¿Y ahora?

Ya no estamos en Kansas

¿Estamos entrando en un régimen de alta inflación?

La renuncia del ministro Martín Guzmán, un nuevo incidente en el enorme caos imperante, desató otra escalada en los precios y la aceleración de los tipos de cambio paralelos y las anécdotas sobre remarcaciones y ceses de comercialización dieron pie a una discusión entre expertos: ¿estamos entrando a un régimen de alta inflación?

Una breve nota introductoria: ¿por qué es mala la inflación? El costo de la inflación es, en primer lugar, el deterioro del poder adquisitivo. Si los precios y salarios no se ajustan perfectamente, entonces siempre hay gente que sale perdiendo de la inflación: su sueldo, o sus ganancias, subieron menos que los precios. Más allá de esta idea de sentido común, existe otra más compleja: los precios transmiten información. Sin asumir mucho sobre el mercado, podemos decir que un precio dice cuánto de un bien hay relativo a su demanda. Si este valor cambia y los otros no lo hacen (lo que se llama un cambio de precios relativos), entonces esto da información útil a los consumidores y productores. Con inflación, en cambio, no es posible saber si un precio aumenta porque aumentaron los costos o la demanda, o porque todos los precios están subiendo. 

Cuando hablamos de “régimen de inflación”, hablamos, básicamente, de los comportamientos que incentiva determinado nivel de suba de precios, especialmente, una duración más corta de los contratos, y subas más veloces en los precios. Un régimen de baja inflación es el que se tiene en países normales en tiempos normales: la inflación es algo que solo importa cada un par de años. En inflaciones moderadas, los cambios de precio son relevantes en su variación anual, o en porciones “grandes” de un año, como semestres o trimestres, y es un factor relevante en algunas decisiones, como si comprar en cuotas o al contado, pero no en todas. 

Hasta el momento, se podía decir que la Argentina estaba sólidamente en un régimen de inflación moderada.

Hasta el momento, se podía decir que la Argentina estaba sólidamente en un régimen de inflación moderada. Ahora bien, un régimen de alta inflación implica que la frecuencia relevante es la mensual y empieza a afectar todas las decisiones económicas: la incertidumbre es alta y el horizonte temporal de las decisiones es corto. El problema del régimen de alta inflación, más allá del guarismo, es que la inflación alta es inherentemente inestable: con poca certeza y poco tiempo para decidir, se termina yendo por lo seguro y aumentando “para cubrirse”. La inflación tiende a escalar, y con ella sus costos: ¿cómo sería posible decidir en qué invertir, ahorrar, gastar, o pedir prestado si no es posible saber el costo y beneficio real de la decisión?

Evidentemente, solo el tiempo dirá si estamos efectivamente entrando en un régimen de alta inflación. Lo que sí es evidente es que su inestabilidad “al alza” y la nula capacidad del Gobierno de encauzar la inflación esperada no va a revertir, o desacelerar, este proceso. Sin un plan que ataque las causas de la inflación (el déficit fiscal y la política monetaria), la única alternativa es la conclusión natural de este régimen: la hiperinflación. Todo ajuste sigue a un desajuste, y los desajustes actuales son enormes. 

 

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Maia Mindel

Estudiante de Economía (UBA). Bloguera en Some Unpleasant Arithmetic. En Twitter es @MonetaristMaia

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