JAVIER FURER
Domingo

Confesiones de un troll

No me mandó nadie, usé mi tiempo libre para expresarme en las redes. Esta es mi historia.

El 31 de mayo cumplo diez años de ciberactivismo. Todo empezó con el cacerolazo de junio de 2012. Esa noche yo estaba en mi casa y escuché las cacerolas por la ventana. Ni lo dudé: agarré la cámara y me fui persiguiendo el ruido. Llegué a Coronel Díaz y Santa Fe, donde había gente reclamando. Filmé todo lo que pude y me volví. Prendí la tele y lo vi a Daniel Tognetti en Duro de domar diciendo que la gente que estaba caceroleando era la misma que antes ‘’tocaba la puerta de los cuarteles pidiendo que vuelva la dictadura’’. En 678 decían que ‘’estábamos enojados porque ahora no íbamos a poder comprar dólares para ir a Miami’’. Dicen que la bronca es un buen promotor para la creatividad, así que me senté a editar inmediatamente. El video empezaba retomando la acusación de ellos: ‘’Cristina, es por los dólares’’. Pero continuaba con: “Y también es por la inflación, por la inseguridad, por Antonini Wilson”, etc. Al final se me ocurrió agregarle una convocatoria: jueves 7 de junio a las 18.30 h., todos a Plaza de Mayo.

Al otro día estaba perseguido con que me descubriesen, así que me fui a un ciber a colgarlo con un usuario anónimo, se lo envíe a distintas páginas de Facebook antikirchneristas y se lo pasé a algunos amigos. Fue una de las semanas más intensas de mi vida: imaginate la felicidad de estar en 2012, en tu casa frente a la PC, viendo cómo un video tiene 10 mil visitas, al otro día 40 mil, luego 100 mil. Pero también imaginate el miedo que tenía al leer todos los blogs K que buscaban a supuestos organizadores y los relacionaban con el PRO, la Sociedad Rural, la dictadura, Darth Vader y el malo de la última película de Batman de Christopher Nolan. Fui yo, gente. Un pibe indignado que sabía filmar un video y subirlo a Internet. Nunca creí que un video podría generar eso, pero la marcha se hizo y como cinco mil personas protestaron contra Cristina.

¿Te acordás de cómo insistían con que Marcos Peña tenía un call center en el que le pagaba a la gente para atacar al kirchnerismo? Todavía hoy hablan de los trolls. Ellos siempre subestimaron la posibilidad de que existieran miles de personas como yo, que con sus habilidades en diseño o edición de videos pudieran expresar sus ideas políticas en sus momentos de ocio. Si ir a una unidad básica a pintar banderas contra el FMI es hacer militancia, ¿por qué no lo es expresar lo que querés o no querés para tu país usando la viralidad de Internet? Los famosos trolls no existen: somos nosotros, gente que dice lo que piensa.

¿Te acordás de cómo insistían con que Marcos Peña tenía un ‘call center’ en el que le pagaba a la gente para atacar al kirchnerismo?

Hoy parece fácil, pero en ese entonces no teníamos muchas referencias sobre cómo usar las herramientas digitales para hacer activismo. La campaña de Obama, la Primavera Árabe y pará de contar. Después de ese éxito viral me creé una fan page y empecé a hacer contenido a la par de muchos más que nos animábamos a militar desde el anonimato con nuestras cuentas de Twitter o con páginas como El Cipayo, El Anti K y otras. Sin Magnetto y desde nuestras computadoras colaboramos para organizar el 13S y el histórico 8N. Las fechas las tiraba alguna página y detrás íbamos todos creando posteos de convocatoria. No nos conocíamos entre nosotros, pero todos compartíamos el miedo de que Diego Gvirtz en 678 nos escrachara en algún informe junto a Videla, Magnetto y un Macri con bigotes.

Ese programa, pagado con dinero del Estado para atacar opositores, crió una generación de militantes que aprendieron de política mediante recortes de archivos totalmente manipulados. Todavía recuerdo los intensos debates en redes sociales en los que te cruzabas con argumentos de kirchneristas que repetían los supuestos logros del Gobierno al unísono y de manera superficial: Aerolíneas Argentinas, ARSAT, AUH, Tecnópolis, Conectar Igualdad, Procrear, ProCreAuto, Progresar y decenas de cajas millonarias más.

En esos momento no estaba bueno ser anti K. Varios amigos me bloquearon de Facebook y hasta tuve un jefe que me prohibía escribir en mi muro sobre Cristina. Había una sensación de que, si no pensabas como ellos y no pertenecías a su credo, estabas totalmente lobotomizado por mirar TN o realmente eras mala persona.

En la campaña presidencial de 2015, a las piezas anti K les sumé piezas en apoyo a Macri. Llegaba semanalmente a cientos de miles de personas, en tiempos en los que el contenido orgánico era la gloria y Facebook andaba todavía con pocas ganas de facturar. La verdad es que fue una campaña muy tensa. Incluso después de la victoria: desatornillar al kirchnerismo del poder fue una película de suspenso. Recién me relajé cuando lo vi al Gato bailando en el balcón. Ya está. Chau Cristina. The end. ¿Continuará? “Ni en pedo”, pensé. Así que cerré mi página y dejé de hacer contenido anónimo.

No te dejes correr por izquierda

En 2016 me invitaron a una muestra de arte. Fui a buscar un vino y cuando volví había alguien charlando con mis amigos. De lejos se lo notaba intenso, de cerca parecía recién salido de una unidad básica después de cinco horas de pogo. Era 17 de octubre y nos preguntaba uno por uno si éramos peronistas. Todos dijeron que sí menos yo. Su sonrisa compinche desapareció por completo y me preguntó:

–Y si no sos peronista ¿que sos?
–Nada.
–¿Cómo nada? ¡Tenés que ser de algo!
–No sé, la verdad es que voto siempre al que me parece que es mejor.
–¿Y el año pasado a quién votaste?
–A Macri.
–Ah, entonces vos querés que nos vuelvan a cagar.
–No, mirá, yo creo justamente lo contrario, creo que el país puede mejorar…
–Ah, entonces vos querés que los pobres estén peor.

Le expliqué cordialmente que no me interesaba debatir con él porque no lo conocía y no lo veía necesario. Adiviná si lo entendió. Después de una breve discusión, mis amigos me bancaron y lo sacaron. Yo me quedé en silencio, con su frase sobre los pobres retumbando en mi cabeza, hasta que tuve un “momento eureka“: los kirchneristas y los peronistas tienen un problema de superioridad moral, están totalmente convencidos de que únicamente ellos son solidarios y piensan en los más vulnerables. De repente, ese miedo que tenía en mis épocas de activismo se había ido.

¿Cómo no iba a sentirme mal si me ubicaban sistemáticamente del lado de los antipueblo, antipatria, egoístas, gorilas, buitres, negacionistas de la dictadura, amigo de los ricos y los empresarios? ¿Existe algún argentino orgulloso de estar en esa bolsa? Pero, entonces, ¿nunca hubo dos lados de la sociedad? ¿Todo es una construcción moral inconsciente de gente que necesita identificarse con el bien y luchar contra el mal para encontrarle un sentido a la vida? Ok, ya entendí. Nunca más en la vida me dejé correr por izquierda por nadie.

Perdé el miedo

A esos gobiernos autoritarios que casi todo el mundo eligió condenar para siempre, el peronismo les copió la construcción de un relato divisorio como forma de ganar adhesiones. Este relato necesitó de la inyección de dinero público para armar monstruosos aparatos de propaganda. Con la caída del Muro de Berlín tuvimos unas vacaciones espectaculares de estos relatos, pero volvieron en forma de kirchnerismo y se instalaron en parte de la población. Al rebote de la mayor crisis de la historia le vino bárbaro una épica, y cuando se frenó el crecimiento, empezaron a pegar piñas al aire contra enemigos imaginarios como los oligarcas del campo, los fondos buitres, Clarín, los dueños de supermercados y muchos más.

Ya hace mucho que militamos, las redes sociales ahora son el principal medio de información de las personas y el populismo no encontró la forma de poder dominarlas, aunque lo intente. Cada vez les cuesta más armar una operación o construir una épica porque somos muchos los que debajo de cada posteo estamos desmintiéndolos con datos. Probaron con Víctor Hugo relatando los “vuelos de la esperanza”, pero les recordamos en cada uno de ellos que se afanaron las vacunas o que priorizaron la ideología por sobre la salud. Ya perdieron todas esas banderas morales: ¿cómo vamos a permitir que nos saquen pecho con el orgullo de la educación pública después de que apoyaron hasta el final el cierre de escuelas por la pandemia? “Asesinos de abuelos” les decían a los que mandaban a sus chicos al colegio luego de que Larreta le ganara judicialmente la pulseada a Alberto.

Si bien correrlos por izquierda es una venganza hermosa, es mucho mejor sacarlos de la posición moral que adoptan.

Si bien correrlos por izquierda es una venganza hermosa, es mucho mejor sacarlos de la posición moral que adoptan. Explicarles que vos también querés “el bien”, que sólo lo buscás de otra manera, siguiendo el ejemplo de países del primer mundo que hoy funcionan mejor. Vas a ver que dejando de lado esta absurda discusión sobre quién es mejor persona vas a habitar un mundo más simple: sólo somos personas discutiendo cuál es la mejor forma de organizar un país. Si entendés esto, vas a perder el miedo a expresar tu opinión política para no pelearte con amigos, no perder clientes, no perder un trabajo o las miles de situaciones que pueden suceder si del otro lado tenés a una persona intolerante que se guía por sus emociones.

¿Cómo no va a ponerse tenso el debate si el otro siente que está luchando por los más desprotegidos? ¿Cómo “el gordo mortero” no iba a lastimar a los policías si él creía estar luchando por nuestros abuelitos? No importa el hecho comprobado de que la fórmula que quería bajar a piedrazos haya resultado mejor que la que había, si a él lo convencieron de lo contrario manipulándole una emoción. Ayudalos a bajarse del pony y van a tener una mejor charla.

Expresate en las redes

Ellos usaron recursos de todos para adoctrinar a su gente. Se metieron en universidades públicas, en manuales del secundario, en dibujos animados y en todo espacio público que encontraron. Nosotros no hacemos eso porque sabemos que está mal, pero podemos usar el poder de las redes sociales, que hoy en día es mucho mejor. Te tiro algunos ejemplos:

  • Subí una story explicando que las tomas de tierras son un delito.
  • Compartí un posteo explicando que para reducir la pobreza necesitás que no se putee a los que quieren invertir acá.
  • Retuiteá todo lo que diga tu candidato favorito. Ayudalo a difundir sus ideas.
  • Colgá un video en YouTube explicando por qué pensás que las tarifas de luz y gas no tienen que estar subsidiadas.
  • Hacé un tiktok contando por qué hay que privatizar Aerolíneas Argentinas.
  • Mandá videos educativos a los grupos de WhatsApp.

¿Sos músico? Hacé lo contrario a muchísimos colegas: contá las bondades del capitalismo. ¿Sos artista? Contá visualmente lo importante que es el mérito para poder crecer. ¿Trabajás en redes? Ayudá a viralizar todo lo que encuentres. Hay mucha gente que cree en vos porque te conoce. Usá esa confianza para influir. No hay otra forma. Podrán perder las elecciones el año que viene, pero si nosotros no difundimos nuevas ideas para contrarrestar las suyas, en algún momento van a volver y a reventar la economía otra vez.

Cada persona a la que despertás de la ensoñación del relato es un voto que pierden y que no recuperan más. Si somos intensos y consistentes, quizás se empiece a cerrar la grieta. Al menos hasta que aparezca otro populismo con sus nuevos enemigos imaginarios. Espero que para ese entonces hayamos aprendido la lección.

 

Si te gustó esta nota, hacete socio de Seúl.
Si querés hacer un comentario, mandanos un mail.

 

Compartir:
Juan Etchegaray

Economista. Content Manager Digital en el Ministerio de Transporte 2016-2018. Fundador de Grow Escuela de Internet. Creador de contenidos en Instagram y Tik Tok.

Seguir leyendo

Ver todas →︎

Un monumento conjunto

El juicio por la masacre en el comedor difícilmente traiga justicia y tendrá efectos políticamente nulos. Lo que necesitan las víctimas es ser reconocidas como lo son las de la represión ilegal.

Por Gustavo Noriega

Insoportablemente vivo

Paul McCartney cumple 80 años y se presenta en Glastonbury. El beatle al que se acusaba de “careta”, pero que fue el motor de la banda y el más interesado en las vanguardias, sigue vigente.

Por Sergio Marchi

Ensuciarse las manos

Crónica de una derrota electoral.

Por Manuel Martínez Novillo