LEO ACHILLI
Domingo

Equivocados pero amorosos

Diez cafés con kirchneristas porteños.

No es fácil pescar kirchneristas para conversar cuando uno está del otro lado. Encontré diez buscando en las redes y pidiéndoles ayuda a los amigos que supuse más cerca de ese lado. Hablé con personas amables, convencidas de lo bueno de un Estado gigante, conmovidos con Cristina, con un recuerdo admirado de Néstor que suena algo lejano, en general apáticos o molestos con Alberto, detestando a bajas revoluciones a Macri, cautivados de algún modo por el sex appeal dialoguista de Rodríguez Larreta. 

Van a decir que me moví en la orilla, pero no encontré al monstruo del Lago Ness que nos quiere uniformados en la Patria socialista. Le pedí al vocero de un ministro nacional que me consiguiera algún halcón para charlar un rato. Los halcones son mudos, me dijo. Cinco personas que invité a conversar prefirieron que no por tenerle idea a Seúl.

Las primeras cuadras de la Avenida Triunvirato se parecen un poco a la Vía Veneto si le ponés ganas. Una camioneta Mercedes Benz encerró a un taxi. El taxista le gritó “macrista puto”, con el kirchnerista Matías Eltis nos reímos, estábamos buscando un bar. 

“En Cambiemos mandan a emprender al que cerró el bar, como si emprender fuera algo fácil, como si salieran doscientos Galperines por minuto. Galperín es un crack, pero hay que ver de dónde vino, cómo lo ayudaron, si solo sirve ser Galperín queda muy poco lugar”, me dijo Matías, que se puso de novio con una chica que criticaba las carteras de Cristina y la fue volviendo K aplicando psicología inversa: “Ella puteaba y yo no le discutía, se fue convenciendo sola”.

Me pareció que para Matías la corrupción es menor si es un mal de muchos. “¿Cuántas personas comunes que evaden impuestos dicen que Cristina es corrupta? A Cambiemos no lo lidera Zamora, que se tomaba el colectivo”, me dijo.

Matías se puso de novio con una chica que criticaba las carteras de Cristina y la fue volviendo K aplicando psicología inversa.

“Lo respeto a Macri porque no cualquiera llega a ser Presidente, pero hizo toda su vida al margen de la ley. Con los autos tuvo condenas que lo salvó la Corte Suprema”, me dijo. De todas maneras le reconoce algo: “Macri hizo muy bien instalando la idea de que la luz no se puede regalar”.

Matias cree que cambiar las leyes laborales sería una revolución de despidos, no una revolución de empleos. Es un chico judío prolijo al sol de la mañana que banca el barro de la política porque lo considera necesario. “La droga existe, circula y está. No es solo de Aníbal Fernández. Yo no sé si es la Morsa pero ¿por qué tengo que entender que es solo de un sector?”, pregunta. 

Continuando en la defensa del club de los terribles, Matías rescata a Moyano. “No es un santo, pero la solución no es sacarlo y que Camioneros pase a ser un sindicato de mierda y que los empresarios paguen lo que quieran. No hay que olvidarse de todo lo que consiguió Moyano, los camioneros tienen muchos derechos”, me dijo. Matías trabaja en una multinacional: con Cristina las paritarias empataban la inflación; con Macri, dice, quedaban a la mitad. Me pareció razonable en este punto no querer quedarse atrás.

Continuando en la defensa del club de los terribles, Matías rescata a Moyano.

Matías tiene la idea de que Argentina es un país que funciona con reglas especiales. Por ahí tiene razón: son 500 años de tomala-vos damela-a-mí entre regulador y el regulado. “La idea de aplicar el manual de economía y meterlo como sea no va en la Argentina”, me dijo. 

“Cuando las cadenas nacionales de Cristina me hinchaban las pelotas apagaba la tele. A mí Cristina no me parece insoportable, pero entiendo a la gente a la que le parece insoportable”. Le dije que a mí Cristina me conmueve como me conmueven todos los bipolares. Le conté que me di cuenta escuchando canciones de Townes Van Zandt, que también era del gremio. 

corazones partíos

En el bar Crisol, de la calle Virrey Avilés, Emilia se ríe de sus propios chistes como si la sorprendiera ser graciosa. Es politóloga e hizo un doctorado en Estados Unidos.

Emilia es pesimista sobre el futuro electoral kirchnerista. “Hay muchas posibilidades de que el gobierno pierda las elecciones de 2021 y en 2023. En recesión pierde el que gobierna, eso es de manual. Lo único que tenemos para mostrar es una gestión aceptable en vacunas”, me dijo.

“Néstor fue mejor presidente, pero la quiero más a Cristina. Muchas de las cosas que le critican se las dejarían pasar si fuera un chabón”, me dijo. Para Emilia la mejor mujer de Cambiemos es Patricia Bullrich, por despeinada y auténtica. “A las mujeres políticas del PRO las tenés a todas hablando igual, coucheadas para parecer buenas. Soledad Acuña es mala y habla como buena, yo la prefiero mil veces mala”, me dijo.

“Néstor fue mejor presidente, pero la quiero más a Cristina”, me dijo Emilio.

“Macri y el segmento más cheto del macrismo creen que el país no los merece”, siguió Emilia. “Dicen «nosotros intentamos gobernar a estos negros, pero no se dejaron gobernar»”. No le discutí porque me salía estar de acuerdo en cualquier cosa. Hablamos hasta que se hizo de noche, insistió en pagar, me invitó un licuado de frutilla, una coca sin azúcar y una medialuna. A cambio la ayudé a mejorar el gesto de pedirle la cuenta al mozo.

Luis Tibiletti tiene 71 años, es capitán retirado del Ejército, fue secretario de Seguridad en el gobierno de Néstor Kirchner y es director de la Escuela de Defensa Nacional. Además está canchero en el uso del zoom y como yo no sabía cómo hacerlo se ocupó de grabar la conversación y mandarme el archivo.

Para Tibiletti la cosa con Cristina fue a primera vista. “En los 2000 teníamos un grupo de peronistas. Uno era el Gordo Valdés, un día nos dijo que había una senadora de Santa Cruz que le había llamado la atención. Cristina vino, habló media hora y quedamos todos absortos porque no podíamos creer el pedazo de cuadro que habíamos tenido adelante. Cuando Néstor empezó a convocar nos fuimos todos de cabeza”, me dijo.

Cristina vino, habló media hora y quedamos todos absortos porque no podíamos creer el pedazo de cuadro que habíamos tenido adelante.

“Néstor entendió el momento. De La Sota no, por eso su candidatura no prendió, por querer ser el candidato de la potencia dominante”. Para Tibiletti la hegemonía de Estados Unidos estaba pasada de moda y eso fue lo que no entendieron peronistas como Toma, Duhalde y Grosso, que estuvieron con Macri como quien elige lo viejo.

Tibiletti es orgánico y defiende al Presidente. “Estoy todo el día discutiendo con los compañeros que dicen que Alberto es flojo y que no comunica bien. Alberto es capaz de juntar siempre el agua y el aceite. Cuando yo era secretario de Seguridad me peleaba con Aníbal, que era mi jefe, y Alberto lograba que pudiéramos funcionar”, me dijo.

Para Tibiletti hay muchas chances de que Alberto Fernández vuelva a ser presidente si a partir de septiembre u octubre se reactiva la economía al ritmo de las vacunas. “A nadie se le va a ocurrir sacarlo a Alberto si camina lo sanitario”, me dijo.

Le pregunté si no le preocupa la comunicación de gobierno. “La oposición es impresentable, ponen a hablar a lo peorcito que tienen, así que para qué vamos a preocuparnos por la comunicación, si lo que importa es el virus. Vacuna, vacuna, vacuna”, terminó.

cristina brillante

Hilda tiene 82 años. Se dedicó al derecho laboral representando a empresas demandadas. Dice que el verdadero drama es, como dice Jorge Asís, el después de la pandemia, cuando las empresas se den cuenta de que pueden seguir funcionando con la mitad del personal.

“Con esta pandemia no se puede tener una visión de cara o ceca de la política, es muy infantil ser del PRO o de este lado. El mundo cambió, hace falta otro modelo, tiene que venir un capitalismo moderado”, me dijo.

Hilda admira a Cristina: “Es una mujer política brillante. Cuando fue presidenta no estaba tan claro el rol de las mujeres”. 

Para Hilda el PRO no ayuda a gobernar y por eso no ayuda a la república. “Hay que dejarse de joder con mensajes desestabilizadores, a Macri lo veo queriendo escalar”, me dijo. 

“Alberto en algunos momentos es demasiado infantil y en otros demasiado brillante”, dice Hilda.

Hilda tiene consejos para el Presidente. “Alberto en algunos momentos es demasiado infantil y en otros demasiado brillante, como ser humano todavía le falta el medio. Cuando era gobierno el PRO nunca contestaba cuando los peronistas lo criticaban, ahora Alberto se excede en contestar”, me dijo.

Hilda me pidió que incluya en su testimonio un mensaje de esperanza. “Hay que sacar a la pobreza de lado, hay que tratar de hacer las cosas mejor de como las hacemos”, me dijo.

estrellas de twitter

Sebastián Fernández es una estrella de Twitter, su cuenta @rinconet tiene ocho veces más seguidores que la mía, eso me daba malhumor. Ahora me cae bien: habla lento, con la tranquilidad de la gente a la que le va bien.

Lo que me cuesta entender es que crea que en este país hay margen para seguir cobrando impuestos que son imposibles de pagar. “Es razonable que un comerciante te diga que lo ahogan los impuestos y que los sueldos son muy altos y que las cargas sociales son muy altas. Lo dicen comerciantes acá y comerciantes en Francia. El tema es que la rueda que a mí me gusta funciona con sueldos altos, con cargas sociales altas, con gasto público alto”, me dijo.

Sebastián es arquitecto, viene de una familia que él llama gorila, se copó con Alfonsín en los ’80, creía que el peronismo era parte del problema hasta que se deslumbró con Néstor. “Ejercía el poder de forma impaciente. Las decisiones que tomó, el pase a retiro de generales, hacer foco en empleo, en aumento de jubilaciones”, recita como ejemplos de las cosas que lograron convertirlo en peronista.

Sebastián creía que el peronismo era parte del problema hasta que se deslumbró con Néstor.

Para Sebastián, Macri tiene el gran mérito de haber armado el PRO, un partido “con sex appeal electoral y una pata peronista”, Rodríguez Larreta no tiene carisma pero es un gran armador y Patricia Bullrich una saltimbanqui que cumple con todos los lugares comunes de la derecha extrema, que sale a la calle y está sobrerrepresentada en los medios.

“Macri tiene un carisma raro que a mí me hace acordar al de Bush hijo. Ni el mejor amigo de Bush hijo diría que es un tipo inteligente, pero genera un tipo de carisma de no ser una luz, no ser un trabajador incansable pero querer que las cosas le salgan bien”, me dijo.

Para Sebastián Cambiemos está dominado por el ala dura. “Esto te carcome el poder de negociación con lo que está enfrente, porque si el partido es del bien contra el mal no hay negociación posible”.

Sofía: “Si quiero ser algo cuando sea grande, o más grande, es tener la posibilidad de discutir como discute Cristina”.

Como el resto del mundo humano, Sebastián siente simpatía por Federico Pinedo. “Es uno de los pocos dirigentes que se definen como conservadores, siempre me pareció un opositor al kirchnerismo lúcido”, me dijo.

“Si quiero ser algo cuando sea grande, o más grande, es tener la posibilidad de discutir como discute Cristina”, dice Sofía, 29 años, estudiante de Derecho que habla en inclusivo para decir que le gustab quedarse hasta el otro día hablando de la vida con amigues en bares.

Alberto no le mueve mucho el amperímetro. “Es un tipo tremendamente formado, pero no es un perfil de representante que a mí me interese. Está demasiado en el centro y a mí me gustan las cuestiones más disruptivas, pero el chabón está bancandose todas las piñas, así como se lo ve, medio hecho mierda” me dijo.

“[Alberto Fernández] está demasiado en el centro y a mí me gustan las cuestiones más disruptivas”, me dijo.

Para Sofía el kirchnerismo es la versión del peronismo para los que fueron niños en el neoliberalismo. “El kirchnerismo nos vino a enseñar que la política no es cosa de cuatro señores edad promedio, blancos y heterosexuales, sino que todos los que se consideran minoría tenemos que participar de un proceso colectivo de transformación”, me dijo.

Para Sofía la pandemia barre abajo de la alfombra que el gobierno de Macri fue uno de los peores de la historia. En cambio cree que Rodríguez Larreta hace bien lo que cree y lo sabe transmitir, pero aclara que la tiene más fácil porque “Buenos Aires es una de las ciudades más ricas del mundo”.

kirchneristas vs peronistas

Seller Best prefiere aparecer en esta nota con su nombre de Twitter. Desayunamos yogur con granola en un Café Martínez que antes era un bar tradicional de gallegos que cerró por la pandemia.

“Yo me siento peronista”, me dijo. “Cómo decía Néstor, nos dicen kirchneristas para bajarnos el precio. Ustedes nos dicen kirchneristas para que no se ofenda Pichetto, perdieron las elecciones por pensar que Massa, Uñac, Manzur, son kirchneristas y no peronistas”. 

Seller Best sufrió la grieta en carne propia y piensa que es culpa del otro lado. “Hay macristas que dicen que no hay que tener amigos peronistas. Yo perdí un amigo por eso. Cuando el peronismo ganó las elecciones decidió no hablarme más, fue muy doloroso y todavía me sigue doliendo”, me contó.

Yo perdí un amigo por eso. Cuando el peronismo ganó las elecciones decidió no hablarme más, fue muy doloroso

Seller Best le resta importancia a que en el peronismo pongan a los jefes en un lugar un poco sobrehumano. “Si se juntan 20 pibes a aplaudir a Kicillof en una plaza ustedes arrancan con la del culto al líder”, me dijo.

Para Seller Best la grieta tiene lagunitas tibias de encuentro. “Yo comí asados con un montón de macristas que antes de conocerlos pensaba «este debe ser un gorilazo» y después me resultaron simpatiquísimos”, me dijo.

forastero en mussetta

Valentino Cappelloni y yo nos dimos cuenta apenas empezamos a hablar de que los dos conocemos a una chica que se llama Wanda. Como se hace en estos casos exageré mi relación con la chica, para festejar dos mundos que se acercan.

Valentino se viste de negro y tiene cara de espía soviético. Nos encontramos en Mussetta, un bar en Billinghurst y Tucumán. Había dos mesas de chicas que me parecieron kirchneristas y me miraron con la curiosidad con que se mira a un forastero. 

Valentino me dijo que Néstor demostró que con la política es posible cambiar las cosas y que Cristina es la política más inteligente de todo el arco político, porque renació.

Alberto lo hace resoplar, me dijo que trabaja de jefe de Gabinete más que de Presidente, que es una máquina de pagar costos gratuitos, me quedó claro que no lo quiere nada y que hacía un esfuerzo por no cargar las tintas.

Alberto lo hace resoplar, me dijo que trabaja de jefe de Gabinete más que de Presidente, que es una máquina de pagar costos gratuitos.

Valentino tiene 29 y es de Mar del Plata, me dijo que la dictadura es el gran trauma argentino y que la gente que tiene melancolía de la dictadura está en el macrismo.

Le pregunté por el kirchnerismo y Venezuela. Me dijo está en mi imaginación que el gobierno tenga simpatía por Maduro, que no condenar no es simpatía, es el ejercicio político inteligente y oscilante que sabe hacer el peronismo.

Valentino me dijo que el kirchnerismo tiene simpatía estratégica con China y Rusia y que está bien porque esos países se van a comer al mundo. Le pregunté si no le preocupa la posibilidad de tener que vivir calladito la boca, me dijo que prefiere un país sin pobreza y con menos libertades individuales. “La gran mayoría va a elegir no cagarse de hambre y no tener esa libertad”, me dijo. 

Llegó a la vereda del bar una chica acompañada de un guitarrista y anunció en lenguaje inclusivo que iba a cantar unos tangos. Me quise matar. Valentino dijo estar a favor del arte pero no lo noté muy entusiasmado. 

La gran mayoría va a elegir no cagarse de hambre y no tener esa libertad”, me dijo.

Sebastián es ingeniero industrial, tiene 33 y habla con tonada chaqueña auspiciada por Alplax. Se hizo kirchnerista mientras estudiaba becado en Alemania y leía noticias de Argentina. “Me pareció muy fuerte el tema de Derechos Humanos, cuando empezaron a ir militares a la cárcel. Yo veía que lo hacían por convicción, no para la tribuna”, me dijo.

En su familia están todos del otro lado. Cuando estudiaba becado le decían que era kirchnerista por la beca, ahora que paga Ganancias le preguntan si es masoquista por no cambiar de opinión.

A Sebastián no le gusta el Alberto del piquete de ojos. “Tiene más para ganar siendo moderado, se lo eligió para eso, cuando se corre de ahí pierde, ante la adversidad se refugian en el nicho, ante el pánico van a lo seguro, para mí se gana más en el medio”, me dijo.

Tomamos café al sol en una mesa que La Biela le ganó a la vereda. Hace dos años una chica del Chaco le dijo que no tenía plan el fin de semana en Buenos Aires, fueron a tomar una birra a Maldini y se pusieron de novios, ahora se los ve felices en la foto de Whatsapp. 

Para Sebastián en realidad no ganó Macri, sino que perdió Cristina. “En los últimos dos años de su gobierno el kirchnerismo se compró el personaje que los otros le achacaban. Yo ya estaba molesto, se radicalizó el discurso, ahí empezó a decaer, era esperable que se pierda como se perdió.”, me dijo.

Sebastián está en contra de un capítulo fundamental del libro de jugadas de la franquicia que le gusta. “La propaganda es pérdida de tiempo, irrita el de enfrente, no suma”, me dijo. “Lo que haría sería ampliar la TV Pública, que cada partido tenga un programa”.

Me dijo que ya casi no mira C5N, pero que al principio le gustó mucho que la imagen y los videographs luzcan tan profesionales como los de TN.

peronista y nuclear

Juan Ignacio Gutiérrez es tucumano, tiene 35 años, es ingeniero y trabaja en la Comisión Nacional de Energía Atómica. Me impresionó que me dijera que es especialista en reactores nucleares, me pareció que le parecía importante decir que vive con la novia.

También suspira por otra chica. “Cristina es la persona que admiro más. No me imagino a alguien capaz de soportar lo que soportó Cristina en los últimos años. Me convencí de que no es culpable de nada, de que es una total persecución que le hace el poder económico a través del Poder Judicial y de los medios de comunicación, es lo que que está detrás del macrismo”, me dijo.

“Me molesta que Alberto gestione la pandemia tratando de complacer a todos. Tendría que decidir de manera más urgente, que es para lo que la gente lo ha votado. Alberto está gobernando para la gente que no lo votó”, me dijo.

Se ve que Juan Ignacio a Macri no lo quiere. “No quiero sonar despectivo, pero no le da la cabeza”, me dijo. Y agregó que a Rodríguez Larreta lo protegen los medios: “Cuando pasa algo malo es culpa de la Nación y cuando pasa algo bueno es gracias a Larreta”.

Para Juan Ignacio la suerte electoral del gobierno depende de las vacunas: “Cuanto más tiempo tengamos que cargar con esta mochila más complicado se vuelve. eso me preocupa”, me dijo.

Mi amigo yo caminamos para Once a las nueve de la noche. Hoy los millones de argentinos que son pobres se empiezan a cagar de frío. Mi amigo me jode porque uso barbijo del Conicet, que es de kirchnerista. A su mujer y a él cualquier cosa que tenga que ver con el Conicet les resulta una cagada. Un poco ya me había parecido que eran de kirchnerista, a los presentadores de la TV Pública se los ve usándolos como si fueran una escarapela, mi amiga que me los recomendó andaba en el comunismo hace unos años.

No hay nadie en la casa de empanadas. El chico que atiende tiene la moral alta propia de la buena juventud, pero es obvio que hoy empanadas no se venden. Hay que tratar de no hacer caso a boludeces, nos igualan el miedo, es el momento de una canción marsellesa y amplia. Si no viene de arriba tiene que venir de abajo.

 

 

 

 

 

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Lisandro Varela

Autor de www.50argentinos.com, una herramienta de entrevistas en profundidad que sirve para enterarse de cosas. En Twitter e Instagram es @buenbipolar.

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