Relación de ideas

#11 | Elogio de la valentía

Ante la invasión a su país, el presidente ucraniano Volodímir Zelensky se encontró con su destino borgeano.

Las imágenes de la visita de Ben Stiller a Volodímir Zelensky me provocaron alegría. Dos comediantes judíos expresándose mutuamente cariño y admiración es algo normal, pero lo cierto es que las excepcionales circunstancias que rodeaban a ese simple acto eran muy difíciles de ignorar. Por un lado, hay que decir que aun en este momento de la guerra, en donde las acciones están localizadas en el este y Kiev parece haber expulsado exitosamente al invasor ruso, es muy valiente para una estrella de Hollywood presentarse allí físicamente a expresar su solidaridad. Vaya uno a saber la molicie a la que llevan las comodidades y placeres que disfruta alguien como Stiller y sin embargo el hombre dejó todo para mostrarse de cuerpo presente ante el presidente ucraniano. El valor de acercarse personalmente a un país asediado es enorme.

Ben Stiller y Volodímir Zelensky.

No era la primera aparición de Stiller en nuestras mentes en los últimos días. Hace un par de semanas lo recordamos por obra y gracia de Máximo Kirchner. Con esa autoconciencia alterada del kirchnerismo, en la que la impunidad acumulada les impide darse cuenta de que ya no hay tanto público cautivo como para decir cualquier cosa, el hijísimo anunció una obra del PAMI en Hurlingham y lo único que podía mostrar era una maqueta. Con la típica pulsión de la mala conciencia que te hace revelar lo que querés ocultar, Máximo usó su eterna pelea con los medios para anticiparse a los comentarios críticos respecto de que lo que estaba inaugurando que, en definitiva, no era más que una maqueta. “Yo quiero aclararle a los medios de comunicación que esto es una maqueta. No es el tamaño real. Lo hago antes de que digan que La Cámpora y Luana están haciendo un hospital muy chiquito donde la gente no entra”.

Para los fans de Zoolander, una de las excelentes películas que no sólo protagonizó sino dirigió Ben Stiller, la referencia era directa. Nos acordamos inmediatamente de “El Centro Derek Zoolander Para Chicos que No Pueden Leer Bien”, un proyecto que le presenta su amigo/enemigo Mugatu en forma de maqueta y que Derek rechaza indignado porque es muy chico. “¿Qué es esto, un centro para hormigas?”. Luego, ejecutivo, da la orden: “Esto tiene que ser…[duda] ¡tres veces más grande!”.

Volviendo al encuentro de Kiev, si la actitud de Stiller ha sido valiente, ¿qué queda decir para la de Zelensky desde el comienzo de la invasión rusa? El presidente ucraniano ha tenido una fortuna extraordinaria y es que la historia lo haya puesto en la plenitud de su vida en una situación inusual, límite, que lo define como persona más que cualquier acto previo. La valentía no es otra cosa que una relación específica que una persona tiene con su propia muerte: una aceptación tranquila de un destino ineluctable. No todos tendremos la oportunidad de verificar en ese momento final la serenidad de nuestra alma.

A pocas personas esa elusiva característica de nuestra personalidad le resultaba tan fascinante como a Borges. En muchos de sus personajes, desde el Sargento Cruz hasta el General Quiroga que va en coche a ser asesinado, todos tienen un momento epifánico, en donde encuentran su destino que reconfigura retrospectivamente su vida previa. En “Milonga de un soldado”, escrita después de la guerra de Malvinas (provocada por la invasión de una dictadura a un territorio que estaba en paz hasta ese momento, como lo hizo Rusia con Ucrania), Borges terminaba así:

Oyó vivas y oyó mueras,
oyó el clamor de la gente.
El sólo quería saber
si era o si no era valiente.

Lo supo en aquel momento
en que le entraba la herida.
Se dijo “No tuve miedo”
cuando lo dejó la vida.

Su muerte fue una secreta
victoria. Nadie se asombre
de que me dé envidia y pena
el destino de aquel hombre.

Zelensky tuvo su momento borgeano a fines de febrero de este año, cuando Putin decidió la invasión de su país y los países occidentales, lejos de querer participar en la contienda de manera directa, le ofrecieron una salida segura hacia otro país. La respuesta fue extraordinaria: “No necesito que me vengan a buscar, necesito municiones” (traducción libre de “I don’t need a ride, I need ammunitions”). El comediante cambió de personaje y pasó a ser protagonista de un western de John Ford.

No sólo me parece extraordinaria la frase sino que me parece que le agrega un elemento fundamental el hecho de que no haya un registro de la misma. El origen es un relato hecho por un general norteamericano, al que se lo considera una fuente confiable, conversando con Zelensky, pero no fue on the record ni fue filmado. Esa inmaterialidad y el hecho de que hasta podría no ser cierto que la dijo ponen a la frase en un lugar mágico, mucho más poderoso e influyente que el de la realidad. Como dicen los cinéfilos: “Se imprime la leyenda”.

El comediante judío ucraniano le agregó a la notable frase su presencia corporal y durante los primeros días de la invasión, cuando la caída de Kiev parecía inevitable, se filmó –tenso y nervioso pero decidido– junto a su entorno por las calles y los edificios públicos de su ciudad, reafirmando que se quedaba en ella y que estaba dispuesto a dar batalla hasta el final. Con su remerita de mangas cortas de color verde militar y su porte poco distinguido, Zelensky sostuvo la moral del pueblo ucraniano, le dio tiempo a los países aliados a que recalcularan y le ofrecieran la mayor ayuda militar posible y le dio a Occidente una nueva posibilidad de salir de su abulia existencial. La historia le tomó examen y Zelensky lo pasó con honores.

Vamos a terminar esta relación de ideas con un actor que también se dedicó a la política, quien lejos de ser judío tuvo un padre que formó parte del ejército nazi, que comenzó siendo un actor muy limitado y terminó siendo un comediante refinado, un político liberal y compasivo y una persona que siempre sorprende para bien: Arnold Schwarzenegger. Cuando Arnold dejó su exitosa carrera como fisicoculturista y se convirtió en actor, apenas hablaba inglés y poco tenía para mostrar más que su increíble musculatura y un carisma indescifrable. En ese momento filmó una película notable, mezcla de comic y novela fantástica ubicada en un pasado remoto que prefiguraba Juego de tronos y exploitation fisicoculturista: Conan, el bárbaro. Allí, Arnold, en su parlamento más largo, el más difícil desafío como actor, dice en la víspera de una batalla imposible de ganar, con la sola compañía de su fiel ladero:

Crom, nunca antes te recé. No tengo lengua para esas cosas. Nadie, ni siquiera tú, recordará si fuimos hombres buenos o malos. Por qué peleamos o por qué morimos. Todo lo que importa es que dos se enfrentan a muchos. ¡Eso es lo importante! El valor te gusta, Crom, así que te pido una sola cosa: ¡garantízame la revancha! Y si no me escuchas, bueno, andate al infierno.

Arnold Schwarzenegger en ‘Conan, el bárbaro’.

Ser valientes ante la muerte, estar a la altura de la Historia: para nuestra monótona tristeza cotidiana, suenan a desafíos imposibles. Estamos más para burlarnos en las redes de nuestro destino circular que para asumir épicas sin garantías. Sin embargo, la historia de Ucrania y de Zelensky previas a la invasión no hacían prever semejante entereza. Todo es posible.

 

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Gustavo Noriega

Licenciado en Ciencias Biológicas de la UBA. Participa de programas de televisión y radio de interés general y escribe regularmente en el diario La Nación.

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