Gracias a Dios es viernes

#45 | Se picó el mercado

Tole tole en el PRO. Caso Loan: un gran paso para atrás.

“Nadie es el mercado, pero todos lo somos”, dijo Borges, y esta semana ese límpido fuego misterioso le tiró la bronca al Gobierno porque no le gustaron los anuncios del viernes. Subió el dólar, bajaron los bonos, subió el riesgo país y surgieron los fantasmas del descalabro. Es como si una vez sorteados los peligros más urgentes heredados de la gestión de Sergio Massa, todos nos miráramos y dijéramos: ¿y ahora?

Ante turbulencias anteriores, el presidente Javier Milei le había echado la culpa a “la política”, es decir, a “la casta”. Ya en aquel momento era una afirmación discutible, pero era cierto que la oposición en el Congreso había hecho de las suyas. Ahora, en cambio, las excusas se acabaron: la Ley Bases fue aprobada, incluido el paquete fiscal.

Ayer el jefe de Gabinete Guillermo Francos dijo que no le parece preocupante la actuación de los mercados (¿qué va a decir? ¿que le parece preocupante?), y el martes el vocero presidencial Manuel Adorni aseguró que no van a devaluar (los argentinos sabemos bien que cuando el Gobierno tiene que aclarar que no va a devaluar, hay que comprar dólares). El lunes, Domingo Cavallo publicó una columna en su blog que explica el ánimo de los mercados. Con el título de “Se demora el pase de la estabilidad macro a la apertura comercial y financiera”, dice básicamente que el Gobierno debería levantar el cepo cuanto antes.

Es muy fácil decirlo en un blog, claro. No tanto es hacerlo desde el sillón de Rivadavia y ser responsable y víctima de una corrida. Pero digamos la verdad: si el presidente fuera otro, es exactamente lo que estaría reclamando Milei, y no en un blog sino a los gritos en un estudio de televisión. La pregunta es si tendría razón o no.

Donde hubo tole tole fue ayer en la Asamblea del PRO, cuya presidencia había sido reservada hace unos meses para Patricia Bullrich pero que ayer una mayoría de los delegados provinciales decidió darle al diputado Martín Yeza. El episodio, que se saldó con portazos y alguna puteada, a veces se describe en los medios como una guerra personal entre Bullrich y Mauricio Macri, presidente del partido, pero también es cierto que responde a diferencias estratégicas genuinas: mientras Bullrich, ministra de Seguridad, quiere acercar al PRO todo lo posible al Gobierno y a La Libertad Avanza, para garantizar el rumbo de las reformas; Macri viene diciendo que prefiere mantener al PRO como un partido independiente, con su propia identidad, que apoye al Gobierno en general y se permita levantar alguna ceja en particular.

El comunicado del PRO posterior a la reunión donde fue ungido Yeza, ex intendente de Pinamar, lo dice claramente en sus dos primeros puntos: 1) el partido no se fusionará con LLA, y 2) apoyamos al Gobierno. Los bullrichistas hablan de falta de respeto, de que el PRO se está achicando o de que se ha convertido en un partido perdedor (palabras del veterano dirigente tucumano Pablo Walther), y tienen razón para estar molestos, porque el acuerdo existía. Pero también es cierto que a medida que fueron pasando los meses una mayoría de los dirigentes empezó a preferir mantener al partido independiente de LLA, por las razones que fueran. Patricia los estaba convocando a una aventura que, para gente que lleva 10 o 20 años en el partido, no era lo suficientemente excitante.

Veremos cómo sigue. Patricia dijo que no se va del PRO y que creará una corriente interna, lo que parece saludable. Lo que es seguro es que el partido está caminando por una calle finita, corrida por derecha por la nueva sensación de la política argentina y abandonado por izquierda por sus socios de la última década. ¿Cuántos votos quedan en el medio? Quizás no demasiados. Pero un partido político muestra resiliencia y robustez cuando aprende a bancarse los momentos difíciles, las derrotas y los cismas. Poniendo la mirada no en la próxima elección sino en la próxima década. Aguantando las vacas flacas, si tocan, a la espera de que vuelvan las gordas.

Caso Loan, semana n+1. La trama de la desaparición del niño está demostrando que nada de esto es para ansiosos: el gobernador de Corrientes se ilusionó con el testimonio de Laudelina Peña, una tía de Loan, y se apuró en asegurar que se había dado “un gran paso” en la resolución del caso.

Entendemos al gobernador, al fin y al cabo somos humanos y argentinos, es decir, ansiosos no desde la cuna, pero casi. Es el país de la tensa calma, de las horas decisivas y de suertes que se definen la semana que viene, mañana, hoy, ya mismo. ¿El dólar se escapa, se cae el plan económico, hay que levantar el cepo ya porque la actividad no repunta? Nervocalm, gotas, y a dominar esa ansiedad. Si total, para que las cosas salgan mal siempre hay tiempo, y al final el dólar se escapa justo cuando nadie lo espera.

Pero volviendo a Loan, la declaración de Laudelina (un nombre de pila perfecto, de esos que no requieren una fama demasiado consistente ni persistente como para permitirse su uso sin el apellido adjunto), contaba con varias ventajas: aun si no la dejaba a ella misma del todo bien parada, señalaba al matrimonio con todas las fichas para los papeles de villanos (el del militar y la funcionaria), proporcionaba una explicación sencilla y convincente, para nada disparatada; una que, además, coincidía bastante con la principal hipótesis de los fiscales federales que se hicieron cargo de la investigación, quienes prácticamente desde el comienzo de su actuación se inclinaron por la posibilidad de un accidente, “algo que había salido mal”, y que después derivó en la desaparición del cuerpo del chico y en una trama de amenazas y complicidad en el encubrimiento. Es decir, que todas aquellas especulaciones sobre una red de trata, con derivaciones hacia cultos satánicos, ritos umbandas y misas al Gauchito Gil tenían tanto asidero como la posibilidad del rapto del pombero. O la de escanear las panzas de los yacarés.

Todo parecía cerrar, pero no, todavía falta. La investigación avanza, quizás con la lentitud necesaria como para evitar más pasos en falso, pero aún sin haber descartado del todo otras hipótesis y con la clásica divergencia que se produce cuando las declaraciones de los implicados, ya sean acusados, imputados o testigos, se vuelven indiscernibles de los testimonios que recogen los movileros, los comentarios en los estudios de TV y las notas que se van quedando sin sustancia para rellenar píxeles.

Es probable entonces que Laudelina haya dicho la verdad, pero no toda, que quienes la contradicen también tengan razón, pero no del todo. El misterio no se resuelve y las esperanzas de encontrar al chico con vida tienden a cero. Cuando todo esto termine, quizás tengamos revelaciones impactantes, una historia de la que podremos sacar muchas conclusiones, hasta podremos confirmar prejuicios y corroborar obviedades. Mientras tanto, seguimos viendo todos los días las mismas dos o tres fotos de Loan que se muestran en todos los noticieros, en todos los sitios. Y qué difícil se hace automatizar la reacción, adormecerla. Eso o cualquier otra opción que nos permita dejar de sentir ese reflejo de náusea que nos llega todas y cada una de las veces, y que sabemos que viene de nuestros miedos más profundos.

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