Gracias a Dios es viernes

#27 | Le mer esté serene

Un SOTU en prime time. La moral de Morales. Alberto: "Mi querida secretaria".

El Gobierno anunció que se prohibirá el uso del lenguaje inclusivo en la administración pública. “Se va a proceder a iniciar las actuaciones para prohibir el lenguaje inclusivo y todo lo referente a la perspectiva de género”, expresó el vocero presidencial Manuel Adorni.

¿Nuestro posicionamiento? Ni a favor ni en contra de su uso, en contra de su imposición y en contra de su prohibición. Pero vale aclarar que esta medida aplica solamente para documentación pública, algo que suena razonable al tratarse de canales de comunicación que exigen utilizar el castellano estándar.

Es verdad que el lenguaje es dinámico y se actualiza constantemente, pero también es fruto de convenciones, y convengamos que no existe un gran consenso con respecto a su uso. No es un tema para dramatizar. Quienes utilizan el “todes” en su habla coloquial podrán seguir haciéndolo sin inconveniente. Le mer esté serene.

Por supuesto que no tardaron en hacerse oír las voces disidentes, denunciando un nuevo atropello contra los “derechos adquiridos“, como si hasta ahora hubiese servido para algo más que para que las almas bellas hagan exhibición de sus buenos valores. Algo que nos llama mucho la atención es esta cita de la economista Lucía Cirmi, ex directora nacional de Políticas de Cuidado: “Un gobierno que quiere eliminar la pobreza y la perspectiva de género es contradictorio porque la pobreza está llena de mujeres y diversidades”. Algo que nos recuerda a este meme:

Estamos en la previa de la inauguración del período de sesiones ordinarias en el Congreso de la Nación, que finalmente será hoy a las 21 horas. Se cambió el horario habitual con el objetivo de que el discurso presidencial tenga más audiencia fuera del horario laboral.

La actuación del presidente en la institución que denominó un “nido de ratas” resulta una incógnita para todo el mundo. Si algo tiene el presidente es la capacidad de siempre sorprendernos. Puede hablar el Milei dialoguista del primer discurso después de ganar las elecciones o de su acto de asunción, o puede apersonarse el vendaval enfurecido de las últimas semanas, con gritos, insultos y acusaciones de traición.

En la Casa Rosada mantienen absoluta reserva sobre el contenido y las formas del discurso. Pronto nos enteraremos.

Se sabía hacía un tiempo, pero la semana pasada llegó a los medios nacionales e internacionales: dos personas (Nahuel Morandini y Roque Villegas, sus nombres) estaban presas en Jujuy hacía 50 días por difundir el rumor de que la hija del ex gobernador Gerardo Morales y su mujer Tulia Snopek no sería de Morales sino de Mauro Coletto, el cantante líder de Los Tekis. ¿Dos personas presas por tuitear? El abogado de Snopek, José Ivanovich, salió a aclarar que no, que la causa fue por “tornar incierta o alterar la identidad de una niña de dos años y por lesiones psicológicas agravadas por violencia de género”. Es decir: estaban presas por tuitear.

Tanto escándalo provocó la difusión en los medios y las redes que este lunes la justicia jujeña ordenó liberar a Morandini y Villegas, dándoles la razón a todos los que sostenían que la prisión preventiva era un abuso de autoridad: si los soltaron después del alboroto que armaron los medios y las redes es porque no debían estar detenidos antes tampoco.

Pero lo más sorprendente fue el raid mediático del gobernador Morales para explicar la situación, en el que no hizo más que transformar un rumor sin importancia en una afrenta al honor de su mujer como si esto fuera el siglo XIX, además de hacernos sospechar a todos que puede haber algo de verdad detrás del rumor (no es que nos importe la vida privada de nadie, claro) y avivar así las burlas en las redes sociales, que hasta antes de todo esto prácticamente no existían. “¿Qué le digo a mi hija cuando me pregunte quién es el padre?”, preguntó entre lágrimas. ¡Qué pregunta más extraña! Decile que sos vos, Gerardo. ¿O no sos vos? El momento cúlmine fue cuando Luis Novaresio le preguntó si estaría dispuesto a hacerse un ADN (sos malo, Luis) y Morales directamente se puso a llorar.

No vamos a repetir los memes y chistes que se multiplicaron en las redes porque en definitiva no está bien reirse de la desgracia ajena, pero sí nos preguntamos desde este espacio por qué Morales (qué sino ese apellido) llegó hasta este punto: ¿es una manera de humillar a su mujer?, ¿los cuernos en “pueblo chico” son tanto peores que en una ciudad?, ¿no supo parar a tiempo? Nos parece un misterio.

Esperamos que caiga un manto de piedad sobre toda la cuestión y que los involucrados puedan continuar con sus vidas: tanto los acusados recién liberados como Morales, su mujer, su pequeña hija y el cantante de Los Tekis, víctima silenciada en todo este entuerto.

Cuando lo leímos el sábado no lo pudimos creer, pero parece que es cierto: el ex presidente Alberto Fernández no sería tan honesto como pensábamos. Lo hizo quedar mal a Jorge Fontevecchia, que lo había despedido con un “se va un buen hombre”. Según publicó Ricardo Roa en Clarín, el recientemente echado titular del ANSES Osvaldo Giordano descubrió (y cortó) un negociado con los seguros estatales que procuraba unos 300 millones de pesos de ganancias a través de un intermediario que se llevaba una comisión tres veces mayor a la del mercado: Pablo Torres García. El negociado empezó luego de que Fernández ordenara en diciembre de 2021 que todos los seguros estatales pasaran por Nación Seguros. Compra directa sin licitación, un broker que no hacía nada, sólo se llevaba una comisión tres veces mayor a la del mercado. Por ahora, eso se sabe.

Todos somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario, así que Fernández todavía tiene el beneficio de la duda, pero lo que no se puede dudar a esta altura es su falta de caballerosidad. A la hora de defenderse, lo primero que hizo fue echarle la culpa a su secretaria: “Yo no pedí por nadie, y si mi secretaria lo hizo, se extralimitó”, dijo, recordando al tristemente célebre “mi querida Fabiola” de cuando le echó la culpa a su mujer por el brindis en la Quinta de Olivos en plena cuarentena.

Ayer Fernández difundió un documento para dar explicaciones y también dio una entrevista en radio La Red, y quien sabe quizás termine teniendo razón (¡perdón Fontevecchia!), pero aun en ese caso hay algo que no va a cambiar: el impulso irrefrenable que tiene siempre de echarle la culpa a la primera mujer que tiene cerca. Un porteño de ley.

 

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