JAVIER FURER
Domingo

La rebelión del libertario

La Argentina tiene condiciones para convertirse en un nodo tecnológico global, también en inteligencia artificial, pero aún deben mejorar muchas cosas.

Hace poco tuve la suerte, gracias a la invitación de Demian Reidel, de acompañar a Javier Milei en su gira por Silicon Valley. Vivo hace más de 10 años en San Francisco y trabajo en la industria de la tecnología desde hace al menos 20, por lo que resultó entonces muy interesante no sólo comprobar de primera mano el interés que despertó el presidente entre los responsables de los cambios más radicales de los últimos años en nuestras sociedades, sino también ver las oportunidades concretas que se abren para la Argentina en el campo de la inteligencia artificial (IA).

Lo primero y fundamental que debe señalarse es que las ideas de libre mercado y libre empresa son el substrato ideológico que fundaron un entendimiento inmediato entre Milei y los líderes tecnológicos. La idea de transformar a la Argentina en un hub de IA está inspirada en dos convicciones: por un lado, que es una tecnología que transformará el mundo y determinará ganadores y perdedores en las próximas décadas (algo así como lo que pasó en la Revolución Industrial, pero más rápido y generalizado). Por el otro, que la Argentina tiene condiciones que brindan una ventana de oportunidad para el desarrollo en este ámbito.

Algunas de estas condiciones incluyen un posicionamiento geopolítico convenientemente alejado de los focos de conflicto, educación técnica de calidad, talento aplicado, conectividad, energía, agua y otros recursos. Tenemos también una historia de conflictos relacionados con inversiones extranjeras productivas (léase: no hay seguridad jurídica, somos deudores crónicos, defaulteadores seriales, todo lo que ya sabemos y no podemos caretear), por lo que hay que poner mucho foco en explicar y luego ejecutar medidas que faciliten la llegada de estas inversiones y den un marco de seguridad fiscal y legal. En IA la regulación impulsa la inversión.

Casi todas las capitales del mundo desplegaron sus tubos de ensayo para crear un ecosistema similar al de Silicon Valley.

Tener un hub implica construir un ecosistema. En el caso de la IA, los principales jugadores son las empresas de tecnología (en particular los AI labs, por su rol preponderante), las startups, el talento, las universidades y los fondos de inversiones de riesgo. Muchos lo intentaron: casi todas las capitales del mundo desplegaron sus tubos de ensayo para crear un ecosistema similar al de Silicon Valley. Que sea difícil no debería desalentarnos, sino todo lo contrario.

Dando por descontado que se pueden construir las condiciones generales de inversión, la principal preocupación de los AI labs es la escala. Para justificar la apertura de una subsidiaria de una de estas plataformas en el país no alcanza solamente con tener calidad, sino que es necesario tener cantidad. Un plan para atender esta preocupación debería incluir las siguientes iniciativas: poner en valor el talento técnico argentino; fomentar el estudio de carreras técnicas; atraer a los mejores talentos de otros países de América Latina y de Europa; demostrarles a las empresas que actualmente contratan y se llevan el talento argentino que les resultaría más conveniente dejarlos en el país (en una de las empresas que fundé, una parte de mis empleados se iban a trabajar a Google o Facebook en Estados Unidos o Reino Unido, pero no es fácil tramitar las visas y el costo total es alto); mejorar la legislación laboral.

Con una gestión en la dirección correcta, estas inversiones pueden ser directamente favorables para el país (pensemos en cientos o miles de empleos con sueldos anuales de 250.000 dólares). Pero el beneficio indirecto es aún mayor. Cada agente del ecosistema aporta mucho más que lo que suma por sí solo. Ésa es la magia. Tener investigadores y desarrolladores de software expone a los otros jugadores del sistema a una dinámica prodigiosa; por ejemplo, los empleados que se van de las grandes compañías fundan startups, lo cual a su vez atrae inversores de riesgo… Y así el ecosistema florece.

Casos de éxito nacional

Otro elemento importante son las empresas argentinas de tecnología. Si bien Mercado Libre o Globant no son empresas que construyan modelos fundacionales de IA (por ahora), sí emplean talento e invierten capital en usar IA para mejorar sus productos y servicios. Estas empresas, como otras no tan grandes y conocidas, son fundamentales no sólo para dar y calificar empleo, sino que son ejemplos vivientes de que en la Argentina se puede.

Lqs startups y los inversores de riesgo (VC) son dos caras de la misma moneda de la innovación. En la Argentina hay una gran cultura emprendedora, por algo somos los que tenemos más unicornios por cantidad de habitantes de la región y la compañía más valiosa (MELI, que desde luego alguna vez fue una startup). Pero tenemos problemas. Los problemas viejos que ya mencionamos y algunos nuevos: por ejemplo, que los trabajadores argentinos se vayan atraídos por una mejor calidad de vida a Uruguay, o por un mercado más grande y propicio a México.

Lo interesante de la oportunidad para las startups es que pueden construir su producto en la Argentina y venderlo globalmente. Y nuestro país es cautivante. Hay muchas historias, pero me gustaría compartir la Patrick Collison, fundador y CEO de Stripe (valuada actualmente en 65.000 millones de dólares), quien eligió a la Argentina para comenzar su compañía por su cultura emprendedora. Durante el viaje, Patrick me contó que planea volver pronto, quiere ver cómo está el país. Más allá de lo anecdótico, hay emprendedores de todo el mundo que, dadas las condiciones correctas, estarían encantados de venir a buildear o invertir a la Argentina. Para maximizar estas oportunidades, hay que desburocratizar la constitución y operación de sociedades, facilitar la obtención de visas de empleo y residencia para emprendedores y talento calificado, liberar el movimiento de capitales, flexibilizar la contratación de talento, entre otras.

Hay una oportunidad de convocar a algunos de los inversores de riesgo más relevantes y pedirles que comprometan fondos que permitan poner el ecosistema en movimiento.

Las startups consumen mucho capital, especialmente porque la mayoría se funde. Es por eso que, donde hay startups, hay capital de riesgo. En los últimos 20 años en la Argentina se desarrolló  muchísimo el VC. Y, otra vez, el fondo más grande de capital de riesgo de América Latina es argentino (y uno de sus fundadores también fue cofundador de MELI, un caso paradigmático de cómo funciona un ecosistema en el tiempo). Dado el interés generado, creo que hay una oportunidad de convocar a algunos de los inversores de riesgo más relevantes y pedirles que comprometan fondos que permitan poner el ecosistema en movimiento. No es beneficencia, sino una apuesta asimétrica. La oportunidad existe, hay que instrumentarla.

Otra opción interesante es la construcción y operación de infraestructura de IA, una necesidad que se estima que multiplicará en la próxima década, y todos los AI labs están estudiando dónde hacer las inversiones para servir la demanda futura. Esto incluye plantas de producción de energía (renovable, limpia), centros de procesamiento de datos y plantas productoras de circuitos integrados. Considerando el nivel de inversión de estas compañías, no es absurdo pensar que podrían invertirse en la región decenas de miles de millones de dólares sólo en data centers de IA. Las condiciones materiales para que elijan nuestro país están dadas: tenemos grandes extensiones de tierra, energía a un precio competitivo, agua, conectividad y talento para armar y operar gran parte de estos centros. La deuda pendiente es, como ya se mencionó, la regulación específica y la seguridad fiscal y legal. Mi impresión personal es que los argumentos del presidente Milei han logrado generar el interés inicial. Ahora hay que encontrar la forma de brindar condiciones diseñadas para el largo plazo.

Por último me parece importante resaltar, aunque para muchos resulte obvio, que estamos en un sistema altamente competitivo, donde las personas que toman decisiones lo hacen mirando los riesgos y beneficios de todos los países de la región. En este sentido, es crítico tener una mirada analítica sobre nuestras realidades y encontrar un balance que funcione. Espero que estas reflexiones básicas sirvan para continuar y ampliar un diálogo entre todos aquellos que trabajamos en tecnología y amamos la Argentina.

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Mat Travizano

Empresario, inversor e investigador en inteligencia artificial y sistemas complejos. Fundador y chairman de Grandata. Fundador y general partner de Sur Ventures. Visiting scholar en la Universidad de California, Berkeley. En X es @mtravizano

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