ZIPERARTE
Domingo

Primero el carro,
después el caballo

Muchos creen que la economía argentina necesita un consenso amplio para hacer reformas profundas. Es al revés: primero hay que hacer las reformas. Con su éxito llegará el consenso.

Existe entre los economistas y los políticos argentinos una idea bastante difundida según la cual, para salir del estancamiento y la mediocridad de la última década (o últimas décadas), el primer paso indispensable es un consenso político amplio. Ese consenso, dice la misma idea, después permitirá hacer las reformas que hacen falta y esas reformas permitirán iniciar un período de crecimiento sostenido.

Creo que esa idea es equivocada: en mi opinión primero vienen las reformas, después el éxito y recién después llega el consenso. Como vengo discutiendo en mi cabeza sobre estos temas con un amigo (algo) imaginario, a quien llamaré Pedro, explico por qué pienso así en forma de una conversación hipotética.

Iván

Día por medio me despierto pensando por qué Argentina está en un pantano hace 40 años y cómo podemos salir de una vez. 

Pedro

Me pasa lo mismo. Una tentación que hay que evitar es la de pensar que nuestro problema está en dirigentes que se equivocan sistemáticamente. Es común ese vicio. ¿Qué pasa, hay algo en el agua que toman? Tiene que ser más que eso. 

Iván

Puesto así es difícil discutirte eso. Pero yo tengo la siguiente interpretación. Los regímenes económicos de Argentina no fueron particularmente especiales durante nuestra historia. 1880-1930, exportadores primarios exitosos. 1930-1975, una sustitución de importaciones que más o menos funcionaba. 1975-1990, caos. Después, reformas “neoliberales” en los ’90. Sí, a nosotros nos fue mejor que a nuestros vecinos en la primera etapa, porque el ferrocarril nos favorecía desproporcionadamente y porque logramos construir un Estado más capaz que muchos de nuestros vecinos. Después en la sustitución de importaciones (ISI) nos fue un poco peor, justamente porque teníamos ventajas relativas en un mundo abierto. Más adelante, episodios de caos hubo por toda América Latina. Chile, Perú, Nicaragua y Bolivia también vivieron hiperinflaciones entre los ’70 y los ’90. O sea: fuimos un país latinoamericano más. Con nuestras idiosincrasias, como las tienen todos los países. ¿Por qué no somos Australia? Probablemente por razones bastante parecidas a las de muchos de nuestros vecinos. No te discuto que ahí hay algo “estructural”. 

Pedro

¿Entonces?

Iván

Es por razones estructurales que no somos Australia. Pero esa no es la pregunta que me importa para mí país hoy. Una pregunta que me importa más es por qué no funcionamos como Chile, Uruguay, Colombia, Paraguay o Perú. Porque me interesa que funcionemos así, y siento que es posible. Esos países son diferentes entre sí, pero tienen cosas comunes: inflación baja, credibilidad fiscal, acceso al crédito, crecimiento más o menos estable, no castigan las exportaciones, buscan incorporar regulaciones microeconómicas que fomenten la competencia, buscan integrarse comercialmente al mundo, etc. ¿Por qué no funcionamos así nosotros? ¿Por razones estructurales? Creo que no. Simplemente porque tuvimos dos episodios de mala suerte. El primero fue en 1991. Perú salió de su hiperinflación sin tipo de cambio fijo. Cuando vino la crisis rusa en 1998 pudo devaluar y seguir de largo. Nosotros no. Desempleo, déficit de cuenta corriente muy alto, crecimiento bajo, default, crisis. Ellos siguieron en el régimen que habían construido en los ’90. Nosotros no.

Pedro

¿Y el segundo episodio de mala suerte?

Iván

El segundo fue que el grupo político que vino después de la crisis tomó medidas muy dañinas. Duplicó el gasto público, bajó 85 % el valor real de las tarifas, puso muchas trabas a las exportaciones, reinstauró el proteccionismo y el control de cambios, etc. Nos podría haber tocado un crítico más moderado de la década previa. No pasó, y después salir de ese esquema es difícil acá y en cualquier lugar del mundo. 

Esta conversación sobre el origen de lo que nos pasa es importante. Si creés que el problema es “estructural” (i.e, que se explica por profundas causas históricas muy arraigadas en la sociedad) la cosa es más difícil, porque si lográs colar un régimen favorable al crecimiento tenderá a revertirse, desplazado por aquel impulso profundo hacia la tragedia. Si, en cambio, el origen del régimen fallido que tenemos hoy fue mala suerte, es cuestión de reemplazarlo por otro mejor que tenderá a persistir propulsado por su propio éxito. Yo creo esto último.

Pedro

No estoy de acuerdo. En mi lectura nuestro problema es profundo. Argentina tiene un conflicto distributivo estructural muy fuerte. Por razones históricas las pretensiones de consumo de la sociedad son incompatibles con la capacidad productiva de nuestra economía. Lo que hay que hacer es construir una coalición amplia y encontrar intercambios que nos permitan crecer sin chocar recurrentemente. Y en esa coalición las cosas no se van a poder hacer como te gustan a vos. Se harán con lo que permita la diversidad de miradas e intereses que estén adentro. 

Iván

Tengo un problema con esto que decís. A simple vista parece el camino prudente, pero creo que en realidad eso es un espejismo estético. Macri fue despacio en casi todos los ámbitos. Un discurso repetido –que no es el tuyo pero tampoco está lejos– es que lo que no pudo completar Macri fue porque le faltó “ampliar su base política”. ¿Lo que pensamos es que Macri podría haber avanzado más simplemente por incorporar al gobierno al peronismo no kirchnerista? Creo que eso es asumir en los gobernadores y los que no participaron del gobierno anterior un poder y una convicción que no existen. 

Donde no pudo avanzar Macri fue porque le faltó fuerza legitimadora a su agenda, no a su armado político. Mientras los resultados fueron buenos, el peronismo no kirchnerista le apoyó varias leyes y lo acompañó al exterior. Crecimiento de 3 % e inflación de 25 %. Éxito modesto, apoyo modesto. Cuando los resultados fueron malos, el peronismo no kirchnerista se volvió kirchnerista. Tomemos un consenso anterior que sí fue muy fuerte: la convertibilidad. ¿Se sentó en una mesa una coalición amplia a arreglar la convertibilidad? No. Se definió en una cabeza y se transformó en un consenso por la fuerza arrolladora de sus resultados. Esa fuerza abrió camino para otras reformas. 

Argentina necesita un cambio de régimen en cómo funciona su economía. Algo que despierte de su letargo a la inversión, a los negocios, a la iniciativa, a la innovación, algo que sirva para empezar a volcar los ahorros de los argentinos a la producción. No van a lograr eso los cambios aislados y a media máquina que se podrían hacer, en medio de una economía estancada, con una coalición demasiado amplia en la que yo pienso A, vos B, él C y aquel otro D. La dinámica la estamos viendo en este gobierno. Es una coalición amplia. No va para ningún lado. Lo que necesitamos es un gobierno con una agenda que gane la fuerza para hacer lo que hay que hacer. El consenso no va a llegar por una deliberación griega. Va a llegar después de que alguien empiece a hacer lo que hay que hacer y eso dé resultado. Ahí los demás se subirán a la locomotora imparable. Será atronador el chirrido de los rieles. 

Pedro

¿No te parece que en la sociedad hay mucho escepticismo con las reformas que te gustan a vos? 

Iván

Mi lectura es que las reformas liberalizadoras funcionaron muy bien. Durante años crecimos mucho, se duplicaron las exportaciones, vivimos inflación baja, a la gente le gustó. Tanto que era imposible ganar las elecciones en 1999 sin prometer que iba a seguir ese modelo económico. Después vino la crisis (explicable casi en su totalidad por el tipo de cambio fijo) y el gobierno que siguió tiró al bebé junto con el agua sucia de la bañadera. Pero los argentinos son mucho menos dogmáticos de lo que se cree a veces en el “círculo rojo”. Es cuestión de mostrar una alternativa a este pantano que vivimos ahora. Y que quede claro: esto no es ninguna nostalgia del pasado. Es simplemente aprovechar las lecciones que aprendieron los países que lograron encaminarse. De 2011 a 2019 Chile, Uruguay, Paraguay, Perú y Colombia crecieron entre 15 % y 25 %. Argentina cayó 10 %. No es muy aventurado decir que seríamos hoy 25 % más ricos si hubiéramos mantenido una economía razonablemente organizada después de 2002. Eso es una oportunidad para el futuro. 

Pedro

Bueno, todo muy lindo, pero lo que me planteás es decisionismo de minoría. Menem tenía mayoría en ambas cámaras para hacer todo lo que hizo. La alternativa es sin democracia. Pinochet, Fujimori. ¿Cómo pretendés lograr reformas sin mayoría? 

Iván

Esa pregunta es clave. Porque si no, todo lo anterior fue simplemente un rapto de voluntarismo sin ninguna aplicación útil, ¿no? “Hay que hacer las reformas para tener consenso”. Si, ¿y cómo hacés las reformas sin consenso? 

Bueno, creo que la tangente que hay que explorar es esta: encontrar un conjunto inicial de medidas fuertes que se puedan tomar desde el Poder Ejecutivo y que sirvan para ganar la legitimidad que necesitamos para otras reformas. Esto implica evitar el shock o el gradualismo como estilos de vida. Menciono dos cosas que creo que aportarían mucho en ese programa: bajar la inflación rápido y abrir rápido la economía. Para bajar la inflación rápido necesitamos un plan con inspiraciones en 1952 y 1985. Se puede. Para abrir la economía hay que cortar toda la tela de las licencias no automáticas, los reglamentos técnicos, las listas y las excepciones. Se puede. Hay que conversar más sobre estos dos puntos y ver los detalles. Pero imaginate alcanzar rápido un país sin inflación, en el que todas las empresas compran en el mundo los mejores insumos y máquinas que existen a precios bajos. En el que los consumidores pueden acceder barato a los bienes más diversos, de los lugares más recónditos. En el que los salarios reales crecen porque la economía se encamina y el impuesto inflacionario desaparece, en el que reemplazamos la incertidumbre agotadora por la planificación a largo plazo. Imaginate que después de 13 años entre inflación y malaria florece una economía calma y pujante. ¿No se subirían a ese proyecto los “moderados”? ¿No traería eso entusiasmo y fe en el futuro? ¿No generaría eso un crédito muy grande para quien lo logre? ¿No empujaría eso el consenso que necesitamos para hacer más reformas? Te puse esto arriba de la mesa y los resultados están a la vista. Tengo más. 

 

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Iván Stambulsky

Estudió economía en la UBA y en la Universidad de Amsterdam. Trabajó en políticas públicas, en investigación macroeconómica y en finanzas.

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