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De Rusia sin amor

El rechazo de Brasil a la Sputnik V encendió alarmas sobre la credibilidad del Instituto Gamaleya. El Gobierno argentino debería investigar qué pasa.

En la noche del lunes 26, la Agência Nacional de Vigilância Sanitária (Anvisa), dependiente del Gobierno brasileño, se reunió para discutir la aprobación de la vacuna Sputnik V fabricada por el Instituto Gamaleya, de Rusia, contra el virus causante del COVID-19 (SARS-CoV2). Tras cinco horas de presentaciones, transmitidas en vivo por YouTube, el organismo recomendó no aprobar la vacuna para su uso en Brasil.

La decisión causó un revuelo muy importante en la comunidad científica global: la principal reacción fue de consternación ante la falta de seriedad de Gamaleya, seguida de una decepción por no contar con una vacuna seria y eficaz para afrontar la pandemia, sobre todo considerando lo delicado de la situación sanitaria en Brasil. Frente a esto, el laboratorio ruso respondió de un modo bastante peculiar: a través de su cuenta de Twitter (donde días antes había difundido información falsa sugiriendo que las vacunas de la competencia estaban asociadas a un mayor riesgo de mortalidad) se dedicó a acusar a la agencia brasileña de recibir presiones del Gobierno de Estados Unidos y a sus técnicos de basar su decisión en órdenes políticas del presidente Bolsonaro. Finalmente, anunciaron que demandarán a Anvisa por injurias.

Luego de esa campaña de difamación, el jueves Anvisa realizó una conferencia de prensa –nuevamente transmitida en vivo por YouTube– donde explicó las falencias de Gamaleya en proveer datos adecuados. El tema parece, hasta el momento de escribir esta nota, saldado. Las razones esgrimidas fueron dos: la falta de confiabilidad de los datos de seguridad y efectividad y la preocupación por la presencia de adenovirus con capacidad replicante en los lotes de la segunda dosis de la vacuna. Sobre este último punto nos ocuparemos en los siguientes párrafos y, para entender su importancia, comenzaremos con una descripción somera de la biología de una infección viral.

Cuáles son las dudas con la Sputnik V

Un virus cualquiera está formado por una molécula de ácido nucleico –que puede ser ADN o ARN, según el caso– rodeada por una cápsula de proteínas. Las proteínas de la cápsula le permiten al virus entrar en la célula (infectarla) y, una vez adentro, “secuestrar” la maquinaria celular para fabricar las proteínas virales en lugar de las proteínas celulares normales. Estas proteínas virales se ensamblan con copias del genoma del virus para conformar nuevos virus. Este proceso se llama “replicación”. Una vez ensambladas, las partículas virales abandonan la célula para contagiar a otras y continúan con la infección.

Como parte de su sistema de defensa, las células humanas siempre llevan en su superficie “muestras” de todas las proteínas que fabrican, incluyendo las virales. Hay células del sistema inmune que se dedican a monitorear las proteínas que las células expresan en su superficie y, si detectan proteínas virales, hacen sonar la alarma que desencadena una respuesta inmune que eventualmente elimina la infección.

El laboratorio ruso acusó a la agencia brasileña de recibir presiones de Estados Unidos y a sus técnicos de basar su decisión en órdenes de Bolsonaro.

La vacuna Sputnik V utiliza una plataforma de vector de adenovirus no replicante. En otras, palabras, está compuesta por un virus diferente al SARS-CoV2, modificado en el laboratorio para “mostrarle” al sistema inmune componentes del SARS-CoV2 y, así, montar una respuesta inmune contra él sin haberse expuesto. Específicamente, usa dos adenovirus (Ad) que causan resfríos comunes en humanos: Ad26 en la primera dosis y Ad5 en la segunda dosis. Éstos han recibido en el laboratorio dos modificaciones genéticas importantes. La primera consiste en la eliminación de los genes que les permiten replicar en la célula. La segunda modificación consiste en el agregado del gen de la proteína S del SARS-Cov2, en reemplazo de los genes eliminados en la primera modificación. (Aclaro que esta explicación es muy esquemática, pero es una aproximación adecuada para entender el proceso a grandes rasgos.)

De esta forma, estos adenovirus modificados funcionan como transportadores de la proteína S: tienen la capacidad de infectar las células, pero no de replicarse en éstas. Una vez adentro de la célula, se producen copias de la proteína S del SARS-CoV2, que son presentadas al sistema inmune para que monte una respuesta y proteja a la persona de futuras infecciones si se llegara a exponer al virus. Una explicación muy completa y didáctica puede leerse en este artículo del New York Times.

Volvamos a la decisión de Anvisa. Uno de sus argumentos fue la preocupación por la presencia en todos los lotes analizados de la segunda dosis (componente Ad5) de partículas virales con capacidad de replicar. Como acabamos de explicar, estos vectores virales no deberían tener la facultad de hacerlo, por lo que se entiende que esto genere una alerta. La presencia de estos virus replicantes no fue identificada por la agencia del país vecino, sino que fue informada por la misma Gamaleya en los documentos que presentó para la aprobación del producto. En el proceso de manufactura de un vector viral pueden producirse un número pequeño de virus replicantes. Por esta razón, debe haber mecanismos de control de calidad para que este número sea mínimo y existen estándares internacionales sobre los máximos niveles aceptables de virus replicante en estos productos. Según la Food and Drug Administration (FDA) de los Estados Unidos, el máximo número aceptable de adenovirus replicantes presentes en cada una de las dosis del segundo componente de Sputnik V es 3 (tres). Gamaleya, en su documentación, informó que cada dosis contenía “menos de 100” virus replicantes.

Según la FDA, el máximo número aceptable de adenovirus replicantes es tres. Gamaleya informó que cada dosis contenía “menos de 100”.

Ante este dato, Anvisa solicitó específicamente que el laboratorio ruso aclarara la concentración exacta de virus replicante en cada dosis, pero no recibió respuesta alguna. En otras palabras: dada la posibilidad de la presencia de niveles superiores a los tolerados de adenovirus replicante en los lotes de la segunda dosis de la vacuna, la agencia brasileña recomendó no aprobarla. En este sentido, corresponde aclarar que la presencia de adenovirus replicante no implica de ninguna manera que estas vacunas puedan causar infección por COVID-19. La vacuna Sputnik V no contiene virus SARS-CoV2 en ninguna de sus formas. La presencia de concentraciones significativas de Ad5 replicante indica una falla en los mecanismos de control de calidad o en los procesos de fabricación de la vacuna. Adicionalmente, la replicación del virus indica que los genes relevantes a ese proceso no fueron “borrados” correctamente y eso podría sugerir que el genoma del vector no contiene el gen de la proteína S del SARS-CoV2, afectando su eficacia. (Otra vez: simplifico para que se entienda.)

Finalmente, solamente podemos especular sobre las implicancias clínicas de estos hallazgos. Como hemos explicado antes, los adenovirus producen resfríos leves en personas con sistemas inmunes normales, por lo que la mayoría de la gente no se vería perjudicada. Sí podría ser un problema para personas inmunosuprimidas, aunque esto también dependería de la cantidad de adenovirus replicante, que actualmente se desconoce.

El gobierno nacional debería investigar

Más allá de las consecuencias clínicas de este hallazgo (que probablemente no sean de demasiada importancia), todo el episodio es alarmante. Gamaleya admite que la segunda dosis de Sputnik V contiene adenovirus replicantes, informa su cantidad en forma opaca con estándares de seguridad mucho más laxos que los internacionalmente aceptados y su reacción ante las críticas consistió en acusar a Anvisa de actuar de mala fe, denunciar conspiraciones internacionales y propagar desinformación.

Sputnik V fue la primera vacuna utilizada en Argentina y el componente de la segunda dosis ha sido aplicado a más de 800.000 personas al momento de escribir este texto. Su aprobación por parte del Ministerio de Salud (tras recomendación de ANMAT) se basó en la suposición de que no contenía cantidades significativas de virus replicante. Eso ahora está en duda y la sociedad no puede ofrecer consentimiento informado para un producto farmacéutico si no cuenta con información detallada, completa y transparente. La falta de claridad erosiona la confianza. Que nuestro país vecino y principal socio comercial haya señalado estos graves problemas con la vacuna que más argentinos han recibido debería desencadenar una respuesta del Gobierno. Sin embargo, el tema ha recibido escasa atención en los medios argentinos y el Poder Ejecutivo Nacional no ha emitido ningún comunicado al respecto.

En base a todo esto, es urgente conocer si las partidas que está usando Argentina contienen virus replicante y, de ser así, en qué cantidad. Estos análisis no son técnicamente complicados, pero deberían encargarse a investigadores independientes, preferentemente a varios grupos trabajando en paralelo. Huelga decir que estos niveles de incertidumbre sobre la composición y actividad biológica de una vacuna, destinada a millones de personas sanas, son intolerables.

La aprobación de la Sputnik V por parte del Ministerio de Salud se basó en la suposición de que no contenía cantidades significativas de virus replicante. Eso ahora está en duda.

Las vacunas han demostrado ser la única estrategia exitosa para salir de la pandemia. La experiencia del Reino Unido e Israel indica claramente que con el uso masivo de vacunas efectivas las infecciones, las internaciones y las muertes por COVID-19 caen rápidamente. Una estrategia de vacunación efectiva requiere, entonces, vacunas con eficacia probada, datos transparentes y la confianza de la población en ellas.

Ante los reportes de eventos trombóticos altamente infrecuentes con las vacunas de AstraZeneca y Johnson & Johnson, las autoridades europeas y estadounidenses pausaron su uso mientras investigaban la posible relación entre dichos eventos y los productos. Lamento sonar alarmista, pero frente a estos hallazgos y la respuesta inapropiada del fabricante, lo más prudente sería interrumpir temporalmente el uso de la Sputnik V en Argentina hasta que se completen estos análisis y sepamos cuánto adenovirus replicante hay en las dosis de los lotes que estamos usando.

Por otra parte, quienes simpatizan ideológicamente con el Gobierno nacional no se permiten expresar dudas, críticas o preocupación.

Lamentablemente, soy pesimista sobre este tema. Como tantas otras cosas, el plan de vacunación cae en la denominada “grieta”. No se puede criticar ni comentar la estrategia sin ser acusado de defender intereses inconfesables. Por otra parte, quienes simpatizan ideológicamente con el Gobierno nacional no se permiten expresar dudas, críticas o preocupación.

La seguridad y transparencia de los productos farmacéuticos disponibles no son temas partidarios, sino de interés universal. Es el Gobierno el principal responsable de certificar estos productos y la comunidad científica toda, independientemente de las simpatías políticas individuales, debería abordar el tema con honestidad y claridad. Si sacrificamos nuestros estándares regulatorios sobre los productos farmacéuticos en el altar de nuestra grieta partidaria, el daño será (y ya es) incalculable. La confianza se construye en una vida y se destruye en un segundo.

 

 

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Juan Schmukler

Médico (UBA). Vive en Chicago, en donde hizo la residencia en clínica médica en el hospital John H. Stroger Jr. y se especializó en reumatología en la Universidad Rush. Ahora trabaja en el hospital Mount Sinai.

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