BERNARDO ERLICH
Domingo

Corazón halcón,
cabeza paloma

Juntos por el Cambio necesita a los dos. Y es una ventaja tenerlos.

Ahora que la temporada de cierre de listas muestra una cara poco agradable de la política, cuando parece que los dirigentes tienen mucho ego y poca oreja atenta a los problemas de la gente, quiero hacer una defensa no sólo de Juntos por el Cambio –que es con mucha diferencia la coalición opositora más sólida desde hace al menos 20 años– sino también de los distintos perfiles de sus dirigentes, a los que en el último año y medio se ha caracterizado como halcones o palomas, según su grado de dureza frente al kirchnerismo. A veces se hace un gran problema sobre esta diferencia de actitudes, pero quiero usar los párrafos que siguen para decir que la presencia de halcones y palomas no sólo no es una debilidad del PRO o de JxC sino una fortaleza, y para proponer una síntesis operativa a la que, en reuniones políticas o con militantes, vengo llamando “corazón halcón, cabeza paloma”. Es decir, convicciones profundas combinadas con pragmatismo electoral, identidad definida combinada con vocación de amplitud y generosidad: firmeza estratégica, flexibilidad táctica. “Corazón halcón, cabeza paloma” describe cómo me siento yo en este momento, pero creo que también puede ser un atajo útil para otros.

Quiero usar los párrafos que siguen para decir que la presencia de halcones y palomas no sólo no es una debilidad de JxC sino una fortaleza.

La metáfora de halcones y palomas empezó como una joda pero quedó, en parte porque, aunque es una caricatura, describe con razonable precisión las dos actitudes principales que habitan hoy dentro de Juntos por el Cambio, tanto entre sus dirigentes como entre sus votantes. Voy a tratar de definirlos en un par de líneas, como para marcar el territorio del que estoy hablando, antes de pasar a otras ideas. 

Los halcones creen que es importante para JxC tener una identidad ideológica nítida, que la sociedad pueda sentirse representada por los principios y las ideas que defienden. Buscan crear una fuerza social que exceda los triunfos electorales y eso se hace, creen los halcones, expresando valores que representan a nuestros votantes y a una parte importante de la sociedad. Las palomas, en cambio, prefieren un grado mayor de ambigüedad ideológica, más basados en la solución de problemas y la apertura al diálogo, que les permita no sólo seducir a un grupo más amplio de votantes sino también obtener buena voluntad de dirigentes de otros partidos para, una vez en el gobierno, negociar transformaciones profundas.

Los halcones creen que la elección de noviembre es la más importante desde 1983, porque debe servir para frenar el avance deseado por el kirchnerismo sobre la república. Las palomas no tanto, o por lo menos no le ponen tanto énfasis. Los halcones creen que nuestra democracia está en peligro. Las palomas, no tanto, aunque palomas con las que hablé recientemente están empezando a cambiar de opinión. Los halcones creen que el desafío principal de nuestro sistema democrático es el kirchnerismo. Las palomas creen que el desafío principal de nuestro sistema democrático es la grieta. Para los halcones, Alberto y Cristina son lo mismo. Para las palomas, no. 

Las palomas creen que no se puede gobernar, aun ganando las elecciones, si la mitad del país te desprecia y va a hacer todo lo posible para boicotearte. Los halcones creen que hay dar la batalla cultural, combatir la influencia nacionalista y populista sobre el sentido común de la sociedad, y que eso hará más fáciles reformas que sin el apoyo de la sociedad serían imposibles, por más votos que se tengan en el Congreso. Si llegaran al gobierno en 2023, los halcones creen que se deberían empujar muchas reformas profundas lo más rápido posible. Las palomas, en cambio, creen que sólo habría que intentar reformas para las que se tiene el apoyo político suficiente.

jxc, antifrágil

Esto no es exactamente así, ni es posible colocar a cada dirigente por completo en alguno de los dos campos, pero es bastante así. A algunos, dentro y fuera de la coalición, estas divisiones les parecen preocupantes (o, del otro lado, para festejar). En estos días feos, de acuerdos de cúpulas sobre las listas y mensajes en off enviados a través de los diarios, puede parecer que los asustados tienen razón. Pero yo nunca estuve demasiado preocupado. Por dos razones: la primera es que la relativa tranquilidad con la que se está dirimiendo la cuestión de las candidaturas muestra que JxC ha adquirido antifragilidad, por ponerlo en términos de Nassim Taleb: es una organización lo suficientemente fuerte en su esencia como para mantenerse unida en los momentos difíciles (derrota electoral, ausencia de líder claro, debut en la oposición) y, al mismo tiempo, lo suficientemente flexible como para absorber las tensiones inevitables que tiene su vida partidaria. Una organización antifrágil aprovecha los shocks para hacerse más fuerte: creo que eso es lo que está pasando con Juntos por el Cambio.

Halcones y palomas se critican entre sí por ser demasiado duros o demasiado blandos con el gobierno, pero en lo fundamental no hay diferencias.

La segunda razón por la que creo que las diferencias entre halcones y palomas son secundarias es que reflejan diferencias sobre estrategia política, pero no sobre visión de país. Halcones y palomas se critican entre sí por ser demasiado duros o demasiado blandos con el gobierno, pero en lo fundamental –una democracia más robusta, una economía más ordenada, un país más integrado al mundo– no hay diferencias. A veces los columnistas colocan a dirigentes palomas como mas “al centro” que dirigentes halcones. Pero eso es sólo cierto si el eje que miramos es el nivel de tolerancia con el oficialismo. En lo sustancial, en lo que verdaderamente es el tejido conectivo de un partido o una coalición, halcones y palomas piensan casi lo mismo. ¿En qué temas puede alguien pensar que, por decir un nombre, Emilio Monzó es más de centro que Patricia Bullrich? ¿O que la visión de país de Horacio Rodríguez Larreta está a la izquierda de la de Alfredo Cornejo? Si hay diferencias, son mínimas.

“No nos estamos peleando, nos estamos reproduciendo”, leí en estos días en las redes. El chiste me pareció sugestivo, porque muestra que aquello que siempre se les envidiaba a los peronistas –el barullo de superficie sostenido por una asociación profunda– ahora puede aplicarse a Juntos por el Cambio. La construcción de una coalición amplia y bulliciosa, con chisporroteos ocasionales pero protegida por convicciones compartidas, es un gran mérito de JxC en este año y medio, y que habitualmente pasa inadvertido por el mundo político. Los periodistas ven los chisporroteos, pero pasan por alto la novedad absoluta que es una coalición como JxC en el mapa político argentino, que se mantuvo unida y comprometida a pesar de la derrota electoral y la inédita experiencia de una conducción colegiada.

Mi hipótesis no es sólo que la coexistencia entre halcones y palomas le hace bien a Juntos por el Cambio: también creo que es un paso inevitable e imprescindible para convertirse en una verdadera coalición con vocación de poder. Tener corrientes internas, con dirigentes de sensibilidades distintas, la puede ayudar a conseguir más votos y a mostrar distintos énfasis según las necesidades del momento. 

Lo que sí creo es que tanto halcones como palomas tienen cosas para aprender de los otros, y que ese aprendizaje ayudará a mejorar la convivencia interna y a diseñar una mejor estrategia de corto plazo y de largo plazo. A continuación, unos ejemplos rápidos.

Qué pueden aprender las palomas de los halcones

Algo que los halcones tienen a favor es lo que llamo, a falta de un nombre mejor, el “magnetismo de la convicción”. Hay algo encantador y misterioso en un dirigente político que defiende con valentía sus ideas y siente que no tiene que pedir permiso por expresarlas. La convicción es atractiva. Las palomas, por su énfasis natural (y genuino) en estar abiertos al diálogo, a veces miden sus palabras, lo que les genera menos enemigos pero también menos adherentes.

Creo que las palomas deberían tomarse más en serio lo que se ha dado en llamar “la batalla cultural”, entendida como un esfuerzo por hacer dominantes las ideas de JxC.

También creo que las palomas deberían tomarse más en serio lo que se ha dado en llamar “la batalla cultural”, entendida no como un concurso de ladridos entre kirchneristas y anti-kirchneristas sino como un esfuerzo por hacer dominantes las ideas de Juntos por el Cambio. Será más fácil, por ejemplo, aumentar las tarifas de luz y gas (algo que el próximo gobierno va a tener que hacer, lamentablemente) si la sociedad entiende por qué no hay otro camino. También entiendo de qué hablan los halcones cuando dicen que el PRO no debería conformarse con ser una máquina de ganar elecciones sino transformarse en una fuerza social estable, con sus apoyos institucionales y una porción importante de la sociedad con su camiseta puesta. No solamente que ponga el voto correcto cada dos años. Como mostró el kirchnerismo, no es irrelevante en lo electoral o en el ejercicio del poder tener entre un cuarto y un tercio del país hinchando por vos y en contra de los contrarios. Ayuda y mucho.

A veces siento que las palomas, con su énfasis por ampliar el atractivo electoral de la coalición, son indiferentes a quiénes están seguros de que los van a votar. Por ejemplo, el año pasado con los banderazos y las marchas ciudadanas, a las que casi no les hicieron un mimo. Destaco, finalmente, que los halcones vieron rápido que los iniciales susurros dialoguistas de Alberto Fernández eran poco más que eso. Desde el manotazo al presupuesto porteño, el año pasado, en este punto ya casi no hay diferencias importantes.

Qué pueden aprender los halcones de las palomas

Hay algo que dicen las palomas que tiene mucho sentido: con este nivel de conflicto entre las dos coaliciones principales es imposible llegar a los acuerdos básicos que nos permitan salir del pantano institucional y económico en el que estamos hace tanto tiempo. La hipótesis de los halcones para salir de este empate es con un triunfo abrumador en las elecciones de 2023, que conduzca a la irrelevancia del kirchnerismo y meta al peronismo en una crisis existencial. Posible, pero improbable. La diagonal que proponen las palomas es la apertura de JxC a todo aquel votante o dirigente que quiera vivir en suelo cambiemita. Me parece más realista que la hipótesis del triunfo arrollador.

También valoro en las palomas, sobre todo en las del PRO, el respeto a la metodología y el proceso de toma de decisiones que le hizo ganar al partido más de media docena de elecciones seguidas. Quizás porque fui parte de ese proceso y sé cómo funciona, pero a veces veo en los halcones un regreso a la política electoral basada puramente en la intuición y las corazonadas: puede funcionar, pero también puede no hacerlo.

Otra costumbre valiosa de las palomas es su compromiso por hablarle directamente a la sociedad en general y no sólo a los convencidos.

Otra costumbre valiosa de las palomas, derivada de la anterior, es su compromiso por hablarle directamente a la sociedad en general y no sólo a los convencidos, a los programas de TV o al Gobierno. Esto requiere disciplina y tiene sus problemas (puede parecer que uno tiene menos convicción o es menos auténtico), pero en definitiva es lo que hay que hacer, sobre todo en campaña.

Estas diferencias inevitablemente generan tensiones, pero las veo bastante complementarias. Por eso pienso en términos de “corazón halcón, cabeza paloma”. Me gusta de los halcones la idea de construir una fuerza social de mediano y largo plazo, con ideas y convicciones compartidas, no sólo entre los dirigentes sino también por una mayoría de la sociedad. Y me gusta el pragmatismo de las palomas por no conformarse en el corto plazo con esa fuerza social y salir a buscar apoyos que permitan ganar elecciones y tener menos riesgo de gobernabilidad en el futuro.

Una coalición con vocación de poder necesita oscilar virtuosamente entre identidad y fluidez, ideología y pragmatismo, idealismo y realismo, estrategia y táctica. A pesar de los chisporroteos de los últimos días (y todavía quedarán algunos más, hasta el cierre de listas), creo que tanto el PRO como JxC están aprendiendo a navegar con éxito por ese camino, cada uno con sus halcones y sus palomas.

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Hernán Iglesias Illa

Editor general de Seúl. Autor de Golden Boys (2007) y Cambiamos (2016), entre otros libros. En el gobierno de Cambiemos fue subsecretario de Comunicación Estratégica de Jefatura de Gabinete. En Twitter es @HernaniiBA.

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