Partes del aire

#21 | Buscando a Roberto Aizcorbe

Tras la huella de uno de los periodistas más importantes de los '60 y '70.

Hoy tengo una historia para contar, que espero volver a contar con más tiempo más adelante y empieza, como otras de este newsletter, en una librería de usados del microcentro. Hace un mes me encontré en un sucucho de la calle Suipacha con un libro llamado El mito peronista, de Roberto Aizcorbe, de casi 600 páginas, publicado en 1976. Lo compré. Me gustó la tapa y me sonaba el nombre de Aizcorbe de mi fascinación por las revistas de los ‘60 y ‘70 que transformaron el periodismo y el análisis político en Argentina. Después comprobé que, en efecto, Aizcorbe había sido secretario de redacción de Primera Plana y de Panorama. Y me acordé que en La Agenda, una revista digital que fundé en 2014 y donde a veces reeditábamos notas viejas de aquella edad de oro, una vez publicamos la crónica de Aizcorbe desde París durante los eventos de mayo de 1968. (El enlace al texto completo no está disponible, porque La Agenda hizo un rediseño hace poco que, lamentablemente, bloqueó el acceso a casi todo el archivo.)

Esa tarde volví a la oficina y me puse a leer El mito peronista, que es un intento muy ambicioso por explicar la Argentina de 1945-1975, muy crítico del peronismo pero especialmente de su condición de “trampolín” del marxismo hacia el poder, algo que había estado no muy lejos de ocurrir unos años antes. Aunque no explícitamente liberal en lo político (casi nadie lo era en aquellos años, pero Aizcorbe desconfiaba de los militares tanto como de los peronistas), sí lo era en lo económico: el libro explica con paciencia, en contra de las modas de entonces, que la causa de la inflación era la emisión de moneda no deseada y que el Estado argentino, capturado por intereses sectoriales de todo tipo, llevaba décadas gastando más de lo que le ingresaba. Todas cosas que casi nadie decía entonces y que medio siglo después, lamentablemente, seguimos padeciendo. 

El libro es brillante, está escrito con confianza, fuentes e ironía, y es capaz de oscilar desde las burlas a los artistas que posaban de revolucionarios, como Chunchuna Villafañe o Alfredo Alcón, a sesudos análisis sobre los textos de John William Cooke, uno de los primeros que le quiso inyectar a Perón el veneno de la lucha de clases. ¿Quién es este Aizcorbe?, me pregunté mientras leía. ¿Qué se hizo de él? La Internet me ofreció pocas pistas: su rastro se pierde con la dictadura y no reaparece con el regreso de la democracia. Sí aprendí googleando que en 1971 renunció a Panorama para fundar y dirigir una revista llamada El burgués, que duró dos años e intentó hacer un liberalismo canchero, más desacartonado (chicas en bikini) y menos conservador que el de La Nación o La Prensa, duro con el peronismo pero duro también con el gobierno militar. Después se fue a Estados Unidos, publicó en inglés una primera versión de El mito peronista y después, nada. Su huella desaparece.

Después se fue a Estados Unidos, publicó en inglés una primera versión de ‘El mito peronista’ y después, nada. Su huella desaparece.

Esto me dio mucha intriga y me puse a buscar gente que pudiera saber algo de él. Levanté el teléfono, como los periodistas de su época, y hablé con un par de personas que lo conocieron pero me pidieron que no las nombrara, con el periodista Roberto García, que trabajo con él, y con Martín Vicente, un investigador del Conicet que escribió varios artículos académicos sobre El Burgués. De estas conversaciones, y de otros datos que encontré acá y allá, empezó a surgir el retrato de un tipo inteligente, muy culto, que hablaba varios idiomas, pero difícil para trabajar y también solitario, que no participaba de grupos ni militancias. A todos aquellos con los que hablaba les preguntaba lo mismo (“¿sabés si está vivo?”) y nadie podía darme una respuesta definitiva.

Un petimetre en ‘Primera Plana’

Roberto Aizcorbe nació en 1935 e hizo el secundario en el Colegio Nacional de Buenos Aires, donde tuvo como compañeros y amigos a Carlos Corach, al obispo Jorge Casaretto y al abogado Ricardo Monner Sans. Nadie recuerda si estudió después, pero en una nota de Panorama figura citado como “egresado en psicología”. En los años ‘60 aparece trabajando en Primera Plana, primero en la etapa de Jacobo Timerman y después, con más protagonismo, en la de Ramiro de Casasbellas, cuando va ascendiendo y se hace famoso por sus coberturas del Mayo Francés y, especialmente, del Cordobazo, en 1969.

En la revista era respetado y admirado, pero no necesariamente querido. Le decían el “petimetre”, porque andaba siempre bien vestido, y tenía “pinta y acento de cajetilla”, según lo describió después Andrés Bufali, uno de los redactores. Era, además, parte de la nueva generación de periodistas, introducida por Primera Plana, más profesionales y menos bohemios que los de los diarios o la generación anterior. Cuando el gobierno de Onganía cerró la revista, en 1969, pasó a Panorama, parecida a Primera Plana (cosmopolitas, modernas, atentas a los cambios culturales, interesadas por la cultura, centristas en lo político, con lectores de alto poder adquisitivo), donde fue el número dos de Tomás Eloy Martínez y estuvo un tiempo antes de conseguir los fondos (sobre cuyo origen hay infinidad de rumores) para lanzar El Burgués

Era, además, parte de la nueva generación de periodistas, introducida por ‘Primera Plana’, más profesionales y menos bohemios que los de los diarios o la generación anterior.

En su nuevo proyecto tuvo más libertad para ejercer su liberalismo económico y reírse más abiertamente de un país que, sentía, se estaba volviendo loco. La revista era abiertamente individualista, defendía a contracorriente al sector privado y se hacía cargo de la etiqueta “liberal”, que otros resistían y casi nadie usaba en un momento dominado por el desarrollismo, el nacionalismo, el marxismo o el militarismo. Fue uno de los primeros en publicar en Argentina a autores como Raymond Aron o Milton Friedman, que por entonces también eran liberales en minoría en sus países de origen. Y en uno de sus editoriales,  citado por Vicente, Aizcorbe llamaba a recuperar al sujeto político burgués tras “cinco décadas de declinación ante los fenómenos colectivistas”. Compré un par de ejemplares de El burgués, que todavía no me llegaron, pero por lo que pude ver en la web y lo que cuenta Vicente en sus artículos, me resulta tentador verla como una antecesora de Seúl. Veremos.

Por este espíritu rebelde, Aizcorbe y su revista se metieron en problemas con los gobiernos peronistas de 1973, cuyos secuaces dos veces le pusieron bombas en la redacción que causaron destrozos importantes. Después de la segunda, en respuesta a la publicación de una foto de Isabel Perón bailando en un club nocturno, la revista dejó de publicarse sin despedirse de los lectores. En la contratapa de La crisis argentina, un libro de Aizcorbe de 1984, dice que su autor “ha vivido desde 1974 la mayor parte de su tiempo en el exterior”, pero quienes lo conocieron creen que trabajó para los gobiernos de la dictadura. Como las fuentes no se ponen de acuerdo no voy a dar más detalles, pero eso podría explicar sus problemas para conseguir trabajo en los ‘80. Los rumores ensombrecieron su reputación y, además, como no era el tipo más simpático del mundo, empezó a aislarse cada vez más. En una época escribió editoriales para La nueva provincia, el diario bahiense de la familia Massot, lo que seguramente no contribuyó a reparar su imagen en el gremio periodístico.

Un hotel en San Telmo

Algunos recuerdan que en los ‘60 había estado casado y había tenido una hija, pero los pocos retratos de su etapa posterior hablan de un hombre solitario, que seguía auto-publicándose libros sobre la Argentina (y, después, sobre tango) y que durante mucho tiempo vivió en un hotel de dealers y tahúres en la calle Estados Unidos, en San Telmo. Los pocos que lo visitaban admiraban su biblioteca, donde había libros en inglés, francés y alemán, pero notaban que los problemas económicos, aunque nunca había sido un hombre rico, lo habían afectado mucho. En los ‘90, Roberto García, su viejo compañero de Primera Plana, le dio la oportunidad de colaborar en Ámbito Financiero, donde, como era larguero, le dieron la doble página central para escribir sobre temas internacionales. Casi siempre desde su casa (iba poco a la redacción) y casi siempre sin lograr el favor de Julio Ramos, el director, que buscaba otras cosas en sus periodistas.

Después de eso, nada. Versiones sueltas, todas un poco patéticas, que no vale la pena consignar. Aizcorbe fue un hombre antes de la dictadura (exitoso, desafiante, respetado) y otro después: errante, aislado, olvidado. ¿Qué pasó en el medio? Cuando me disponía a cerrar este newsletter y creía que nunca iba a tener respuesta a esa pregunta, una de mis fuentes me dijo que tras mi llamado había consultado con otras personas y que creía que Aizcorbe podía estar vivo. Me dio una dirección de email, a la que el martes pasado, bajo el asunto “Buscando a Roberto Aizcorbe”, le envié este mensaje:

Hola!

Mi nombre es Hernán Iglesias Illa, soy un periodista, escritor y político argentino. Dirijo una revista de política y sociedad que se llama Seúl (seul.ar) y además trabajo hace muchos años con Mauricio Macri. Escribí libros sobre los banqueros argentinos de Wall Street, sobre Miami y sobre los viajes de Sarmiento por Estados Unidos, entre otros.

Hace unas semanas me crucé en una librería de usados con “El mito peronista” y me pareció sensacional. Pero quise averiguar más sobre su autor, quizás con la idea de escribir algo, y vi que hay muy poco (casi nada) sobre Roberto Aizcorbe en Internet.

Dada esta falta de rastros, pensé que había fallecido.

Pero recién hablé con [xxx], quien me dijo que alguien le había hablado de Aizcorbe hace poco, e incluso que tenía una dirección de correo electrónico, a la que estoy escribiendo en este momento, con la esperanza de que me responda Roberto Aizcorbe.

Si está ahí y todavía usa esta casilla de mail, quiero decirle, Roberto, que me interesa mucho su figura (la de un ensayista liberal en los ’70, cuando todos a su alrededor eran desarrollistas, nacionalistas, marxistas o militaristas), su trayectoria (cuando leo sobre El Burgués la siento una antecesora de Seúl) y que me gustaría, si es posible, conocerlo y conversar. 

Muchas gracias,
un abrazo

Todavía no tuve respuesta. Prometo reportar si hay novedades. Hasta dentro de dos jueves.

 

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Hernán Iglesias Illa

Editor general de Seúl. Autor de Golden Boys (2007) y Cambiamos (2016), entre otros libros.

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