¿Y ahora?

La dignidad de los libres

El peor gobierno desde 1983 dejará tierra arrasada, pero JxC tendrá una oportunidad histórica: terminar con la demagogia y el populismo. No será fácil.

En medio del fastidio que me provoca la página en blanco cuando tengo que escribir, tocó el timbre Orlando, el chico del service del ascensor. Buzo con capucha, gorrita, una mochila y su celular. Lo acompañé de un piso a otro por la escalera mientras él viajaba subido al techo del habitáculo. Cuando terminó, completó el remito y me dijo: “Además de este trabajo, automatizo portones y e instalo bombas de agua. Si quiere le muestro el motor que hice ayer. Además tengo factura”. En su mochila llevaba las herramientas y los talonarios acomodados en sendas bolsas de plástico. “Tengo que hacerme tarjetas pero si quiere le dejo mi celular”., agregó. Sus ojos transmitían una alegría indescriptible. La satisfacción de los dignos. El regocijo de los libres. Se fue sonriendo. Y me encerré a escribir. 

Juntos por el Cambio ganará las elecciones presidenciales en 2023. No importa quiénes conformen la fórmula sino que sean los votantes los que la elijan en las PASO. Porque ellos serán los dueños de ese ticket presidencial, lo harán ganar las elecciones y lo sostendrán en un mandato plagado de dificultades. No hay lugar para la dedocracia en JxC. Sería contra natura. Si alguien dudara al respecto, le sugiero observar el destino del actual gobierno.

El frankenstein de Cristina con Alberto Presidente fracasó. Era obvio para algunos, pero no para ella, que se siente más que Dios y desprecia las instituciones liberales. Menos obvio era para los coreacéntricos que creyeron ver en Alberto Fernández –un básico operador político, típico militante de la viveza criolla– a un líder a la europea, moderado y racional. Algunos hasta arriesgaron la emergencia de un nuevo modelo coalicional y decisional. Compraron una ilusión y la revendieron mil veces hasta que les explotó en su propia cara.

Arcos corridos

La Argentina cambió tanto que cuesta reconocerla. Corrieron los arcos, las rayas están torcidas y nadie tiene la pelota. Hay un desenganche entre lo que los políticos creen y lo que efectivamente pueden. Comprender la profunda transformación de nuestra estructura social, las demandas de las nuevas generaciones, los estragos causados por la falta de educación, la informalidad y la falta de trabajo, la socialización de gran parte de la sociedad en un (sub)mundo sin reglas y plagado de injusticias y miserias, es una tarea esencial de los que articulen y lideren una nueva retórica política sin medias verdades, tecnicismos o trucos de marketing. Hay que ganar diciendo la verdad y la verdad es dura.

El peor gobierno desde 1983 dejará tierra arrasada, un Estado elefantiásico, fundido e inerte, una economía demolida y una sociedad doliente y pesimista. No habrá transición, ni entrega de atributos, no reconocerán la legitimidad del próximo gobierno. 

¿Está preparada la gran mayoría de los argentinos para escuchar que lo que viene no será fácil pero que hay una salida si se toman los pasos correctos en la dirección adecuada?

¿Está preparada la gran mayoría de los argentinos para escuchar que lo que viene no será fácil pero que hay una salida si se toman los pasos correctos en la dirección adecuada? ¿Soportaremos? ¿Dejaremos de pensar en el corto plazo en pos de una visión común de futuro? ¿Nos habremos dado cuenta de que la demagogia de los populistas amantes del despilfarro, la ineficiencia y la corrupción sólo trae más dolor y miseria?

JxC va a tener una oportunidad histórica. Esta vez sí sabe que puede ganar. Y no puede ser un triunfo ajustado. Hay que trabajar por tener una mayoría propia, amplia y compacta en la Cámara de Diputados, ganar cinco de las ocho provincias que eligen senadores para achicar más aun la diferencia y sumar gobernaciones donde nunca creció el pasto. No alcanzará con llenar las urnas de votos: hay que reventarlas. Y el discurso debe ser verdadero y auténtico, basado en valores y anclado en la realidad. En el tratamiento de un país enfermo, aparecerán los que trabajan desde hoy para destruirlo: se saben perdidos y judicialmente comprometidos, colectan piedras, garabatean acciones de amparo para frenar reformas urgentes. Harán todo y mucho más para hacer fracasar al próximo gobierno de JxC. Lo sabemos. Los conocemos.

Como Orlando, los argentinos saben de sacrificio y esfuerzo. Son conscientes del naufragio pero quieren ser parte del salvataje. Necesitan ser tratados con respeto, igualdad ante la ley y franqueza. No son rebaño, son millones de individualidades que tienen todo para ofrecer. Es posible ordenar el caos, abandonar la tara populista y recuperar la confianza en nosotros mismos. No depende de otros: somos nosotros. Somos muchos más de los que creemos ser.

El populismo en su laberinto ha destruido a sus propios creyentes. El cisma es imparable.

La grieta existe pero ya no son dos mitades. Hay un corrimiento masivo del electorado hacia las ideas que ha defendido JxC y de las cuales Mauricio Macri ha sido especial vocero y blanco de retaliaciones, ataques y mentiras. El populismo en su laberinto ha destruido a sus propios creyentes. El cisma es imparable. Perdidos y astillados, los hacedores del fracaso populista volverán con las amenazas, los aprietes y las difamaciones. Sin embargo, no habrá gordo mortero o tsunami de piedras que detenga a un pueblo cansado y hundido en el barro y en el polvo que les dijo y les dirá basta.

Todos quieren ser Orlando. No quieren ser esclavos de planes y punteros, porque la vida humana vibra en la libertad. Basta de mentiras, discursos ampulosos y soluciones inútiles. Basta de atraso, barro y polvo. Quieren “cemento” porque el cemento sí es dignidad. Y la dignidad es libertad.

 

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Laura Alonso

Politóloga (UBA) y Master en Políticas Públicas (LSE). Consultora política e institucional. Ex diputada nacional y jefa de la Oficina Anticorrupción.

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