Domingo

Voto a Milei a pesar de Milei

Al candidato libertario la falta capacidad, experiencia política y estabilidad emocional, pero el verdadero Godzilla es el sistema corporativo que Sergio Massa representa mejor que nadie.

Voy a votar a Javier Milei y seré uno de sus fiscales el domingo que viene. Creo honestamente que es la mejor alternativa para el país de cara al dilema electoral que enfrentaremos. Subrayo esto en la primera oración porque lo que viene a continuación no es precisamente una apología del candidato ni del estrambótico espacio político cuya boleta meteré en la urna. Soy liberal (desde mucho antes de que Milei tuviese la epifanía que lo hizo saltar del sciolismo a su actual ensalada de conceptos anarco-capitalistas, guiños conservadores y apresuradas lecturas de la Escuela Austríaca) y, sin embargo, no me siento bien representado por el candidato de La Libertad Avanza. ¿Importa eso? No.

Milei pasó de llamarme, desproporcionadamente, “amigo del alma” a llamarme con un no menos desproporcionado “traidor comunista” porque en 2021 fui jefe de campaña de la candidatura a diputado de Ricardo López Murphy, el liberal más serio y decente que tiene la política. ¿Importa eso? No. Creo que Milei está unfit for office: le falta capacidad, experiencia política y estabilidad emocional para encabezar el Poder Ejecutivo de una república. ¿Importa eso? No.

Creo que Milei no ha sabido (¿no ha querido?) suplir sus carencias reclutando a un equipo a la altura del desafío y que la gente que lo rodea –salvo un puñado de excepciones– son de vuelo gallináceo en materia política y solvencia técnica. ¿Importa eso? No. Creo que, de ganar Milei, como espero suceda, se abre un árbol de interrogantes y desafíos respecto a cómo dar viabilidad a las reformas económicas necesarias e insuflarle gobernabilidad a un espacio político raquítico, lleno de advenedizos, permeado de oportunistas e infiltrado por no pocos massistas. ¿Importa eso ahora? No.

Massa es la confusión Estado-Gobierno-Partido llevada al paroxismo, es más uso de recursos humanos y económicos como ariete contra la oposición.

Supongamos que tengo una hemorragia producto de un disparo. Me estoy desangrando. Para salvarme tengo la opción de un estudiante de medicina que, encima, no parece tener todos los patos en fila. Pero la otra opción es elegir al tipo que me pegó el tiro. ¿Qué duda cabe? Ninguna.

Hay cierta coincidencia en que este cuarto mandato kirchnerista fue el peor gobierno desde la restauración democrática. No estaríamos padeciendo esta crisis casi terminal en materia económica y social si no fuera por la vuelta al redil K de Sergio Tomás Massa. El ministro de Economía representa la continuidad de la salvaje patria corporativa, de gremios con más poder que empresas, de la AFIP persiguiendo disidentes, de pauta publicitaria para disciplinar, de las universidades como unidades básicas. Massa es la confusión Estado-Gobierno-Partido llevada al paroxismo; es más uso de recursos humanos y económicos como ariete contra la oposición, como prenda de negociación para hacer clientelismo y como cabeza de playa para su militancia, una versión propia de La Cámpora que ya gira en derredor suyo.

El proyecto de Massa no es más que el original proyecto de Néstor y Cristina Kirchner: lograr una hegemonía política a fuerza de presupuesto y de castigo a la oposición.

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Frente a esto, las idioteces de Milei o los suyos son minúsculas. En primer lugar, porque son mayormente simbólicas. Nadie pretende realmente crear un mercado de órganos a partir del paper de Gary Becker y Julio Elías, derogar el matrimonio igualitario por las absurdas opiniones al respecto de Victoria Villarruel (que, por caso, tampoco son diferentes a las de Cynthia Hotton), o llevar adelante la tontería de privatizar el mar que mencionó un diputado electo sobregirado. Pero, incluso si no lo fueran, si realmente un gobierno de Milei pretendiese llevar adelante estas ideas teóricas y descontextualizadas, lo cierto es que chocarían contra una insalvable oposición de representantes en el Congreso (yo entre ellos), en la opinión pública y en las propias bases electorales. Nadie está pensando en esos temas. Toda esta discusión bizantina ha sido bien explotada para gambetear los verdaderos problemas: inflación, desempleo, estancamiento y pobreza. Es verdad que los propios referentes del mileísmo no ayudan y le suelen errar al arco con increíble persistencia. Pero estoy convencido de que hay que votar a Milei a pesar de Milei.

¿Quién amenaza la democracia?

No menos ridícula me resulta la campaña del miedo sobre “la presunta amenaza a la democracia” que plantea el kirchnerismo/massismo y el ex coreacentrismo mediático e intelectual (hoy ya totalmente instalado en Pyonyang). La democracia goza de buena salud. Vivimos como el traste, no tenemos trabajo y los chicos nacen pobres pero vamos a votar y lo seguiremos haciendo. Nadie quiere desandar el camino inaugurado en 1983. Hay un consenso democrático sólido.

El fantasma de los ’70, la permanente amenaza de la dictadura, es el más viejo y gastado mecanismo de extorsión. Pasaron 40 años, muchachos. Suelten. Macri no era Milei y sin embargo los mismos de siempre decían que representaba la “ultraderecha antidemocrática”, cuyo gobierno había que tumbar por ilegítimo. Bullrich no era Milei pero la llamaban “fascista” y denunciaban por haber hecho desaparecer a Maldonado. Hasta Larreta, el summum del posicionamiento progre –con sus bizarros guiños a las swifties y a los chicos de Chapadmalal– fue tildado de “cruel derecha” en más de una oportunidad. Incluso Gerardo Morales –curiosamente hoy abrazado a sus agresores– fue reputado de “dictador” sólo por haber hecho cumplir la ley en su provincia.

Mi amiga, la lúcida Cayetana Álvarez de Toledo, sostiene que el Partido Socialista español no sólo domina el tablero, sino que ES el tablero. “Ni sus pactos con Bildu ni su legitimación de los golpistas ni su coalición con una fuerza como Podemos, nada ha alterado su posición en el eje central de la política. El PSOE decide lo que es el centro y el centro varía según el PSOE. Cuando el PSOE se desplaza hacia el extremo, el centro se desplaza con él”. Esto perfectamente aplica en el escenario doméstico. Para el kirchnerismo la oposición siempre será llamada ultra-mega-super-archi-derecha. Demos esto por sentado y que nos importe un dídimo y la mitad de otro lo que digan.

Si un espacio político horadó los principios democráticos y republicanos en este país, fue, es y seguirá siendo el kirchnerismo.

Además, si un espacio político horadó los principios democráticos y republicanos en este país, fue, es y seguirá siendo el kirchnerismo. Sobran los ejemplos hacia atrás pero también los ejemplos presentes. Veamos lo que intentan hacer con los jueces. Espían a la vez que arremeten contra la Corte Suprema pero igual se proponen como sommeliers institucionales y se arrogan el derecho de definir quién es la democracia. No puede ser. Basta ya de psicopateo.

Por otro lado, hay que dejar de abusar de las analogías antojadizas a la hora de hacer análisis. Milei, con sus extravíos intelectuales y modos desagradables, no tiene el enorme poder del partido republicano que tenía Trump y sus hordas; no tiene detrás la experiencia, el equipo ni las iglesias evangélicas y el Ejército como tenía Bolsonaro; ni formó un espacio político profesional desprendido de un partido tradicional (el PP) como hizo Santiago Abascal, el fundador de Vox. Milei es un emergente más homologable al fenómeno de Pedro Castillo, pero con conocimientos en economía. Nada más. Y nada menos, teniendo en cuenta que nuestro principal problema es, justamente, la economía.

Si gana Milei vamos a tener que trabajar fuerte para que los mismos que se quisieron llevar puesto al gobierno de Macri (y les arde mucho no haberlo logrado) no se lo lleven puesto a él. El verdadero Godzilla argentino no es ningún candidato sino el sistema corporativo generado durante décadas y perfeccionado en el siglo XXI a través de cuatro mandatos kirchneristas.

En un acto de honestidad brutal, Cristina Kirchner dijo: “Solamente hay que tenerle miedo a Dios y, en todo caso, también un poquito a mí”. Miedo hay que tenerle al kirchnerismo, a tener que aguantar cuatro, ocho, doce años más de esta trituradora económica y social.

Entonces, ¿por qué Milei? Porque el próximo domingo podemos sacarnos de encima a esta runfla de inmorales. Porque podemos hacer que finalmente paguen por tantos años de destrucción consciente y voluntaria. Porque, si gana Massa, el mensaje será que pueden hacernos lo que quieran sin que reaccionemos. Porque no se trata de votar a favor de un candidato sino a favor de uno mismo y de nuestro futuro.

 

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Alejandro Bongiovanni

Diputado nacional.

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