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Entrevistas

José Martín Jáuregui

El experto en pasturas y ganadería sustentable cree que la mayoría de los incendios en el Delta tienen causas naturales y advierte sobre las consecuencias de una mala Ley de Humedales.

En los últimas días volvieron a ser noticia los incendios forestales y de pastizales en el Delta del Río Paraná. La ciudad más afectada ha sido Rosario, donde la visibilidad se vio notablemente reducida y las complicaciones para la salud y la seguridad de las personas se hicieron muy evidentes. La inacción y la falta de coordinación entre los gobiernos de Santa Fe y Entre Ríos, sumadas a la falta de respuestas del Gobierno nacional, fueron los motivos esgrimidos por Pablo Javkin, intendente de Rosario, y otros jefes comunales de la zona para traer su reclamo hasta Buenos Aires. Además de las protestas, volvió a surgir la pregunta sobre el origen de los incendios. ¿Son intencionados, provocados por ganaderos, como dice el kirchnerismo? ¿O se explican por cuestiones climáticas?

Sobre estos temas conversamos con José Martín Jáuregui, ingeniero agrónomo, doctor en Ciencias Agrarias y especialista en la ecofisiología de pasturas y en el desarrollo de sistemas ganaderos sustentables. Le pedimos que nos explicara cuáles son a su juicio las causas de estos grades incendios, que parecen incontrolables, y qué piensa del reclamo ambientalista por una Ley de Humedales como solución al problema.

¿Cuál o cuáles son las causas de estos incendios? ¿En qué medida se deben a la acción del hombre y cuánto son fenómenos naturales?

Antes que nada, sería bueno definir cuáles son las condiciones que pueden generar un incendio, concretamente un incendio forestal. Hay algo que se suele llamar la tríada del fuego, tres factores que se tienen que combinar para que comience un incendio. El primero es el material combustible; tanto en los casos de Corrientes, a principios de año, como en los más recientes de las islas del Delta, el combustible son las miles de toneladas de material seco, tanto el pasto como árboles, arbustos y vegetación en general. Luego tiene que haber un comburente, un gas presente que al combinarse con el combustible permita la combustión; típicamente, el oxígeno presente en la atmósfera. Y por último tiene que haber alguna energía de activación; en estos casos suele ser el calor ambiente.

Desde luego que puede haber situaciones de descuidos humanos, pero la mayoría de estos incendios tienen causas naturales.

Muchas veces se piensa que para empezar un fuego se necesita que alguien tire un cigarrillo prendido, por ejemplo, o que alguien (un productor agropecuario o un saboteador, como se suele creer muchas veces de manera equivocada) haga una quema haciendo fuego intencional. Pero en verdad es muy común que los incendios forestales se inicien simplemente porque hay esta enorme cantidad de material combustible, hay viento y hay altas temperaturas. Eso de por sí puede generar un incendio. Como ha sucedido también, por ejemplo, en California. Desde luego que puede haber situaciones de descuidos humanos, pero la mayoría de estos incendios tienen causas naturales. Un rayo puede ser una causa natural. Un pedazo de vidrio tirado en un campo, con temperaturas extremas, puede generar un incendio. Entonces en muchos casos puede haber situaciones fortuitas en donde se combinan estos tres factores y se generan grandes fuegos.

Independientemente de la acción humana.

Sí, por eso entonces los incendios tienen múltiples causas. Cuando son tan masivos, cuando se dan tantos focos como los que se vieron en Corrientes, suelen aparecer las pruebas de que, además de los que comenzaron por causas naturales, también hubo incendios intencionales. Pero en Corrientes no fueron productores agropecuarios, sino personas quizás con problemas mentales o con intenciones de hacer daño. Hubo un poco de las dos cosas, seguramente, y hubo pruebas de ese accionar que fueron grabadas en video.

Es cierto que esto no hubiera sucedido en esta magnitud de haber habido mecanismos efectivos de control del fuego. Hoy tenemos mecanismos en el mundo para controlar fuegos, y esos mecanismos en Argentina no se disparan en tiempo y forma, no tenemos estructura, no tenemos suficiente personal, entonces todo eso —sumado a los tres eventos consecutivos de La Niña, con una sequía extraordinaria en toda la zona— conduce a la situación que vemos. Es difícil entonces atribuirle a una sola causa los incendios forestales, pero está claro que la acción de respuesta de parte de los gobiernos nacional y provinciales podría haber sido mucho más rápida. El manejo del fuego fue bastante pobre.

Estos organismos estatales, ¿qué podrían hacer que no estén haciendo?

Yo trato de ser cauto. California, por ejemplo, es uno de los estados modelo en el mundo en términos de manejo del fuego y, sin embargo, no hace mucho vimos escenas dramáticas, poblaciones enteras que se prendieron fuego, con muchos muertos. Si en un territorio modelo en cuanto al manejo del fuego, con abundancia de recursos, aviones hidrantes y personal especializado las consecuencias de los incendios fueron terribles, es difícil decir que en Argentina fallamos únicamente en la cuestión de falta de personal. Porque aun teniendo más recursos los fuegos se habrían dispersado igual. También sería aventurado asegurar que la historia habría sido otra si hubiésemos tenido el personal, si hubiésemos tenido la capacidad técnica, la infraestructura de aviones y vehículos. No lo sé realmente, posiblemente sí. Pero cuando un incendio sucede, y lo he charlado con gente especializada en el tema, cuando un incendio de estas magnitudes se dispersa en las maneras que estamos viendo, se vuelve muy difícil de manejar.

En el Delta los territorios suelen ser de muy difícil acceso, eso hay que tenerlo en cuenta también, no hay manera de llegar en algunos casos. Y un avión, por ejemplo, puede cargar mucha agua, pero no más de 30.000 litros, y es difícil pensar que se podría hacer mucho con eso.

Así y todo, ¿qué se podría haber hecho diferente? Creo que mucho: por empezar, actuar a tiempo. Aunque las fuerzas disponibles para responder a los incendios en Argentina no son muchas, podría haberse activado mucho antes un protocolo nacional de manejo del fuego. Eso no se hizo, hay mucha mezquindad, en algunos casos por diferencias políticas entre los gobiernos provinciales y el nacional. Se demora la llegada de asistencia y la burocracia traba los mecanismos. Pero es difícil saber si la historia podría ser muy diferente, quizás sí, pero no sé si tanto. El problema sigue siendo la enorme acumulación de material combustible.

Ha habido críticas a la Ley de Humedales y a la Ley de Manejo del Fuego. ¿Cuál es tu opinión al respecto?

Cuando se analiza la propuesta original de Ley de Humedales se advierte que hay una cantidad gigantesca de territorio, en algunos casos ocupado por agricultura o ganadería, que debería reservarse como área sin explotación productiva. Sucede lo mismo con otras leyes similares, por ejemplo, en la provincia de Santa Fe, en donde tenemos una legislación que determina zonas amarillas y rojas, prácticamente no quedan zonas verdes que no sean utilizadas por ganadería o agricultura. Cuando se puso en marcha esa ley, hubo casos en los que el campo de una persona quedó ubicado en una zona roja, entonces esa persona no pudo tocar más el monte nativo, los árboles que había en ese lugar. Mientras que quizás el vecino del campo de al lado, que había sido rápido y desmontado antes de que entrara en vigor la ley, podía continuar con la ganadería. Se da entonces que tenés dos campos, uno al lado del otro, y uno puede ser productivo y el otro quedó como una reserva natural, totalmente improductivo.

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Eso se vuelve injusto para el que no tuvo la oportunidad en su momento de hacer un desmonte (que no necesariamente debía ser masivo, sino controlado, con algo de producción) y ahora lo obligan a que su campo sea una reserva natural. En otros lugares del mundo eso a veces también sucede, pero se compensa al productor con algún beneficio para que su campo se conserve. En países como Irlanda o Nueva Zelanda se les paga a los productores para mantener los campos que están frente a las rutas con cierta vegetación, con un verde específico. Pero acá se exige que en una región extremadamente productiva quede reservada para un gran humedal, sin siquiera decirle al productor qué se va a hacer con su tierra, si el Estado se la va a quedar para hacer un parque nacional, por ejemplo. A menos que se establezca algún régimen de retribución a los productores es muy difícil que estas leyes sean razonables.

Parecen ser medidas demasiado avanzadas cuando hay muchas cuestiones más básicas sin resolver con los productores agropecuarios.

Sin dudas. En el mundo la tierra es un bien muy escaso, entonces cuando se empieza a limitar la producción en lugares tan extensos, en semejantes superficies, uno se pregunta si eso cumple un rol ecológico o si eso no termina atentando contra la seguridad alimentaria. A mí me encantaría que todo Europa volviese a ser un gran bosque, ya que hoy sólo queda el 20% o el 30% de los bosques que había hace 500 años, pero si eso sucediera habría que bajar la población mundial a la mitad, por decir una cifra. Entonces hay que combinar las necesidades ecológicas, la sustentabilidad, con la seguridad alimentaria. En la medida que uno avanza con legislaciones que sólo miran la pata ecológica se pierde vista la necesidad de producir alimentos, por eso hay que buscar un equilibrio: La sustentabilidad no es sólo ecológica, también es económica y social, debemos poder combinar esas tres patas y en muchos casos sólo miramos la cuestión ecológica. Perdemos de vista la cuestión de la pobreza, del acceso a los alimentos de calidad. No se le puede prestar atención a la ecología sin observar que hay enormes zonas productivas dentro de los lugares propuestos como reservas o humedales.

¿Y qué se hace con la acumulación de biomasa en esos grandes humedales? Porque incendios vamos a seguir teniendo en la medida en que saquemos a los animales rumiantes de las islas o de aquellas zonas en donde ningún animal consuma el material naturalmente combustible. Así es difíciles pensar que por una Ley de Humedales vayamos a tener efectivamente menos incendios o una mejor situación ecológica en general.

Hay también sectores que impulsan agendas ambientales y críticas a los productores agropecuarios por su supuesta responsabilidad directa. ¿Qué hay de cierto en esas críticas, en tu opinión?

Hay una agenda ambiental que está desenfocada, buscando un chivo expiatorio. Y el agro es el mejor candidato que encuentran para ese rol, porque hay más de 200.000 productores agropecuarios, muy atomizados y desparramados en regiones muy extensas, por lo que es muy difícil que se pongan de acuerdo para una defensa. No tienen capacidad de respuesta y son malos comunicando. Entonces son los culpables perfectos, pero me parece penoso que se los culpe de eventos como los incendios y se los haga responsables de la incapacidad que tenemos para controlar el fuego.

Más allá de eso, hay algunas cosas que habría que precisar. Hay una parte de responsabilidad del mal manejo de los productores agropecuarios, en algunos casos han sido responsables de prender fuego y de que se descontrole. En todos los ámbitos hay gente que hace mal las cosas. Pero eso no es la generalidad de los casos, ningún productor en su sano juicio va a incendiar una isla en el medio de una sequía con altas temperaturas, con viento, porque sabe que eso puede destruir todo, incluso a sus propios animales e instalaciones. Hay una incoherencia, ¿qué productor va a querer incendiar todo su campo con sus animales ahí? Ninguno. Hay que separar las responsabilidades específicas de las generales.

¿Qué productor va a querer incendiar todo su campo con sus animales ahí? Ninguno.

También hay otros responsables: gente que no son productores, tipos que ejecutan vendettas personales, gente que está desequilibrada, eso también hay. Pero lo cierto es que siempre hay que recordar que el control de este material combustible necesita de animales. La agenda ambiental dice que hay que eliminar la ganadería porque emite gases, porque es mala, porque contamina. Y después quieren una Ley de Humedales que prohíba tocar la vegetación. ¿Qué va a pasar entonces si se sacan todos los animales rumiantes y crece más pasto y más material combustible, qué pasa si cae un rayo ahí? Otro incendio incontrolable. Entonces, desde el punto de vista ecológico hay que pensar en un equilibrio entre lo social y lo productivo. Los rumiantes son necesarios para controlar los excesos de vegetación. El approach razonable sería entonces explicarles a los productores cómo manejar su hacienda para controlar los excesos de material muerto, trabajar con ellos para que aprendan a hacer calles cortafuegos, poner en marcha prácticas específicas para reducir la cantidad de incendios, y eso no se está haciendo. Me parece importante que se hable de esta agenda ambiental que se ha transformado en lobby anti-campo, de cuál es su propuesta y sus consecuencias. De eso no se suele hablar mucho.

¿Qué se podría hacer entonces en concreto para manejar mejor estas situaciones?

En concreto tiene que haber más prevención, ser menos reactivos y más proactivos. Reaccionamos cuando el problema se desbordó, la gente en general se entera cuando el humo llega a Rosario o a Buenos Aires. Y es terrible que las consecuencias que le tocó vivir a Corrientes, por ejemplo, se olviden al poco tiempo.

Tiene que haber entonces un plan de prevención y que los protocolos que existen se implementen en tiempo y forma, hoy se falla en eso, hay que mejorar la calidad de la respuesta y acelerar los tiempos. Tiene que aumentar la cantidad de aviones hidrantes, no porque con los aviones se pueda frenar inmediatamente una situación de la magnitud de la desatada en Corrientes, pero podemos ayudar a que no se esparzan más. Los pocos aviones que hay llegan tarde y hay que pedirles prestados a otros países, eso no está bien articulado.

Y tiene que haber sanciones para las personas que se compruebe que iniciaron incendios de manera intencional, tiene que haber castigos ejemplares. E investigar las causas de esos incendios y ser cautos y precisos en la manera de comunicarlo, porque la sociedad mira al sector agropecuario como los culpables de la situación y del otro lado no se explica que hubo tres años de sequía, que no tenemos una manera de remover el material combustible que no sea con hacienda, que no podemos poner gente a cortar el pasto en las islas, que necesitamos hacienda, controlar de qué manera se llevan los rumiantes ahí. Eso no lo estamos explicando, mostramos sólo una parte de la película. Y buscando un chivo expiatorio.

Entonces tenemos medidas, leyes, pero nos falta infraestructura, personal y no tenemos conciencia. Yo me canso de ver gente en la ruta que tira cigarrillos por la ventana, por ejemplo. Eso es criminal, puede terminar en un desastre. Lo mismo una botella de plástico o de vidrio que terminan tiradas en una ruta o un campo. Eso la sociedad lo tiene que saber y tomar conciencia del peligro. Entonces, más infraestructura, más concientización y ser más estrictos en la aplicación de la ley, las sanciones previstas en la Ley de Manejo del Fuego deben ser de cumplimiento efectivo. Y que la comunicación no culpe al productor, miremos para adentro y tratemos de comunicar mejor del Estado hacia la sociedad.

 

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Eugenio Palopoli

Editor de Seúl. Autor de Los hombres que hicieron la historia de las marcas deportivas (Blatt & Ríos, 2014) y Camisetas legendarias del fútbol argentino (Grijalbo, 2019).

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