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#13 | Fernando Pedrosa sobre los viajes de Milei

El politólogo dice que el presidente se presenta como unificador de la derecha mundial en su lucha contra el socialismo y que no hay político con mayor popularidad tanto positiva como negativa.

Hoy hablamos con Fernando Pedrosa, historiador y politólogo, profesor en la UBA y en la Universidad del Salvador. Lo llamamos para hablar sobre el reciente raid de viajes internacionales del presidente Javier Milei y cómo afecta, o no, la política exterior argentina.

¿Cuál fue el propósito de la última gira internacional de Javier Milei? ¿Considerás que fue exitosa?

A veces vivimos tan instalados dentro de los límites de nuestra aldea que hay fenómenos que se nos escapan. Es impresionante la repercusión que tiene la figura de Milei en el mundo, dentro de los liderazgos políticos. Tiene mucha popularidad positiva, también negativa, pero en este momento debe ser uno de los líderes políticos más populares. Y viajar fortalece su liderazgo nacional, mostrándose con (Olaf) Scholz, con (Isabel) Díaz Ayuso, con el gobierno checo, al mismo tiempo que introduce en el país debates que no estaban presentes y predominaban las tradicionales, provincianas y anacrónicas discusiones de si Guillermo Moreno, si el proteccionismo, si la dictadura militar, etc. En este sentido creo que sus giras son exitosas.

Por otra parte, elude debates que son más complicados para él, temas de economía, justicia, educación. También se pone un escalón arriba de los demás. Hoy no hay líderes en Argentina que estén en condiciones de salir al mundo y ser recibidos por autoridades, empresarios globales, intelectuales, líderes internacionales. Entonces, eso en el plano interno lo diferencia y lo prestigia.

Por último hay una tarea de liderazgo y unificación de la centroderecha y la derecha internacional. Apoya a Vox en las elecciones, ahora apoya a Díaz Ayuso y también se junta con este Vito Quiles de Se Acabó la Fiesta. Es decir, no entra en las internas de la centroderecha o la derecha, sino que se plantea como un unificador en su lucha contra el socialismo. Hoy la izquierda está más unida, tiene espacios como el Foro de San Pablo, liderazgos que la unifican en la diferencia, como los de Lula o el Papa. En cambio, la derecha vive fragmentada en sus sectores moderados, más liberales, conservadores, ultras, y Milei se pone por encima, los unifica y los lleva al combate con la izquierda. Esa es una novedad.

No estás de acuerdo con los que dicen que el presidente está viajando demasiado.

No. Me parece un argumento anacrónico, más allá de quién sea el presidente. Como si estar en otro lugar te impidiera comunicarte, tomar decisiones. Eso es ridículo. Argentina está involucrada en el mundo. Sea quien sea el presidente, está bueno que tenga un liderazgo internacional y que viaje. Tiene que ver con su función.

Además nosotros venimos de un gobierno que no tenía presidente, ni vicepresidente, ni ministros, ni reuniones de gabinete, ni conferencias de prensa, nada. Venimos de cuatro años de ausencia del poder político en Argentina, con las consecuencias que todos conocemos. Entonces a este presidente le corresponde, como le hubiese correspondido a Bullrich, incluso a Massa, reconstruir algún espacio de autoridad desde algún lugar. En este caso lo hace desde lo que tiene a mano, no lo va a hacer por sus bloques de diputados, su partido político, por el carisma y la movilización de sus seguidores, lo que tiene es esto y lo está explotando.

En este punto hay algo que él cree que es parte del cambio en Argentina, que es lo que él llama la batalla cultural. Milei cree que debería bajar la inflación, desregular la economía, etcétera, y todo eso va de la mano también con un cambio de creencias sociales, un cambio de las agendas de discusión. Y los viajes que Milei hace, y sus discursos en esos viajes –que no son los mismos que da acá–, y con quién se junta, van de la mano de intentar cambiar también lo que la gente cree sobre el papel del Estado y la sociedad.

En este marco de la batalla cultural, ¿cómo evalúa la comunidad internacional a Milei? ¿Cómo perciben la OEA y la ONU, por ejemplo, su reacción en contra de lo que llama la Agenda 2030?

Este debate en torno a la Agenda 2030, con ese o con otros nombres, es un debate actual que enfrenta hoy internacionalmente a líderes, intelectuales, periodistas, activistas. Milei no está hablando del imperialismo norteamericano o del socialismo de Mao Zedong. Es importante tener en cuenta eso, porque nosotros no estamos acostumbrados a participar en debates de esa actualidad.

Entonces, lo que diga la comunidad internacional no es una sola voz, hay muchas voces. Hay voces que celebran a Milei, hay voces que coinciden pero con disidencias, hay quienes lo critican, lo odian o les pasa desapercibido, entonces el que te dice que la comunidad internacional tiene una opinión al respecto, está mintiendo.

La OEA es un caso. Una institución anacrónica sin ningún poder. La disputa empieza porque Argentina veta una resolución de igualdad de género en Haití. Ya es gracioso eso, que México se preocupe por el papel de las mujeres en Haití cuando también es un país atravesado por la violencia contra las mujeres. Entonces es como un delirio de burócratas lo que pasa ahí. Lo que se firme en esos lugares a Milei como política no le importa, rechaza la impostura, que es la impostura del progresismo argentino.

Entonces, más allá de la posición que uno tenga frente a estos postulados de la Agenda 2030, está bueno que se debata. Y me parece que Milei trabaja en ese sentido. Todo lo que se habló de la OEA y del aislamiento argentino por la oposición me parece que no tiene asidero, y que es parte de cómo traducimos nosotros en Argentina estos debates.

Además de reunirse con jefes de Estado, Milei en el extranjero se junta con empresarios, fundaciones, dirigentes políticos opositores. ¿Es una novedad? ¿Qué te parece?

Bueno, eso me parece normal de todo viaje de funcionarios del Estado. Además no va sólo el presidente: van ministros, legisladores, gestores de diferentes áreas del Estado que aprovechan para también tener reuniones. Las reuniones con empresarios y otros dirigentes son positivas. Tener acceso a empresarios de primer nivel, a decisores globales. Argentina tiene muchos problemas de credibilidad hacia el exterior, y si la figura de Milei le permite solucionarlos, entonces me parece positivo.

Estas son tareas que cualquiera que hubiese sido presidente tenía que hacer, que es recuperar un grado de legitimidad. Cosas que Alberto Fernández, que era un fantoche dedicado a los placeres de la vida, no hacía. Entonces toda la reconstrucción hacia la figura de un presidente hacedor, son positivos y necesarios. El último canciller fue Santiago Cafiero, un tipo sin ningún tipo de contactos, de capacidad. Acordémonos que Argentina el mismo tema lo votaba a favor en la ONU y en contra en la OEA. Lo que decidía el canciller lo desmentía otro ministro. Que a Solá lo echaron llegando a una cumbre de cancilleres. A veces olvidamos que hace seis meses vivíamos esa realidad, y que ahora, bueno, se puede estar de acuerdo o no, pero evidentemente se está reconstruyendo algún grado de gestión. Y que tampoco va a ser, qué sé yo, Ángela Merkel, porque nuestra realidad no permite una, porque el grado de degradación política que tenemos no lo habilita.

¿Ves la posibilidad de que el conflicto diplomático con España se apacigüe pasadas las elecciones en el parlamento Europeo?

El enfrentamiento entre ambos países institucionalmente va a menguar. Ya ha menguado. De hecho, esta última visita de Milei, si bien hubo fuegos artificiales dialécticos, no fue lo de la otra vez. Las cancillerías de ambos países han operado para que eso ocurra. Entre los dos líderes creo que no va a reducirse el conflicto, en parte porque les conviene a ambos seguir con estos enfrentamientos. Sobre todo a Pedro Sánchez, que es una figura que además está muy desgastada por los años en el poder y todo el conflicto con el catalanismo, entre otras cosas. Ha sido derrotado en las elecciones hace poquito. No tiene peso internacional, a pesar de que es el presidente de la Internacional Socialista. Entonces este lugar de ser el héroe contra la ultraderecha le encanta porque le permite posicionarse como un referente internacional. La pelea con Milei le da un escenario más grande.

¿Cuáles son los principales desafíos que enfrenta Milei en su política internacional?

Vivimos un momento en la historia en que no hay reglas de juego consensuadas, en el que impera la ley del más fuerte, en el que todo el sistema de la ONU se ha vuelto, además de anacrónico, intrascendente, y donde hay un conflicto central por la hegemonía que determina todo el resto. Países como el nuestro no tienen demasiado para incidir, pero Argentina tiene mucho por recuperar, y creo que mientras Milei se enfoque en cómo posicionarnos dentro de la producción de alimentos, de energía, petróleo, es decir, tratando de generar un país confiable, ese es el desafío principal.

Los discursos, los premios, las polémicas, tiene que ver con la construcción coyuntural de su liderazgo, de sostener sobre algo su propia presidencia. El desafío real me parece que es posicionar a Argentina en los mercados globales y que esto también transforme al país.

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Luz Agüero

Editora en Seúl. Licenciada en Comunicación Social y Periodista (CUP). Cordobesa. Trabajó en la comunicación del Club Atlético Belgrano y hoy es consultora independiente.

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