ELOÍSA BALLIVIAN

Necesitamos artesanos de lo concreto

Una lectora contesta a la nota sobre Javier Milei con varias propuestas para Juntos por el Cambio: equilibrio, equipo, realismo y humildad.

Coincido en el diagnóstico del personaje, la falta de respuesta adecuada y los peligros, a los cuales agrego: va a demoler mucho más de lo que va a poder construir, y al proponer soluciones mágicas a problemas complejos va a hablar más de lo que va a hacer, o hacer mal aquello que con moderación y criterio se podría hacer bien, promoviendo así el regreso del PJ-kirchnerismo, pero esta vez reforzado.

Aclaración: todo lo que expongo es desde mi perspectiva de votante independiente, no afiliada a ningún partido, pero que viene votando al PRO y, por ende, a Juntos por el Cambio, por considerarlos una buena forma de construcción política en el contexto en el que estamos.

Estamos asediados por un movimiento agresivo que lleva ya dos décadas de supremacía, de avasallamiento institucional y reescritura maniquea de la historia, de carácter faccioso. “Unos contra otros”, o su alternativa fallida de “transversalidad”, donde o te cooptan o te persiguen, te asfixian, te arrinconan hasta la sumisión. Los resultados están a la vista: mediocridad de gestión y de visión, estancamiento económico, degradación cultural.

Ante ello, aparece en escena el “tsunami Milei”, también agresivo, que fundamentalmente se expresa en los jóvenes. Rescato ahora lo bueno del fenómeno. Alejó a buena parte de la juventud del colectivismo (“socialismo, zurdaje”), los desafió a valorar el principio de la libertad como base del progreso y a leer. Reivindicó la década tabú, innombrable, del menemismo (o del demonizado
“neoliberalismo”) donde se encararon reformas estructurales difíciles pero necesarias, y las palabras proscriptas “mercado” y ”capitalismo”. Demolió el concepto de que “no hay que decirle al votante lo que hay que hacer porque si no, no te vota”. A tal punto lo demolió que se festeja una motosierra. ¡Enhorabuena! Nunca viene mal la bocanada de aire fresco que trae un “agitador intelectual”, como bien lo definiera Jaime Bayly hace pocos días. Obliga a intentar ser mejores.

Lo primero que hay que hacer es tomar nota. El PJ-kirchnerismo va a seguir al acecho, aunque ahora todos festejen prematuramente una eventual derrota. Costó muchísimo esfuerzo generar un dique de contención para frenar o morigerar ataques a la propiedad privada, a la libertad de prensa, a la justicia. Milei suele presentarse con vehemencia más como oposición a la oposición: ¿va a contribuir a sostenerlo o a dinamitarlo? No podemos jugar con fuego, y el PJ-kirchnerismo suele tener una capacidad de recuperación asombrosa.

El otro aspecto a tener en cuenta es la impaciencia juvenil, totalmente comprensible en un país estancado hace ya 12 años. El estancamiento con alta inflación es el equivalente a las arenas movedizas de la economía: fácil entrar, difícil salir.

Puntualmente, las tácticas que yo usaría con respecto a Javier Milei son varias. Cuando agrede a título personal, lo torearía decididamente: se me adelantó el bulldog Ricardo López Murphy, que ante los insultos que le dedicó en la Feria del Libro lo desafió a debatir. Ya fue un fiasco en el debate de las elecciones 2021. El bullying no debe ser tolerado. Hay que atacar las ideas y no la persona.

Iluminaría las paradojas: que quienes se impacientaron con el gradualismo están firmemente a favor del plan de reformas de tres generaciones a 35 años, que se ataca a la casta de políticos chorros el mismo año en que celebramos 40 años de democracia (como si la hubieran traído los alienígenas). Enfatizaría su inocultable similitud en construcción política con el kirchnerismo: señalización del grupo a  denigrar y pensamiento único, pero de signo contrario, con demandas de adhesión irrestricta al líder basada en liberalómetro. Todo eso más la verborragia, ay, la
verborragia…

Para el detector de inconsistencias que es, le dedicaría mi favorita: el planteo de gobierno es que JxC le votaría lo que necesita porque él ganó y de lo contrario lo expondría como PJ-kirchnerismo light. Si todos fueran esa casta malvada que atormenta argentinos de bien, ¿por qué lo harían? Como indica el dicho árabe, siéntate en el umbral de tu casa y verás pasar el cadáver de tu peor enemigo. No se necesitaría mucho tiempo tampoco, sin gobernabilidad propia ni experiencia. Todoeslomismear tiene su precio.

Lo llevaría al terreno de lo concreto para probar su vocación republicana (si es que eso existe). Gran parte del dique de contención anti-PJ-kirchnerismo son los bloques que se logró armar en
el Congreso, en particular en el Senado donde ya siente el aliento de JxC en la nuca. 33 de 72 senadores, se está a nada de quebrar la mayoría peronista desde 1983, el factor quizás más importante para destrabar un cambio profundo en el país. Entre las provincias que renuevan el tercio del Senado este año figura La Rioja. Ahora que ya sabemos que ahí el espacio mileísta no arrasó, ni fue un gran tercio, ni mucho menos superó a JxC, ¿puede aliarse para asegurarnos los dos senadores por la mayoría de la provincia? (¿Y puede JxC asegurarse de que los candidatos no sean de los que se dan vuelta?). Gran test. De no prosperar, hay que hacer saber a quien quiera oír que intentar fracturar la oposición que sostiene el dique tiene su precio también y es muy alto.

Finalmente, las percepciones negativas de JxC a contrarrestar que más circulan son la insustancialidad, la tibieza, “no tener calle”. Trazaría entonces un perfil donde JxC habla de lo que él no habla y sustanciaría un estilo que él no tiene.

El quid de la cuestión: cómo definir mejor a JxC para que resista al nuevo fenómeno, mientras va por el objetivo mayor de acabar con el viejo fenómeno, sin morir en el intento. Ya no son lo nuevo, pero pueden ser el adulto en la sala ante el adolescente contestatario. Para diferenciarse, les propongo cuatro ejes que yo no encuentro, lo que escasea y nadie representa de verdad.

Equilibrio

La Argentina pendular no va más. Esto del “Estado presente” al “anarco-capitalismo” sin escalas. Del primero nos queda como legado un Estado presente donde no debe y ausente donde debe. Despilfarros en Aerolíneas, los juicios por la estatización de YPF que valen más que la empresa, con 50% de los chicos mal alimentados y peor instruídos. Estado presente donde no debe y ausente
donde debe, repitámoslo hasta tomar conciencia. Por otro lado, ¿necesita más anarquía el país más anárquico del mundo? ¿Donde cumplir la ley parece ser opcional y la gente todavía no entendió la prioridad de paso del que circula por una rotonda?

Peores son los bandazos en política exterior: de las “relaciones carnales” a organizarle la contracumbre al ALCA con Estados Unidos, de los abanderados de los derechos humanos a abrazarnos con Venezuela e Irán.

El punto central es si equilibrio significa consenso, coreacentrismo o cerrar la grieta: ¡no! ¿Es tibieza? ¡No!

Como lo definiera magistralmente el ex-presidente uruguayo Julio María Sanguinetti hace poco en Buenos Aires, “consenso” es una palabra a menudo usada para llenar vacíos ideológicos. Lo que es esencial a la democracia son las reglas de convivencia, el sistema dentro del cual se juega. La democracia liberal, el capitalismo de mercado, el Estado de derecho, todo lo cual emana de nuestra Constitución. Los uruguayos le agregan paz internacional. Dentro de eso todo, fuera de eso, nada. El consenso se busca dentro de esos límites, nunca fuera de ellos. De modo que la grieta es un falso concepto que busca igualar al que defiende el sistema razonable de progreso ya probado por varios países con quien lo mina desde adentro. ¿Está Javier Milei dentro de este sistema, cuando en su plataforma (que sólo se filtró por Twitter, mi amigo Google no encontró ninguna página oficial), dentro de los 40 puntos de “Seguridad nacional y reforma judicial” (es su rubro más amplio) no hay uno solo que aluda a acciones concretas a tomar para proteger y fortalecer la independencia del poder judicial? Ni hablar de soslayar al Congreso (tan votado como él) si no le aprueban lo que quiere y pasar a consulta popular.

Proponer la dolarización, un tema eminentemente técnico, a una ciudadanía compuesta de 40% de jóvenes, de los cuales 50% no se gradúan del secundario y del 50% que sí lo hace, la mitad no comprende textos, es una medida de demagogia. Equivale a venderles instrumentos financieros “alternativos” a gente que no conoce los riesgos que conllevan.

Qué aquelarre ir a votar todos los meses. No sólo hay que definirse por lo que se va a hacer, sino por lo que NO se va a hacer.

Equilibrio no es coreacentrismo . Es tener buen criterio para priorizar lo fundamental sobre lo superfluo. Es buscar representar a las mayorías silenciosas y no ser rehén de minorías ruidosas. Esas mayorías buscan cosas simples: paz (seguridad) y una chance de prosperidad. No buscan modernidad globalista a ultranza sino un entorno de argentinidad, adaptándose con prudencia a los cambios.

Consenso en nuestra economía es la práctica de nuestros partidos históricos, PJ, UCR e incluso el “militar”: dirigismo, intervencionismo, control de precios y de cambios, impuestos a las exportaciones, acuerdos de precios y salarios, grandes pactos nacionales, financiamiento del Banco Central al Tesoro, empresas estatales “estratégicas”. Si van a cambiar algo, hay que trazar una línea demarcatoria clara con respecto a estas criaturas mitológicas.

Equilibrio es valorar la orientación económica liberal sin caer en banca Simons. No es necesario experimentar para transicionar a una economía moderna, pero sí es fundamental calibrar bien la transición desde un sistema con desequilibrios múltiples, ya que de ahí surge el éxito perdurable. Sobre esto enfocaría cuestionamientos a mi adversario. Declamar un enunciado de propósitos es fácil, el tema es el cómo.

Equipo

Los personalismos no van más.

Lo que busco con equipo es un grupo de personas que funcionen como tal. Me agrada que JxC cuente con diferentes componentes, lo que no me gusta es que no quede bien diferenciado el rol de cada uno en el espacio. En trazos muy generales, mi impresión es que la UCR es institucionalidad, la Coalición Cívica es anti-corrupción, el PRO es gestión e infraestructura, el Peronismo Republicano es “calle” (conocimiento de entornos difíciles), la pata liberal es orden económico de mercado. Combinar estas fortalezas es invalorable si se hace bien: es decir que ante un tema de corrupción se sigue el liderazgo de la CC y todos acompañan. Tener la humildad de reconocer en qué se especializa mejor el socio político y construir suficiente confianza en él como para seguir su liderazgo. Mi compañero de equipo puede aportar matices, no definir líneas directrices de acción. Imaginen en cambio un escenario en que la CC define la economía y el peronismo la anti-corrupción o el liberalismo propone soluciones a una crisis de “la calle”. No van a generar el entusiasmo de multitudes, sino más bien despertar serias dudas. Si ante cualquier tema presentan una cacofonía de voces, sólo contribuyen a la confusión general. El ejemplo práctico fue la crisis en Bolivia, donde no se sabía si para JxC en general eso era o no un golpe de Estado. Deben dar garantías claras de que en institucionalidad van a defender sin lugar a dudas la independencia de poderes y dos o tres puntos más y así sucesivamente en cada área de especialización de cada partido. Cada socio, a su vez, puede ser el titular del equipo en un tema y el suplente en otro. Mostrar los aportes de los distintos jugadores en temas no económicos.

Hay que defender y naturalizar las internas, son lo que dan vigor a un partido y a la democracia, se renuevan los liderazgos, las estrategias y los contenidos. Vivimos, sin embargo, en un país tan secuestrado por el síndrome de Estocolmo hacia un partido verticalista, que si no hay un dedo mágico elector, cunde el pánico y el desasosiego. Aprendamos de las internas en los países en que son práctica habitual, como en Estados Unidos: todos saben qué va a defender su partido, y cooperan al final de las mismas.

Lo que buscamos como votantes en las internas es discernir si esa persona tiene el carácter y la inteligencia práctica para llevar a cabo el programa previamente definido, si cuenta con experiencia, qué habilidades personales aporta, si va tener ductilidad para los zigzagueos que la realidad le va a plantear, si puede soportar con aplomo la presión de la adversidad. En eso debe focalizarse el candidato, no en chicaneos.

Realismo

No va el “no sabemos con qué nos vamos a encontrar”. Sabemos perfectamente con qué nos vamos a encontrar. El mundo cambió, nosotros también. Habrá que navegar la complejidad y despejar la incertidumbre. Lo que va es “hablar menos y hacer más “. A un ritmo vertiginoso, agrego. Mientras Javier Milei se enfoca en el principismo teórico medido por dosaje liberal, JxC debe concentrarse en la aplicación práctica de probados instrumentos del sistema de mercado. Mostrar que la experiencia vale, que tropezón no es caída si se capitaliza en aprendizaje.

¿Cómo va a enfrentar el nudo gordiano inicial JxC? Con el antecedente de haber levantado el cepo anteriormente y lo que se aprendió. Ordenando las cuentas públicas y las variables disfuncionales tipo tarifas como hizo Macri antes de entregar su gobierno. Sin perder el tiempo precioso inicial como aquella vez. Dar tranquilidad a la población de que lo que ya se hizo se puede volver a hacer, confesar posibles costos con franqueza, que es lo que Javier Milei no menciona, y cómo se piensa mitigarlos, transmitir que hay previsión, que nos van a cuidar.

No tenemos el tiempo de gracia para que asuma un nuevo equipo inexperto ni podemos financiar otra experiencia refundacional. Hay que mejorar lo actuado con el dinamismo necesario y los reflejos rápidos para descartar lo que no va y proteger lo que sí funciona.

Queda entonces la reforma monetaria casi ineludible ante la cual se plantea la dolarización, o el globo de ensayo de un acuerdo monetario con Brasil. Cabe recordar que ya tuvimos un corset monetario, fue una buena salida a la hiperinflación, el problema fue enamorarse del modelo. ¿Alguien puede desconocer los cuatro años de recesión que derivaron en una crisis política? ¿Qué ganaríamos con otro corset monetario, esta vez de carácter permanente? ¿En qué nos conviene un acuerdo monetario con un país de bajo crecimiento como Brasil, con influencias colectivistas del Foro de San Pablo? No coquetear más con aventuras exóticas para eludir el trabajo difícil de establecer normas básicas de disciplina fiscal y monetaria como pueden adoptar algunos de nuestros vecinos y respetarlas, a rajatabla.

No va más el eslogan genérico, sino el “¡Argentinos, a las cosas!” de Ortega y Gasset de hace 80 años. Trazar pilares esenciales de desarrollo concretos más que vender desarrollismo.

Veo 4 líneas de acción clave:

1). Capital humano (salud, educación,trabajo). Es buena la idea de este ministerio de Javier Milei. Siempre fue bizarro tener Ministerio de Trabajo en un país que no sabe generarlo hace décadas. Pero sólo JxC puede llenarlo de contenido como ya lo venía haciendo, y hay que mostrar ejemplos concretos. Reforma laboral “de tres generaciones” si no se puede de una, empezando por pymes, las mayores generadoras de empleo.

2). Energía e infraestructura: el PRO tiene claro este rubro pero en logística hay que encontrar la manera de viabilizar trenes, somos el octavo país en superficie del mundo y toda conectividad es insuficiente. Mostrar logros (la revolución de los aviones). De paso, ¿puede conseguir Milei el desarrollo privado de cloacas en el conurbano?

3). Capital, “el capital”. Sospechosamente Milei no se refiere a este rubro. La savia de la economía, el sistema circulatorio del corazón productivo del país. Sin una auténtica dedicación didáctica a exponer que “combatir el capital” nos empobreció, que las anteojeras ideológicas han hecho crecer empresas anémicas y dejado a familias sin la posibilidad de ahorro y por ende de progreso, nada va a cambiar. Sin caer en el costado culposo de quienes aceptaron el impuesto a la renta financiera sin medir lo que nos costó, o de quienes no defienden (de quienes lo demonizan) el ahorro externo de los argentinos. Sin destrabar este aspecto, va a ser muy difícil, ya que no va a haber aluvión de capital externo. El desarrollo del mercado de capitales y la
canalización del ahorro necesitan de infraestructura financiera pero también legal.

4). Comercio e inversión. Otro rubro que Milei descuida o en el que sólo generaliza. Se debe ser bien categórico en el rechazo de la apertura comercial como método para contener la inflación, un error recurrente. A empresas anémicas, debilitadas por años de alta imposición, regulaciones, controles cambiarlos no se las debe dejar a la deriva. Sin embargo, debemos plantearnos el objetivo claro y concreto no de la salida exportadora de la que todos hablan ni de la apertura unilateral de Milei, sino de un incremento general de nuestra integración al mundo, importando tanto como exportando. Un volumen total de negocios externos sustancialmente mayor. De nada nos sirve un sector primario exportador ultra competitivo si luego el atraso cambiario resultante funde a nuestro sector industrial. Tampoco nos sirve una industria protegida en un mundo de rápido cambio. Necesitamos una Cancillería “militante” que plante nuestra bandera y sepa leer en qué mundo vivimos, hoy crecientemente de “friendshoring”, para buscar reciprocidad en espacios afines de cooperación, que sepa combatir la agenda globalista de extremismo cultural que atacan industrias vitales nuestras como el gas natural o la carne. Nuestra representación exterior debe ser la cabecera de ese cambio, que vaya permeando nuestras cadenas productivas hasta eficientizarlas y provocando el cambio cultural necesario, ya que acoplarse al mundo requiere pensar a largo plazo y desarrollar habilidades específicas.

Como ven, la falta de resolución de estos aspectos es lo que termina impactando en el nivel total de gastos de este Estado que nos asfixia, junto con la falta de transparencia y profesionalización de sus agentes. Es hora de tomar al toro por las astas e ir por una reforma profunda, para que sea el Estado ágil, mesurado pero “presente en lo que debe” de la República liberal que nuestra Constitución manda. Busco artesanos de lo concreto para la tarea más que gladiadores verbales sin sustento.

Humildad

Cualidad necesaria tras elevar expectativas y flaquear en las realizaciones (aunque yo creo más bien en los tiempos).

Existe un malestar dando vueltas en Occidente que termina en fenómenos que está de moda llamar “populismo”. Me hace acordar al kirchnerismo y su énfasis en “neoliberalismo” para construir su relato de buenitos y malitos. Motes despectivos de dudosa categorización.

No hay que caer entonces en la arrogancia intelectual, sino dedicarse a escuchar lo que causó el malestar, en vez de describir la fiebre. Si la democracia liberal está en crisis, hay que volver a recordar la parte liberal del término, que excede el economicismo que pregona Milei. Su principio básico de tolerancia: sólo se puede convivir si la mayoría respeta el derecho de las minorías, que es algo bien distinto a que hoy minorías, a menudo ruidosas, bien organizadas y financiadas, impongan sus agendas usando de rehén a gobiernos elegidos por mayorías.

Su otro principio base es que el poder debe ser limitado para no ser avasallante y hoy debe ser de alguna forma aplicado a corporaciones y organismos internacionales que despliegan un enorme poder sobre nuestras vidas. ¿Podemos juzgar a quienes se vuelcan a soluciones antisistema en este contexto? Se debe volver a la tarea inicial de cualquier político: escuchar y canalizar las inquietudes en el marco de lo que la historia nos enseña.

Esta semana, por ejemplo, el presidente de Francia Emmanuel Macron comenzó a tomar nota de que los extremismos del cambio climático son contraproducentes para una provisión de energía segura y a buen costo de Europa. Es por ahí. El arduo trabajo de mejorar el sistema, asegurándose la representatividad dentro de cauces que son sanos para la convivencia. La sabiduría de entender que hay una dimensión donde los ideales se vacían de contenido, que la libertad no prospera donde no hay condiciones de vida digna, ni la democracia sin educación cívica.

Equilibrio, equipo, realismo y humildad. Mi receta para JxC.

No necesitamos “sangre, sudor y lágrimas “. No más violencia. Sudor siempre le pusimos, pero resultó inútil. De lágrimas hoy estamos inundados por donde quieran ver. Necesitamos mejorar el método: prueba y error, error pequeño o error grande, retoque o rediseño pero siempre avanzando con la mente en lo concreto, sacándonos las telarañas mentales de insistir con lo que no funcionó.

No necesitamos darle glamour a la normalidad. Una vez me sorprendió esta historia: un directivo de una de las mayores consultoras mundiales de recursos humanos contó que el argentino en el exterior  es brillante o no se adapta, que lo sorprendente era que no había término medio. No podemos añorar el pasado como nuestros adversarios políticos, tampoco buscar ser normales como nuestros vecinos. Somos la tierra de más premios Nobel en la región, de Messi y Ginobili, de Mercado Libre y Globant, de mujeres que trabajan en la NASA, de cantidad de argentinos que la rompen hoy por el mundo. No queda otra que aspirar a lo extraordinario. Tomar conciencia del soft power de nuestra cultura singular que podemos desplegar en nuestra integración con el mundo, como miembros del G20 y como ejemplo con toda nuestra trayectoria de desaciertos, si sólo enderezáramos nuestras miras y nos concentráramos en el objetivo.

El único espacio político que puede atraer estos recursos humanos formados y que cuenta ya mismo con un embajador de primera para la función (Mauricio Macri) es éste.

Para terminar, JxC, quiero que me pidas, desde la vulnerabilidad, que cuando vengan las 28 toneladas de piedras, no te dejemos solo, que vayamos al día siguiente millones de nosotros a juntar cada una de esas piedras porque entre todos debemos volver otra vez a construir.

Quiero que me digas que estudiaste cada paso a dar y que los encargados de esta misión imposible le pondrán toda su vocación de servicio y sostendrán a sus pares, porque si eso no alcanza, acá estaremos los reservistas, vigilantes.

Quiero que me convoques a la batalla de nuestras vidas, con trampas en el camino, con puntos ciegos y tempestades, y que si caemos, caeremos como espartanos, con el orgullo de haber dado el máximo que podíamos, para poder contarle a nuestra descendencia que no caímos como cobardes.

Puede ser que una y otra vez nos ahogue la frustración de saber que la Argentina posible está tan cerca y a la vez tan lejos. Todos aprendimos a esta altura a descreer del potencial, del relato y del sueño, la forma de construir no es de pingüinos, león, halcón, gato o paloma, sino de abejas laboriosas, todas juntas en el orden de la colmena.

Por otra parte, contrariamente a lo que algunos creen, no tenemos adónde ir, porque pertenecemos a esa tribu rara que no nació en un país. La Argentina es un sentimiento. No se va dondequiera
que vayamos, es como un caparazón este país que llevamos a cuestas. Entonces es mejor canalizarlo en algo productivo: construir lo que todos sabemos que tenemos que construir, un hogar que nos albergue a todos, en un marco de respeto mutuo, con el cimiento fuerte de este sentimiento potente que no podemos eludir.

Argentinos, a las cosas, antes de que sea demasíado tarde.

Esta es mi botella al mar.

 

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Silvina Ciriani

Economista egresada de la London School of Economics (Reino Unido). Dedicada al mundo de las finanzas e inversiones.

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