ESQUETA
Domingo

Patear el tablero del conurbano

Intendentes exitosos, recambio generacional y una administración nacional en crisis arman el cóctel para que Juntos por el Cambio pueda pensar seriamente en ganar terreno en el Gran Buenos Aires.

En estos años Juntos por el Cambio no se ha contado a sí mismo tanto como debería: dejó que su historia y su visión del mundo la cuenten otros, desde afuera. Esto tiene dos problemas: el primero es que, aun suponiendo buena fe, esos otros naturalmente tienen menos información y distintos intereses. El segundo problema es que el peronismo-kirchnerismo sí ha entendido siempre el debate público como el espacio de una batalla cultural y ha sabido ser hegemónico a la hora de construir paredes de sentido sobre lo que dice representar.

En esa batalla el peronismo ha instalado verdades sobre sí mismo que son mitos ordenadores y permean profundo en la conversación pública y los análisis políticos. Algunos positivos y otros negativos, algunos conscientes y otros inconscientes: el peronismo es el pueblo, solo un gobierno peronista puede terminar su mandato, los saqueos los organiza el peronismo, el conurbano es peronista y otros eslóganes. Es por eso –porque nadie conoce mejor tu historia que vos, y porque tu rival lo hace desde siempre– que presentar narrativa propia es un ejercicio indelegable.

En esa falta de construcción JxC pierde a veces la oportunidad de presentar una perspectiva histórica: su aparición hace seis años ha sido un tsunami para el statu quo político de Argentina. Es la coalición democrática no peronista más estable y exitosa de los últimos 30 años; miles de personas de diferentes ámbitos y geografías, historias y tradiciones, ingresaron por primera vez a la política y al Estado a través de ella; se le quitó el velo a decenas de instituciones vedadas para los externos durante al menos 15 años (el caso de la hidrovía es un caso en esa dirección); se armó una red creciente de relaciones y estructuras que están logrando espacios de poder real en la Argentina; se ha puesto a la buena gestión como un modelo posible de legitimidad política y victoria electoral que otros partidos empezaron a imitar. Y especialmente, ha desterrado muchos de estos mitos y sentidos que el peronismo ha instalado en la sociedad: Maria Eugenia Vidal ganó la provincia de Buenos Aires, Macri gobernó en minoría y con una crisis económica hasta el final y se fue con una plaza llena de gente.

El conurbano lo ganan los candidatos a intendente que se rompen el lomo y que llevan en su ADN el lugar que quieren transformar.

Y acá el quid de la cuestión y de este artículo. Desde hace al menos nueve años Juntos por el Cambio viene ganando espacios de poder en el conurbano bonaerense. Y sin embargo pareciera que este proceso no existe de manera condensada en el imaginario colectivo y en el análisis político. Aún más, en 2021 y 2023 JxC tiene la posibilidad de dar un paso más en esa dirección. Para eso debe convencerse de que puede hacerlo, elaborar una estrategia unificada, tanto en lo territorial como en lo electoral (algo de lo que por ahora parece carecer), y entender que el conurbano está lleno de votantes sin lealtades partidarias que comparten algunos de sus valores (como el valor del trabajo y el mérito o el énfasis en la seguridad) y están buscando alguien confiable que refleje su manera de pensar.

Los cuatro conurbanos

Entre 1983 y 2015 el peronismo pasó de tener 25 intendentes de la provincia de Buenos Aires a tener un máximo de 107 (sobre 135). En el mismo periodo, el espacio no peronista (radicales e independientes o vecinalistas) pasó de tener 93 a menos de 28. La aparición de Cambiemos en 2015 volvió a nivelar el terreno, generando que las intendencias se repartan casi en mitades: hoy los peronistas gobiernan 71 municipios (contra 61 de JxC). Entre 2015 y 2019 Cambiemos había tenido 66 y el PJ, 61. Este crecimiento se puede ver en el siguiente gráfico. Seguro hay discrepancias en algunos números o asignación de partidos (en especial entre los independientes de 1999), pero la película se mantiene igual.

Si miramos el conurbano (los 24 distritos de las secciones Primera y Tercera, más La Plata), entre 1999 y 2015 los únicos dos intendente no peronistas habían sido Gustavo Posse en San Isidro y el Japonés García en Vicente López. En 2015 JxC llegó a tener un tercio (ocho) de las intendencias del conurbano. Hoy tiene seis de 24. (Esta base de datos tiene todos los intendentes de la provincia de Buenos Aires desde la vuelta a la democracia. Queda a disposición de quien quiera bajar una copia y hacerla propia.)

Podemos dividir entonces el conurbano en cuatro categorías según la dificultad de JxC para ganar:

  • Municipios que JxC gobierna hoy o en los que ganó la intendencia en 2015. Hoy JxC gobierna seis municipios: Tres de Febrero, Vicente López, San Miguel, San Isidro, Lanús y La Plata. En otras palabras, logró retener seis intendencias del conurbano aun perdiendo las elecciones nacionales y provinciales. Otras dos, Morón y Quilmes, fueron ganadas en 2015 y perdidas en 2019, indicando que son intendencias “ganables”.
  • Municipios donde JxC ganó en las legislativas 2017 pero nunca gobernó. Hay otras cuatro intendencias en las que Cambiemos ganó en la elección legislativa de 2017: Ituzaingó, Hurlingham, Tigre y San Martín. Se aprovechó de la división del peronismo entre 1 País (Massa y el Frente Renovador) y el kirchnerismo (Unidad Ciudadana). Estos cuatro municipios son de la Primera Sección, donde JxC tiene chances de asentarse.
  • Municipios donde JxC perdió por menos de 10 puntos. Otro bloque son los municipios de Esteban Echeverría, Avellaneda y Lomas de Zamora. El nivel de dificultad es creciente en relación a los otros. Pero son municipios donde Juntos por el Cambio ha llegado a perder por menos de 10 puntos en alguna de las últimas tres elecciones.
  • Municipios que han sido peronistas desde la vuelta de la democracia y donde JxC no ha logrado nunca perder por menos de 10 puntos. Municipios donde no ha habido intendentes no peronistas desde 1983 (salvo algunos “independientes” al principio de la vuelta a la democracia). Son diez y son los más difíciles: José C. Paz, Moreno, Merlo, Almirante Brown, Berazategui, Florencio Varela, Ezeiza, La Matanza, Malvinas Argentinas y San Fernando.

Sin embargo, si miramos en mayor detalle encontramos que en las elecciones de 2017 fue la primera vez que JxC logró superar los 30 puntos en La Matanza (no sucedía que un partido no peronista sacara ese porcentaje desde 1999). En Malvinas Argentinas JxC nunca ha ido con un candidato propio y fuerte (siempre con Cariglino, exintendente entre 1995 y 2015). De hecho JxC ya ganó en los municipios más difíciles. En Lanús en 2013 las opciones peronistas tenían el 70% de los votos y solo había ganado Unión-PRO en 2009 con Felipe Solá y De Narvaez dentro, y sin embargo desde que en 2015 ganó Néstor Grindetti no volvió a perder nunca una elección. Algo semejante pasó en Tres de Febrero.

Juntos por el Cambio tiene una política de gestión que da resultados rápidos a nivel local. Su “intendente starter pack” funciona.

Los intendentes de JxC que ganaron en el conurbano, en su gran mayoría se quedaron a pesar de que Macri y María Eugenia Vidal perdieron. Porque Juntos por el Cambio tiene una política de gestión que da resultados rápidos a nivel local. Su “intendente starter pack” funciona: obra pública, digitalización de los trámites ciudadanos, reducción de maraña de impuestos (Capitán Sarmiento), Metrobus, bicisenda, plazas. Las cosas que la gente le exige a un intendente y no a un presidente. Entre la elección de 2015 y 2019 JxC solo perdió cinco intendentes en la PBA (de 66 a 61). Y en algunos casos, han ganado candidatos en municipios donde entre 2015 y 2019 gobernaba el peronismo, como San Antonio de Areco, San Miguel del Monte, Necochea y Capitán Sarmiento, entre otros. El intendentismo de JxC comienza a consolidarse y puede ser una de las bases de su desarrollo y sustentabilidad a largo plazo.

Que cualquier analista político diga que la estrategia del kirchnerismo es retener el conurbano bonaerense como su bastión fundamental para 2021 no es un signo de fortaleza, sino de debilidad. Lo mismo sucede con la intención de modificar el sistema electoral eliminando las PASO o volver a permitir las reelecciones indefinidas. En seis de los diez municipios difíciles del conurbano, el intendente actual no tiene otra reelección. Salvo que se modifique el sistema, vamos a vivir una batalla campal por la sucesión entre el peronismo tradicional y La Cámpora. Y en nueve de los quince municipios más difíciles se le agrega una cuestión generacional o de desgaste de ciclo: Alejandro Granados (Ezeiza) y Alberto Descalzo (Ituzaingó) tienen 69 años y gobiernan sus distritos desde 1995; Espinoza/Magario (La Matanza) o Ishii (José C. Paz) están en el poder municipal desde al menos 2007.

Hoy estamos frente a una crisis sin precedentes, un Estado quebrado, un gobierno obturado en su gestión, con un traspié interno por semana, una coalición peronista inestable, un cambio generacional. Estamos, por lo tanto, frente a la posibilidad de patear el tablero.

¿Qué se necesita para ganar una elección?

Alinear varias cosas: un buen candidato, entender al electorado que tenés que convencer, plata para financiar la campaña, gente movilizada por la idea y el candidato, fiscales (buenos fiscales) y un poco de suerte. Y una estrategia para que todo lo anterior sea virtuoso.

JxC suele dejar las campañas municipales como una consecuencia de la campaña nacional y a la voluntad y esfuerzo del candidato local. Creo que esta vez debería ser diferente: debe concentrar su campaña en el conurbano, además de mantener y profundizar su buen desempeño en el corredor central. Concentrarse en la campaña del conurbano es como pagar caro para comprar anticipadamente vacunas contra el covid-19. No te queda otra que hacerlo bien y exagerar con el número. Es probable que no ganes en los municipios difíciles, pero el rédito de sacarle algunos puntos en el corazón electoral del peronismo es doblemente rentable, a nivel local pero también a nivel nacional.

En 2023 JxC puede ganar la provincia de Buenos Aires como en 2015. Pero el conurbano no lo ganan ni Macri, ni Larreta, ni Vidal, ni Carrió, ni Cornejo ni Lousteau. El conurbano lo ganan los candidatos a intendente que se rompen el lomo y que llevan en su ADN el lugar que quieren transformar. Que lo conocen, que han construido una red real en el territorio, que pueden ampliar esa red y generar entropía si le dan los recursos necesarios. Al conurbano lo gana Nestor Grindetti o lo puede ganar Toty Flores. Esa es la fuerza que te hace ganar una elección en un terreno imposible.

Hoy estamos frente a un Estado quebrado, un gobierno obturado en su gestión y una coalición peronista inestable. Estamos frente a la posibilidad de patear el tablero.

Hacer una verdadera campaña para ganar en esos territorios tiene una ventaja adicional: mostrarlo. Hoy el conurbano es una abstracción para la mayoría de los argentinos. Se sabe que está en problemas hace muchos años, que es nuestro gran foco de pobreza crónica. Pero existe una gran mayoría de argentinos que no lo ve, que no lo toca. Nacionalizar la campaña por el conurbano es un poco mostrar a Ishii diciendo que en José C. Paz se vende falopa en ambulancias; es mostrar lo que pasa en los lugares adonde no llegan las cámaras en La Matanza de Espinoza. Si JxC quiere ganar, necesita miles de personas mostrando el conurbano hoy y hablando de cómo podría ser mañana.

Las palabras cobran su verdadera fuerza cuando, combinadas con la realidad, generan una transformación física en el tiempo y el espacio. Cuando las ideas se meten en los cuerpos.

La campaña del peronismo-kirchnerismo de 2019 la seguí en el Instagram de Pedro Rosemblat. Cada vez que lo veía pensaba: “Ganan”. Después se me pasaba porque en el día a día uno quiere creer. Pero el pibe iba por todo el país construyendo un sentido, diciéndole a la gente que había algo mejor, con humor, con energía. No sé si fue él o quién el que creó EALG: “Este Año Les Ganamos”. Y cuando lo vi entendí inconscientemente que perdíamos. Porque ese mensaje tenía la fuerza de un grito de guerra.

Considero que JxC tiene que convencerse de que ganar el conurbano es posible para estabilizar su estrategia de poder de mediano plazo en un nivel superior. Pero para hacerlo primero hay que poder pensarlo, después decirlo muchas veces, después creerlo. JxC tiene que empezar a sentir que “hay que ganarles el conurbano”.

 

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Matías Fernández

Ex Jefe de Asesores del Ministerio de Producción de la Nación Argentina (2015-2019). Socio en una empresa que brinda servicios de estrategia y comunicación en América Latina.

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