IGNACIO LEDESMA
Entrevistas

Fabio Alberti

El actor vive en el medio del campo, en Uruguay, hace tres años. Dice que allá no hay grieta como acá, que no le gusta hablar de política y recuerda cuando le ganó 6-0/6-0 al tenis a Diego Gvirtz.

Vive en Uruguay hace tres años. Se fue antes de la cuarentena, de la pandemia, de las restricciones. Se fue antes de que el mundo se paralizara. En octubre de 2018, Fabio Alberti (Buenos Aires, 1964) dejó la ciudad y se instaló en una casa que había comprado 13 años atrás en medio de la nada, cerca de un pueblito de 88 habitantes llamado Edén. Se fue solo –sin hijos, sin esposa– y armó un comedor gourmet para viajeros. Por eso, cuando un año y pico después el aislamiento se puso de moda, bromeó, parafraseando a Andrés Calamaro: “Yo ya estaba aislado mucho antes”.

A los 57 años, el actor no piensa en volver, se lleva bastante bien con la tecnología y acepta charlar por videollamada, mientras camina por su campo, al atardecer.

Sos un adelantado. Te fuiste a Uruguay mucho antes de que se vayan un montón de argentinos. ¿Por qué?

Estaba cansado de pagar un alquiler en Buenos Aires, tenía la casa acá y dije: “Bueno, me voy a vivir a Uruguay, me voy para allá, después veo”. Y así fue. Me vine sabiendo que iba a ser rústico, duro, de hacerse un poco de abajo, pero justo al poco tiempo coincidió lo de la pandemia y me agarró en el mejor lugar que me podía haber agarrado.

Porque a vos te gusta estar solo, otro quizás enloquece ahí aislado.

Bueno, pero justamente en Argentina te obligaron a estar solo también. Acá en Uruguay, dentro de todo, se manejó bastante bien. Hubo un momento en que se complicó un poco, pero en general, incluso el primer año, fue muy tranquilo y más o menos la vida continuó bastante normal. Yo estoy a siete kilómetros de un pueblo muy chiquitito, pero estoy a 30 kilómetros de la playa, a 40 kilómetros de Punta del Este… Todos los miércoles me junto con amigos a almorzar, tengo una vida social si quiero.

¿Incluso durante la peor época de la pandemia fue así?

Sí. Iba a restaurantes y trabajaba, obviamente con poquita gente, al aire libre. Pero dentro de todo se siguió.

¿Y pensabas “de la que me salvé no estando en Argentina”?

Sí, seguro. Acá fue bastante relajado. Sí se suspendieron las escuelas unos meses, pero como mi vida no cambia si se suspenden las escuelas, la pasé bastante bien. Y con el tiempo fui desarrollando más cosas, conociendo más gente, teniendo más actividades. Este año trabajé bien, estuve grabando una serie para Amazon en Montevideo…

¿Qué serie?

La segunda temporada de El presidente, con Andrés Parra, dirigida por Armando Bó. Una producción tremenda. Hice del almirante Lacoste, porque esta parte cuenta la época del Mundial ’78 y del ’82. Así que chupé gente, torturé y maté. Yo era Lacoste y Favio Posca hizo de Videla. Estuvo bueno, fue una buena experiencia. Después grabé una participación en una película con Rodrigo Noya, una road movie. Y ahora me acaban de llamar para una serie el año que viene. Se generó un polo audiovisual en Uruguay, se está grabando un montón acá.

¿Tenías la fantasía de irte de la Argentina?

Yo no tenía la fantasía de nada. O sea, sí quería vivir un poco acá: estoy en el medio de la naturaleza, en el medio del campo. Aprendí un montón de cosas que en la ciudad no hubiera aprendido. Ya estaba un poco cansado de la ciudad en sí. Pasé los ’80, los ’90, los 2000… La ciudad ya me dio todo lo que me podía dar. Y esto es otro estilo de vida. A lo mejor, al principio, mi idea era vivir seis meses acá y seis meses en Buenos Aires. Pero bueno, las cosas se dieron como para venir y quedarme. Entonces vine y me quedé, y por ahora está todo bien. Hay muchos argentinos acá, tengo muchos amigos por la zona, está bueno. Y la verdad, y lamentablemente, no extraño nada de Buenos Aires. Me sorprendo de mí mismo. Será porque estoy bien.

¿No extrañás a tus hijos?

Mis hijos ya están grandes. Y allá yo vivía a 15 cuadras y hablaba menos que ahora. Porque al final, como estás cerca no te ven, no te hablás, está todo bien. Por lo menos así, a la distancia, te hacés una videollamada, te mandás un mensajito.

Te tuviste que ir lejos para que te dieran bola.

Sí, totalmente, para que te pregunten cómo estás.

¿Tienen la esperanza de irse del país también?

No, estudian y trabajan. El menor tiene 22 años y se acaba de recibir de psicólogo en la UBA. Los otros trabajan, así que cada tanto vienen, ahora con lo de la pandemia y todo no han venido, tienen sus cosas también pero ya vendrán para acá de visita unos días.

¿Estás atento a lo que pasa en la Argentina? ¿Ves noticieros? ¿Leés los diarios?

TN y C5N que son los que se pueden ver por YouTube. Y el programa que quieras ver, a la hora un extracto del programa está subido a internet, entonces si querés, podés ver. Yo escucho radio, hago zapping… Pero más que nada porque me gusta escuchar un ruido.

¿Pero te afectan las cosas que pasan? ¿Tenés opinión? Entiendo que a los argentinos que viven afuera se los condena por opinar. ¿Cómo vivís eso?

Es raro. Es como ¿qué vas a opinar desde allá de lo que pasa acá?

Pero, ¿por qué no? ¿Cuál es el problema?

No, por eso. Mi familia está allá, mis hijos están allá y soy argentino, por supuesto. Pero en realidad no opino porque no me interesa opinar, mis opiniones me las guardo para mí en todo caso. Sí creo que, bueno, está complicado, no está fácil, pero nunca estuvo fácil Argentina, así que tampoco es nada nuevo. Desde hace 30 años que se escucha mas o menos lo mismo, no varía mucho me parece. Los problemas siguen siendo los de siempre, digamos. ¿La inflación es nueva? No, tuvimos siempre inflación.

¿No te parece que hay diferencias, hay distintos problemas? Hay algunos problemas que parece que llevan hacia una construcción y problemas que llevan hacia una destrucción.

Sí, no sé, en mi experiencia uno ya descree de todo y la verdad que mucho no ha mejorado en muchos años, uno ve las mismas miserias, los mismos problemas, yo qué sé. Trato de ocupar mi cabeza en escribir, en otras cosas, obviamente me entero de lo que pasa, pero tampoco convivo con eso todo el día. Sé que está difícil, pero yo estoy acostumbrado a arreglarme con lo que tengo: cuando tengo, tengo y si no tengo, no tengo. Acá hay una huerta, vecinos… Comeré lo que hay, mientras tenga para pagarme las dos o tres cuentas básicas que tengo que pagar, que son mínimas, después no necesito mucho más, tampoco tenía mucho más allá.

¿Tenías trabajo?

Hacía cine, teatro cada tanto. Es más, cuando vine acá el primer año, al principio iba y hacía teatro en Buenos Aires. Después con la pandemia se cerró el teatro y no hice más. Y también antes de venirme tenía mi puesto de comida. Pero la última época, que fueron los últimos meses de Macri, ya estaba todo mal económicamente, estaba bastante mal la situación, estaba todo medio podrido, estaba complicado, así que en ese momento fue cuando dije “Bueno, me voy”.

Es como si hubieses visto el futuro.

Agarré y me fui, nada más. Fue en el momento justo. Tengo varios amigos y vecinos que tienen casa acá, que venían una vez por mes, a pasar unos días, a ocuparse un poco de la casa y estuvieron un año y pico sin poder venir porque no pudieron por las restricciones. Hablaban conmigo y me decían: “Me quiero matar, quiero ir a mi casa y no puedo”. Porque no se podía salir del país, porque no se podía entrar, recién se abrieron las fronteras para los propietarios hace poquito.

¿Y vos en qué situación legal estás en Uruguay?

Tengo la cédula uruguaya, no llega a ser ciudadanía.

¿Cómo son los uruguayos con los argentinos?

Yo estoy en un lugar bastante particular, en el interior. Mis vecinos uruguayos muchos son gauchos, yo qué sé. No sé si nos quieren tanto como dicen, pero en general bien, muy buena onda con toda la gente. A veces se supone que estamos tan cerca, que somos rioplatenses, que somos hermanos entre Uruguay y Argentina porque estamos cerquita y algo que yo pienso desde hace muchos años es en qué momento fue que nosotros nos embrutecimos tanto, ¿no? Me parece que nos hemos embrutecido un montón y Uruguay es especial. Acá tienen Ley de Aborto desde el año no sé cuánto, matrimonio igualitario desde 1920, marihuana libre… Están como un poco mas allá.

¿Hay grieta?

No, por lo menos no lo sentí. Yo tengo un grupo de amigos, con los que comemos todos los miércoles, la mitad son uruguayos, la mitad argentinos, hay algún francés, dos italianos, hay mucho extranjero acá. Tengo vecinos belgas, canadienses, estadounidenses, franceses… Vienen acá y pueden comprar hectáreas, cosa que en Europa no se puede. Entonces hay una comunidad bastante variada.

¿No hay tensión política?

No. Me ha pasado de pasar por una calle y que esté el Frente Amplio de un lado y los Colorados del otro, o no sé cuáles son, pero uno enfrente del otro. El semáforo se pone en rojo, bajan al medio de la calle todos con una banderita, pipipí, el semáforo se pone en verde, se suben a la vereda y vos pasás. Yo no me imagino en Argentina de un lado de la vereda kirchneristas y del otro lado de la vereda macristas en una misma manifestación, la convivencia acá es más lógica, más normal.

¿A vos te afectó en algún momento la grieta en la Argentina?

Es que yo nunca me metí demasiado tampoco. Me metí en algún momento y después dije “mejor me callo la boca” y no dije más nada. Y como trabajé solo últimamente, no me afectó la política. Sí me afectó la política cuando me puse a hacer Duro de domar y Diego Gvirtz sabía perfectamente que se quería ir de Canal 13 y Suar quería que se fuera porque el tipo ya tenía todo arreglado para irse a Canal 7. Uno estaba en el medio y poniendo la cara como un boludo, sin saberlo, pero yo qué sé, tampoco me afectó tanto.

¿Por qué decís “hablé y después preferí callarme”? ¿Pasó algo que no pudiste seguir diciendo lo que pensabas?

En un momento dije algo y entonces sale alguien a decirte: “Che, saliste en todos lados…” Uno no tiene conciencia o noción del peso que tiene la palabra de uno a veces, entonces después al día siguiente dicen “dijiste tal cosa” y no, pará, en qué me estoy metiendo, no digo más nada, me guardo mi opinión para mis amigos, para mi entorno y para mí, no es mi trabajo, no es mi pasión tampoco, no soy un apasionado de la política. No estoy en ningún lado porque me considero bastante independiente y libre para pensar lo que quiera pensar.

¿Sos republicano?

No sé, no soy nada. Pienso que no es tan difícil. Me parece que si las autoridades, los gobiernos, respetan la Constitución, no hay mucho más que inventar.

A veces no se la respeta.

Bueno, está bien, ahí ya estamos mal, pero con eso ya tenemos para arrancar, mientras empecemos a respetar un poquito, ya está. Ojalá que Argentina esté mejor de lo que está. No creo que me toque a mí verla, creo que va a llevar muchísimos años reformular un montón de cosas, me parece que no será de un día para el otro. Ojalá, sea el que sea, no me importa quién, ojalá exista alguien que pueda sacar al país adelante, nada más.

Antes mencionaste a Diego Gvirtz, ¿seguiste en contacto con él?

No, no. Trabajamos ese tiempo y nada más.

Pero te quedó una anécdota para siempre.

Sí. Antes de que empecemos el programa, en una reunión salió el tema de que el tipo iba a jugar al tenis todas las semanas. Yo iba también y dijimos “bueno, vamos”. Nos encontramos, fuimos a jugar en Núñez o Belgrano, en alguna cancha en algún lado. Le gané 6-0/6-0. Y yo me obsesioné cuando iba ganando así, dije “no quiero que me gane ni un game”. Y bueno, no jugamos más.

Era tu patrón y lo liquidaste.

Sí, quería humillarlo plenamente y después poder contarlo.

Hace unos días tuvo un episodio policial. Se llevó un auto que no era suyo.

Me enteré. Una situación extrañísima, llevarte el auto de la hermana de Alan Faena en el Faena creyendo que es tuyo y terminar detenido… Es raro.

Es un sketch de Todo por 2 pesos.

Bueno, ¡yo que sé! Le puede pasar a cualquiera. Yo alguna vez me quise subir a un auto pensando que era el mío. Alguna vez me pasó dejarlo estacionado en un lugar y en la misma cuadra ver un auto igual. Abrí la puerta y había una persona adentro, una señora que me miró y casi grita. “Ay, no, perdón, perdón, me equivoqué de auto”. Pero de ahí a subir e irte andando ya es otra cosa.

Este año participaste del programa de Jorge Rial. ¿Tenías libertad para hablar de actualidad?

Eso fue este año, no me acordaba, me hiciste acordar. Ellos me tiraban temas y me mandaban algún link, era más bien sobre el espectáculo, tampoco era una investigación sobre el covid.

Era raro ese dúo con Rial.

Lo que pasa es que yo tenía la ventaja de hacerlo desde acá, o sea, me grababa yo con el teléfono, se lo mandaba, duraba un minuto y ellos lo ponían al aire así que no tenía mayor contacto. Sólo con una productora que me decía “hacé algo sobre esto” y listo. Sabía que iba a durar poquito porque todo dura poco en mi vida televisiva. Entonces les dije: “Yo estoy viviendo en Uruguay, no me puedo ir a grabar todas las semanas, no me voy a ir a Argentina a trabajar cuando no me rinde”. Y bueno. “Pero queremos que estés”, me dijeron. Pensé que como iba a durar poco y no me iban a indemnizar, les pedí un buen teléfono. Me lo mandaron y esa fue mi indemnización antes de empezar a trabajar.

¿Cómo te enteraste que se terminaba el programa?

Me avisó un productor. Me llamó por teléfono antes de que lo diga Rial al aire. Me dijo: “Mirá, hoy va a salir al aire, va a ser el último programa… quiero que te enteres por mí y no por la tele”. Mirá qué estupidez, porque tendría que ser siempre así, pero se lo agradecí porque nunca fue así, siempre me enteré por el diario o fui a grabar y me dijeron “volvete, no grabamos más”. Siempre la falta de respeto por sobre todas las cosas.

¿Te afectaba eso de la Argentina?

Sí, obvio. En Argentina nos hemos acostumbrado a vivir de una manera que no está bien, uno naturaliza y es normal esto y es normal aquello pero no debería serlo. Cuando vivís en otro lugar donde las cosas funcionan con cierta normalidad decís “ah, bueno, claro”.

¿Y si no lo normalizás?

Lo padecés, tenés que convivir con eso y te la tenés que fumar. Es así la vida y la vida es así, cuando la vida no debería ser así, debería ser de otra manera.

La discusión esta semana fue por el pase sanitario.

Sí, no estoy muy al tanto. Igual me parece medio raro, porque hay sectores que ya lo están haciendo, otros que no, no saben qué hacer, pero a la vez están convocando a una marcha… Entonces decís: “Bueno, pase sanitario pero con marcha”. Todo es ridículo, todo es absurdo en Argentina, te das cuenta de que se cagan en todo y que les chupa un huevo. Te tuvieron encerrado todo un año y cuando venían las elecciones y vieron que perdían dijeron “listo, vamos todos y llenemos las canchas”. Siempre fue así, lo único que les importa es su beneficio, no es que estén pensando en la gente.

¿Qué opinas de la fiesta de cumpleaños de Fabiola, en plena cuarentena?

Obviamente hay gente con privilegios y gente que no. No debería ser así. Pero bueno, ahí está la Constitución, somos todos iguales ante la ley, somos todos iguales ante todo pero después no somos todos tan iguales. Si se respetara la Constitución y todos fuéramos iguales y todos tuviéramos los mismos derechos ¡listo! No hay que inventar nada, ya está inventado, hay que cumplirlo nada más.

¿De joven eras idealista, de salir a protestar o cómo eras?

No, creo que era bastante parecido a lo que soy ahora, me parece que en ese sentido tengo cierta coherencia, pero nunca estuve en política ni en militancia por nada tampoco. Era más anarquista si querés. Quizás más de izquierda… Pero no es que antes era de izquierda y ahora soy de derecha. Que cada uno haga lo que quiera. No cambió mi pensamiento con los años y ahora soy un viejo cascarrabias, no. No me pasa. O por lo menos, trato de que no me pase. Ahora, si querés hablar con la “e” me parece bárbaro, hablá con la “e”, pero no me obligues a mí a hablar con la “e”. No me quieras imponer algo porque no tengo ganas, vos podes hacer lo que quieras y dejame a mí hacer lo que yo quiera.

Tolerancia.

Claro, pensá lo que quieras, me parece bárbaro que defiendas los valores que defendés. Al final de cuentas, todo el mundo quiere lo mismo, sea de la idea política que sea, supongo que todas las personas quieren vivir bien, tranquilos, que su familia esté bien. Creo que más o menos todos tienen las mismas prioridades. Que después nadie se pueda poner de acuerdo para que eso sea un bien común para todos bueno, yo que sé, estará la política y ahí ya me mareo.

La mayoría de los actores apoya al kirchnerismo. ¿Vos estás en ese grupo?

No. Y tampoco estaría en ningún grupo. Yo no me saco una foto con un político ni loco. No quiero quedar pegado a nada, no quiero que me peguen a alguien, por más que pueda estar de acuerdo con alguna campaña o algo, igual no me meto en política, paso, porque no sé si mañana me van a cagar. Quizás me pego a algo o pongo la cara por algo que yo considero que es justo, que está bien y después digo: “Ah, mira cómo me cagaron, quedé pegado como un boludo con esto”. No le presto mi cara a nadie.

No digo tanto como sacarse una foto. ¿Tampoco te animás a decir si sos peronista, antiperonista, si te gusta Milei…?

No me gusta Milei, no soy peronista y no soy antiperonista. Tendré algunas convicciones, pero no tengo ninguna línea política, detesto el fanatismo. Si uno dice algo tiene que pensar siempre de esa forma. Todo tiene que ser de esa manera, de esa ideología, cuando en realidad podría ser “estoy de acuerdo con esto y en desacuerdo con otra cosa”. ¿Por qué tenés que estar de acuerdo en todo, defender lo indefendible?

Ver lo bueno y lo malo.

Claro. ¿No te das cuenta de que esto está bien y de que esto está mal? ¿No podés diferenciar un buen político de uno malo? A mí algunos kirchneristas me caen bien y otros no. Lo mismo con… no, los macristas no me cae ninguno bien. A un tipo como Santoro lo respeto. Hay gente que me parece que es valorable. En algún momento llegué a respetar a Sabbatella y después me pareció un cachivache.

A muchos les pasó lo mismo con Sabbatella.

Todos decíamos “mirá qué bien, qué buen tipo, democrático, qué interesante, qué inteligente, un tipo joven en la nueva política”. Y después lo ves y decís “a la mierda”. Pero bueno. Y otra cosa que me molesta de la clase política es que se aferran al poder. Por ejemplo en la pandemia, ninguno dijo “che, loco, esto a mí me sobrepasa, no estaba en mis planes, no tengo la menor idea cómo se maneja, me bajo”. Y esa capacidad que tienen los políticos de ocupar tantos cargos distintos. ¿Cómo podés ser Ministro de Salud y después ser Ministro del Exterior y después Ministro de Agronomía? ¡Qué cerebro! Yo no me animo a tanto. ¿De todo saben? Pasan de ser canciller a ser vocero.

¿Tenés planes para volver a la Argentina?

Por ahora, no. Lo que pasa es que no tengo nada que ir a hacer a Argentina, además que sale un huevo ir, venir… Me encantaría ir y ver a mis amigos pero no me voy a ir a Argentina solamente a ver a mis amigos, entonces no tengo planes por ahora. Me llamaron hace un par de meses para ofrecerme trabajar en un programa de Canal 13, El gran premio de la cocina. Y no me voy a ir dos meses a instalarme en Argentina para meterme en un estudio de grabación doce horas por día, dejar de trabajar acá… A mí en este momento no me sirve ir a ganar en pesos argentinos, no me vas a poder pagar lo que yo necesito para vivir acá, porque es otra relación. El peso argentino acá no sirve para una mierda, entonces ¿me voy a ir a trabajar por pesos para traerme tres dólares acá? No compro ni una pizza.

¿Qué le dirías a los que fantasean con irse del país?

Mucha gente dice “me quiero ir”, sobre todo los jóvenes. Obviamente los jóvenes estarán podridos. A mí me parece que siendo joven, si tenés la posibilidad de viajar, de hacer una experiencia fuera de tu país, te enriquece en todo sentido. Después, los más grandes, con la familia y coso, yo qué sé. Tenés que saber a dónde. Yo me vine de atrevido.

¿Te considerás un expatriado, un exiliado…?

No, no soy un exiliado, no soy un expatriado. En este momento estoy viviendo en otro lado y tampoco es que estoy en Ámsterdam, Uruguay es bastante parecido y como te dije, hay un montón de compatriotas, chicos que hasta han ido a mi colegio y son diez años más jóvenes. Acá la paso bien. Por ejemplo este fin de semana se arma una feria bastante zarpada, siempre participo, pongo un stand, vendo comida, algún sándwich y en esta voy, debuto con un dúo musical con un amigo de acá. Voy a tocar el cajón peruano. Me subo al escenario con él y hacemos tres canciones. Así que bueno, me divierto haciendo pelotudeces todo el tiempo.

 

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Fernanda Iglesias

Periodista. Trabajo en el diario Clarín, en La Nación, en Radio Mitre con Jorge Lanata y en diversos programas de televisión.

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