LEO ACHILLI
Domingo

‘Argentina, 1985′(I):
Inspirada en hechos reales

Cuatro colaboradores de Seúl debaten sobre la película de Santiago Mitre y su representación del Juicio a las Juntas, un acontecimiento fundacional de nuestra democracia.

El jueves se estrenó Argentina, 1985, la película sobre el Juicio a las Juntas con Ricardo Darín en el papel de Julio César Strassera y Peter Lanzani en el de Luis Moreno Ocampo. Todo el mundo está hablando de ella. En Seúl la vimos y salimos del cine con muchas ganas de discutir. Acá te dejamos la primera parte del diálogo entre nuestro editor Diego Papic y nuestros colaboradores Sabrina Ajmechet, Julián Gadano y Juan Villegas. (La segunda parte podés leerla acá.) Acordate de que podés escribirnos para darnos tu opinión.

DIEGO PAPIC

Mi idea es pensar la película no sólo en términos cinematográficos (aunque eso será inevitable y bienvenido) sino también en términos históricos, por eso este no será un diálogo de críticos (por eso además de Juan y de mí, convocamos a Sabrina y Julián). Con pensarla en términos históricos no lo digo para caer en la mala idea de detectar similitudes y diferencias con la realidad histórica (en ese sentido es medio graciosa la leyenda del comienzo que dice “Inspirada en hechos reales”) sino para pensar qué nos dice la película de la mirada actual sobre el Juicio a las Juntas, la dictadura, la lucha armada, la democracia, el radicalismo, Alfonsín y el peronismo (pueden agregar otros temas: ¿la clase media?, ¿la grieta?). En definitiva, qué nos dice sobre el presente.

JUAN VILLEGAS

Frente a una película como esta, que se basa en un hecho histórico muy trascendente y sobre el cual muchos tenemos opiniones formadas, es una gran tentación ponerse en un lugar de fiscal o detective para detectar omisiones y después interpretarlas. Pero creo que ese sería un error. Yo personalmente prefiero analizar lo que la película propone e incluye y no reclamarle lo que dejó afuera.

Obviamente, al hablar de lo que sí está en la película, implícitamente estamos señalando lo que no está, pero aun así prefiero hacer el esfuerzo y centrarme en lo que se decide contar.

En ese sentido, me parece que hay una primera decisión fuerte de la película al contar la historia del Juicio a las Juntas y ubicar temporalmente el relato en el período inmediatamente posterior a la recuperación de la democracia. Obviamente, la dictadura está presente, porque el juicio refiere delitos cometidos por las juntas. Eso está muy presente, sobre todo, en los testimonios de los testigos.

De todos modos, lo que prevalece es el presente del relato, el camino que deben recorrer los fiscales desde las dudas y la incertidumbre inicial hasta las sentencias. Y esto me parece muy importante. Como dijo el propio Santiago Mitre, el director, en una entrevista, no es tanto una película sobre la dictadura sino una película sobre la democracia.

Del 2003 para acá la memoria de la dictadura se centró en un elogio de la militancia y la épica de las víctimas y no tanto en la reconstrucción democrática.

Yo siento que del 2003 para acá la memoria de la dictadura se centró sobre todo en un elogio de la militancia y la épica de los muertos y las víctimas, y no tanto en la reconstrucción democrática. La Conadep y el Juicio a las Juntas fueron los dos hitos a través de los cuales se forjó un nuevo sentido común en la sociedad argentina, un consenso democrático que implicó un piso sobre el cual empezar a construir algo mejor para el país. Esta película cuenta esa historia.

Pero lo más interesante es que propone un elogio de la épica del trabajo, del profesionalismo y del funcionamiento de las instituciones. Es una épica un poco gris, pero por eso más trascendente. No es la épica del mártir ni la de la vida como un sacrificio. En un punto, es una épica opuesta a la de la militancia revolucionaria setentista.

Me parece bien que la película no esconda el hecho de que una parte muy grande de las víctimas de los crímenes que se juzgan esté conformada precisamente por esa militancia revolucionaria. Propone una idea de justicia basada en los derechos humanos más allá de las ideologías de las víctimas. La película se ocupa explícitamente de dejar clara su no adhesión a la teoría de los dos demonios, tal vez exageradamente, pero al mismo tiempo se ocupa de no construir héroes falsos.

JULIÁN GADANO

Coincido con Juan en el tema de la mirada de la película, que busca (exitosamente, creo) no caer en el panfleto de buenos y malos, sino que es sobre las personas normales (con sus cosas buenas y sus debilidades) a las que la Historia pone casi accidentalmente en un lugar, y le ponen el cuerpo. Creo que eso es muy interesante y a mí personalmente me gustó mucho.

Algún comentario sobre la película en sí: muy buena producción, poco frecuente a mi criterio en el cine argentino, muy valorable. Y excelente Darín, Norman Briski y quien hace el papel de Calvo de Laborde (Laura Paredes).

Yendo a reflexiones más de “politólogo”, creo que un tema muy interesante que la película trata muy bien (y ya por eso me gustó, aunque no sólo por eso) es ese momento muy especial (y lamentablemente interrumpido luego) de nuestra historia. El momento alfonsinista permitió (y no sólo por el gobierno sino por la sociedad que lo puso a Alfonsín en la presidencia en su momento) el nacimiento y los primeros pasos de una hoja de ruta muy sana que yo llamaría republicana. Se comenzó a valorar el imperio de la ley como un valor a nivel ciudadano. Los militares tenían que estar presos no porque sus victimas fueran “buenas” sino porque habían cometido atrocidades, delitos graves. Si sus victimas eran delincuentes o no (la película no habla de eso ni los eleva por ser “militantes”, dice que debería haber sido resuelto con la ley). Incluso critica el golpe porque es un asalto a la democracia, sin calificar lo que estaba antes.

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La película relata muy bien ese momento. Por cierto que mirado de ahora es un poco frustrante, porque ese momento murió. Un poco primero con el gobierno de Menem, que luego de sofocar las últimas rebeliones decide cerrar ese capítulo indultando y generando en mucha gente la sensación de impunidad. El golpe más serio es el del kirchnerismo, que reinventa el pasado, ya no como la búsqueda de justicia e imperio de la ley sino como una reivindicación de la guerrilla de los ’70 como “lo bueno”. La dictadura no era ya –en ese relato– algo repudiable por violadora de derechos humanos sino porque era “lo otro” (la derecha, el neoliberalismo, etc.) y violó los derechos de “los nuestros”. La puesta nuevamente en visibilidad de nuestro “momento republicano” durante el período alfonsinista a partir de ver la película es un contraste vivo con el momento actual.

Por último, me quedé con la sensación de que es un poco injusta con Alfonsín. Casi la única referencia al poder político es el discurso de Antonio Tróccoli y su aparente disconformidad con los procesos. Está la referencia al “siga adelante” de Alfonsín en la famosa reunión de la avenida Santa Fe, pero en lo personal me dejó gusto a poco. Pero quizás es parte de esa sobriedad tan valorable con que la película trata el tema.

SABRINA AJMECHET

Cuando veo un documental sobre un hecho histórico me pregunto cuánto tiene que mostrar los hechos tal como sucedieron y cuánto hay de interpretación o de libertad artística. Admito que vengo con un prejuicio: creo que como los documentales llegan a una mayor audiencia que la mayoría de los textos académicos, está bueno que el pasado que muestran sea lo más cercano a los hechos. Y que si no lo hacen sean muy explícitos en no mostrarse como una recreación de los hechos sino como una interpretación.

Mambo mío, no voy a poner este deseo personal sobre la película, pero sí me sirve para sintetizar una diferencia planteada por Juan y por Julián. Juan empezó diciendo que no es su intención detectar omisiones y Julián terminó marcando lo poco presente que está Alfonsín. Creo que es interesante que la película no sea un panegírico alfonsinista, pero al mismo tiempo tengo la certeza de que no se puede pensar el Juicio a las Juntas sin Alfonsín.

El 30 de septiembre de 1983, en el recordado acto de Ferro, Alfonsín dijo lo que nadie proponía: “No vamos a aceptar la autoamnistía, vamos a declarar su nulidad; pero tampoco vamos a ir hacia atrás, mirando con sentido de venganza; no construiremos el futuro del país de esta manera. Pero tampoco sobre la base de una claudicación moral que sin duda existiría si actuáramos como si nada hubiera pasado en la Argentina”.

Creo que es interesante que la película no sea un panegírico alfonsinista, pero al mismo tiempo tengo la certeza de que no se puede pensar el Juicio a las Juntas sin Alfonsín.

A tres días de asumir la presidencia, con un decreto decidió someter a juicio sumario ante el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas a los integrantes de las Juntas Militares. Recordemos algo que la película deja de lado: el Consejo Supremo no hizo nada y, por lo tanto, Alfonsín decidió que se tratara en el Congreso un proyecto para modificar el Código de Justicia Militar y reemplazó el artículo que decía que los militares sólo podían ser enjuiciados por tribunales superiores, sin importar el delito, por uno que decía que la Justicia Militar sólo atendería en adelante delitos de tipo militar y el resto correspondería a la Justicia Civil. Y, ahí sí, empieza la película, luego de la decisión primera de Alfonsín de rechazar la autoamnistía y luego de la decisión de que se modificara el Código Militar para enjuiciarlos en un tribunal civil. Me gusta que Alfonsín no aparezca en la película, pero omitir esta parte hace que no entendamos cómo le llegó el caso a la Cámara Federal, es decir, cómo es que ese juicio fue posible.

¿Saben qué me parece un gran acierto? El nombre de la película. Que no se llame El juicio a las juntas, sino Argentina, 1985. Y cuando rescato el nombre lo que rescato es cómo está mostrada la época. ¡Juzgar a los militares cuando todavía tenían poder! Juzgar a los represores cuando seguían en sus lugares de trabajo, como si no hubieran hecho nada. En ese sentido la película, como señalaba Juan, construye un modelo muy interesante de héroe, sin capas ni superpoderes, como personas comprometidas con la verdad y con la justicia, en definitiva, con hacer lo correcto. Y que lo hacen en un contexto dificilísimo (sí, a diferencia del de Néstor cuando descolgó el cuadro).

Otra cosa que me encantó es lo bien que la peli muestra lo claro que tenían los fiscales que debían ganarse el acompañamiento de las clases medias y cómo, en ese sentido, los días con los testimonios transmitidos van haciendo que muchísimos argentinos descubrieran las peores violaciones a los derechos humanos y cómo estas ocurrieron sólo unos pocos años atrás, enfrente de ellos y sin que lo supieran. Crea una nueva conciencia y lo hace entendiendo que para crearla hay que explicársela bien a la mayoría de los argentinos, para que acompañen esa tarea tan difícil de juzgar a quienes, hasta hace poco, eran los hombres más poderosos de la Argentina. Qué huevos.

JULIÁN GADANO

Comentario sobre lo del panegírico alfonsinista: coincido en que se ve la intención (y es respetable eso) de no distraer al espectador sobre los partidos políticos y sus posiciones. La peli no va de eso y está bien. Pero tira señales, y me parece que con intención. Aparece Tróccoli y también lo ponen a Luder. Y también a Alfonsín, pero sin imagen, como en un plano menor. Es evidente que hay una intención del autor que no logro captar en eso.

Después, dos comentarios menores sobre dos cosas de Sabri: la peli no es un documental. Es ficción, tiene actores, es una interpretación de la historia, pero no es un documental. De hecho tiene poco material documental (insisto con el buen nivel de producción). El segundo: me parece que sí pone de manifiesto la defección del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas. Creo que ese énfasis está.

Y dos cosas más: por un lado, una insistencia, pero poniendo el foco desde otro lado. Intuyendo las interpretaciones que algunos harán después del estreno, insisto en que uno de los temas más interesantes de la peli es el que remite al intento de reconstruir el imperio de la ley. Es un mensaje más republicano que democrático, incluso.

El segundo tema tiene que ver con algo que leí por ahí: las películas argentinas que ganan el Oscar (o que queremos que lo ganen) hablan de la dictadura o de sus consecuencias. Seguimos un poco fijados ahí, me parece. No digo que sea malo, quizás todavía lo necesitamos, pero hay un tema ahí. Acá y afuera. Pareciera que lo único que atrae cinematográficamente de Argentina es eso.

SABRINA AJMECHET

Es cierto lo que decís, no es un documental. Pero me cuesta tomarlo exactamente como una ficción toda vez que es una película sobre un hecho histórico y reproducen de forma exacta hechos y palabras pronunciadas. Ahí mi tensión. Y la otra aclaración menor: yo no dije que la película no mostrara el paso de la corte militar a la civil, dije que no le adjudica el rol que Alfonsín tuvo en eso. Lo de republicanismo, lo comparto. El imperio de la ley como fin y medio es el valor que la película quiere mostrar, aún en contextos –vuelvo sobre esto– particularmente peligrosos para lograrlo.

JULIÁN GADANO

Entiendo eso, creo que la reconstrucción del clima de época está tan bien lograda que nos ficcionaliza la idea de relato histórico. Pero no es un documental. Pearl Harbor también reproduce exactamente el discurso de Roosevelt por la radio (de hecho, si googleás “discurso de Roosevelt Pearl Harbor” te va a aparecer el del actor que personificó a Roosevelt en la película). Pero no deja de ser ficción, lo que implica el derecho del autor a tomarse licencias.

SABRINA AJMECHET

Igual creo que entendiste mi punto: la licencia que se toma es que Alfonsín aparece menos central de lo que fue. No es otra.

JUAN VILLEGAS

Me quedé pensando en algunas cosas más, tal vez forzando un poco algunas interpretaciones, pensando en algunas cosas que están pasando en estos últimos tiempos.

Es notable verificar a través de la película el lugar que la justicia había logrado alcanzar para la sociedad. Por eso es importante el lugar que se le da a la madre de Moreno Ocampo. Ella se convence y cambia de opinión gracias al juicio. Ni siquiera la película plantea que sea tan importante el hecho de que vayan presos. Lo cuenta, es relevante, pero le da un lugar secundario. No es un pico emotivo el momento de la sentencia. De hecho, lo cuenta fuera de campo, con un llamado telefónico a la madrugada. Sin ninguna épica.

En cambio, sí son grandes momentos de clímax emocional el alegato de Strassera y el momento en el que la madre cambia de opinión. Lo importante del juicio, nos dice la película, es que se entendió que eso no podía pasar “nunca más” y que se conozca lo que pasó. La tríada “memoria, verdad y justicia” está realmente sostenida en la película. Y esto es fundamental, porque la verdad fue en lo que luego menos se avanzó.

Tengo la sensación (pero ojalá me equivoque) de que a esta generación de jóvenes no les interesa mucho la épica de la justicia y la verdad, aunque sí la de la lucha y la militancia.

Y pienso en lo que pasa hoy en la Argentina, en la que nadie cree en nada, aunque se lo pongan frente a sus ojos. Hay evidencias de corrupción clarísimas en los gobiernos kirchneristas y la justicia ha ayudado a mostrarlo. Pero, sin embargo, son muchos los que siguen sin ver. Hoy nadie se convence de nada. Aunque tengamos la verdad frente a nuestros ojos, sólo buscamos confirmar lo que ya creíamos. Y esto creo que nos pasa a todos en alguna medida, no sólo al kirchnerismo. No creemos mucho en nadie ni en nada. Y muy poco en la justicia. Algo se rompió desde entonces.

Y la otra cuestión que se relaciona con la coyuntura tiene que ver con la militancia estudiantil. Tengo la sensación (pero ojalá me equivoque) de que a esta generación de jóvenes no les interesa mucho la épica de la justicia y la verdad, aunque sí la de la lucha y la militancia. No sé si esta película los interpela, si va a interesar a los adolescentes y jóvenes argentinos comprometidos políticamente. Tengo la sospecha de que no. Y creo que eso nos está diciendo algo del presente.

JULIÁN GADANO

Creo que más que el rol de la justicia, el de la ley. Y para mí es un punto clave de lo que llamo “el único momento liberal de nuestra democracia”. Quizás también el comienzo de la Alianza, pero menos relevante. Y yendo a tu segundo punto: sí, no creo tampoco que interpele a los jóvenes actuales, porque no les importa la ley. K o anti K, es un momento antiliberal.

 

[Podés leer la segunda parte de la charla haciendo click acá.]

 

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