ELOÍSA BALLIVIAN

Correo récord

Recibimos en estos días una inusual cantidad de felicitaciones de nuestros lectores, lo que desde luego nos encanta. Pero dejamos aquí una selección de sus mejores comentarios.

Sobre “Vidas celebradas”, de Hernán Iglesias Illa

(podés leerla acá)

Muy tierna tu nota Hernán. Coincido.

Otro valor del obituario es que nos recuerda que llegamos, estamos y nos vamos.

Con el aumento de la tecnología y la mente en nuestras vidas se instala la sensación de que todo es un presente, permanente e infinito.

La mente no conoce límites, y la muerte es vista como un error, algo que se podía haber evitado.

Los obituarios nos recuerdan un aspecto fundamental de la condición humana, uno de los 4 grandes pilares existenciales: somos libres, estamos solos, no hay un sentido inherente y somos finitos!

Gracias por compartir,

—Jorge Solari

 

 

Sobre la entrevista a Jorge Bustamante, de Eugenio Palopoli

(podés leerla acá)

El mérito fundamental de las agudas reflexiones de Bustamante es poner en el centro de la cuestión política la estructura corporativa creada por el peronismo y mantenida, incluso reforzada, por los sucesivos gobiernos civiles y militares. 80 años de peronismo deben entenderse no tanto como sus años de dominio político, como oficialismo u oposición, sino más bien como los 80 años de vida continua de un modelo estructural instaurado por él y cristalizado en el tiempo.

Ante la exasperante pobreza analítica que no cesa de examinar voluntades y características personales de los dirigentes y describir los movimientos teatrales en el interior de la superestructura política, reorientar la mirada hacia el orden de lo estructural es un extraordinario aporte a la comprensión de las verdaderas causas del eterno retorno argentino.

Pero hay más. Su análisis arroja mucha luz sobre otro fenómeno derivado del dominio de este modelo. Se trata del derrame de la cultura corporativa hacia toda la sociedad. No se trata solo de las corporaciones clásicas del modelo fascista, como las de empresarios o sindicatos. Desde las corporaciones profesionales hasta la multitud de “kioskos”, creados alrededor o dentro del Estado y que viven del presupuesto o manipulan las instituciones según sus intereses, gran parte de la sociedad argentina ha asumido que la mejor forma de actuar es la de conformarse en grupos con la capacidad suficiente como para parasitar al estado y vivir o valerse de él.

Como dato no menor, es significativo destacar que el único sector que quedó fuera de este juego es el campo, el más productivo de la economía. Se sabe que siempre se necesita un pato para la boda.

El reconocimiento del poder nuclear del consenso proteccionista-corporativo debería cambiar por completo el enfoque del análisis y reorientarlo el hacia el reconocimiento y blanqueo de las posiciones de los diferentes actores, no solo los políticos, frente a este consenso.

Como padre de la criatura, no caben dudas que el peronismo, con el sólido respaldo de la Iglesia y del sui generis progresismo folklórico, es un resuelto defensor del establishment corporativo. Lo que no está demasiado claro, incluso podría decirse que es alarmantemente confuso, es el posicionamiento de Juntos por el Cambio, que parece debatirse entre quienes están dispuestos a dar una pelea por transformaciones estructurales y quienes aspiran a una administración mas prolija del modelo establecido.

En síntesis, y sin pretender sobreinterpretar a Bustamente, creo que el mayor mérito de sus reflexiones reside en poner de relieve que antes que a cualquier discusión sobre medidas o planes económicos, la dirigencia se enfrenta a la necesidad política de decidirse por la continuidad o transformación del diseño estructural de la Argentina, construido a partir del golpe de 1943 en reemplazo del diseño liberal previo.

—Ricardo Gamba

 

 

Sobre “Cadetes del Estado”, de Daniel Abadie

(podés leerla acá)

Me gustaría hacerle llegar al autor de la nota las siguientes inquietudes.

Al realizar la migración masiva a trámites online, la crítica más común que se escuchó (Semino, Bermúdez y Tundis) fue la referente a la exclusión masiva que ésta realiza a aquellos que no poseen conectividad de escritorio a Internet, o carecen de los conocimientos necesarios. En mi ciudad aún persisten cibercafés con la sola función de realizarle trámites al cliente o transeúnte. ¿Se pensó en esta situación? ¿Existía, pre-PASO, alguna iniciativa de inclusión o digitalización de aquellos sectores que quedaban postergados?

Desde un aspecto técnico, la migración a trámites digitales involucra adquirir el famosísimo “token” (llave criptográfica) para firmar expedientes o solicitudes nivel 4. En Argentina, sólo existe una marca y modelo soportados (safeNet eToken 5100), lo que configura un obvio monopolio sancionado por la administración anterior para quien detente la representación del fabricante. Siendo un profesional de sistemas, puedo utilizar perfectamente llaves de otros fabricantes con tecnologías interoperables para trámites en el exterior. ¿Por qué se tomó esta decisión?

La tramitación de expedientes electrónicos se supone 24/7, pero la presente administración instauró virtuales “mesas de entradas” que atienden sólo de 8 a 18. Ejemplos: ANSES y sistema de partidas de nacimiento de PBA. ¿Se pensó en esta eventualidad? ¿Por qué el sistema permite esta triquiñuela?

Esperando una respuesta, les agradece

—L. E. Segovia

 

 

 

Sobre “Nos tenemos que calmar”, de Luis García Valiña

(podés leerla acá)

Muy interesante el artículo de Luis García Valiña y coincido en varios de los puntos expuestos.

Me gustaría agregar que la polarización implica la existencia de dos polos opuestos, que bien podría ser en nuestro caso peronismo y antiperonismo. Los integran en general no sólo los militantes sino la gente que lee y sigue de cerca la política. Como es mi caso.

Pero pienso que existe un tercer polo que es la que yo llamaría clase media “económica” que es distinta de la clase media “cultural”. Paso a explicar, mi padre (1915-2002) almacenero en La Matanza, nunca tuvo auto y sus primeras vacaciones fueron cuando ya tenía 80 años, era clase baja o media baja desde el punto de vista económico, sin embargo, a pesar de solo tener 6° grado, escuchaba mucha radio y leía todos los días el diario El Mundo (ya desaparecido) Mi padre podía sostener una conversación sobre política nacional o internacional, ópera, cine, teatro y obviamente de fútbol. Él era clase media cultural.

Hoy en día existe mucha gente que por ingresos es clase media “económica” por ejemplo un matrimonio donde ambos son empleados, tal vez uno como transportista y el otro empleado bancario u otras combinaciones, pueden sumar lo necesario para vacacionar en Miami y tener un auto mediano. Pero en general no leen literatura ni diarios, no van al teatro salvo ver un recital. No ven canales de noticias. Usan Netflix y Spotify, Facebook, Instagram y Tik Tok. Pero viven aislados de los problemas políticos, no saben ni les interesan esos problemas hasta que les tocan el bolsillo y entonces votan a la oposición cualquiera sea. Este, creo yo, es un problema que sucede en todo el mundo y que explicaría en parte, el Brexit, Trump y el avance de sectores ultras o antisistema.

Y, finalmente, la clase social que sin formación cultural ni profesional se cae del sistema productivo porque sólo pueden ofrecer al mercado su fuerza física. La tecnología requiere mano de obra calificada y destruye la no calificada al robotizar o tecnificar los procesos productivos. Estos terminan siendo clientela de los políticos que manejan subsidios o que prometen recuperar falsos paraísos perdidos.

Cordialmente,

—Luis Ernesto Axelrud

 

 

 

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