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#2 | Maxim Mironov sobre Putin

El economista ruso residente en Buenos Aires dice que el 87% que sacó en las elecciones no coincide con el número real de votos, que el apoyo real es del 40% y que este nuevo mandato será una lotería.

¡Hola! Bienvenido a la segunda edición de Materia gris, donde todos los miércoles te vamos a mandar entrevistas con especialistas que sepan mucho sobre algún tema de actualidad en particular.

Hoy conversamos con el economista ruso Maxim Mironov, profesor de Finanzas en la IE Business School de Madrid y residente en Argentina desde 2008, cuando dejó Rusia ante la creciente vocación autoritaria de Vladimir Putin.

Lo llamamos para hablar sobre las “elecciones” del fin de semana pasado en Rusia, en las que Putin fue reelegido hasta 2030 pocas semanas después de la muerte en prisión de su principal opositor, Alexei Navalny y del segundo aniversario de la guerra en Ucrania.

Putin dice que sacó el 87% de los votos. ¿Cuán creíble es ese número?
Hay varias cosas. Primero, Putin no tenía derecho a participar en estas elecciones. Según la Constitución rusa sólo podía ser electo por dos períodos consecutivos, y ya los cumplió. Por eso, en 2020 modificó la Constitución de manera ilegítima, con un referéndum de tres días en plena pandemia, para que mucha gente no fuera a votar. Esto permitió cambiar la ley para que Putin fuera candidato.

Segundo, no permitieron que compitiera ningún candidato realmente opositor. Todos los candidatos contra los que compitió Putin apoyan la guerra en Ucrania, son pro-militares y apoyaron la anexión de Crimea. En Rusia y en todo el mundo se hicieron protestas, el “mediodía contra Putin”. No sé los números exactos, pero en Buenos Aires hubo miles de personas que se juntaron desde el mediodía hasta que se cerraron los comicios para votar contra Putin. Esto ocurrió en todo el mundo y en las ciudades grandes de Rusia como Moscú o San Petersburgo.

Eso nos lleva al tercer problema: el 87% que sacó en las elecciones no coincide con su número real de votos. Algunas estimaciones calculan que en realidad tiene la mitad de votos como máximo. Alrededor de 31 millones de votos son falsos. Su porcentaje real está en alrededor del 40-45%.

¿Qué podemos esperar de otro nuevo mandato de Putin después de 24 años en el poder?
No sabemos. Como cualquier dictador ilegítimo, cuando llegue 2030 va a buscar, si puede, reelegirse otra vez. Si no, se irá antes. Puede terminar muy rápido o puede durar mucho tiempo más y quedarse otros 20 años. Putin tiene el apoyo de un 40% del electorado, tiene el apoyo de las fuerzas oficiales y de la policía.

Hoy en Rusia podés ir a la cárcel por un posteo de Facebook o por vestirte con ropa de color azul y amarillo. La gente tiene miedo. Putin es un monarca absoluto con problemas psiquiátricos. Todos los opositores que quieren participar en las elecciones son destruidos. No hay jueces, ni parlamento, ni gobernadores, ni nada que lo frene dentro de Rusia. Podría empezar otra guerra más cuando termine con la de Ucrania. La verdad, es una lotería. Para todo el mundo, no sólo para Rusia.

¿Cómo impactó la guerra de Ucrania en estas últimas elecciones?
Putin quiso hacer un blitzkrieg, una guerra rápida que ayudara a aumentar su popularidad. En 2014, cuando anexó Crimea, muchos rusos lo apoyaron. Pero después tuvo muchos fracasos económicos y en la política interna. Pensó que, si lograba anexar Ucrania rápidamente, su popularidad se iba a ir a las nubes.

Pero nadie pensó que le iba a costar tanto enfrentar a un país pequeño y con menos recursos. Para él fue una gran sorpresa. Es un fracaso. Ahora Putin está a la espera. Espera a que en Occidente pasen las elecciones, cambien los gobiernos y se cansen de la guerra. Para que decidan entregar Ucrania con el fin de hacer negocios. Esto ya pasó en 2008 con Georgia. Él espera, espera y espera. Y cuando por fin todo Occidente esté muy cansado de la guerra, se va a hacer de toda Ucrania o de una parte. Y después, va a iniciar una nueva guerra.

¿De qué manera se vincula la muerte de Navalny con el accionar político de Putin?
Ahora ya tenemos algunos datos. Sabemos que Putin negoció con Alemania para hacer un intercambio de prisioneros con el objetivo de liberar a [Vadim] Krasikov, que está preso por haber matado a un opositor ruso (Zelimkhan Khangoshvili). Alemania dijo que como Krasikov ya tenía una condena perpetua, no iban a intercambiar a un criminal. Después quisieron cambiar a Krasikov por Navalny, y ahí Putin decidió matarlo a Navalny. No quería cambiar a Navalny por nadie, y entonces lo mató para obligarlos a elegir a otro prisionero para intercambiar. Este asesinato estuvo muy bien preparado. Mandaron a Navalny a una cárcel muy alejada, en un pueblito cerca del Círculo Polar Ártico. Si estás en contra de Putin, sólo hay tres opciones: ir a la cárcel, irte del país o ser asesinado por Putin. No hay otra alternativa.

¿Cómo se fue construyendo el camino para que Putin imponga su autoritarismo?
Es un camino largo que empezó hace 25 años. En los ’90, Rusia era una democracia muy joven, con instituciones frágiles. Familias oligarcas como la de Yeltsin encontraron a un muchacho joven que prometía no atacar sus intereses, no juzgar a su familia por la cantidad de empresas y otras cosas que se robaron. Fue la única promesa que hizo Putin. Lo eligieron como un muñeco de Yeltsin.

Pero rápidamente empezó a cambiar las cosas. Cooptó a los medios televisivos más importantes. Empezó a cambiar las reglas de las elecciones. En 2004, decidió que no se iban a elegir más gobernadores. Mientras tanto, la economía mejoró mucho, pasando de una crisis muy profunda en 1998 a que el PBI crezca un 10% anual. La gente empezó a comprar cosas, a disfrutar de sus nuevos autos. Nadie pensó que esas modificaciones en la política eran importantes porque les iba muy bien económicamente, sobre todo después de unos años ’90 que habían sido muy difíciles en Rusia.

En 2011-2012 la gente entendió que había un gran problema. Pero ya era tarde. Porque durante 12 años destruyó todo el sistema de medios de comunicación, de jueces, de instituciones como el parlamento. Esa es la situación que tenemos ahora.

¿Qué se puede hacer para que Rusia mejore su calidad democrática?
Desde adentro es imposible, porque Putin no tiene límites. Él va a matar a tantas personas como sean necesarias para mantenerse en el poder. Es capaz de matar a todos los que se oponen a él. La única manera de ayudar a Rusia es en forma internacional. Por ejemplo, darle más armas y más ayuda económica a Ucrania. Todo lo que se puede hacer hoy está afuera de Rusia.

Argentina ya hizo mucho aceptando inmigrantes rusos. Muchos rusos llegaron en los últimos dos años, después de la guerra. Vinieron a Argentina porque Europa cerró sus fronteras. Los rusos tienen un poder adquisitivo alto y capital humano muy alto. Si emigran, es un gran problema para Putin, que pierde recaudación por impuestos y capital humano valioso. A la vez, ayuda a las economías del resto de los países. Es una cosa obvia, que en Argentina entienden, pero en otros países mucho más cercanos a Rusia no.

¿Qué más podría hacer Argentina para ayudar a Rusia?
Para hacer política se necesitan recursos, y Argentina hoy está en una situación económica muy difícil. Argentina puede ayudar aceptando inmigrantes rusos y, también, a través de lo simbólico. Como ha hecho Milei, dándole apoyo político a [Volodimir] Zelensky e invitándolo a su asunción presidencial, por ejemplo. Para cosas reales, como enviar nuevas armas a Ucrania, se necesita dinero. Y Argentina hoy no tiene los recursos. Pero las cuestiones simbólicas también son muy importantes, porque Rusia gastó mucho dinero en lograr apoyo en los países de América Latina y África.

 

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Paula Etcheberry

Licenciada y maestranda en Historia (UTDT). Periodista. Docente universitaria.

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