ELOÍSA BALLIVIAN

Lectores en tránsito

Mucho correo esta semana, particularmente de lectores a los que también acompañamos en sus traslados.

Sobre “Soy commuter y me la banco”, de Gustavo Noriega

Tampoco manejo. El momento de esperar en doble fila en el asiento de acompañante es aterrador. Creo que alguna vez llegué fingir una lesión en la pierna.

No entiendo cómo la deconstrucción no empezó por estos temas.

Menos entiendo al que disfruta cuando maneja, que cuando se traslada sólo hace eso: maneja.

Dejaré la lectura y escucharé tu podcast. Te dejo el que empecé a hacer.

—Ariel Senosiain

Excelente. Coincido que Buenos Aires es una gran ciudad para commutear (si la palabra no existe hay que inventarla). En mi caso el trayecto son 30 cuadras y, si el día está lindo, las hago caminando. La alternativa es el 152, que tiene las cuatro b: bueno, bonito, barato y rápido.

Lo que más me gusta del commuteo (ya sin itálicas porque es palabra aceptada) es que hoy en día lo haces con el celular en la mano. Sencillamente no entiendo como hacía la gente para viajar antes de los celulares… lo que no debería ser difícil de entender para mí porque los celulares, tal como los conocemos, tienen menos de 15 años y yo viajé con cospeles (es muy loco pensar que el 11 de julio de 2008 salió el primer iPhone, que fue casi ayer y también hace dos épocas geológicas).

Yo también escucho podcasts cuando conmuto. Casualmente, recuerdo cuál fue el primer podcast que escuché: 12 Byzantine Emperors. Y también sé cuándo lo escuché por primera vez: el 31 de enero de 2007, cuando leí en el New York Times que un profesor de secundaria americano estaba teniendo un éxito arrollador con un podcast de historia bizantina.

Esto también sucedió casi ayer y también hace dos épocas geológicas. Lo sé por cómo cambiaron las cosas: en 2007 yo leía el New York Times como quien lee Seúl y hoy, para leer ese artículo, tengo que ser suscriptor. Yo cuido las reservas del BCRA.

Todo esto para decir que Seúl merece tener sus podcasts, su canal de Youtube y cuanta otra cosa que haga falta para que sus lectores podamos también ser sus escuchadores y videntes.

Gracias por tu newsletter. Me alegra las mañanas.

—Francisco José de Zavalía

 

Hola Gustavo, me encantó leerte!

Me sentí muy identificada como “commuter no motorizado”. No manejo hace 30 años y hago commuting entre Corrientes y Resistencia para dar clases en la Facultad. No escucho podcast todavía, pero disfruto del paisaje, de la vista del Río Paraná desde el Puente General Belgrano.

—Analía Montero

 

Los podcasts se sumaron a la serie de disrupciones que han puesto a los intermediarios en problemas. Casi infinita la oferta. Me enganché mucho con uno que se llama “The Rewatchables” donde toman una película de hace por lo menos 10 años, de las que se puede volver a ver, y conversan sobre ella, lo que perdura, lo que envejeció, que otro casting pudiera haber tenido, las mejores escenas, etc etc etc. Todo desde un enfoque super yanqui. Me entusiasmó tanto uno de los últimos que escuché, la peli era “Casino”, que me puse a ver todas las pelis de Scorsese desde la primera, muchas, claro, ya las vi, y unas cuantas no.

En fin. Otro podcast tremendo es la primera temporada de “Serial”, que terminó siendo un documental de HBO y que además reabrió un caso judicial sobre un crimen. ¡Hacía los viajes más largos porque no quería dejar de escucharlo!

Por otro lado, que oscuro y secreto placer no saber manejar, casi un primo hermano de ignorance is bliss.

Saludos.

—Jorge Solari

 

Me sentí muy identificado. En mi caso, tengo registro de conducir, pero por alguna razón, no me siento confortable manejando, y solo mi mujer o mi hija manejan el auto. Ocupo el lugar de acompañante, y tengo las mismas vivencias que mencionás abajo.

También cuando tengo que desplazarme solo, jamás uso el auto (si colectivo, subte o caminar). Puedo realizar para viajes, combinaciones que no se le ocurrirían a nadie. Pero por sobre todas las cosas, disfruto hacerlo.

Te escucho a menudo en el programa de la tarde de Radio Rivadavia, y he leído muchas notas tuyas en El Amante. Felicitaciones, saludos.

—Diego Alperin

 

Muy interesante. Una vez, hace ya muchos años, me subí por error a un colectivo de la línea 51. No andaba el Roca por un paro y me encontré con la sorpresa ahí mismo. La alternativa eran colectivos que me acercaran lo más posible al sur del GBA. Este 51 hacía un ramal diferente: iba de Constitución hasta Lomas de Zamora, pero lo hacía por Avellaneda (creo que era el ramal 186). De ahí a casa era más fácil.

Resulta que éste tardaba EL DOBLE. Porque iba por Dock Sud y pasaba por la inefable Isla Maciel. Imaginate como era eso hace 35 años.A partir de ese viaje, cada vez que necesitaba reconectarme con la realidad, me tomaba ese bondi, que me permitía, a través de las imágenes que veía, conectarme con la realidad de gente que vive en situación miserable y por comparación entender cuál era la mía.

Tenía 17 años, trabajaba y estudiaba, era hijo de un obrero industrial y sabía que mi posición era privilegiada; pero cada vez que necesitaba “caer” o tomar una decisión importante, volvía a subirme al 186. Lo hice durante casi 10 años. Aún después de empezar a tener auto propio y manejar.

En fin, tu relato me llevó hasta ahí. Gracias por compartirlo.

—José Luis Amato

 

Sobre “Pesimismo y vergüenza en Moscú”, de Hernán Iglesias Illa

He recibido por parte de un amigo en Argentina, el interesante, fuerte y muy personal artículo, “Pesimismo y vergüenza en Moscú”.

Nosotros en el norte de Noruega, más precisamente en la provincia de Finmark, tenemos como vecinos y viviendo en total armonía a los rusos de Murmansk.

Noruega y Rusia en Murmansk tienen un trabajo en conjunto basado en cooperación en la industria del petróleo y el gas, la gestión marina y las cuestiones ambientales es esencial para el desarrollo futuro en el Alto Norte. En 2007 se inauguró una escuela secundaria superior noruego-rusa en Murmansk.

Esta “hermandad” acentúa nuestra solidaridad y apoyo, siendo exactamente igual nuestra preocupación por los ucranianos como por los rusos.

“La paz es más dificil que la guerra. Se necesitan dos para hacer una paz y solamente uno para hacer una guerra”. Paul Valéry.

Un cálido saludo desde Bodø, Noruega

—Ricardo Clarke

 

Sobre “La trampa del aguante”, de Sebastián Welisiejko

El análisis de contención o transformación requiere mirar algo más que la asignación de las partidas presupuestarias. Desde mi perspectiva puede haber programas alimentarios transformadores y programas de vivienda solo contenedores.

Para ello es necesario analizarlos desde la demanda y no desde la oferta. Para ello la evaluación de impacto es indispensable, además de analizar la metodología de implementación (análisis de la oferta) para ver si contiene mecanismo de empoderamiento (transformación) o sólo asistencia (contención).

Sugiero que los artículos que presentan con propuestas de políticas públicas se discutan en algún comité específico que ayuden al autor a realizar los ajustes necesarios. Les dejo un saludo.

—Raúl Zavalía

 

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(igual que otros)

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