ELIAS WENGIEL
Domingo

La ley del más fuerte

El caso de la cocaína adulterada y la violencia en Rosario son emergentes de una situación gravísima, consecuencia directa de la decisión política del Gobierno de no combatir el narcotráfico.

Más barata que una gaseosa”, dijo Sergio Berni, ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, sobre la droga que dejó un saldo directo de 24 muertos y decenas de internados hace apenas unos días. La droga consumida que generó la tragedia era presuntamente cocaína que, como varias otras, se produce pura y luego es “cortada” con otros elementos, ya sea para generar un determinado efecto en su consumo o bien para bajar su costo y generar mayor rentabilidad. Ejemplos de los más comunes son el agregado de vidrio molido, que lesiona las fosas nasales, o de raticidas. En este caso, la sustancia utilizada para cortarla fue el carfentanilo, un elemento 4 mil veces más fuerte que la heroína. Es también unas 10 mil veces más fuerte que la morfina y por eso en algunas partes del mundo es utilizado (en dosis mínimas) para dardos tranquilizantes en elefantes y osos.

El dato es de una extrema gravedad, ya que al tratarse de una sustancia históricamente muy controlada no hay antecedentes de adulteración de cocaína con carfentanilo en el país. A esta noticia se le suma el llamativo aumento de importación de drogas de la misma familia, como el fentanilo, en el último año: entre 2020 y 2021 aumentó un 495% el ingreso al país. Para entender bien la peligrosidad extrema de estos elementos elementos, cabe recordar que en España y Estados Unidos, en 2017, surgió un cóctel bautizado “la muerte gris”, conformado por heroína, fentanilo, carfentanilo y un opioide sintético (U-47700), y que resultaba fatal incluso al tacto.

Los resultados de la decisión política de no enfrentar al narcotráfico no sólo son perceptibles, sino que son cuantificables.

Argentina tiene grandes fronteras, secas y húmedas, con dos de los principales países productores de droga, Bolivia y Paraguay. Entre 2017 y 2019 se instaló en el norte de nuestro país un complejo sistema de vigilancia integrada de fronteras. Sensores móviles y sensores fijos, cámaras de visión nocturna y con capacidad de penetrar el follaje, radares de alta cobertura, todos interconectados a través de once torres de vigilancia desplegadas que transmiten las 24 horas del día datos al centro de comando y control unificado. Un verdadero sistema de vanguardia no sólo para Latinoamérica sino para el mundo entero, hoy prácticamente desactivado.

Los resultados de la decisión política de no enfrentar al narcotráfico no sólo son perceptibles, sino que son cuantificables. En marzo de 2021 la Unión Europea registró el cargamento más grande de cocaína de la historia del continente ¿De dónde provenían? De Argentina. 16 mil kilos en Hamburgo valuados en aproximadamente unos 600 millones de euros. 1.700 latas de masilla producida en Paraguay hicieron su trasbordo en nuestros puertos y llegaron al viejo continente.

El narco es violencia

El vínculo entre lucha contra el narcotráfico y descenso en los índices de violencia es directo. Entre 2016 y 2019 se incautaron 805.482 kilos de marihuana, 33.020 kilos de cocaína y 626.698 unidades de drogas sintéticas, lo que significó un 50% más en sólo dos años de las dos primeras y 144% más de incautación de anfetaminas, metanfetaminas, éxtasis, LSD y 25I-NBOMe. Este crecimiento exponencial de las incautaciones redunda en una sustancial y permanente baja de la violencia, expresada en la cifra más clara que son los homicidios. Entre 2015 y 2019 la tasa de homicidios pasó de 6,6 a 5,1 cada 100.000 habitantes, es decir una baja del 23%.

Pero todo eso cambió. Por primera vez en años, y a pesar de la cuarentena eterna que sufrimos los argentinos, este número volvió a aumentar: pasamos de 2.306 homicidios en 2019 a 2.416 en 2020, un aumento de casi el 5%. Desde Weber para acá, el Estado posee el monopolio legítimo de la fuerza. Esto es porque se reconoce la necesidad última de hacer imperar la ley cuando esta es infringida, y utilizando la coacción como último recurso. Esto no significa de ninguna manera como muchos creen que para hacer cumplir la ley se pueda violar la ley. Según cifras del propio Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), el periodo 2016-2019 fue el de mayor baja sostenida y permanente en muertes por enfrentamientos con la fuerza policial, y el 2019 fue el año con menor cantidad de muertes por violencia institucional en los 30 desde que el CELS elabora estas estadísticas. No uno de los más bajos, sino el más bajo. Esto demuestra, una vez más, que contrario a lo sostenido en reiteradas ocasiones por sectores de la política, se puede hacer cumplir la ley cumpliendo la ley, y se puede bajar la inseguridad sin que ello redunde en violencia institucional. La ley llama a la ley, y la paz llama a la paz.

El narcotráfico toma el territorio cuando este es abandonado por el Estado.

Repito: la consecuencia directa de no enfrentar el narcotráfico es el aumento directo de la violencia. En la ciudad de Rosario, el 2021 cerró con 241 asesinatos, el registro más alto de los últimos siete años. La balacera ocurrida en un restaurante de pleno centro y el triple crimen a la salida de un casamiento, en el que fue asesinada una pareja y su hija de un año, son sólo algunos de los ejemplos más extremos de una ciudad que pide a gritos una decisión política que evite lo que el dueño de una concesionaria, ya demasiado superado, sentenció hace unos días: “Ganaron ellos, voy a cerrar”.

El narcotráfico toma el territorio cuando este es abandonado por el Estado. No existe tal cosa como un no-poder o una no-ley: ante la ausencia del poder estatal, este es reemplazado por las organizaciones criminales y la ley del más violento. En 2017, en Alto Verde, Santa Fe, en sólo seis meses bajaron un 50% los homicidios, y en el barrio 31 de la ciudad de Buenos Aires, un 72% en un sólo año. La presencia integral del Estado en materia de seguridad y el imperio de la ley significan la recuperación del territorio para los ciudadanos. Hoy Rosario volvió a ser un territorio hostil, y corre el riesgo de sufrir un fuerte, rápido e inesperado éxodo masivo de todos aquellos que puedan permitírselo si no se toman medidas urgentes.

Acción, omisión o inoperancia

El narcotráfico sólo puede tomar el territorio de dos maneras: o por abandono del Estado o por complicidad con funcionarios del Estado. Itatí es un municipio de la provincia de Corrientes con un registro de 6.562 habitantes. En 2017 en el marco de una causa de narcotráfico fueron detenidos el intendente, el viceintendente, el hermano del viceintendente, la hija del intendente, el yerno, el comisario, un sargento, un gendarme y decenas más. La banda utilizaba a los chicos de las escuelas para descargar la droga de los barcos que cruzaban desde Paraguay. Tres capos narcos, 18 toneladas secuestradas de marihuana, un juez federal y sus dos secretarios, completan lo que se llamó el “Operativo Sapucay”, digno de una serie de Netflix.

Por acción, por omisión, o por inoperancia, no hay narcotráfico sin la complicidad de la política.

Por acción, por omisión, o por inoperancia, no hay narcotráfico sin la complicidad de la política. Por eso duelen las muertes de la cocaína adulterada. Sorprende también la rápida expulsión del país a Paraguay de Joaquín “Paisa” Aquino, uno de los sospechosos, y más aún proviniendo de la misma administración que derogó el decreto que preveía el rápido mecanismo de extradición de delincuentes.

La semana pasada, una columna de opinión acusaba a algunos dirigentes políticos de “sacar provecho” del debate generado a partir de la droga adulterada y usaba la palabra “carancheo”. Lo cierto es que no hay nada provechoso para nadie en 24 muertes que eran evitables, pero parece haber una tribuna que piensa que es lo mismo enfrentar al narcotráfico que no enfrentarlo. No es lo mismo ponerle el cuerpo a la lucha contra un problema estructural que no hacerlo, y es imprescindible comprender que la lucha contra el narcotráfico es la lucha contra la violencia, y por ende es la lucha por la seguridad de los argentinos.

Una política abierta, decidida, que nos permita ni más ni menos vivir en un país más o menos normal, en el que salir a cenar en una de las ciudades más lindas de nuestro país no signifique correr el peligro de quedar en el medio de una balacera, en el medio de una guerra narco.

 

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Damián Arabia

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