar todos los primeros ministros que tuvo, que cambiaron todos por medio del voto, excepto la trágica historia del asesinato de Rabin.

El asesinato de Rabin fue cometido por un criminal judío, un fanático judío, y tiene relevancia que sea judío, no hubiera sido lo mismo si era árabe.

Y ahí hay que decirlo, el asesinato de Rabin fue cometido por un criminal judío, un fanático judío, y tiene relevancia que sea judío, no hubiera sido lo mismo si era árabe. No es racista decir “lo mató un judío”, del mismo modo que los nazis de Hamás son musulmanes, tiene relevancia decirlo. No, no es casual. Ese asesinato, ese magnicidio provocó una conmoción en el pueblo judío a lo largo y a lo ancho en Israel y en las diásporas como no se había conocido antes ni se conoció después. Una repulsión, un rechazo. El criminal fue inmediatamente encarcelado. Rabin fue homenajeado en todas las diásporas. No hay en el mundo judío una voz elocuente, admisible o legal que pueda hablar a favor del asesinato de Rabin, no existe. Está penalizado por la ley. Comparemos eso con la masacre que cometió Hamás y el apoyo que tiene en la gran mayoría de los adultos del mundo árabe y la falta absoluta de un consenso árabe en contra de la masacre. Yo vi a algún periodista en el Líbano, una mujer, hablar en contra de la masacre. Muy marginal, muy desconocida, pero hay. ¿Pero hay un consenso explícito, elocuente? Mediático no, no lo hay.

¿Y cómo enfrentás este poder mediático antijudío que por supuesto es evidente, incluso en los diarios argentinos? Buena parte de los corresponsales cubren mencionando que Israel está reaccionando de un modo desproporcionado, eso está dicho por corresponsales, está dicho en la mayoría de los diarios argentinos. Hay un sólo modo de participar de esta batalla intelectual, te la repito, que la mayoría de los judíos con peso, que cuenten con voz pública en los medios, digan la verdad. No te estoy hablando de una propaganda, simplemente la verdad, como se dijo durante la lucha contra Hitler. Ese es el punto de partida. Sin eso vamos a fracasar en la batalla mediática.

En el cine también pasa. Yo estaba buscando películas sobre sionismo y resulta que todas las películas israelíes son más bien pro palestina.

Mirá, yo siempre defiendo la libertad de expresión y el arte, pero en todas las charlas que doy digo que el problema es que en Israel no hay películas a favor de Israel, todas son ambiguas. En Fauda las tres primeras temporadas, la cuarta ya empieza a recular, en la cuarta ya empiezan a preguntarse si tal vez los terroristas no tengan parte de razón. Ahora parece que lo van a repensar después de la cuarta. Y te agrego, el escritor más conocido de Israel en la actualidad es David Grossman, el más conocido en el mundo. El último escritor claramente pro democrático y pro israelí que existió en Israel, fue Efraim Kishón. Humorista, escribió artículos políticos, gran escritor que murió en el año 2005. Él fue el último gran escritor que estuvo a favor de la democracia liberal de Israel. Amos Oz, un gran escritor israelí y muy respetable, ya tenía posiciones mucho más ambiguas al respecto. Por ejemplo, no decía, como es evidente, que la posición de Arafat era una posición islamonazi, no lo decía. No comparaba, como hay que comparar, la masacre de Hebrón con los Einsatzgruppen que entraron a Rusia en el ’41 igual que es comparable con cómo entró Hamás. No los comparaba con los nazis, decía “no, no, es distinto, no es lo mismo”.

Y David Grossman, que es directamente en mi opinión antidemocrático, escribe un artículo en el Wall Street Journal prácticamente echándole más la culpa de la masacre a Netanyahu que a Hamás y diciendo “el crimen de la ocupación”. En Gaza no había un solo judío. ¿Qué crimen de ocupación? No había un judío. ¿Y qué tienen que ver los judíos que viven en Cisjordania? ¿Qué tienen que ver con lo que hizo Hamás? Nada, nada. Si hay algún problema territorial con los judíos de Cisjordania se soluciona en cinco minutos. Hamás se rinde incondicionalmente, se desarman los ejércitos clandestinos, la policía palestina se desarma y se le dice: “¿Cómo arreglamos para que podamos convivir palestinos y judíos y que exista un Estado plestino? Sin echar a nadie”. Se soluciona en cinco minutos, nadie se tiene que ir de ningún lado. Ya se les propuso a los líderes palestinos en 1947 la partición, la rechazaron; en 1948, cuando se funda el Estado, el respeto por las fronteras de la partición, la rechazaron. Cisjordania fue dominada por Jordania, Gaza por Egipto. Israel retalia por primera vez en el ’56. Presionado por Estados Unidos y Rusia, se retira de Gaza, a la que había entrado por una masacre como la del 7 de octubre, como entró ahora. Bueno, nos retiramos a cambio de que no nos ataquen más, ponemos cascos azules de la ONU. Nasser obliga a los cascos azules a retirarse en el ’67 y vuelve a intentar destruir el Estado judío. Israel vuelve a entrar en Gaza hasta el 2005, se vuelve a retirar totalmente sin siquiera poner cascos azules. ¡Se retira porque sí, se retira para hacer la paz! Sharon se retira. Ahí sobrevienen primero misiles y misiles, y la masacre del 7 de octubre. Yo defendí la retirada, Diego, yo la defendí. Ya no, ya no. No hay que retirarse de ningún lado. Hay que hacer la paz.

Yo defendí la retirada de Gaza, Diego, yo la defendí. Ya no, ya no. No hay que retirarse de ningún lado. Hay que hacer la paz.

Trump y Netanyahu le ofrecieron a Abás un estado palestino ya. Marquemos la línea donde viven más judíos, donde viven más palestinos, y ya Estado palestino. Por supuesto desarmado, como estuvo desarmada Alemania inmediatamente después de los nazis. Vos no podés dejar que la mismas personas que votaron a Hitler estén armadas, no se puede permitir, estamos hablando de los nazis. Estos votaron a Hamás. No hay ningún peligro, pero absolutamente ningún peligro de que Israel ataque a un Estado palestino desarmado. Es imposible. La convivencia pacífica está garantizada mientras los islamonazis estén desarmados. Ahí tenés una solución. Los civiles palestinos están mejor protegidos por el Estado judío que por Hamás.

Te doy un ejemplo concreto. Hoy me llegó el reporte de Jana Beris, una periodista nacida en Uruguay que vive en Israel. Cuenta que Israel armó un corredor en Gaza para que los civiles palestinos puedan alcanzar los lugares que no van a ser bombardeados. Hamás les impide salir, atacan a sus propios civiles para que queden en la zona de conflicto y tenerlos como escudos humanos, entonces hay tanques del Estado judío protegiendo a los palestinos que salen por el corredor, niños y mujeres, para que no sean atacados por Hamás. Son mejor protegidos por el Estado judío que por Hamás y eso ocurriría en un Estado palestino desarmado, que puede durar como duró la división de Alemania entre los aliados, entre Inglaterra, Estados Unidos y Francia. Por ejemplo, cuarenta años. Soberanía de estado, de absoluta autonomía, pero desarmada.

 

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Diego Papic

Editor de Seúl. Periodista y crítico de cine. Fue redactor de Clarín Espectáculos y editor de La Agenda.

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