PATRICIA BRECCIA
Domingo

Gradualismo de malos modales

Una lectura de la anodina, inconsistente y desprolija plataforma electoral de La Libertad Avanza.

Estos últimos días, junto al torrente cambiario, se aceleró también el tren ambulante de Javier Milei en los medios de comunicación. Su triunfo preliminar en las elecciones lo lanzó a un notorio frenesí expositivo, en el que alternó sus clásicos discursos incendiarios con ofrendas al altar de Raúl Baglini. Hasta ahora viene saliendo ileso, pese a las noches de vigilia, las imputaciones que le han hecho (algunas sobre su vida personal, innecesarias y penosas) y las contradicciones de su plan económico. Claro que la maratón recién empieza y los meses previos a las elecciones generales en la Argentina se calculan en edades; los resultados de las PASO, además, no fueron para nada categóricos.

Milei deberá cuidarse de que la hiperinflación no se convierta en una parábola de su campaña. El riesgo es muy alto para alguien tan voluble, aunque tenga la resiliencia de un ex neoclásico. Pola Oloixarac alertó tempranamente el costado psicodramático de todo este asunto. Lo cómico es verlo expandirse al resto de la clase política peronista. Cristina Kirchner, por ejemplo, sufrió una suerte de tabú, no podía mencionar a Milei con nombre y apellido; justo ella prefería despersonalizar, dividir el sufragio global en tercios; en un discurso lo trató peyorativamente como el ojizarco candidato. El resto de los integrantes de Unión por la Patria se parapetó en una cruzada para meter miedo: el kirchnerismo ya es inhábil para hacer promesas a la ciudadanía, por ende promete lo que van a hacer los adversarios. ¿La eventual gestión de Milei será anti-derechos? Nadie tiene la bola de cristal, pero la acusación luce un poco siniestra proviniendo de los funcionarios de un gobierno que no dejó derecho sin pulverizar.

Lo prudente, por lo tanto, si aspiramos a hablar con propiedad, es examinar las propuestas de La Libertad Avanza. Oí a algún afiliado del partido jactarse de ser el único con una plataforma electoral. La busqué, de chusma. Me dio curiosidad saber si esa plataforma reflejaba las turbulencias de su candidato presidencial. Encontré, en cambio, un documento anodino, algo inconsistente y hasta desprolijo. Como si fueran los papeles de trabajo de un futuro powerpoint de Matías Kulfas. Obviamente, haciendo una lectura panorámica, están todas aquellas reformas económicas por las que Milei brega en cada oportunidad que tiene un micrófono adelante. La idea, sin embargo, es hacer foco en la letra chica, poner el acento en los detalles para saber cuán rigurosa es la agrupación más allá de los exabruptos mediáticos de su candidato.

Tibios rasgueos

Veamos entonces. Los párrafos iniciales de la plataforma son estrictamente introductorios: una descripción de lo que la agrupación define como liberalismo (“el respeto irrestricto del proyecto de vida del prójimo basado en el principio de no agresión, y en la defensa del derecho a la vida, la libertad y la propiedad privada”); su misión orientada a impulsar políticas liberales que “coadyuven al despegue económico, político, cultural y social que los argentinos necesitamos para volver a ser el país pujante que éramos a comienzos del año 1900” (¡cómo olvidar aquel primer trimestre del 1900!); y la visión del partido, consistente en “un gobierno que propicie el desarrollo personal de sus habitantes, garantizando las libertades conferidas por la Constitución Nacional y que respete e incentive el esfuerzo y el mérito”. Con lo dicho y las expresiones públicas de los candidatos, sabemos los valores respetados por los miembros de la agrupación: la eficiencia, la transparencia, la meritocracia, el esfuerzo personal, la defensa del derecho a la vida desde la concepción, el respeto por las normas y la honestidad en la administración de los recursos públicos; presupuestos fundamentales, dice la plataforma, para alcanzar una sociedad justa, pujante y moderna.

Ninguna sorpresa en estos tibios rasgueos; se puede estar más o menos de acuerdo con los axiomas expresados y la manera en que se encadenan entre sí. Es dudoso, sin embargo, que la protección de la vida desde la concepción sea una condición esencial para una sociedad justa, pujante o moderna. El partido adopta una postura definida en relación al tema: está en contra de la legalización del aborto; postura que no comparto, pero es válida. El problema es la liviandad con que la plataforma entabla la relación causa-efecto, que no tiene amarre en ningún puerto del mundo civilizado; las sociedades modernas donde más se valora la libertad del individuo son aquellas donde se ha legalizado el aborto, mientras que las menos libres lo consideran un delito. De hecho, la plataforma insiste en el retraso de la Argentina durante los últimos 70 años, producto de las severas restricciones a las libertades individuales, período que casualmente coincide con la etapa de penalización del aborto.

La plataforma insiste en el retraso de la Argentina durante los últimos 70 años, período que casualmente coincide con la etapa de penalización del aborto.

Por desgracia, esta contradicción es pasada por alto y oficia de telonera: la cosa no mejora de ahí en adelante en términos de consistencia. La plataforma, en su siguiente capítulo, formula un diagnóstico de la evolución y del estado de la Argentina. Allí, elogia la matriz productiva de principios del siglo XX, cimentada en el sacrificio personal y colectivo, y acusa de la decadencia posterior a los gobiernos populistas y totalitarios que cambiaron el modelo de país a partir de mediados de aquel siglo. Dejando a un lado el contenido histórico, lo grave es que la redacción de la plataforma comienza a desatender las formalidades básicas: en el segundo párrafo del Diagnóstico, usa dos oraciones para repetir la misma idea y dos veces la palabra “relajación”; luego, arma frases como esta: “Índices de analfabetismos impensados cuando ya el siglo pasado fuimos el primer país del mundo en erradicarlo y donde la mayoría de los egresados del sistema educativo no comprenden textos, fuga de cerebros de los jóvenes que buscan un futuro mejor…”; errónea conjugación de verbos, el atroz binomio pluralizante “analfabetismos-erradicarlo”: la frase no se priva de nada. El párrafo cierra con otro enunciado antojadizo al afirmar que el elevado índice de desnutrición sería la consecuencia de la falta de cloacas y agua potable.

No me interesa explayarme demasiado sobre este capítulo de la Plataforma, ya que su hipótesis central es evidente; les dejo a ustedes la aventura de encontrar más errores sintácticos y alguna injusticia carente de sentido lógico contra las “oposiciones” al populismo. Sí me parece que el descuido de los aspectos formales en un texto tan importante revela el modo en que funciona la agrupación. ¿Qué pensaríamos hoy si Thomas Jefferson hubiese escrito “happiness” con una sola S?

Planes a 35 años

El programa de gobierno volcado en el documento de LLA advierte la necesidad de una sucesión de reformas dividida en tres etapas a lo largo de 35 años. Este plazo fue objeto de chicanas en Twitter: el plan motosierra quedaría reducido así a unos hachazos al azar y la agrupación estaría vendiéndoles humo a sus votantes libertarios. Para mí, no fue una sorpresa; he escuchado a Milei decir que el cambio de orientación económica a implementarse en la Argentina requeriría mucho tiempo para dar frutos. Sin embargo, la coherencia del candidato en este punto no excluye la deshonestidad intelectual de la plataforma: si el plan de La Libertad Avanza exige 35 años de reformas, con esa misma vara temporal debería medir el éxito de los gobiernos no populistas, a los que, gratuitamente, acusa de inútiles o cómplices.

La primera de las tres etapas se concentraría en un “recorte del gasto público del Estado” y una “reforma tributaria que empuje una baja de los impuestos” (¿la Ley-empuje?), “la flexibilización laboral para la creación de empleos en el sector privado”, “una apertura unilateral al comercio internacional” y “una reforma financiera que impulse una banca libre y desregulada junto a la libre competencia de divisas”. Tomen nota de esta última propuesta.

Las reformas de “segunda generación” estarían dirigidas al sistema previsional, para recortar el gasto en jubilaciones y pensiones, “alentando un sistema de capitalización privado”; también se propiciaría un programa de retiros voluntarios de empleados públicos y achicamiento del Estado, reduciendo a ocho el número de ministerios. En esta etapa, señala la plataforma, se comenzarían a eliminar progresivamente los planes sociales y “la liquidación del Banco Central de la República Argentina, estableciendo un sistema de banca Simons, con encajes al 100% para depósitos a la vista”.

Quienes diagramaron el programa de La Libertad Avanza van a tener que clarificar las medidas de corte financiero o revisar varias de sus notorias inconsistencias.

Quienes diagramaron el programa de La Libertad Avanza, me da la impresión, van a tener que clarificar las medidas de corte financiero o revisar varias de sus notorias inconsistencias. Fíjense que, en la primera etapa de reformas, la plataforma propone una “banca libre y desregulada”; esa desregulación supone o bien la derogación o bien la modificación sustancial de la Ley de Entidades Financieras (¿y del artículo 75 inciso 6° de la Constitución Nacional?), así como la supresión de la autoridad que ejerce el Banco Central de la República Argentina; de lo contrario, esa premisa de “banca desregulada” es más una expresión de deseos que una realidad. Peor: según el escalonamiento de las etapas, la liquidación del Banco Central corresponde a las reformas de segunda generación y el mercado funcionaría mediante el sistema de banca Simons con encajes al 100% para depósitos a la vista. Toda esa mecánica debería requerir una normativa del Congreso de la Nación y un organismo que lo fiscalice (¿un Banco Central?), a menos que le confiemos a las entidades financieras el cumplimiento de la política de encajes. Peor aún: en la sección de medidas económicas, el punto 11° dice que se prevé “en una tercera etapa la eliminación del Banco Central”. Entonces, ¿cuándo es que Milei va a entrar con la topadora metafórica al edificio de Reconquista 266? ¿El 11 de diciembre de 2023 o el 9 de diciembre de 2058? Poco serio el modo en que la plataforma presenta este costado de sus proyectos; en teoría, se trata del gran caballito de batalla del candidato a presidente y ahora, en apariencia, el Banco Central es una cucaracha que sobrevivirá las tres edades del período libertario.

No me olvido de las reformas previsionales. Están más allá de toda duda: el esquema de jubilaciones y pensiones no puede continuar como en la actualidad, pero la respuesta de LLA es, de mínimo, opaca: habla de alentar otro sistema de capitalización privado, algo que huele a entelequia; ¿realmente los integrantes de La Libertad Avanza creen que los ciudadanos argentinos, víctimas de la requisa de sus cuentas en las AFJP, van a aportar voluntariamente a un sistema de semejante naturaleza? Es como invitarlos a mantener posiciones en pesos a tasa negativa o dejar los dólares en las cajas de ahorro durante una corrida bancaria. Suerte con eso.

Tercera generación

La tercera etapa estaría compuesta de varias reformas profundas del sistema de salud con impulso del sistema privado y del sistema educativo, la “ampliación de un sistema de seguridad no invasivo para la población” (sí, cuatro sistemas) y “la eliminación de la coparticipación”, lo que debe interpretarse como una hipotética modificación a otro inciso del artículo 75 de la Constitución. Revisando el inventario de medidas propuestas, no encontré ninguna que haga referencia a una eventual Convención para introducir cambios en el texto de la Constitución. Sí me llamó la atención que el punto 6° del capítulo de la Reforma Judicial busca “impulsar el tratamiento de proyectos en las cámaras para eliminar de la legislación penal cláusulas garantistas”. La propuesta no menciona cláusulas o garantías concretas y tampoco se hace cargo de que la tutela del debido proceso goza de jerarquía constitucional. Nuevamente la ligereza en temas muy delicados y el desprecio por las formas, que son la savia vital de la democracia. Cualquier defensor de las ideas liberales sabe que las garantías en los procesos están ahí para proteger al ciudadano, incluso las leyes de Dracón tuvieron ese propósito, y que existen en provecho de todos los individuos o no existen en provecho de ninguno. Mancillar las garantías penales en abstracto, sin brindar ejemplos precisos de cuáles y por qué habría que eliminarlas de la legislación, va a contramano de todo lo que el partido dice pregonar.

La plataforma discrimina las tres etapas de manera programática, sin aclarar cuánto tiempo demandará cada instancia; conocemos el plazo global de 35 años y nada más. Tampoco ofrece un plan operativo de implementación, ni explica cómo se asocian las políticas dentro de las etapas sucesivas. Los capítulos siguientes agrupan los paquetes de medidas por temas (reforma económica, tributarias, laboral, etc.), pero la redacción sigue brindando fórmulas genéricas, cosas como “incentivar la inversión en turismo” o “mejorar la estructura edilicia hospitalaria”, “prestar seguridad al personal de salud” o “modificar la Ley de salud mental” o “agilizar los procesos penales”, o “tolerancia cero contra la delincuencia”. La excepción más evidente podemos ubicarla en ciertos ítems de las reformas en materia de seguridad y en el capítulo relativo a Agricultura, Ganadería y Pesca; hay en ese apartado varias ideas específicas, si bien el texto no se priva de esos verbos vacíos que forman parte del argot de la casta, como “reformular”, “propiciar”, “impulsar”, “promover”.

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El capítulo sobre reformas económicas, el que estoy analizando en más detalle, está compuesto por 16 puntos de consenso en políticas económicas, 16 llaves maestras para emancipar a la Argentina de sí misma. Pueden clasificarse en bloques temáticos; los ítems 12, 13 y 15, por ejemplo, corresponden al bloque cambiario: el formato sería una “competencia de monedas que permitan a los ciudadanos elegir el sistema monetario libremente o la dolarización de la economía”, liberación inmediata de cepos y unificación del tipo de cambio. Llama la atención el punto 12°, la posibilidad de que la ciudadanía seleccione la unidad monetaria de su preferencia o jugarse a fondo con la dolarización, que obviamente es una decisión de las autoridades públicas. Dos universos distintos y no estamos seguros por cuál optaría La Libertad Avanza y en base a qué criterio. En público, Milei coquetea con la dolarización; si es así, debería comunicárselo a los redactores del documento. En cuanto a la liberación de los cepos cambiarios, la propuesta la presenta, repito, como una gestión “inmediata” pese a que Milei, en una reciente entrevista con Eduardo Feinmann, explicó que el cepo no puede levantarse sin antes solucionar el problema de las Leliqs. Arreglar el “problema de las Leliqs” no figura entre las reformas en materia económica de la plataforma.

El bloque más importante es el de las primeras medidas, el Leatherface fiscal. Ítem 1:  eliminación de gastos improductivos del Estado. Vaya, vaya. De modo que, antes de pasar la guadaña, hay que sentarse a destilar el gasto público y mandar los gastos productivos a una bolsa, los improductivos a otra. Podemos hacer algunas inferencias; hay todo un bloque de propuestas asociadas a la obra pública: la ampliación de la red vial nacional, interconectando las distintas opciones de transporte (punto 6°), la creación de puertos y aeropuertos en puntos neurálgicos del país y mejora de los ya existentes (punto 7°) u obras en autopistas, rutas, caminos con inversiones privadas (punto 8°), todas ellas serían gastos productivos, ya que integran el plan de reformas económicas de la agrupación y teóricamente involucran fondos públicos, sea para construir el puerto o para expropiar los inmuebles por donde se hará la traza de la nueva autopista (digo teóricamente porque Milei se ha pronunciado en contra de la obra pública estatal, prefiere delegar ese rol a la iniciativa privada, aunque la plataforma es muy opaca al respecto). El déficit de las empresas públicas, en cambio, constituiría un despilfarro improductivo a eliminar mediante su privatización (punto 4°). Antes hay que encontrar un adquirente interesado, ¿verdad? Esa parte del plan siempre queda para más adelante.

Antes de privatizar hay que encontrar un adquirente interesado, ¿verdad? Esa parte del plan siempre queda para más adelante.

Detengámonos un instante en el ítem 7°: creación de puertos y aeropuertos en sitios neurálgicos del país. Acá voy a traicionar mi promesa de no someter a juicio la conveniencia de las propuestas de campaña. No estaría mal que el texto proporcione un supuesto concreto que avale la premisa de este ítem, que mencione un punto neurálgico con salida al mar que carezca de puerto o que haya quedado aislado de las rutas aerocomerciales, un ejemplo que le permita al lector y al votante comprender la orientación de la propuesta. Caso contrario nos quedamos detenidos en lo conceptual: ¿qué es un punto neurálgico? ¿Cuándo y dónde proyectar un aeropuerto? En el Simcity 2000, la función para pintar el terreno y construir el puerto se habilitaba cuando la ciudad superaba determinado número de habitantes. Les dejo el dato por si sirve.

El ítem 14° promete “eliminar retenciones a las exportaciones y derechos de importación”. A favor, aunque debería informar si será una reducción gradual o instantánea y de qué modo se plantea conducir al organismo aduanero hacia un escenario de libre comercio. Los puntos restantes copian el estilo de comité, ya saben a qué me refiero: enunciados sin contenido real, usados para ocupar espacio, como la “optimización del Estado” (ítem 2°), “fomento” o “incentivo” de inversiones privadas (ítems 5° y 10°), “incentivos para la creación de empleos genuino y de calidad” (ítem 3°); esta propuesta, qué graciosa, reproduce la típica retórica sindical en defensa del rigorismo de la Ley de Contrato de Trabajo, a pesar de que la plataforma postula algo distinto, una flexibilización del régimen de indemnizaciones por despido. Los incentivos para la creación de empleo serían, interpretando las reformas del capítulo laboral, reducir las cargas patronales y los impuestos al trabajador, recuperar las escuelas de artes y oficios con inversión privada y atacar el costo gremial. Muy pocas precisiones sobre cómo se harán efectivas estas modificaciones del sistema, lo que deja sabor a poco. En el campo adversario, están pertrechados los sindicalistas perpetuos, no es recomendable improvisar en un teatro semejante.

Un documento olvidable

La plataforma de LLA, en definitiva, se lee con la misma indiferencia que a los planes quinquenales justicialistas. La orientación económica de ambos podrá ser diametralmente opuesta, pero se observa una idéntica pátina de fastidio. En el caso de La Libertad Avanza, el asunto es más grave; nadie espera nada de los peronistas; La Libertad Avanza, que se atribuye el mérito de instalar las ideas liberales en la discusión pública del país, tenía el deber de redactar un documento convincente, acorde a esas expectativas.

Un programa de gobierno que aspira a extenderse por 35 años no puede desentenderse del factor tiempo; debe ser preparado para sobrevivir a sus redactores y, por lo tanto, convencer a los futuros presidentes, legisladores y habitantes de que el camino trazado es el correcto. En este aspecto, la orfandad de la plataforma es total. Lo mismo ocurre cuando le toca a Milei explicar la estrategia para que sus propuestas sean aprobadas en el Congreso Nacional y la posibilidad cierta de enfrentar resistencia de las corporaciones políticas. Como Simon Phoenix, la paciencia no es una de sus virtudes: a veces se irrita y pierde por completo la templanza, a veces habla de emitir decretos, otras de llamar a un referéndum o a una consulta popular, pero se extravía en los componentes centrales de esos procedimientos: el debate y la capacidad de persuadir al ciudadano o al contrincante de que su plan es el más idóneo para superar el estado de crisis permanente de la Argentina. Milei no metaboliza bien las formas de la democracia; hay ahí un gen populista análogo al del kirchnerismo. Para ambos, las reglas del proceso en la toma decisiones constituyen meros trámites, se trata de pasar por el registro a firmar el 08 y listo.

Un programa de gobierno que aspira a extenderse por 35 años no puede desentenderse del factor tiempo; debe ser preparado para sobrevivir a sus redactores.

En general, los candidatos de La Libertad Avanza buscan compensar esa falencia abusando del énfasis, siendo irascibles, insultando. Es verdad que, en la otra orilla del Danubio, sigue estando agazapada la barbarie kirchnerista y el método beligerante les ha dado réditos en sus peleas mediáticas contra los consanguíneos del caos. Los réditos, dicen los especialistas, estarían reflejados en la captación del voto hartazgo. Tal vez.

O tal vez es un poco pedante englobar en una categoría abstracta a un montón de individuos que no conocemos, tal cual nos recuerda Andrea Calamari. Y aunque tengan razón los analistas, sea cual sea la motivación secreta de cada empadronado, la unánime bronca no expide un pasaporte para forzar al otro a como dé lugar; estar enojado o indignado no es un activo. Enojarse se enoja cualquiera, gritar grita cualquiera, pero eso no quiere decir que el enojado tenga razón o que sea valiente. El coraje es otra cosa, coraje fue lo que acopió Príamo, aun con el aval negociador de Zeus, para acercarse en soledad al campamento de los aqueos y persuadir a Aquiles de que le devuelva el cadáver de su hijo Héctor. La consagración de esa aptitud persuasiva se remonta a 2500 años, así de vieja es, la encontramos en el corazón de la democracia ateniense, con los sofistas como forjadores de una nueva filosofía práctica, al servicio de la instrucción del ciudadano, entrenándolo en la retórica y la argumentación para discutir con sus pares lo que era mejor para la gloriosa polis. La plataforma de La Libertad Avanza es anodina porque sólo puede convencer a los ya convencidos; replica los vicios de la tan odiada casta. Quizás ha llegado la hora de abandonar la comodidad de la escuela austríaca y buscar auxilio allí donde se pueda aprender el arte del debate sin alaridos, leyendo, no sé, el Protágoras.

 

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Matías Baranda Ruales

Abogado (UBA). Profesor de Derecho Societario de grado y posgrado (UCES).

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